Protagonistas Hace 1 mes

Gary Woodland tiene un no sé qué

Gary Woodland voló a Nueva York al día siguiente de ganar el U.S. Open en Pebble Beach este último día del padre estaba acompañado de Craig Annis, uno de los ejecutivos de comunicaciones de la USGA. El trabajo de Annis consistía en acompañar a Woodland a través de un tour atareado – en general a negocios no deportivos que en su mayoría querían enfocarse en Amy Bockerstette, la jovencita con Síndrome de Down que se había convertido en la sensación de las redes sociales y en parte de la vida de Woodland en enero. ▶ Casi todo el mundo del golf ya conocía la historia. Woodland, como campeón defensor del Waste Management Open en Phoenix, fue designado para jugar un hoyo con Bockerstette durante la vuelta de práctica del martes. La idea había surgido de las Olimpiadas Especiales de Scottsdale, quienes querían promover la historia de la atleta local que había superado grandes desafíos para tener éxito.

Bockerstette tenía 20 y estaba en primer año de la Paradise Valley Community College, donde había recibido una beca para jugar en el equipo de golf. Luego de que el PGA Tour le contara a Woodland la historia sobre la vida de Bockerstette, él estaba más que deseoso de participar.
“Pensé que sería divertido”, dice. “No tenía idea de que sería un evento que me cambiaría la vida”.
Con miles de fanáticos rodeando ese circo de carpas que es el hoyo 16 de TPC Scottsdale, Woodland y su amigo Matt Kuchar pegaron su golpe de salida con Bockerstette. Pegó un golpe sólido que se fue directo al bunker junto al green.
“Uno podía ver enseguida que ella podía jugar”, dice Woodland hoy. “Tiene un buen swing”.
Aun así, Woodland se preocupó al ver dónde había terminado la bola de Bockerstette. “No era un tiro fácil”, dice. “Estaba algo preocupado pensando que le costaría sacarla y que se sintiera avergonzada con toda esa gente observando, así que le ofrecí que la lanzara fuera y la jugara desde allí. Solo me miró y me dijo, ‘Yo puedo hacerlo’ ”.
Woodland no se dio cuenta enseguida, pero ese fue el momento que le cambió la vida. Esas tres palabras.
Bockerstette hundió sus pies en la arena y salpicó la bola afuera hasta tres metros del hoyo. “No hubo nada de suerte, simplemente pegó un gran golpe”, explica Woodland. Hace una pausa, recordando. “Yo sabía – solo lo sabía – que ella iba a embocar el putt”.
Y lo hizo. El video de todo esto se hizo viral casi instantáneamente.
Esa noche Woodland cenó con el colega Harold Varner III.
“Todavía seguía muy emocionado con todo lo sucedido, horas más tarde”, dice Varner. “Me dijo, ‘El mundo necesita más de Amy. Ella debería ser una inspiración para tanta gente. Ya es una inspiración para mí’ ”.
Woodland estaba fascinado cuando después de la victoria en el Abierto le dijeron que el programa “The Today Show” llevaría a Amy y sus padres a Nueva York y que estarían juntos en el programa a la mañana siguiente. Woodland no había vuelto a ver a Amy desde Scottsdale, si bien se mantuvieron en contacto y habían hablado por FaceTime luego de su victoria. Para Amy, la presencia de Gary en el programa iba a ser una sorpresa.
Woodland le dijo a Annis que había algo que debería hacer por él antes del show. “Insistió en que cancelara o reprogramara su próxima cita”, dice Annis. “No le importaba qué era. Me dijo, ‘No voy a hablar con ella en la TV para luego irme enseguida. Quiero pasar tiempo con ella sin cámaras. Esto es importante para mí’”.
Annis hizo los cambios. “Pasé dos días con él”, dice Annis. “Y puedo decirle honestamente que eso no me sorprendió en lo más mínimo. Él es así”.

UNA VICTORIA POPULAR PARA UN JUGADOR POPULAR

Eso es lo que dicen de Gary Woodland en el vestuario. No hay nada complicado en él, ninguna misión oculta.
“Es el tipo de muchacho que le gusta pasar el tiempo contigo, contar historias, hacerles bromas a los otros y que otros le hagan bromas a él”, dice Brandt Snedeker. “Será un gran miembro de la Copa Ryder porque puedes ponerlo a jugar con cualquiera del equipo y ellos estarán contentos por tener que jugar con él”.
Brooks Koepka, escolta de Woodland en Pebble Beach, sonríe cuando le preguntan por él: “Es un gran tipo. Si yo no podía ganar, me encantó que fuera él. Creo que todos sentían lo mismo”.
Los jugadores suelen referirse a ciertas victorias como “populares en el vestuario”. La victoria de Woodland en Pebble Beach fue abrumadoramente popular.
“Él es simplemente un buen tipo con quien pasar el tiempo”, dice Charley Hoffman. “Casi que suena cursi, pero él hace que te sientas mejor contigo mismo con solo andar cerca de él. Él se toma al golf seriamente, pero no a sí mismo”.
“Gary es relajado, simple”, dice Justin Thomas. “No sé cómo explicarlo, pero creo que saca lo mejor de mí. Es la manera que él es – todo el tiempo”.
Woodland sonríe cuando se le comunican estos comentarios. “Crecí siendo parte de un equipo porque jugaba al básquet”, dice. “Creo que lo que más extraño del básquet es estar en un equipo. Por supuesto que el golf es distinto, pero disfruto de la camaradería en el vestuario. No es lo mismo, obviamente, pero se puede disfrutar estando con un grupo de muchachos que están pasando por los mismos altibajos que tú. Hay una especie de unión”.
En un mundo perfecto Woodland, quien cumplió 35 en mayo, estaría llegando al final de su carrera en la NBA en esta época. Cuando terminó el colegio en Topeka, Kansas, tuvo dos opciones: una beca por golf en Kansas o una beca por golf/básquet en la Washburn University de la División II en su ciudad. Él eligió Washburn porque quería jugar al básquet.
“Fue mi primer amor”, admite. “Cuando eres tan joven estás convencido que continuarás mejorando y serás capaza de jugar tu deporte como medio de vida algún día”. Hace una pausa y sonríe. “La llamada más difícil que tuve que hacer fue a Ross Randall [el coach de golf de Kansas en ese momento]. Me dijo, ‘Estás cometiendo un error. Tu potencial en golf es ilimitado. Cuando cambies de opinión todavía tendré una beca para ti’ ”.
No fue que Woodland cambió de opinión sino que se dio cuenta de cómo se veía el nivel más alto de básquet universitario. Topeka está a menos de 48 kilómetros de Lawrence, donde está ubicada Kansas, y los equipos jugaron un juego de exhibición en noviembre 2002.
En solo minutos Woodland supo que estaba en problemas. “No había ningún jugador en la cancha de Kansas con el cual yo pudiera compararme – ni cerca”, dice riéndose. “En el secundario siempre fui uno de los mejores jugadores en cada deporte. En este básicamente no tenía ninguna oportunidad, en especial contra Kirk Hinrich”.
Woodland había sido un fanático de Kansas de toda la vida y había conocido a Hinrich ese verano cuando su hermana mayor, C.J., quien estaba trabajando en el campamento de verano de Kansas, fue asignada un día para conducir a Hinrich al campamento. Cuando Woodland se enteró de eso le dijo a su hermana “No hay posibilidad de que lleves a Kirk Hinrich sin mí”.
Eso fue divertido. ¿Tratar de cubrir a Hinrich? No tanto. “Realmente me dio duro”, dice Woodland. “Yo sabía que no era suficientemente bueno”.
En básquet.
Para ser justos, Hinrich jugó en la NBA durante 13 temporadas y logró más de USD$72 millones en salario. Woodland se había impuesto un techo muy alto. Pero ese era el punto. Si no podía alcanzarlo, o llegar cerca, tenía que aceptar el hecho de que en su futuro no estaba el comisionado David Stern entregándole una gorra de la NBA durante el draft luego de decir su nombre.
Y entonces cuando la temporada en Washburn terminó en la segunda ronda del torneo de la NCAA División II Woodland llamó a Randall para ver si era cierto lo que le había dicho de conservarle una beca.
Randall mantuvo su palabra. Y debido a que Woodland no había jugado al golf durante el otoño en Washburn (porque se estaba preparando para la temporada de básquet), era elegible para jugar enseguida.
Para cuando se graduó con un título en sociología en 2007 (el mismo año que Randall se retiró luego de 28 años en Kansas), Woodland pensó que era lo suficientemente bueno para intentar jugar en el PGA Tour. Dos años más tarde y después de haber jugado en el Hooters Tour y el (entonces) Nationwide Tour, pasó por las tres etapas de clasificación y se encontró a sí mismo en el tour. Su temporada de novato en 2009 terminó antes debido a una cirugía en su hombro y un año más tarde estaba de vuelta en la escuela clasificatoria. Volvió a sobrevivir y luego ganó por primera vez en marzo 2011 en Tampa. Ganó de nuevo en 2013 en Reno y pasarían casi cinco años hasta que volviera a ganar.
Pero fue un ganador de dinero y protagonista consistente durante ese período. Seis veces en su carrera lideró torneos después de 54 hoyos pero no ganó. Era, en palabras de colegas, el clásico buen pegador a quien por momentos le costaba llegar la bola al hoyo.
“Era frustrante”, dice. “Estaba ranqueado de manera consistente entre el puesto 40 y 60 del mundo y casi siempre entre los mejores 30 de la FedEx. Jugué mucho buen golf.
No sé cuántas veces me tomaron las medidas para la ropa del equipo de la Copa Ryder o Copa Presidentes, pero nunca llegué a usarlo. Eso me molestó bastante. Estaba ganando mucho dinero, pero no era el jugador que yo creía que podía ser – o debería ser”.

CAMBIOS DE PROFESORES, UNA VICTORIA . . .
Y UNA PENURIA
Woodland cambió de profesores, pasando del profesor de larga data Randy Smith a Butch Harmon. Luego, cuando Harmon decidió restringir sus viajes a fines de 2017, le recomendó a Woodland que trabaje con Pete Cowen.
Cowen ha trabajado con muchos jugadores destacados—Darren Clarke, Danny Willett, Lee Westwood, Henrik Stenson entre ellos—y estaba feliz de ayudarlo a Woodland. Sin embargo durante 2018 su trabajo juntos se limitaba a semanas de torneos – por lo general majors.
A principios de ese año Woodland finalmente logró su tercera victoria en el PGA Tour, luego anotó un 64 en la vuelta final en TPC Scottsdale para venir de atrás y derrotar a Chez Reavie en un playoff.
La victoria fue abrumadoramente emotiva para Woodland debido a lo que él y su esposa Gabby habían sufrido casi un año antes. El 1ro de marzo Woodland había subido a las redes sociales fotos de una ecografía donde aparecían los mellizos que Gabby estaba esperando para ese verano. Días más tarde mientras estaba jugando el green del hoyo 7 durante una vuelta de práctica en Austin Country Club junto a Kevin Chappell antes del torneo World Match Play su celular sonó.
Era Gabby. La estaban llevando de emergencia al hospital. Había roto bolsa. Solo tenía 16 semanas de embarazo. Woodland se fue de la cancha y directo al hospital. Los doctores parecían tener todo bajo control esa noche y entonces al día siguiente él jugó – y ganó – su primer partido contra Emiliano Grillo.
Pero esa noche los doctores no pudieron evitar que uno de los bebés naciera prematuramente. No tenía ninguna probabilidad de sobrevivir.
“El peor día de mi vida”, dijo Woodland, suavizando su voz. “Fue tan horrible para Gabby, para ambos. Y luego los siguientes tres meses fueron una tortura, en especial para ella porque los médicos tuvieron que luchar para evitar que Jaxson naciera y lo perdiéramos de la misma forma”.
En cuatro ocasiones los doctores tuvieron que actuar para demorar el nacimiento de Jaxson, pero él lo logró. Nació el 23 de junio – 10 semanas más temprano – pero con peso suficiente como para sobrevivir. Tuvo que permanecer en el hospital casi seis semanas y luego sufrir varias cirugías – tres hernias, una por infección que no le permitía asimilar la leche – pero las sobrevivió a todas. Hoy es un chico sano de 2 años.
“Tuvimos los mejores y los peores momentos, todo en pocos meses”, dice Woodland. “Me encanta jugar al golf, me encanta competir, pero durante un largo tiempo lo único que realmente quería hacer era estar en casa con Gabby y Jaxson”.
Cuando embocó su putt final en Scottsdale, Woodland miró al cielo y apuntó su dedo índice en memoria de su hija. “Yo solo quería que ella supiera que no la hemos olvidado y que todavía la amamos”, dijo.
La mejor parte del día fue ver a Gabby y Jaxson en el green final. Habían podido viajar con él desde principios de año, pero Gary y Gabby trataban de evitar llevarlo a lugares donde había mucha gente. Entonces el domingo en Scottsdale fue un avance en más de un sentido.
Ocho semanas después de la victoria de Gary, los Woodland pasaron por un segundo aborto natural. Quince meses más tarde, mientras Woodland estaba en Pebble Beach, Gabby estaba en su casa, embarazada de mellizos – ambas niñas. Si bien había pasado las primeras 30 semanas del embarazo con buena salud, hubo algunos momentos de nervios: un viaje al hospital justo antes del PGA Championship y otro más dos durante dos noches a los 10 días del Abierto en Pebble. “Si hay algo que aprendí en los últimos años”, dice Woodland, “es qué es lo importante.