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Cuando Tiger conoció a Sam, y el hito que espera

Durante un reciente tributo militar en The Greenbrier, el evento del PGA Tour que CBS ha televisado durante años, yo conduje alrededor de una hora hasta Hot Springs, Virginia y me detuve en la tumba del gran Sam Snead. Está ubicada dentro de la propiedad de los Snead, un hermoso lugar en el corazón de las Montañas Allegheny. Luego de estacionar sobre el costado de la ruta, caminé una corta distancia hacia las tumbas de Sam y su esposa Audrey. Mientras permanecí allí, hice un repaso de las múltiples contribuciones que él hizo al golf y la manera en que su leyenda sigue viva. En especial este año.

Por más inmortal que parezca Sam, su récord de 82 victorias en el PGA Tour, el cual durante mucho tiempo parecía tan imbatible como la racha de hits en 56 juegos seguidos de Joe DiMaggio, está en alto riesgo de caer en manos de Tiger Woods. Podría explayarme sobre mis otras predicciones para el 2019 – Jordan Spieth recuperando su forma y ganando otro major, Patrick Cantlay emergiendo como una gran estrella y Phil Mickelson ganando el U.S. Open en Pebble Beach – pero es la perspectiva de Tiger desplazando a Sam que ha sido pasada por alto.

Tiger llegó al 2019 con 80 victorias en el PGA Tour y sumó un nuevo título el pasado domingo en Augusta, elevando su récord a 81. Quebrar la marca de Sam sería un hito mucho más grande de lo que muchos creen y podría suceder antes del Tour Championship en agosto. No es el hito más importante en golf – claramente el récord de 18 majors tiene esa condición – pero el récord de 82 victorias de Sam se encuentra solo en el segundo lugar. Si Tiger logra la victoria Nro. 83 no creo que ese récord pueda alcanzarse una vez más mientras vivamos.

La historia de la saga del récord de victorias en una carrera merece ser explorada. Comenzó su apogeo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Snead, Byron Nelson y Ben Hogan empezaron a llevar el total de victorias hacia arriba. En 1946, Byron, a punto de retirarse, tenía el récord con 51. Ben lo pasó con su victoria 52 en el Bing Crosby 1949, en Pebble Beach. Sam entonces le arrebató ese logro a Ben apenas 14 meses más tarde con su victoria 54 en Greensboro. Sam ha conservado la marca desde entonces y si bien la matemática es obvia, no puede evitar subrayar que se ha mantenido durante 69 años.

El que sea Tiger quien esté a punto de sobrepasar a Sam es poético, considerando que existe una historia personal entre ambos y que yo estuve presente en sus comienzos. En 1992 Tiger, entonces con 16 años y el campeón reinante del U.S. Junior Amateur, recibió una invitación especial para jugar el L.A. Open en Riviera. El starter honorario ese año no era otro que Sam, 79, quien había ganado dos L.A. Opens, incluyendo la victoria fenomenal en playoff contra Hogan en 1950.

El clima previo al evento había estado lluvioso y Tiger, quien estaba combatiendo el hook, se preparó para su debut estelar con una sesión de práctica a las 6 a.m. antes de entrar al colegio, pegando bolas hacia una red en el garaje de la casa de los Woods al final de la calle de Cypress. Jugó una vuelta de práctica antes de la semana del torneo con el pro del club, Peter Oosterhuis, quien más tarde se convertiría en comentarista de CBS. Cuando llegó la semana del torneo Tiger jugó el pro-am con Gary Hallberg y el actor de la serie Columbo, Peter Falk. No hacía falta un detective desgarbado para darse cuenta de que Tiger jugaba muy bien.

Sam había visto cientos de fenómenos antes, pero tenía que ver a Tiger por sí mismo. Cuando Tiger pegó su salida en el hoyo 10 se dio vuelta y vio nada más y nada menos que a Sam entre el público, observándolo. Tiger pensó que Sam lo vería pegar el driver y se iría de vuelta al clubhouse. Sin embargo, en el tee del 11, Tiger se sorprendió al ver otra vez a Sam, quien en esta ocasión lo estaba mirando más intensamente. Quizás lo haya distraído un poco a Tiger. Después de todo, ¿a cuántos golfistas adolescentes había seguido Sam durante todo un hoyo? Tiger contó más tarde que pegó un hook ahogado, el golpe que venía combatiendo. También notó que Sam le brindó una amable palabra de aliento. “He escuchado mucho sobre ti”, dijo. “Sigue trabajando duro”.

El viernes en la tarde Tiger había fallado el corte en su debut en un evento profesional con rondas de 72-75. Yo estaba allí para entrevistarlo para nuestro cable afiliado de ese momento, USA Network, el cual realizó la transmisión durante las dos primeras rondas antes de que nosotros en CBS tomáramos el timón durante el fin de semana. Era la primera vez que veía a Tiger y me asombró la compostura del estudiante de segundo año de secundaria cuya bolsa de palos se parecía más a una que uno podría llegar a ver en una cancha de la armada donde él creció.

Tiger y Sam se volvieron a ver varias veces después de Riviera, por lo general durante la cena de campeones del Masters a la que asistieron ambos desde 1998 hasta la muerte de Sam en 2002. Pero fue ese primer encuentro fortuito entre una leyenda veterana con 82 victorias y un adolescente flaco con 0 que tal vez logre 83 lo que todavía captura mi imaginación. La persecución de Tiger podría ser la historia del año en golf. Y si lo logra, podríamos estar hablando de un récord que, al igual que Sam, descansará en paz por siempre.