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¿El Sr. buen tipo o Matt Kuchar el tacaño?

Kuchar

Kuchar estaba parado afuera de las puertas de vidrio que van del clubhouse del Sea Island Golf Club al putting green.
Era la semana antes de Navidad en Georgia y el hijo de 11 años de Kuchar, Cameron, estaba jugando en la cancha de putting que serpentea alrededor del green. La sonrisa de Kuchar no podía ser más grande.
“Me encanta el hecho de que a mis dos hijos les encante jugar”, dijo. “Nunca los obligué a jugar o practicar. Cuando me piden jugar o ir a la práctica, voy. Pero ellos deciden cuándo ir y cuánto tiempo vamos a estar”.
Dentro del clubhouse, la esposa de Kuchar, Sybi, observaba su reloj. Cameron tenía cita con el dentista y el profesor de Matt, Chris O’Connell, estaba viniendo desde el aeropuerto para pasar algo de tiempo con él antes de las fiestas. A sus nueve años, Carson, el hijo menor de los Kuchar estaba jugando al tenis con los padres de Sybi.
La vida en el Mundo Kuchar era frenética, pero claramente feliz.
“He tenido muchísima suerte al poder construir la vida que tenemos”, dijo Kuchar más temprano esa mañana. “Este ha sido el lugar perfecto para criar una familia, y ha sido un lugar maravilloso en mi caso porque puedo jugar y practicar cuando no estoy en el tour. No creo que pudiera pedir nada más que eso”.
Esa era la imagen pública de Kuchar: la familia devota que se comporta con elegancia y estilo en la victoria y en la derrota.
Pero esa imagen recibió un golpe enorme en febrero cuando Kuchar se vio involucrado en lo que podría llamarse la primera controversia real de su carrera. Comenzó el pasado noviembre con una victoria – una importante. Kuchar no había ganado en el PGA Tour en más de cuatro años y, habiendo cumplido 40 en junio, estaba seriamente preocupado respecto de cuánto golf le quedaba todavía.
Como suele hacer cada tanto, Kuchar decidió combinar el juego en un torneo con las vacaciones de la familia, llevando a Sybi y los chicos con él al Mayakoba Classic. Le dio la semana libre a su caddie habitual, John Wood, y contrató a un caddie local, David Ortiz, para el torneo.
Los caddies del club cobran una tarifa fija cuando el jugador no pasa el corte – varía dependiendo de la duración de la relación – y, por lo general, reciben un 5 por ciento de lo que el jugador recibe al pasar el corte; 7 por ciento si queda entre los diez mejores y 10 por ciento si gana.
Kuchar y Ortiz acordaron $1.000 por la semana, $2.000 por pasar el corte, $3.000 por quedar entre los 20 mejores y $4.000 si quedaba entre los mejores 10. Pero Kuchar ganó y cobró casi $1,3 millones. Si Wood le hubiera llevado los palos, hubiese recibido cerca de $130.000. Kuchar le pagó a Ortiz un bono de $1.000 y un total de $5.000.
Luego corrió un rumor que decía que Kuchar le había pagado a Ortiz solo $3.000. Kuchar dijo que eso no era cierto, que le había pagado a Ortiz más que eso pero menos que el 10 por ciento.
Ortiz y un empresario al que él le había llevado los palos en Mayakoba dieron a conocer la carta que Ortiz le había enviado a Mark Steinberg, el agente de Kuchar, pidiendo otros $45.000. El e-mail inicial decía que Steinberg, hablando en nombre de Kuchar, le había ofrecido unos $15.000 adicionales. “De hecho eran $20.000 adicionales”, aclaró Kuchar. “Fue rechazado. Y fue ahí que me puse cabeza dura.”
Cuando le pidieron la historia a Kuchar en Riviera él la desechó, opinando que en lo que a él concernía, “había terminado”.
Lejos de eso. Para la mayoría de la gente, Kuchar estaba actuando como el típico 1 por ciento de los ricos, insensibles y malcriados.
“Cuando escuché que le estaban enviando historias a mi abuela sobre cuán malo había sido”, admite Kuchar, “sabía que tenía que repensarlo”.
Kuchar habló con una serie de amigos en los que él confía – algunos en golf, otros no. “Siempre he admirado a la gente que está dispuesta a aceptar la culpa”, dice. “Me di cuenta de que había huido del tema y no estaba bien.


‘PERO AL MENOS AHORA SIENTO QUE HICE LO CORRECTO, AÚN CUANDO ME HAYA LLEVADO UN TIEMPO ENTENDERLO’.


“Lo que sucedió fue que gané un torneo y mucha plata. En una situación como esa, uno quiere que ambas partes ganen. David no había ganado económicamente. Decidí que lo que debía hacer era aceptar la culpa y asegurarme de que David ganara económicamente. En cuanto tomé la decisión, me sentí mejor. Sabía que era lo correcto”.
Él publicó una extensa disculpa por el incidente. “Estaba decepcionado conmigo mismo”, Kuchar me dijo al regresar a casa desde el evento WGC en la Ciudad de México, confirmando que le otorgó un pago adicional de $45.000 a Ortiz. “Esta fue la primera vez que actué de una forma que no es la que quiero que la gente vea o piense de mí. Era momento de pararme y decir, ‘me equivoqué’ ”.
Kuchar y Ortiz pasaron algo de tiempo juntos antes de la tercera vuelta del torneo en la Ciudad de México y Kuchar dice que la respuesta que recibió del público durante el torneo fue sobrecogedoramente positiva. Kuchar sabe, sin embargo, que habrá quienes no quieran dejar el tema a un lado. No puedo decir que se haya terminado, lo dejé atrás”, cuenta. “Recibí todo tipo de pedidos de los medios para hablar sobre México y ahora estoy hablando de eso contigo. Pero al menos ahora siento que hice lo correcto, aun cuando me haya llevado un tiempo entenderlo”.
¿Entonces quién es Matthew Gregory Kuchar?
Zach Johnson, uno de los amigos más cercanos de Kuchar y vecino de Sea Island dice “No existe nadie en el PGA Tour cuya imagen sea más diferente de quien realmente es que Matt Kuchar”.
Esa no es una referencia al incidente con Ortiz. Y no, Kuchar no es como David Simms, el personaje en “Tin Cup”, cuya imagen impecable ocultaba el hecho de que no le gustaban los niños o los ancianos.
Pero es bastante diablillo.
“Creo que viene de la familia de mi padre”, dice. “Cada vez que mi papá y su familia se juntaban, había muchos chistes y tomadas de pelo”.
“Veámoslo así”, dice Jim Furyk, quien eligió a Kuchar como asistente del capitán en la Copa Ryder del año pasado. “Estar en una habitación con mucha gente y saber que existe un tipo con el cual Phil Mickelson no va a meterse para hacerle alguna broma – y saber que ese tipo es Kooch – debería darte una idea de cómo es. Phil cree que él es el rey, excepto por Kooch. Lo tiene tan agarrado a Mickelson al punto en que Phil decidió darse por vencido”.
No son solo frases. Kuchar trabaja en su humor. En 2013, la noche antes de que empezara la Copa Presidentes los otros 11 estadounidenses y el capitán Fred Couples entraron a la sala de jugadores y encontraron caricaturas enormes de cada uno de ellos en las paredes del salón. Cada caricatura tenía una remera adjunta, pero estaban intercambiadas así que los jugadores tenían que adivinar cuál remera iba con cada imagen.
“La más graciosa era la de Tiger”, dice Davis Love III, asistente del capitán del equipo. “Tenía la palabra ‘TEAM’ (EQUIPO) en el frente y en el medio de ella había una letra ‘I’ en rojo. Debajo de ella decía, ‘No hay una ‘I’ (YO) en Team (equipo)’. Todos, incluyendo a Tiger, soltaron la carcajada”.
A pesar de las cuatro participaciones en la Copa Ryder y nueve victorias en el PGA Tour, la travesía de Kuchar es bastante diferente a la del típico jugador multimillonario del PGA Tour.
Sí, él fue una estrella cuando niño en Florida y eligió la universidad de Georgia Tech en parte porque el equipo de golf tenía acceso a un número de canchas de primer nivel y también porque pensó que sería un buen lugar para prepararse para el mundo de los negocios si él no se hacía golfista profesional.
Su camino cambió cuando ganó el U.S. Amateur en el verano de 1997 al terminar su primer año en la universidad. La idea de ganar el Amateur la primera vez que lo jugaba nunca se le había ocurrido.
“Cuando llegué a las semis, los otros tres muchachos era Randy Leen, Joel Kribel y Brad Elder”, dice Kuchar. “Los tres habían jugado en el equipo de la Copa Walker una semana antes. Sabía que no estaba en su nivel”.
Kuchar recuerda estar nervioso en la mañana de la semifinal contra Leen hasta el punto de no poder pasar bocado. “Nunca estuve más nervioso en mi vida”, dice. “Sabía que estaba en juego ese día. Si ganaba, podía jugar el Masters. Estaba aterrado”.
Estaba tan aterrado que “de alguna manera” – sus palabras – hizo birdie en cuatro de los últimos cinco hoyos y ganó 6&5. Al día siguiente, en la final a 36 hoyos, pudo sacarle bastante ventaja a Kribel y la aguantó hasta ganar 2&1.
Eso significaba que dos meses antes de cumplir 20 estaría colocando la bola sobre el tee en la primera vuelta del Masters 1998 con el campeón defensor: Eldrick (Tiger) Woods.
“OK, tal vez estuve igual de nervioso esa mañana”, admite Kuchar. “Todavía recuerdo mi caminata en medio de esta pared de gente desde el putting green hasta el tee del uno. Tiger fue primero y por supuesto, la gente enloqueció por él. Pensé que podía subir al tee detrás de él y robarme un par de aplausos. Pero recibí una gran aclamación. Me puse feliz cuando fui capaz de colocar el tee en el suelo y no caerme de cabeza”.

Kuchar
Kuchar anotó un 72 ese día (Woods anotó 71) y terminó empatado 21 con su padre en la bolsa. Luego terminó empatado en el puesto 14 en el U.S. Open. Para ese entonces, el mundo corporativo estaba haciendo fila para volverlo rico ni bien se volviera pro, quizás después del British Open.
Excepto que Kuchar no se volvió pro. Volvió a Georgia Tech para su tercer año.
“Hablé con muchos [jugadores] y la mayoría de ellos me dijo que aprovechara la buena racha porque estaba listo para jugar. Pero jugué una vuelta de práctica en el British con Payne Stewart y Paul Azinger y Payne me dijo, ‘puedes jugar aquí durante 25 años, pero nunca recuperarás tus dos últimos años universitarios’. Eso me quedó grabado”.
Después de la graduación en la primavera de 2000 y con un título en administración, la gente quedó atónita cuando no se unió al tour sino a una financiera boutique dirigida por Joe Wortley en Boca Raton, Fla.
“Él tenía la idea de que yo podía seguir el modelo de aficionado de Bobby Jones”, dice Kuchar. “Mantenerme aficionado, pero seguir jugando al golf y crear una vida fuera de la cancha. Yo estaba intrigado. Bobby Jones había ido a Georgia Tech, y pensé que podría ser genial ser lo suficientemente bueno para volver al Masters como aficionado; quizás jugar media docena de eventos del tour al año y jugar al golf con clientes”.
Se ríe. “Duró menos de un año”.
El punto de quiebre llegó cuando falló el corte por uno en el Texas Open en septiembre 2000 y estaba deseando jugar a la semana siguiente pero no podía porque no tenía otra invitación del patrocinante. Decidió que tenía que descubrir cuán bueno podría llegar a ser si jugaba al golf para ganarse la vida.
La respuesta rápida: muy bueno. En marzo de 2002 ganó el Honda Classic. Solo tenía 23 y estaba encaminado.
“Nunca hubiera imaginado que no volvería a ganar en siete años”, dice, riéndose. “¡Siete años!” Eso fue un largo tiempo. Por supuesto, pasaron muchas cosas durante esos siete años. Algunas buenas/maravillosas. Otras no tan buenas”.
Lo maravilloso fue su cortejo a Sybi Parker, a quien había conocido en Georgia Tech. Sybi era jugadora de tenis, los dos se hicieron amigos cuando los deportistas de la universidad iban a los “bares de atletas” en Buckhead. “Todos solíamos andar juntos”, recuerda Kuchar. “Siempre nos caímos bien pero nunca fue más allá en universidad. Ambos estábamos enfocados en continuar con nuestras vidas”.
Ya graduados, Sybi se mudó a San Francisco para enseñar tenis. En 2002 Matt la invitó a verlo jugar en Pebble Beach.
Eso no salió según lo planeado. Sybi llevó a su novio y los dos buscaron a Matt en Pebble Beach. Él estaba jugando en Poppy Hills.
“No sabían que el torneo se jugaba en tres canchas porque dice Pebble Beach en el nombre”, dice Matt. “Pasaron una hora deambulando por Pebble buscándolo hasta que el novio dijo ‘Vámonos de acá’ ”.
Matt y Sybi se vieron ese otoño en el partido de fútbol de Georgia Tech. Para entonces el novio ya no estaba y Sybi se estaba mudando de vuelta a Atlanta. Poco después Matt la invitó al Shark Shootout. Ella aceptó. En menos de un año estaban casados.
Cameron llegó en 2007 y Carson en 2009. La familia se mudó a Sea Island, donde Sybi había pasado gran parte de su niñez. “Gran lugar para vivir”, dice Matt. “Además de tener a los abuelos cerca. Perfecto”.

SALVADO DE UN GRAN BAJÓN
La carrera de Kuchar no fue tan perfecta. El putt siempre había sido su punto fuerte pero cuando empezó a tener problemas con el impacto de bola, su putting también decayó. “Cuando piensas que tienes que embocar cada putt, no lo haces tan bien”, dijo. “Siempre fui un buen jugador de putter – ahora tenía que ser fabuloso solo para poder tener una oportunidad”.
A principios de 2006, de vuelta en el Nationwide Tour, su compañero de universidad Matt Weibring le dijo que debería ir a ver al profesor Chris O’Connell en Dallas. Kuchar estaba abierto a cualquier cosa en este punto.
O’Connell le sugirió a Kuchar que debería hacer algo completamente contraintuitivo: apuntar a la derecha para pegar el fade que le gustaba jugar. Por supuesto, Kuchar siempre había apuntado a la izquierda.
“Al principio se sentía realmente incómodo” dice. “Estaba apuntando a la derecha y tratando de arrancar la bola por la izquierda y pegar un fade. Era como si estuviera pegando un pull cortado. No tiene sentido pero funcionó. Cuanto más seguido pegaba un buen golpe de ese modo, menos incómodo me sentía”.
Armado con su swing de aspecto chato, Kuchar ganó un evento en el Nationwide en 2006 y volvió al tour grande en 2007. Nunca más estuvo cerca de dejarlo desde entonces.
“Cuando volví al tour jugué sólido durante tres años, pero la victoria en Turning Stone [fines de 2009] fue un gran logro para mí”, confiesa Kuchar. “Me estaba preguntando si volvería a ganar otra vez”.
Ganó el primer evento de los playoffs al año siguiente y embolsó $4,9 millones total – el primero en el listado de ganancias. Más importante, logró por primera vez ser parte del equipo de la Copa Ryder.
A partir de allí ganó el Players Championship en 2012, el WGC-Match Play en 2013 y el Memorial más tarde ese año. Peleó de manera consistente los primeros lugares en los majors pero nunca tuvo una oportunidad clara para ganar hasta el Open Championship en Birkdale en 2017. Ese domingo, mientras jugaba en el grupo final con Jordan Spieth, Kuchar remontó hasta empatar la punta con seis hoyos por jugar.
“Sabía que tenía una verdadera oportunidad”, dice Kuchar. “Después de pegar el drive en el 13 creo que pensé, este es mi día. Voy a ganar”.
Pero Spieth logró un bogey milagroso seguido de birdie-águila-birdie-birdie.
Al terminar el hoyo 18 y abrazarse, Kuchar se sorprendió por lo que vio a continuación: Sybi, Cameron y Carson estaban detrás del green esperándolo. Con Matt entre los primeros lugares el viernes, Sybi decidió viajar a Inglaterra para estar allí el domingo. “Pensé que si ganaba queríamos estar allí para compartirlo con él”, dijo ella. “Si no ganaba, nos iba a necesitar ahí”.
Se quedaron en la habitación del hotel hasta que faltaban pocos hoyos por jugar – Sybi no quería que Matt se distrajera por su repentina presencia y le preocupaba que los dos niños se desbordaran en los alientos hacia su padre. “Ambos adoran a Jordan”, explica, “pero no ese día”.
Al terminar la entrega de trofeos, Kuchar fue a hablar con los medios acompañado de sus hijos. Mientras salían de la sala de prensa, se encontraron con Spieth, quien portaba la claret jug. Por pedido de Kuchar, Spieth les mostró a los niños dónde estaba grabado su nombre sobre el trofeo. Luego Spieth se agachó y les dijo a los chicos que deberían estar muy orgullosos de su padre: “No porque sea un gran golfista, sino porque es una gran persona y un gran papá”.
Kuchar admite que Birkdale lo mortificó un poco el año pasado. No logró estar en el equipo de la Copa Ryder por primera vez desde 2008, si bien Furyk le pidió que fuera asistente del capitán en la misma llamada en la cual le decía que no lo estaba eligiendo para el equipo.
“Me hubiera encantado tenerlo en el equipo”, admite Furyk, “pero los muchachos que elegí estaban jugando tan bien que tuve que elegirlos. Además, Matt no había tenido un año tipo Matt Kuchar”.
Kuchar lo sabía. Y su cumpleaños número 40 lo afectó más de lo que él hubiera pensado. “Tal vez fue porque no estaba jugando tan bien, pero lo tenía muy presente”, reconoce. “Nunca le había pegado tan fuerte a la bola y los chicos de hoy le pegan tan largo, y tienen tanto talento, me preguntaba si podía seguir compitiendo a mis 40”.
Nadie estaba más sorprendido por la reacción de Matt que la persona que mejor lo conoce. “No parecía ser él”, dice Sybi. “Por lo general es optimista porque siempre ha sabido que encontraría una manera de jugar mejor. Nunca dudé que lo haría”.
“El golf te golpea bastante”, dice Kuchar. “Creo que todos entendemos esto. Pero cuando no juegas bien por un tiempo y cumples 40, te preocupas”.
Pero dos meses después de Mayakoba, en otras vacaciones familiares, Kuchar ganó en Hawái por cuatro golpes. Había sobrevivido a su crisis de la mediana edad golfística. Y ahora lo ha descifrado – más vale tarde que nunca – cómo enmendar un error.