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Nicklaus: “Tiger hace que las cosas sucedan”


Creo que la clave cuando usted dice “Hacer que las cosas sucedan,” y lo que tanto Tiger como yo entendimos, es saber qué está pasando.
Repaso algunos de los errores que cometí. Recuerdo el 39 que anoté en los últimos nueve hoyos del U.S. Open en Cherry Hills en 1960. En Pebble Beach en 1963, llegué al último hoyo empatado con Billy Casper pero me tomé tres putts desde 7 metros por haber sido demasiado agresivo con el primer putt y luego fallar el de vuelta. Por más bueno que fuera Casper, mis probabilidades de ganarle en un playoff eran más altas que embocar ese putt de 7 metros. Hacia mediados de ese verano, en los últimos hoyos de Royal Lytham, perdí por uno después de hacer bogeys en los dos últimos hoyos por no haber sido inteligente.

Esas son las cosas que sirven de enseñanza, cómo evaluar una situación y aprender quién eres y qué puedes hacer. Y ganas confianza cuando esas lecciones te enseñan cómo elegir la cancha correcta. Al final te conviertes en ese golfista.

Si tenía un putt para embocar en el 18, que tenía que embocar, eran más las veces que lo embocaba que las que no. Dentro de los 3 metros era casi seguro que embocara el putt. Con Tiger es lo mismo. Pienso en Tiger en la Copa Presidentes [2003] en Sudáfrica en muerte súbita contra Ernie Els. En particular el segundo putt, el que jugó en la oscuridad. Es decir, eso fue… hizo que sucediera.

En esas situaciones yo siempre me paraba ante un putt y decía, necesito… TENGO que embocar este putt. Punto. Tengo que embocarla. Y en la mayoría de los casos eso hacía que me enfocara más y lo embocara. Y una vez que logras hacer eso un par de veces, dices, Bueno, qué tengo que hacer esta vez: caray, ¿me GUSTARÍA embocarla? No. TENGO que embocarla. Una vez que encuentras algo que te dices a ti mismo y funciona, continuas haciendo eso hasta que demuestres que no funciona. Para mí, seguía funcionando casi todo el tiempo.
Yo me ponía nervioso todo el tiempo, tan nervioso como el tipo de al lado. Es solo que podía aguantarme antes de que fuera destructivo. Tal vez piense, Diablos, estoy preocupado por si la fallo. Cuando logra eliminar eso de su sistema, elimina todo lo negativo.

No sé cuánto es innato. Es decir, yo empecé a ganar a los 10, 11 años. Una vez estaba jugando el hoyo seis de Lost Tree con [esposa] Barbara, un par 5, y Barbara pegó tres maderas de fairway e hizo 4. Y yo tenía un putt de 8 metros para 4 y lo emboqué. Y ella me dijo, “¿Nunca me vas a dejar ganar una?” Le respondí, “Lo lamento, es lo que hago. Soy como el escorpión y la rana. Es mi naturaleza.” Por qué, no lo sé. Ojalá pudiera responder esa pregunta pero no puedo – simplemente no lo sé. No fue un accidente. No, yo trabajé muy duro. Pero no, nunca traté de descifrarlo. ¿Cómo sabe Jack Nicklaus quién es Jack Nicklaus? Sea lo que fuere que tuviera que hacer, iba y lo hacía.

Es cierto, podría haber sido al revés. ¿Por qué no? Porque yo no quería [risas]. Yo no quería ser un mal jugador. No quería perder torneos. Quería aprender por qué cometía errores. Creo que Tiger hace algo bastante parecido.

A mi papá le encantaba jugar todos los deportes y a mi también. He jugado al tenis toda mi vida. Jugué al básquet en una liga de aficionados hasta los 40. Llevaba a los chicos a prácticas de football y les enseñaba a lanzar. Jugar todos esos deportes me enseñó mucho sobre mí mismo y lo que se puede y no se puede hacer. Cuando juegas deportes en equipo tienes que trabajar con tus compañeros y ver cómo cometen errores y sus fortalezas. Y puedes comparar esas cosas contigo mismo y cómo ser mejor. ¿Las cosas que aprendí en los deportes en equipo me ayudaron a estar a la altura de las circunstancias en golf? Totalmente.

Tiger siempre fue un jugador que una vez que tomaba la delantera, tenía la capacidad de simplemente enterrar a todos. Pero yo nunca pensé en eso de enterrar a los demás. Todo lo que pensaba era, tengo la punta, ¿cómo hago ahora para no hacer algo estúpido y perderla? El Masters 1965 [donde Nicklaus ganó por nueve], solo sucedió. Y el PGA 1980 [Nicklaus ganó por siete en Oak Hill], estaba jugando horrible.

Trato de mantener mis emociones a raya durante la competencia. Cuando niño, me emocionaba cuando hacía algo bueno y entonces perdía el enfoque y no podía calmarme durante uno o dos hoyos. Me dije, no puedo hacer eso. Entonces me convertí en uno de esos muchachos que no se daba ánimo mediante la emoción. Tenía que controlarla para seguir haciendo algo bueno.
El golf es impredecible y distinto cada día. No creo haber tenido dos problemas que resolver en una vuelta que fueran exactamente iguales, nunca. Siempre tienes que descifrar, ¿Cómo tratar realmente de que esto suceda? Yo confiaba en mi instinto. Siempre sentí que cada vez que jugaba un torneo, en cualquier lugar de una vuelta, si no me gustaba cómo estaba haciendo el swing, lo cambiaba. Miro atrás hacia la cantidad de veces que hice eso, y quién sabe por qué lo hice, pero solo decía, Esto no es lo que quiero hacer. Necesito hacer un ajuste y necesito hacerlo ya y tengo que hacerlo sin destruirme a mí mismo.