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Mr. X: “Deje de quejarse por las invitaciones de los sponsors”

ESTA TEMPORADA jugué el evento del PGA Tour en la República Dominicana. Allí conocí a Tony Romo quien estaba jugando gracias a una invitación del patrocinante. A principios de la semana en el vestuario escuché a algunos pros hablando de cuán bueno era y cuán largo le pegaba a la bola. Tenían la sensación de que el ex mariscal de los Cowboys de Dallas podría llegar a pasar el corte. La cancha en Punta Cana es larga y permisiva, dando a suponer que es la mejor presentación para un aficionado físicamente fuerte. Por supuesto Romo anotó vueltas de 79 y 80 , quedó último, excepto por los que abandonaron y otro pro al que se le soltó la cadena. ▶ Yo no pude jugar en Dallas. Me sorprendió porque era la semana anterior al PGA Championship y la cancha estilo links Trinity Forest no es nada parecida a Bethpage Black. Supuse que serían varios los que se saltearían el evento para descansar y prepararse. Pero con mi estado actual tras la recategorización he aprendido a manejar las continuas decepciones. ¿Me amargó que Romo jugara una semana más y yo no? Para nada. ▶ En mis años más jóvenes me hubiera quejado. ¿Cómo puede ser que lanzar un balón de fútbol le conceda a una persona el privilegio de competir en el más alto nivel en golf? La estrella del básquet, Steph Curry o el músico Jake Owen juegan en eventos del Web.com — bueno, tal vez – pero el PGA Tour es para los mejores en golf. Más aún, el Byron Nelson en Dallas ni siquiera es un evento paralelo a un major o WGC. Si hoy se llevara adelante una encuesta anónima entre los jugadores apuesto a que tres cuartos o algo así piensan que tipos como Tony Romo jugando en sus torneos es ridículo. Hasta obsceno. Pero esto es un pensamiento equivocado.
Me llevó años darme cuenta de que el patrocinante de un torneo tiene derecho a invitar a quien quiera. Un evento suele recibir cuatro lugares “irrestrictos” que puede llenar. Los mismos pueden favorecer a pros con alguna conexión al torneo o la región pero también pueden ir a jugadores universitarios o de mini tours, y muchas veces se los conceden a los pros del club sede. Estos encargados de los pro-shops no tienen ninguna chance de poder competir y como mucho pueden convocar a su familia y a un puñado de sus alumnos para que los sigan. Un muchacho como Tony Romo convoca cientos, sino miles, de fanáticos. Y cuál es el problema si esta gente viene a ver a la celebridad y no necesariamente a la celebridad jugando golf. Están comprando las entradas, alimentos y bebidas y en el proceso apoyan nuestro show.

El invitado irrestricto del patrocinante no está sacándole el lugar al pro del PGA Tour siguiente en la cola. Es una categoría en sí misma, aparte y pequeña, con una larga tradición. Además si eres el primer o segundo suplente y te quejas por Tony Romo, existe una solución simple: juega mejor. Los scores bajos suelen curar los dolores de panza en el tour. Hasta entonces la realidad es que tú no estás generando mucha más emoción que el pro local.

Dicho esto, cuando estaba en mi casa en la Florida, ¿me puse a controlar el score de Romo? Para nada. Él es un buen aficionado – y un gran comentarista de televisión, dicho sea de paso – pero no tengo interés en seguir una historia que no tiene una conclusión. Su habilidad para competir es como si a mí me llamaran de la NFL, suponiendo que yo fuera la estrella de una liga menor de aficionados de fútbol americano, y me dijeran “a ver qué puedes hacer”. Me van a cortar la cabeza. Romo ha terminado cerca del último lugar cada vez que tuvo una oportunidad así que para mí el experimento ya terminó. Incluso si un día se alinean las estrellas, emboca cinco bolas de afuera y pasa el corte, no le va a cambiar la vida. Al menos cuando la invitación irrestricta del patrocinante se le otorga a un golfista destacado del colegio o la universidad, el chico puede aprender de esa experiencia.

Busquemos darle una oportunidad a otra gente famosa. Las opciones no son tantas, lo sé, pero un jugador scratch bueno puede bajar los 80 en una cancha preparada por el PGA Tour. Y si eso es todo lo que el patrocinante quiere, para mí está bien. Siempre que a mí me paguen.