Resulta que, al final, Fabián Gómez no es ese golfista dócil y aparentemente inofensivo que proyecta su imagen. Todo lo contrario: es un francotirador agazapado que, cuando apunta, no falla en su objetivo. Un animal de caza que corre tras su presa y no se detiene hasta atraparla. Esa brisa pacífica que envuelve a su persona se transforma en un huracán incontenible dentro de una cancha de golf. Nobleza obliga: ¿quién no pensó que, después de haber estado tan cerca de la victoria en el Puerto Rico Open de 2013, ya no tendría más posibilidades de triunfar en el mejor circuito del mundo? Pero Gómez no solo se llevó en junio de 2015 el St. Jude Classic, sino que siete meses después, en los albores de este año, dio una clase magistral en Honolulu y alcanzó su segunda coronación en el PGA Tour. Los dos éxitos tienen un hilo conductor: la ambición y la voracidad de la vuelta del domingo, con un rendimiento superlativo y una valentía sin igual frente a otros jugadores más curtidos en la gira. Había sacado cuatro golpes de ventaja en el leadearboard final de Memphis; firmó un impactante 62 (-8) entre las olas y las palmeras del Sony Open de Hawaii. Y el mundo habló sobre él.

 

A los 37 años, Gómez ya forma parte de un lote selecto entre los mejores golfistas argentinos de todos los tiempos. Y entre sus silencios, sus guiños cómplices y su picardía –que la tiene, aunque no la demuestre– se enseña decidido a seguir haciendo ruido cerca de los grandes nombres del golf mundial. Su éxito en el Waialae Country Club entrega números incontrastables: un total de 260 golpes (-20) y la consagración en el segundo hoyo de desempate, luego de un mano a mano apasionante frente al norteamericano Brandt Snedeker. Una escalada sin freno hacia la cima, después de haber dejado en el camino a Zac Blair, que desperdició la chance de sumarse al playoff tras haber fallado un putt para águila, y otros nombres ilustres que quedaron postergados, como Zach Johnson y Jason Dufner, que concluyeron en el top ten.

“Esto es más de lo que soñé”, comentaba el chaqueño, después de prolongar hasta 2018 su exención en el PGA Tour y asegurarse los pasajes para el PGA Championship y el Bridgestone Invitational de Akron, además de los dos primeros torneos de la FedEx Cup. Fabián lagrimeaba también, cómo no, porque compartía la tristeza de su caddie Coco Monteros, que había perdido a su padre semanas atrás. Muchas emociones juntas y al lado de su familia más cercana, ya que detrás de las sogas de ese trazado par 70 lo habían seguido su esposa, Pamela, y sus dos hijas, Melina y Valentina.

De pronto, en el término de siete meses, aquel jugador que subía y bajaba de categoría entre el Web.Com y el PGA Tour se consolidó y atesoró un sinnúmero de beneficios, tanto deportivos como económicos y de sponsoring. Desde lo más bajo, desde los tiempos en que era lagunero del Chaco Golf Club y acunaba sueños de futbolista, Gómez fue armando su propio imperio y hoy es respetado como doble ganador en la gira más exigente. Además, se regala una posibilidad que le llega en el momento justo: representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. A fines de año, Gómez confesaba en una entrevista a Golf Digest Argentina: “Quiero volver a ganar en el PGA Tour y quedar entre los 30 primeros de la FedEx Cup”. Ya cumplió el primer objetivo y se perfila muy bien para refrendar el otro, porque la meta suprema es participar en los cuatro majors de 2017. Cabe recordar que, después de su festejo en Memphis, ya se había garantizado un lugar en el Masters, otro de los grandes dividendos de su nueva realidad.

Gómez es quien, en definitiva, se planta frente a cada tee de salida, mira al horizonte y pega con las pulsaciones del que se está jugando cosas importantes. Pero alrededor de él hay un equipo de trabajo que lo ayudó a transformarse en esta fiera acaparadora de premios y elogios. “Fabián es muy receptivo y está abierto a cualquier progreso. La clave fue que se terminó creyendo todo lo bueno que es, y esa confianza lo transformó en un jugador muy peligroso”, asegura el instructor Mariano Bartolomé, que trabaja con él desde hace 10 años y que últimamente se dedicó a ajustarle algunos detalles del swing: “Nos enfocamos en que se mantenga más quieto en el backswing y, desde el tope, tratar de pegar hacia adelante con decisión y con una presión más suave en las manos, sin que ésta se modifique. Fabián es un jugador de sensaciones, no tan técnico; mi trabajo es que sus movimientos fluyan bajo presión”.

La labor de Bartolomé apuntó, a lo largo del tiempo, en que el chaqueño mejorara su consistencia y tuviera semanas más parejas a partir de un entrenamiento con mayor planificación. Se puso énfasis en el control de la distancia con los wedges, de 120 yardas para abajo, y en la tarea arriba del green. “En definitiva, doblegamos la carga del trabajo y él mismo se convenció de que había que ponerle una mayor intensidad. Se dio cuenta de que el esfuerzo, a la larga, paga”, describe el instructor.

Más allá de que la personalidad de Gómez parece estar armada de una coraza indestructible, cualquier jugador es proclive a sufrir la inestabilidad de su status, esta desgastante dinámica de perder y recuperar la tarjeta del PGA Tour, tal como experimentó entre 2011 y 2014.  En este punto, la fortaleza mental es clave para no desfallecer en el intento de seguir adelante. Su psicólogo, Pablo Pécora, describe: “Fabián fue logrando un mayor grado de madurez que le permitió pasar de ser un jugador competitivo a un gran competidor. Maduró su actitud, dejó de regalar golpes, se recupera rápido de un mal tiro, aumentó su nivel de compromiso y, fundamentalmente, empezó a trabajar sobre la base de objetivos alcanzables y posibles para un ganador del PGA Tour como es él”.

Pécora, que se comunica con él por teléfono y viaja hasta cuatro veces por año para acompañarlo en los torneos, se refirió al período de bajón deportivo que padeció el jugador después de haber triunfado en Memphis: “No quedé contento con esos dos meses posteriores a junio de 2015. Si bien el ganar es un privilegio de unos pocos, a veces provoca un desequilibrio y la ambición se apaga. Entonces hablamos sobre este asunto y, luego de esa caída, subió notablemente su juego hasta volver a ganar en Hawaii. Siempre el objetivo es superar el último logro obtenido, y las citas de Grand Slam que afrontará ahora están incluidas dentro de esas metas. Tiene el nivel, el equipo y la confianza necesarias”.

Lógicamente, los últimos éxitos subieron a Fabián Gómez a una ola de incipiente popularidad. Algunos datos de las redes sociales sirven para comprobarlo. En facebook, sus publicaciones alcanzaron a más de 500.000 personas, y superó los 10.000 seguidores justo el día posterior a su triunfo en Honolulu, donde sumó unos 500 nuevos fans. En twitter sobrepasó los 2700 followers y recolectó unos 1000 seguidores en los últimos dos meses. El público de Instagram también le responde fielmente. En medio de este acompañamiento, todos sus sponsors se hicieron eco rápidamente de la victoria, saludándolo y felicitándolo. Y por supuesto, su última batalla de gloria repercutió directo en el corazón del Chaco Golf Club, que ya puede presumir de ¡cinco! títulos en el PGA Tour, si se agregan los dos de José Cóceres en 2001 y el de Emiliano Grillo en octubre del año pasado. Diego Eidman, vicepresidente de la tradicional entidad de Resistencia, comentó: “Creo que no nos terminamos de dar cuenta dónde pusieron a nuestro club José, Emiliano y Fabián. No sé cuántos clubes del mundo tienen cinco victorias en el PGA Tour. Que el prestigioso periodista Tim Rosaforte te escriba diciéndote que le gustaría conocer el Chaco Golf Club previamente a su visita a Río para los Juegos Olímpicos te abre los ojos”. Eidman ejemplificó la humildad de Gómez en un día cualquiera de la entidad: “Viene al club y se siente como en su casa, pero además hace sentir en su casa a los socios. Se para a practicar, comparte charlas con quienes se acercan y les da algunos tips. Incluso llega al tee del 1, espera su turno de salida como cualquiera y, si falta alguno en el foursome o te ve solo, te invita a compartir la ronda”.

Para dimensionar la nueva categoría que alcanzó Gómez, fue muy notable la visita que el jugador y su equipo hicieron a la casa matriz de TaylorMade, el viernes siguiente de su faena hawaiana. Allí en Carlsbad, California, tuvo un gran recibimiento de gran parte del staff de la empresa, fundamentalmente como primer ganador de la marca en 2016. Hubo de todo: fotos, movidas de marketing y hasta el descubrimiento de una galería con las imágenes de los campeones de TM. A continuación, una recorrida por la fábrica de Scotty Cameron, los putters de Titleist. Y al lunes siguiente, de vuelta en Taylormade para probar el nuevo drive (M2), se acercó el inglés Justin Rose para felicitarlo de manera muy efusiva. Y un día después, durante la práctica del Farmers Insurance Open, se produjo un elocuente gesto de camaradería de Jimmy Walker, que destacó su último triunfo. Esa serie de manifestaciones se vieron cristalizadas también en el tee time, con el horario central que le adjudicaron para ese certamen en San Diego, junto con dos golfistas de la jerarquía de Dustin Johnson y Brandt Snedeker, su vencido en Honolulu. “Además de la satisfacción del triunfo y todo lo que trajo consigo, es muy importante para los sponsors que volvieron a confiar en él en 2016, como Mercedes Benz, que ya lleva cuatro años con nosotros, y la incorporación de Familia Bercomat”, apunta su manager, Adrián González.

Fabián Gómez, “el Negro” para sus amigos, el hombre que, en sus momentos de descanso en Resistencia, matea en la puerta de la casa de su madre, Ani. Ese mismo que sueña con los anillos olímpicos en agosto próximo es el que está decidido a seguir haciendo historia en el PGA Tour. Porque quizás, no haya dos sin tres.