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Walter Iooss, una vida de íconos retratratados

ESTOY TOMÁNDOLE FOTOS A JORDAN SPIETH EN DALLAS. Estamos en una gatera de práctica en Trinity Forest y necesito que apunte un golpe con un hierro 6 a la cámara estacionada directamente en la línea de juego. En ese momento la cámara estaba justo junto a mi cabeza. La estoy controlando de manera remota y tengo planeado moverme porque valoro mi vida. Le lanzo a Jordan una bola sintética que es blanda, pero no tan blanda, y le indico qué tiene que hacer. Dentro de los tres segundos, antes de poder apartarme, le da un saque. La bola esquiva mi cabeza por dos centímetros y se estrella contra una pared ubicada atrás de mí. Se hunde un segundo y luego cae al suelo. Lo miré como diciendo, estuviste a punto de matarme. Y Jordan tenía una mirada que decía, Oye, hice lo que me dijiste. Todo lo que él vio fue el objetivo. Nunca he visto a un golfista con ese tipo de confianza.

SOY UN GRAN EXPERTO – algo que me llena de orgullo – en desmenuzar a la gente hasta llegar a quienes son verdaderamente. Algunas veces los atletas proyectan algo superficial o poco genuino, algo distinto a lo que realmente son, y yo quiero atravesar eso. Johnny Manziel, cuando llegó a Cleveland, se presentó para una sesión de Golf Digest completamente desinteresado. Lo escuché decirle a alguien de su grupo, “Esto tal vez nos lleve un minuto”. Yo estaba preparado para eso. Había llevado una serie de fotos que había tomado. “Johnny, ¿sabes quién es este tipo?” Le dije y le mostré una foto que había tomado de Johnny Unitas. Se encogió de hombros, pero después de mostrarle más fotos de Joe Montana, Joe Namath, LeBron James y algunos otros grandes, su actitud cambió. En 30 segundos pasó de querer irse de ahí a tomarme en serio. Sacamos unas fotos bárbaras.

IOOSS LLAMA A SU FOTO CASUAL DE ARNOLD PALMER Y JACK NICKLAUS EN 1965 “POR LEJOS LA MÁS CONOCIDA” DE TODAS SUS FOTOGRAFÍAS DE GOLF.


HUBO UN DÍA EN 2008 cuando nos concedieron 15 minutos para fotografiar a Tiger Woods. Yo era uno de los dos fotógrafos y decidimos que cada uno tendría exactamente 7½ minutos. Lo último que quería eran fotos que mostraran a Tiger apurado, algo que puede pasar porque las cámaras no mienten. Entonces cuando Tiger entró y lo saludamos, le hablé muy despacio, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Le dije, “Tiger, aquí te muestro un par de ejemplos de lo que vamos a hacer”. En el grupo de fotos había algunas de modelos de trajes de baño. “Hombre, ¡esa es Marisa Miller!” dijo Tiger. Eso lo sacó distrajo del tema tiempo. Eso es lo que quiero decir con desmenuzar a alguien. Las fotos resultaron fantásticas.

NO NECESITÉ los 7½ minutos, dicho sea de paso. Tengo dos reglas para sacar fotos que se pueden aplicar a cosas de todos los días. Una, siempre termina antes del tiempo pautado. Si terminas antes, eso incrementará exponencialmente las posibilidades de que ese individuo vuelva a trabajara contigo. Dos, deja el lugar en mejor estado del que lo encontraste. Sin botellas de agua vacías, sin sillas fuera de lugar. La gente recuerda esas cosas.

LA FOTO DE MARISA MILLER que terminó en la portada de la edición de trajes de baño de Sports Illustrated en 2008 sucedió hacia fines de la tarde del cuarto y último día de sesiones. Las cosas buenas suelen suceder al final. Entonces si estás decidiendo cuál de las 100 fotos que sacaste en la playa deberías subir a Facebook, empieza por la última y sigue hasta las primeras.

EN 1984, estábamos en Jamaica conduciendo hacia una locación en la costa, yo estaba en el asiento de adelante y Paulina Porizkova, quien debe ser la modelo más hermosa que haya existido, estaba sentada detrás de mí. Estábamos a minutos de una nueva sesión de fotos en trajes de baño y quería estudiar su rostro. Trabajo difícil, lo sé. Pero cuando me di vuelta para mirarla me costó bastante ya que ella estaba leyendo un libro que tenía casi pegado a la nariz. Le dije, “Paulina, ¿no pensaste en comprarte unos lentes?” Ella bajó el libro y me dijo, “No quiero ver todo”. Me pareció que eso decía mucho.

PARA EL NÚMERO DE DICIEMBRE 2012 DE GOLF DIGEST, IOOSS SACÓ FOTOS DE TAPA A MICHAEL J. FOX, BILL CLINTON, MORGAN FREEMAN Y MICHAEL PHELPS.


EN 2015 TOMÉ FOTOS A LEXI THOMPSON PARA LA TAPA DE GOLF DIGEST. Envolvimos una toalla alrededor de sus hombros para sugerir que acababa de salir de una sesión de entrenamiento. Era apenas provocativa pero aún así la admiré tremendamente por haberse atrevido a arrastrarse hasta el límite. El golf es el más conservador entre los deportes más importantes y empujar los límites requiere coraje. Lexi no es una modelo profesional pero posó como tal, expresándose con una naturalidad muchísimo mayor a lo que había anticipado.

MICHAEL JORDAN me enseñó cómo la fama puede encerrar a una persona. Hicimos dos libros y muchas más fotografías juntos, así que pasé bastante tiempo con él. Cuando jugaba para los Bulls tuvo que tener su propio vestuario. Cada persona famosa que pasaba por Chicago quería conocerlo. Cuando salía, siempre contemplaba 40 minutos adicionales para los autógrafos y pedidos de fotos. La gente gritaba su nombre, masas que lo rodeaban y querían tocarlo . . . terrible. Uno podía entender por qué Michael Jackson, Elvis Presley y tantos otros terminaron con problemas.

MICHAEL SE VOLVIÓ bastante consciente de su entorno en todo momento, como si toda su cabeza fuera un par de ojos. Cuando armamos el libro Rare Air en 1993, hubo una noche en Miami en la que supuestamente íbamos a salir a cenar. Michael estaba exhausto, acostado en la habitación del hotel en sudadera, pensando en cancelar. Luego dijo, “Está bien, vamos a salir, pero este es el trato: nada de cámaras y tú vas a marcar el camino.” Quiso decir que yo hiciera de interferencia, que mantuviera a la gene alejada. No era una tarea fácil. Pasé la noche con Michael, Scottie Pippen y Horace Grant, gritándole a la gente, “¡Esta noche no!” Fue agotador. Me maravillaba cómo Michael controlaba su vida diaria, las reglas tácitas que tenía para sobrevivir. Una de ellas era, nunca le mientas. Cualquiera de su círculo que lo engañase era apartado inmediatamente y para siempre, porque él no tenía tiempo para eso.

AÚN ASÍ, PREFERIRÍA SER MICHAEL que Tiger Woods. El nivel de fama es similar, pero la diferencia es que la adoración hacia Michael hacía que la pérdida de privacidad fuera más tolerable para él. Encontró la manera de aceptar la atención mientras que Tiger la detesta y eso solo lo empeora. Pero puedo entenderlo a Tiger ya que su personalidad es diferente. No todos son como Michael o Arnold Palmer. ¿Usted cree que Bubba Watson o Dustin Johnson soportarían el encierro de la gente como los encerraban a ellos? De ningún modo – no están hechos para eso.

KATE Y ARNIE: LA MODELO KATE UPTON ACOMPAÑA A ARNOLD PALMER EN LA FOTOGRAFÍA DE TAPA DEL NÚMERO DE DICIEMBRE 2013 DE GOLF DIGEST.


EN 2000, Tiger estaba en la cúspide, en términos de juego. Se me ocurrió seguirlo en el WGC-Match Play en La Costa para tratar de recrear la famosa foto de Hy Peskin de Ben Hogan pegando su hierro 1 al green 72 en Merion durante el U.S. Open 1950. Tuve que acercarme hasta pocos metros de Tiger, algo que no le gustó demasiado a su caddie, Steve Williams. En ese momento no me conocían. Williams me miraba con furia y me apuntaba, emitiendo algunos improperios bien elegidos como una especie de advertencia para que no me acercara demasiado ni disparara la cámara en el momento inadecuado. Finalmente se me acerca.
“Oye, amigo, ¿has sacado fotos en torneos antes?” me pregunta.
“Sí, en varios”, le contesto.
Con eso se aleja, dejando bien establecida la advertencia. Un mes más tarde fui a Isleworth en Florida a sacar fotos de Tiger para la tapa SI. Me presento ante Tiger y le digo, “Si te parezco familiar es porque yo saqué fotos tuyas en La Costa hace un tiempo atrás. ¿Me habías notado?”
“En cada hoyo” me contesta. No dijo nada más al respecto, lo cual implicaba que más o menos confiaba en mí. Desde entonces nos hemos llevado bien.

MI PADRE FUE MÚSICO DE JAZZ y durante bastante tiempo tocó con Benny Goodman. Él asociaba todo con el sonido. Caminábamos por la calle, se detenía y decía, “Escucha eso”, y ciertamente se escuchaba un sonido inusual viniendo de algún lado. Una vez pasamos por un puesto de lustrado de zapatos, hicimos una pausa de un par de minutos, escuchando el chasquido rítmico que el lustrador hacía con el paño. Me transmitió ese don de la observación a mí, excepto que era con imágenes en vez de sonidos. Me lo pasó por casualidad. En 1959 me llevó a ver un partido de fútbol de los New York Giants en el estadio de los Yankees. Me había regalado una cámara Pentax con una lente telefoto. Las imágenes que vi a través del visor eran diferentes a lo que podía ver con mis ojos. Yo podía controlar ese mundo. Todo lo que he visto desde entonces lo he colocado dentro de una composición fotográfica.

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 4 años y fue duro porque yo idolatraba a mi padre. El año pasado mi esposa y yo salimos a cenar en Montauk. El restaurante estaba tocando una música vieja y oscura. Se escucha una canción que inmediatamente reconocí como “Rose Room.” También reconocí la grabación – era de un concierto de Benny Goodman en el Madison Square Garden en 1941. También reconocí a mi padre tocando el bajo en esa canción. Me puse de pie de un salto y exclamé, “¡Mi padre!” Mi esposa Eva me miró compresivamente. Ella sabe cuánto lo amaba.

Lo otro que mi padre hizo fue insistir, cuando yo tenía 16, con que vaya a la escuela secundaria pública en East Orange, Nueva Jersey. Mis abuelos querían que yo fuera a la escuela St. Thomas Choir en Manhattan, para sacarme de lo que ellos llamaban “la jungla”. Mi padre, quien era un hombre conocedor de la calle y sabio, se opuso. “Los colegios privados de Manhattan no son el mundo real”, dijo. Él quería que yo creciera en un ambiente integrado y más crudo. Tal vez haya sido su mejor regalo, porque desde muy temprana edad podía ir a cualquier lado y relacionarme con casi todos.

RICKIE FOWLER SE HACE EL BROMISTA FRENTE A IOOSS DURANTE UNA SESIÓN PARA LA TAPA DE LA EDICIÓN DE ENERO 2015 DE GOLF DIGEST.


FELT FORUM, NUEVA YORK, 1968. En ese momento estaba trabajando a destajo para Atlantic Records, fotografiando a músicos en conciertos: Janis Joplin, los Rolling Stones, Aretha Franklin, James Brown y demás. Esa noche estaba fotografiando a Jimi Hendrix, quien claramente estaba drogado pero estaba tocando de manera increíble. De repente paró en medio de una canción. Me miró directamente y dijo “Todos necesitan apagar sus flashes o sino no voy a poder continuar cantando”. En ese momento no puedo decir que los fanáticos estaban muy enamorados de mi arte.

AÚN CON LA GENTE FAMOSA, siempre hay una manera de entrar. Hubo una vez en la que Kareem Abdul-Jabbar estaba recibiendo mucho correo con mensajes de odio y amenazas de muerte luego de que una de sus propiedades en Washington, D.C., resultara ser el lugar donde se habían cometido varios asesinatos por un grupo Musulmán. Me asignaron viajar hasta allí y fotografiar a Kareem para SI pero sabía que él no estaba buscando publicidad y no me iba a dejar entrar. Les McCann, un conocido músico de jazz amigo mío sabía que Kareem amaba el jazz y me sugirió que comprara algunos discos raros y se los ofreciera a Kareem. Les también me dijo que le dijera a Kareem que él me había enviado. Lo hice y sin más, Kareem me dejó entrar. La música es una gran conexión con los atletas.

EN 1965, tenía 22 años de edad y sabía muy poco sobre fotografiar golf. Pero igualmente recibí un llamado para ir a Laurel Valley Country Club en Ligonier, Pa. Mi trabajo era fotografiar a Arnold Palmer con el Presidente Dwight Eisenhower. Estoy parado junto a Arnold, esperando a Ike y hubo una demora. Arnold dice, “Ven conmigo”. Yo lo sigo hasta un salón frente al vestuario donde Arnold, para matar el tiempo, se sienta informalmente a la mesa con Jack Nicklaus. Los dos empiezan a charlar. De algún modo Arnold se olvida de que yo estoy allí. Casi como un instinto, empiezo a sacarles fotos. La luz es mala y no hay nada preparado, pero saco un par de rollos de película de todos modos. Hoy en día una de esas fotos es por lejos una de las más conocidas entre las decenas de miles de fotos de golf que he sacado en los últimos 60 años. No llamaría a esa foto un accidente, pero ciertamente salió de la nada. Algunas veces se da así.

ARNOLD PERSONIFICABA DE MANERA PERFECTA cómo debería ser un ser humano. Trataba a todo el mundo exactamente igual: con dignidad. Toda persona quiere sentir que es importante, que tiene un valor. Arnold percibía cuán importante era eso y lo brindaba. También quería eso para él. Cuando se lo veía a Arnold en fotos o en la TV, uno veía a un hombre luchando no solo para ganar, sino para ganarse la dignidad como lo hacemos todos. Ese era su carisma.

‘LAS PAREDES QUE [TIGER] CREÓ POR NECESIDAD, LA COMPLEJIDAD DE SER ÉL, SIEMPRE APARECERÁN EN LAS FOTOGRAFÍAS’.


JACK NICKLAUS ERA UN ASESINO. Al haber cubierto tantos deportes por tanto tiempo, reconocí a ciertos atletas que verdaderamente entendían la importancia de una victoria. Michael Jordan, Bill Russell, Wayne Gretzky—ganar era mucho más que una frase hecha. Sus destrezas eran fantásticas, pero las complementabas con sus reputaciones de despiadados. Querían intimidar y usar el miedo como ventaja. Jack fue un experto en eso. Su competitividad fue enmascarada por las cosas agradables del golf – el apretón de manos, los saludos al público y demás. Él jugaba dentro de esos parámetros, pero en el fondo era un asesino. ¿Alguna vez vio un video de Jack haciendo bromas, haciendo trucos con un palo de golf o divirtiéndose por ahí? No, porque no existe. Él jugaba para ganar – punto.

LA SUERTE FAVORECE AL HOMBRE PREPARADO. En The Catch, la foto que le saqué a Dwight Clark atrapando el touchdown ganador que le lanzar Joe Montana en el partido del NFC Championship en 1982. Me gustaba fotografiar a los receptores y prefería hacerlo con una lente normal de 500 milímetros, pre enfocada a 3 metros. De esa manera se podía atrapar algo de cerca. No me pregunte por qué estaba en la esquina de la zona final. Esa parte fue suerte. Pero el resto – el balón anidado perfectamente en las manos estiradas de Clark en el ápice de su salto, la imagen en foco y encuadrada – yo estaba preparado. Había practicado esa foto y había logrado una similar con un receptor de Browns llamado Dave Logan. Es para lo que me había entrenado.

JOE MONTANA TE VENCERÁ, o aprenderá a vencerte, al margen del juego. Muy pocos atletas son así. En 1999 estábamos en Necker Island [Islas Vírgenes], esperando fotografiar a Joe y a su esposa Jennifer para unas fotos de parejas de la edición trajes de baño de SI. Mi asistente Welch Golightly y yo estábamos jugando a encestar en una cancha de básquet que había allí. Llega Joe y antes de poder decir nada, Welch le lanza el balón como una especie de desafío. Joe nos mira como diciendo, “¿En serio? y desde los 7 metros no tocó otra cosa que la red. Su técnica y descarga fueron perfectas – él había sido el mejor basquetbolista del estado – y la mirada en sus ojos era algo desafiante. Welch y yo nos miramos y dijimos la misma palabra al mismo tiempo: “Jugador”. Uno podía darse cuenta de que era un tipo que iba a terminar ganándote a cualquier cosa.

VI COSAS en las salas de entrenamiento de la NFL en la década del 70 que eran difíciles de soportar. Los muchachos recibían drenajes rutinarios en sus rodillas, con unas agujas anchas que te revolvían el estómago de solo mirar. O les daban inyecciones de calmantes locales que podía ver que eran una agonía. La parte más desgarradora era lo rutinario que era. Sonny Jurgensen me contó que una vez durante un juego la rodilla lo estaba matando y que el doctor ni se molestó en sacarle los pantalones, simplemente le clavó una aguja a través del uniforme. Me gustaban las salas de entrenamiento porque todos los jugadores pasaban por ahí, la conversación era buena y era la sede de imágenes crudas y reales. Pero diablos, ahí había mucho sufrimiento.

LA FOTOGRAFÍA ES INCREÍBLEMENTE COMPETITIVA. Tomemos a alguien como Neil Leifer, uno de los mejores fotógrafos deportivos de todos los tiempos y uno de mis colegas en Sports Illustrated. Siempre sentí que estaba compitiendo con Neil, porque queríamos las mismas cosas: tapas, asignaciones importantes, nota de apertura. Teníamos estilos de trabajo diferentes, Neil siempre estaba muy preparado, yo más relajado. Él llegaba a un partido de fútbol varias horas antes de la patada inicial mientras que yo llegaba una hora antes. Pero la calidad del trabajo de Neil – su foto de Muhammad Ali parado sobre Sonny Liston después de noquearlo es una de las fotos deportivas más grandiosas de todos los tiempos – me hizo trabajar más duro y me empujó a mejorar. Al igual que los Rolling Stones llevaron a los Beatles a ser mejores y viceversa, Neil sacó lo mejor de mí.
No fue malo para Sports Illustrated tampoco.

EN 1980, me asignaron un trabajo en una fiesta en Lake Placid en la víspera de los Juegos Olímpicos de Invierno. Noté que Bill Eppridge, mejor conocido por haber sido quien tomó la increíble foto del asesinato de Robert Kennedy en 1968, también estaba ahí. Estaba vestido con ropa de faena de la armada, lo cual no tenía sentido para mí. Cuando le pregunté por qué, me dijo, “Porque nadie me mirará.” Desde entonces, cuando tengo que fotografiar en público, me aseguro de tratar de ser la persona más desapercibida en la sala.

EL SÁBADO DEL U.S. Open 1968 en Oak Hill, cometí el error de entrar a un bunker para sacar una foto. Para Joe Dey, el director ejecutivo de la USGA y mi némesis por pecados tales como meterme demasiado adentro de la sogas, esta fue la última gota. Me sacó la credencial y me expulsó del lugar. Fue traumático para mí, como a un solado que le sacan las charreteras del uniforme. Fue un problema enorme porque necesitaba estar allí el domingo y ahora no podía trabajar. Mis jefes intervinieron y a la mañana siguiente me llevaron a la oficina de Joe Dey dentro del clubhouse para pedirle disculpas. Era un tipo temerario, la imagen de la figura de autoridad conocido por lucir un saco de lana oscuro incluso en el clima más caluroso. Había tenido un problema de salud que había hecho que uno de sus ojos colgara, lo cual le daba un aspecto demoníaco mientras me sermoneaba en términos muy fuertes. Pedí disculpas, pero no sería la última vez que había empujado los límites. Mi sensación era, para lograr la mejor fotografía, algunas veces necesitas arriesgarte a que te echen.

DESDE 1986 A 1990, trabajé mucho para los cigarrillos Camel, a través de McCann Erickson, la famosa agencia que apareció en “Mad Men.” Hice mucho dinero allí. Uno de los proyectos solo podía ser filmado en las selvas remotas de Filipinas, por las hojas anchas del bananero y las palmas de coco que querían mostrar. Yo pensé que iba a ser un paraíso tropical, pero resultó ser un infierno. Seis semanas de calor, lluvia, serpientes, aburrimiento e insectos mordedores. Cuando volvía a casa sentí que me habían repatriado.

LEE TREVINO, no podías sacar una mala foto de él. La foto en la que luce un casco, sosteniendo una serpiente en su mano y un hacha en la otra poco tiempo antes de ganar el U.S. Open 1971 en Merion, la tomé yo. Más de 40 años más tarde, le tomé una foto posando con una víbora para Golf Digest. A lo largo de los años, Lee siempre me reconocía entre el público, me usaba como señuelo mientras contaba chistes al público. “Miren al fotógrafo peludo”, diría. “Apuesto a que fumó medio kilo de marihuana anoche”. El público se enloquecía, y luego Lee me miraba y me guiñaba el ojo. Los dos entendíamos que solo era para entretener.

LEE ERA UN GRAN TRABAJADOR. Parecía que jamás se tomaba una semana libre. A fines de esa gran temporada en 1971, SI lo nombró Deportista del Año y me envió a Dallas a fotografiarlo para la tapa. Lee me invitó a pasar Acción de Gracias en su casa. Comimos una gran cena y luego fuimos al porche cerrado con mosquiteros para hacer las fotos. Poco tiempo después de empezar me fijé en el visor y vi que Lee estaba cabeceando. Estaba así de exhausto. Es uno de los muchachos que se durmió frente a mí. El otro fue Cal Ripken Jr. Hacia el final de su racha de 2.632 juegos consecutivos, estábamos trabajando en la parte de fotografías de su libro, Cal on Cal. El timing fue tal que terminamos haciéndolo al final de un partido doble jugado en una tarde de Agosto. Hacía calor y había mucha humedad y hacia el final del segundo juego, estaba fusilado. Pero me había dado su palabra de que haría las fotos, y para este tipo, un trato es un trato. Poco después de hacerlo sentar, vi como empezaba a cabecear. De hecho me sentí mal por tener que despertarlo.

CUANDO VEO EL RITMO que llevan Jordan Spieth, Rickie Fowler y el resto, no sé cómo podrán durar 10 años. Las presiones son tanto más intensas que en las viejas épocas. Los patrocinadores y los medios nunca ceden. La práctica y los entrenamientos son tan fuertes. Los períodos de recuperación, el tiempo que necesitan para descansar el cerebro, son demasiado breves. No soy un experto en golf, pero he presenciado la vida de atletas de cerca por seis décadas ya. Una cosa puedo decir con certeza, el récord de 18 victorias profesionales de Jack Nicklaus nunca será roto y probablemente nunca llegarán cerca.

¿ENTONCES QUIÉN ANDA POR AHÍ TODAVÍA? Tiger Woods, obviamente. Aunque lo he fotografiado muchas veces, siempre ha faltado algo. Las paredes que creó por necesidad, la complejidad de ser él, han aparecido en las fotografías. Un día espero poder mirar por el visor y ver en los ojos de Tiger a un hombre que finalmente se siente cómodo conectándose con nosotros. Hay mucha más belleza ahí. Pero es difícil captarla.