Protagonistas Hace 3 años

Jesper Parnevik , desnudarse en The Belfry, su cura de los yips y el valor del grito grupal

Parnevik

Copa Ryder en Valderrama, 1997.
Estoy jugando con Ignacio Garrido contra Tiger Woods y Justin Leonard. Estamos all square en el hoyo 17, un par 5, y los estadounidenses están en green en dos. Yo estoy jugando nuestro tercer golpe desde el fairway. Visualizo una bandera difícil, agua frente al green, un asiento en bajada y tan nervioso como se puede estar. Estoy haciendo un millón de swings de práctica, tratando de encontrar un swing que encaje en el golpe. Justo cuando me paro frente a la pelota escucho una voz que grita, “¡Jesper, detente! ¡No pegues!” Alzo la vista y ahí estaba Seve Ballesteros, nuestro capitán, corriendo por la loma hacia mí, sacudiendo sus brazos. Alarmado, me salgo del stance. “¿Qué pasa, Seve?” Le pregunto. Me contesta, “Solo quería decirte que no la mandes al agua.” ¿Puede imaginarse a alguien decir semejante cosa? Seve era un capitán caótico. Estaba en toda la cancha, dándoles constantemente consejos a los jugadores, algunas veces en exceso. En un punto Colin Montgomerie le dijo, “Seve, yo sé qué hacer.” Pero Seve también era inspirador, nuestro Arnold Palmer, y por algún motivo, cada cosa inusual que él hacía terminaba siendo perfecta. ¿Ese golpe que me dijo que no la mandara al agua? La dejé cerca con el wedge, terminamos empatando el hoyo y el partido.

● ● ●
La primera vez que jugué contra Seve fue también la primera vez que di vuelta la visera de mi gorra para que no me distrajera mientras jugaba el putt. Estaba en Mallorca, España, y fuimos a desempate. Al menos cinco veces lo tenía ganado. Le pegaba un gancho tapado con el drive, la dejaba unas 40 yardas corta del green, un pitch hasta 5 metros y luego la embocaba. Mientras tanto, yo la dejaba a 7 metros para birdie y fallaba el putt. En el hoyo seis me ganó.

‘¿Qué he aprendido? Piense como un joven, pero no seas un idiota.’

● ● ●
En el Open 1994 en Turnberry, tenía la punta llegando a los últimos nueve hoyos el domingo y decidí no mirar el tablero. Era tan solo mi segundo Open y estaba bien concentrado. Temía que si veía donde estaba parado, me pondría demasiado cauteloso y me tensionaría. Así que decidí bajar mi cabeza, jugar tan agresivamente como pudiera y ver hasta dónde llegaba. Funcionó porque hice cinco birdies en los últimos nueve para tomar una ventaja de tres golpes y de dos jugando el hoyo final. Hice bogey en el 18, me quedé corto del green con mi segundo golpe y me dejé un chip difícil que no logré sacar approach y putt. Mientras firmaba mi tarjeta vi como Nick Price hacía águila en el 17. Luego hizo par al 18 para ganarme por uno. Resultó ser mi mejor oportunidad en un major. ¿Debería haber visto el tablero? Tal vez, porque entonces hubiese jugado a la parte más ancha del green. Por otra parte, si hubiese mirado, mi falta de experiencia me hubiera hecho jugar de manera demasiado cautelosa y me hubiese robado la posibilidad que tenía en el último hoyo. Y si acertaba el green pero lejos del hoyo, podría haber hecho tres putts, algo mucho más doloroso. Uno nunca sabe, así que no me arrepiento de mi decisión.

● ● ●
Un trabajador del golf en el PGA Tour tuvo una gran oportunidad de ganar el Masters pero hizo algo así como 78 en la vuelta final y perdió. Cuando un reportero le preguntó qué hubiera hecho distinto, él dijo, “No podría haber pegado un golpe mejor.” Que gran respuesta. Por supuesto que hizo lo mejor en cada golpe. Hizo lo mejor que pudo con lo que tenía en ese momento. Ahora, ¿podría jugar distinto la próxima vez? Tal vez, porque tendría más experiencia. Pero en ese momento, 78 fue lo mejor que pudo anotar.

● ● ●
Jugar el PGA Tour Champions y ganar el Insperity Classic en mayo fue más difícil de lo que pareció. He tenido cirugías de cadera, una espalda rota y luego ciática. He tenido lesiones en el cuello y ligamentos rotos en mi mano. Estas fueron las lesiones normales. Luego fueron las cosas tontas que me hice a mí mismo. Me rompí un dedo del pie al chocar con una caja de cerveza. Casi me corto un dedo prendiendo el motor de nuestra lancha. Me agarré los dedos con la puerta del auto – la puerta se cerró del todo y me quedé atrapado – y otra vez me rompí unas costillas por estar jugando con un Segway. Estuve cerca de romperme la muñeca contra una bolsa de arena durante un entrenamiento con un luchador de MMA. Soy propenso a los accidentes. Mi cuerpo estuvo tan mal durante tantos años que jugar en el PGA Tour Champions es casi un milagro. No heroico, pero si sorprendente.

● ● ●
¿Que he aprendido? Piensa como joven, pero no seas un idiota. La lesión con el Segway sucedió por un desafío de mi hijo, Phoenix, quien siempre me está provocando para que haga cosas descabelladas. Además, si te lesionas, tienes que parar todo lo demás. El hábito del tipo rudo de la vieja escuela de “abrirte paso luchando” casi siempre empeora la lesión y crea malos hábitos de compensación en el camino. Finalmente, recuerden que la cirugía es siempre el último recurso.

● ● ●
Para descubrir por qué mis hijos tenían tanta obsesión por los video juegos, decidí probar uno. Tomé uno de sus viejos Game Boys portátiles y empecé a jugar Tetris. Ya saben, donde los bloques caen desde arriba y uno los ubica antes de que lleguen al fondo. Me hice totalmente adicto. Después de innombrables horas, hice algo raro como completar todos los niveles. Luego escuché hablar de un código secreto que uno podía ingresar para desbloquear un nivel donde los bloques caen de manera borrosa, demasiado rápido para que cualquier humano los pueda encajar. Era casi un chiste para el jugador, pero uno se preguntaba cuáles eran sus chances. Después de jugar al Tetris por un tiempo, los niños dijeron, “¿Qué piensas ahora papá?” Lo mejor que se me ocurrió decirles fue, “Solo recuerden, nadie se murió deseando haber jugado más video juegos entre los 15 y los 25 años.”

● ● ●
El golf es como ese nivel loco de Tetris. Al final, es indescifrable. Cuando Jim Furyk anotó ese 58, hubo comentarios inevitables sobre cómo podría haber hecho incluso menos. Es casi cruel hacer esas observaciones tan rápidamente, pero no tengo dudas de que hasta Jim se ha preguntado cómo, con un poco más de magia, podría haber sido un 57. O un 56.

● ● ●
Las dos primeras temporadas del programa de reality “The Parneviks” fueron un éxito agradable. Solo se veía en Suecia y yo tenía pánico de firmar nuevas temporadas por un fenómeno llamado Jantelagen. Se refiere a la Ley de Jante, que básicamente significa que uno no debería aspirar a sobrepasar su estado de vida. Si lo hace, y los esfuerzos no rinden, será despedazado públicamente por haber tenido la audacia de intentarlo. Yo estaba bastante receloso por exponer a mi familia a ese tipo de crítica si no funcionaba. Pero sí funcionó. Nuestra fórmula de invitar a gente inesperada – atletas, políticos y hasta criminales – agregó un elemento humano que complementó a mi loca familia. Iba a descontinuar “The Parneviks” para poder enfocarme en jugar el sénior tour, pero acabamos de comenzar la tercera temporada. Al menos un episodio tendrá lugar durante un evento del PGA Tour Champions.

‘No escribas e-mails o hagas comentarios en Twitter luego de tomarte una pastilla para dormir.’

● ● ●
Yo odio y temo al terrorismo más que la mayoría de las personas. Yo estuve en Manhattan durante los ataques del 11/9 – estuvimos en una fiesta toda la noche a un par de cuadras del World Trade Center – y el shock de lo que pasó me acompañó durante años. ¿Recuerdan que se postergó la Copa Ryder 2001? Yo estaba en ese equipo. Un año más tarde, en The Belfry, volé antes que el resto para prepararme mejor. Una noche hubo un terremoto que sacudió al hotel. Pensando que podía ser un ataque terrorista, salí corriendo del hotel hacia el green del 18, totalmente desnudo. Mi esposa, Mia, me hacía bromas al respecto. Cuando sucedió el ataque en Niza, Francia, el pasado julio, estaba tan alterado que me tomé una pastilla para dormir. No me ayudó. Entonces rompí una regla sagrada de vida: no escribas e-mails o hagas comentarios en Twitter luego de tomarte una pastilla para dormir. Desperté y vi que le había mandado una cantidad de e-mails a los accionistas de J. Lindeberg, a quienes represento, haciendo referencia a vacas voladoras y cebras en bicicleta. Eso necesitó de una disculpa.

● ● ●
Durante un tiempo comí arena volcánica, buscando mejorar mi salud y rendimiento. No sé si me hizo bien, pero la actitud mental detrás de eso – buscar una ventaja – me ayudó, si bien no lo suficiente como para seguir haciéndolo. También traté de ser solo un frutariano – comer todas las frutas, nada más – durante un tiempo pero adelgacé tanto y me sentí tan débil que tuve que dejar. He probado vidrios estroboscópicos, piedras y cristales, aromas, cambiar la amalgama de mis dientes, energizar mi sangre y muchas cosas más. El mismo tipo que me convirtió en frutariano dice que conoce a aireanos. Estas son personas que no comen alimentos y subsisten solo con oxígeno. Esa no la voy a probar.

● ● ●
Ingrese a Youtube y ponga el nombre “Eamonn Darcy.” Observe ese swing. Este hombre fue jugador de la Copa Ryder, un jugador tremendo. Cuando yo empecé a jugar, había swings poco convencionales por todos lados. No siento nostalgia por esos días, pero los swings que la gente adoptaba para poder maniobrar la pelota por la cancha de golf eran siempre fascinantes. Hace poco me analicé con un TrackMan, me medí durante dos días. El primer día el recorrido del swing era de 10 grados de adentro hacia afuera. El segundo día era de 12 de afuera hacia adentro. Mi pelota terminó a la misma distancia del objetivo ambos días. También me dieron drivers con rangos extremadamente amplios de lofts y flexibilidades de vara, y con solo tres swings pude ajustarme a todos ellos. Hay algo que decir al respecto, si bien no estoy seguro de qué. Los jugadores jóvenes de la actualidad, le vendría mejor aprender de la manera convencional.

● ● ●
Durante el Open en Troon, los comentaristas destacaban cómo los golpes con los hierros de Henrik Stenson parecían sonar más fuerte que el resto de los jugadores. Yo siempre he creído que el sonido es el mejor indicador de cuan sólido se le está pegando. Uno logra ese sonido “cubriendo” la pelota. Uno quiere aplastarla, hacerla que se quede en el centro de la cara del palo. En mis mejores días, el jugador que tenía el mejor sonido con sus hierros era Paul Azinger. Podían taparme los ojos y ponerme en un range con 100 jugadores, y yo podía saber cuál era Paul. El sonido de sus hierros – y por eso mismo sus golpes desde la arena también – era tan hermoso como cualquier concierto.

● ● ●
Henrik, Annika Sorenstam y yo – cada buen jugador sueco – está en deuda con Sven Tumba. Él fue uno de los atletas más extraordinarios que haya vivido y quien introdujo al golf en Suecia. En la década del 50, Sven era el mejor jugador de hockey en un equipo sueco que ganó tres campeonatos mundiales, venciendo a Rusia en una época en que los soviéticos eran dominantes. Un día decidió jugar al fútbol y se presentó a jugar con el equipo nacional de Suecia. Los otros jugadores se rieron de él, pero anotó tres goles en el primer tiempo y les dijo su frase famosa a los otros, “Este deporte que estamos jugando – es un buen deporte. ¿Cómo era que se llamaba?” A continuación, Sven empezó a practicar esquí acuático y ganó el campeonato sueco. Finalmente empezó a jugar al golf y terminó jugando la Copa del Mundo y el Eisenhower Trophy. Pero eso no fue todo. Era un innovador que introdujo el primer casco de hockey, fundó el Masters de Escandinavia y construyó la primera cancha de golf en Rusia. Era carismático, una especie de Muhammad Ali continental. Si le preguntan a Jack Nicklaus que nombre al mejor atleta que haya visto, les dirá, sin dudarlo, Sven Tumba.

● ● ●
Cuando empiezo a fallar putts, le echo la culpa al putter. Al putter no le gusta que le griten y tratará de vengarse, así que lo único que se puede hacer es ponerlo en el garaje y cambiarlo por uno nuevo. Nunca tiro un putter, porque los putters no son resentidos. No les gusta que los sienten en el banco y cuando les das una segunda oportunidad, harán lo mejor posible por embocar putts otra vez.

● ● ●
Cuando empecé a jugar al golf a los 10 años era un deporte tan oscuro en Suecia que pocas personas sabían qué era. Recuerdo haber llevado un palo de golf al colegio y que los otros chicos estuvieran fascinados porque nunca habían visto algo así. La cancha más cercana estaba a una hora de casa. Las pocas canchas en las que jugué de niño no estaban en muy buenas condiciones. Los asientos de pelota eran tan malos que había que pegarle de manera descendente a la pelota. Al igual que Lee Trevino, me convertí en excavador, pegando afiladamente a la pelota con mis hierros. Era una técnica efectiva, pero con los años, a medida que las canchas mejoraban y los jugadores podían barrer la pelota, yo empecé a ser comparativamente peor. Si uno transportara a los jugadores de mi época a la actualidad, pienso que muchos de ellos la pasarían mal. Odio decirlo, pero eso incluiría a Trevino y a Seve. Su versatilidad, que era su fortaleza, sería menos efectiva en las canchas donde los asientos son perfectos y la distancia es tan importante. Lo inverso sería verdad – los jugadores de la actualidad tendrían dificultades si los llevaran atrás en el tiempo.

● ● ●
Existe una excepción: Tiger Woods. Siempre sentí que su genialidad era la habilidad para leer los asientos de pelota, los que no siempre se pueden ver bien en la TV. La pelota podía estar hundida, levantada, tener un penacho de pasto justo detrás de ella o cualquiera de ciertas variaciones, y él tenía esa manera sorprendente de leer el asiento y moldear su swing para producir el mejor golpe. Nadie más estaba remotamente cerca de hacerlo.

Parnevik

Parnevik en su casa frente a un mural del personaje de historietas británico Modesty Blaise.

● ● ●
Yo jugué con Tiger en las dos primera vueltas del U.S. Open 2000 en Pebble Beach, el que ganó por 15 golpes. Al cabo de 36 hoyos, mi caddie Lance Ten Broeck y yo comparamos mi vuelta con la de Tiger. Descubrimos que no había fallado ningún putt de menos de 7 metros. Los greens de Pebble no son muy buenos, incluso durante un U.S. Open. Un putt de 7 metros se serpenteará unas 10 veces antes de llegar al hoyo. Un robot de putting perdería sus fusibles tratando de embocar todos esos putts porque la pelota se comportará distinto cada vez. Tiger tenía una manera sorprendente, tipo zen de anticipar esos serpenteos, filtrándolos entre su subconsciente y pegándole a la pelota de manera que los serpenteos se equilibraran y el putt entrara. Nunca vi algo que lo superara hasta 2008.

● ● ●
¿Recuerdan el putt que Tiger embocó para forzar un desempate contra Rocco Mediate en el U.S. Open 2008? Yo tuve el mismo putt una hora antes – la misma distancia, la misma línea. Le di cinco centímetros de caída y la pelota apenas se movió. Cuando la pelota de Tiger salió impactada por el putter, vi que había jugado treinta centímetros de caída, que era demasiado. Pero a medida que Tiger seguía la pelota con la mirada, ella se movió – muchísimo – y entró. Esa fue una verdadera cosa tipo Uri Geller, Obi-Wan Kenobi, la fuerza esté contigo. No me importa lo que digan los científicos, estoy convencido que la mente de Tiger, y no la pendiente del green, fue lo que hizo que la pelota cayera.

● ● ●
Cuando sucedió el escándalo de Tiger, yo lo critiqué duramente en público. Elin había sido nuestra niñera y era como una hija para nosotros. Yo fui quien se la presentó a Tiger, y cuando salió a la luz la infidelidad, lo sentí como la peor traición. Pero con el tiempo perdoné a Tiger. Él y Elin son amigos, lo cual es agradable, y él es un buen padre. Sus errores también lo lastimaron a él. Yo veo a Tiger en Medalist. Hemos hablado y jugado nueve hoyos juntos. Dicho sea de paso está pegando muchas pelotas y de manera fantástica. Le está pegando larguísimo y con un gran impacto. En la cancha de práctica, al menos, su trayectoria y el vuelo de pelota son como las del Tiger que conocíamos hace 15 años. Los regresos nunca son seguros, pero algo me dice que este puede ser espectacular.

● ● ●
Una observación más sobre Tiger. Cuando los atletas firman contratos de patrocinios al convertirse en profesionales como lo hizo él, una de dos cosas siempre sucede. Se vuelven complacientes o sienten muchísima presión por poder brindar todo lo que tienen dentro del par de años. Tiger es el único que ha excedido las expectativas comercialmente y el rendimiento. Ninguno de sus colegas estaban celosos de sus contratos. Ellos sabían que en todo caso, probablemente le estaban pagando menos de lo que se merecía.

● ● ●
Durante la serie de torneos en la costa oeste, alquilamos una casa rodante por seis semanas. Mia, yo, los cuatro niños y dos niñeras. El tiempo de manejo puede ser largo y el aburrimiento y la tensión empezaban a aparecer. Yo paraba al costado de la ruta, reunía a todos y dejábamos escapar un grito primitivo como nos había enseñado Johan Lindeberg. Lo que hay que hacer es gritar con todas las fuerzas durante un minuto, dejando todo lo que tienes en él. Es increíblemente purificador, una limpieza completa de tu memoria. Cuando volvíamos a subirnos a la casa rodante, éramos una vez más el grupo más feliz y relajado que hubieran visto.

● ● ●
Sobre el tema de los viajes por ruta, mi domingo en el Boeing Classic en agosto se encaminaba a terminar como todos los demás – terminar la vuelta, ir hacia el aeropuerto y volar hasta el próximo evento. Mientras estaba tirando pelotas en el range se me acercó John Daly. “¿Por qué no vienes conmigo en mi casa rodante? Me vendría bien la compañía.” El próximo torneo era en Calgary, Alberta. Una zona hermosa, me habían dicho, ¿y cuántas oportunidades más tendría de conocerla? Las mejores experiencias en vida ocurren cuando te apartas de lo habitual. Entonces nos metemos en su casa rodante y lo que siguió fueron 15 horas espectaculares. Se suponía que serían 10 horas, pero nos equivocamos varias veces de camino. Esas equivocaciones suelen conducirnos a lugares desolados y olvidados, pero en esta ocasión, cada uno era más hermoso que el anterior. Solo nos encogíamos de hombros y seguíamos conduciendo, maldito sea el GPS. John puede ser el mejor compañero de ruta que exista. Gran conversador, siempre relajado, gran gusto en música. Quince horas en un auto con alguien puede sentirse como que estás atascado en un ascensor con alguien que no te gusta. Con John, pasó volando. Llegué a Calgary sintiéndome grandioso con el mundo. Terminé quinto, uno de los mejores resultados del año.

● ● ●
Estamos en los inicios de la época en que la gente escucha música en la cancha de golf, y no puedo decir que sea partidario. No me molesta que Rocco Mediate retumbe el heavy metal más pesado que se puedan imaginar cada vez que puede. De hecho me gusta. Lo que me molesta es la gente sacando sus teléfonos y tratando de tapar el uno al otro con su música. Su música pasa a ser más importante que su golf.

● ● ●
Ove Sellberg fue uno de los mejores jugadores europeos en los 80 y el primer sueco en ganar en el European Tour. Tenía un pasado complicado. Suecia tiene algunos aspectos poco atractivos, al igual que cualquier otro lado, y Ove estaba involucrado con malas compañías. Yo no lo conocí en ese entonces, pero cuando empezó a jugar al golf, su mirada cambió. Tal vez fue el aspecto auto disciplinario de seguir intentando sin importar los resultados, pero despertó algo en él que nunca supo que tenía. Cuando jugué en el The First Tee Open en Pebble Beach en 2015, vi a muchos jóvenes con pasados difíciles. En el transcurso de algunos días, se podía ver cómo le cambiaba la mirada, como le había pasado a Ove. De todos los deportes, solo el golf tiene la capacidad de hacer eso.

● ● ●
He tratado de mantenerme joven. He evitado ser el cincuentón en plena crisis de la mediana edad, el tipo con el auto convertible, implantes de cabello y la necesidad de levantarse a chicas de 25 años en los boliches. Por suerte la gente se ha vuelto algo más indiferente a la edad. Veo enormes diferencias de edad en los grupos que van a un viaje de golf. Veo a muchos de 50 años que juegan 36 hoyos, que bailan todo el tiempo, que pasan el tiempo con gente más joven, prueban algunas cosas un poco alocadas y permiten que su actitud cambie. Usted quiere ser el tipo que se siente cómodo con su piel levemente arrugada, el que es difícil con solo mirarlo saber qué edad tiene. En materia de edad, nuestras culturas están mezclándose.

‘Los regresos nunca son seguros, pero algo me dice que (el de Tiger) puede ser espectacular.’

● ● ●
A medida que envejecemos y miramos al espejo, tendemos a ver a un individuo de 27 años devolviéndonos la mirada. Es parte de la naturaleza humana desestimar la evidencia y creer que nos congelamos en nuestro mejor momento. Cuando Bernhard Langer dijo que había una posibilidad remota de que él pudiera ganar el Masters a los 58, lo decía en serio. Si han visto a Bernhard, quien ahora tiene 59, jugar al golf en estos días, se habrán dado cuenta de que puede ser una profecía realizada. Por otra parte, no puede escaparse de la verdad. Cuando un hombre de 85 años le dice a Bernhard, “Eres un bebé,” del modo que los señores de 85 años suelen decirlo, le apuesto que Bernhard murmura para adentro, estoy lejos de ser un niño.

● ● ●
Es incorrecto mirar a gente como Tiger y atribuir su éxito a su alegría y pasión. Les aseguro que la motivación es mucho más oscura que eso. No es divertido pegar pelotas bajo una lluvia fría, o seguir a un putt de metro y medio fallado en el último hoyo con cinco horas en el green de práctica. La persona que paga ese precio suele estar motivada por la desesperación, la soledad, una profunda inseguridad o la necesidad de demostrarle a alguien que estaba equivocado. En mi caso, yo tuve un padre, Bo Parnevik, quien fue el comediante más famoso en Suecia. A los 13 yo tenía cerca de 26 de handicap. Llamaba la atención y odiaba pasar vergüenza. Mi padre fue maravilloso y nunca me presionó, pero el solo hecho de compartir su nombre me hacía practicar insalubremente duro para ser exitoso. Era trabajo, lo más lejano a lo que un golfista promedio llamaría divertido. Lo interesante es que los progresos vinieron en los momentos más desagradables.

● ● ●
¿Cuán famoso era mi papá? En Estados Unidos, el Super Bowl tiene un rating de TV de 44. En Suecia, su show semanal de variedades, “Party With Parnevik,” lograba tener un rating habitual de 75. Era un maestro del entretenimiento. Sus presentaciones parecían naturales. Pero detrás de escena, su preparación era increíble. Estando en casa solía ensayar incansablemente cada frase. Hasta los “errores” se ensayaban, para que pudiera incorporarlos en el acto y se vieran más naturales. Yo estuve en el show de Jay Leno una vez y ensayé como loco. Más tarde me dijeron que había sido espontáneo y gracioso, pero créanme, yo practiqué. Si le piden que de un discurso y está preocupado por el miedo escénico, solo hay una manera segura de hacerlo bien, y es preparándose.

● ● ●
Mia y yo tenemos cuatro niños espectaculares. Creo que no debe haber antecedentes de tres generaciones de Parneviks – mi papá, yo y ahora mi hija, Peg – teniendo éxito en deportes y entretenimiento. Peg tiene 21 años y es una gran cantante. Su canción “Ain’t No Saint” llegó a ser nro. 1 en la radio sueca y ha sido escuchada más de 22 millones de veces en Spotify. Su hermana menor, Penny, produjo y dirigió uno sus videos musicales. Philippa, 16, y Phoenix, que tiene 14, tienen buenas vidas esperándolos.

● ● ●
Yo pensé que una carrera en golf era difícil, pero ver a Peg tratando de entrar en el negocio de la música ha sido una revelación. No es como hace 20 años, cuando una banda podía lanzar un buen álbum y vivir por un tiempo. La mayoría de los artistas de hoy no tiene forma de ganarse la vida lanzando álbumes, porque la buena música es tan barata y está disponible en todos lados. Necesitan cantar en vivo. Además, lo que hoy es moda mañana son noticias viejas. La música ya no tiene las piernas que solía tener. La buena noticia es que más gente puede hacer conocer su música. La mala es que es mucho más difícil convertirse en estrella.

● ● ●
Si está sufriendo una tara con el putter bajo presión, pruebe este truco: en vez de suavizar y desacelerar su golpe, hágalo más rápido y corto de lo habitual. Lo llamo “tener los yips a propósito,” y funciona. Solo apunte el putter al hoyo e impacte la pelota justo en el medio.

● ● ●
El día que volví a esquiar después de un lapso de 20 años, me preguntaba si recordaría cómo hacerlo. Realmente fue como andar en bicicleta. A mitad de camino de mi primera carrera pensé, ¿por qué el golf no puede ser así? En golf me he tomado dos días de descanso y en el tercer día sentí como si estuviera empezando todo de nuevo. De hecho he tenido esa misma sensación jugando los últimos nueve después de almorzar.

● ● ●
Una razón clave por la que me mantengo en forma es para que el final de mi vida sea más fácil. La gente saludable tiende a apagarse rápidamente cuando llega el momento mientras que los inactivos se enferman temprano y luego padecen por mucho tiempo. Me aterra la idea del sufrimiento, lo cual es raro ya que juego un deporte donde el sufrimiento es parte del juego.

● ● ●
Un año en el Honda Classic, le pegué una papa a mi segundo golpe en el par 4 del hoyo dos y mandé mi pelota hacia una zona embarrada a la izquierda del green. Mi pelota estaba medio enterrada, así que decidí tomar el stance. Cerré los ojos e hice el swing lo más fuerte posible, de manera descendente. Cuando miré hacia arriba, vi mi pelota sobrevolar el green unas 60 yardas, fuera de límite. Unos cinco segundos después – tuve tiempo para empezar a maldecir – una segunda pelota cae del cielo y cae junto al hoyo. Increíblemente la pelota con la que había pegado papa terminó directamente sobre otra pelota, que estaba todavía más enterrada. Mi swing había desalojado la pelota enterrada, que sobrevoló el green. Mientras tanto, mi pelota fue enviada casi directamente hacia arriba al cielo. Tal vez haya sido el par más bizarro en la historia del golf. Si se juega este deporte por mucho tiempo, se llega a ver todo.