Protagonistas Hace 1 año

A 20 años de la hazaña de Tiger en Augusta

tigerTODOS RECUERDAN CÓMO TERMINÓ, pero nadie puede decir exactamente cuándo comenzó. Algunos ponen el reloj la semana anterior al Masters de 1997 cuando, mientras jugaba una vuelta de práctica con Mark O’Meara, Tiger Woods anotó un 59 en Isleworth aún sin haber anotada birdies en dos de los pares 5. En el vuelo a Augusta desde Orlando, los amigos conversaron:
“¿Te parece posible ganar el Grand Slam?” Woods de 21 años le preguntó a O’Meara de 40, quien en ese momento tenía un récord de 0 en 54 en los campeonatos mayores. Mark miró a Tiger y pensó, eres el primer jugador desde Nicklaus que se plantea esa pregunta, pero no lo dijo en voz alta.
“Poco realista,” respondió O’Meara después de un largo rato.
“Yo creo que es posible,” dijo Woods.

El torneo en sí mismo – 72 hoyos con tanto impacto como jamás se había jugado – comenzó el 10 de abril y tuvo su clímax el 13 de abril, hace 20 años, con un inicio de jueves ventoso donde las agujas de pino voladoras pinchaban el aire y los 30 primeros jugadores inmediatamente sobrepasaron el par. Con tres victorias en su carrera profesional, pero aún manteniendo el título des U.S. Amateur, Woods salió a jugar, por tradición, con el defensor del título, Nick Faldo. Tiger hizo 40 en la ida. Por ende la historia podría empezar con la remontada, el birdie en el 10 o tal vez con algo que sucedió el día anterior, el cumpleaños número 40 de Seve Ballesteros cuando Woods jugó la vuelta de práctica con Ballesteros y José María Olazábal. Luego de separarse de los españoles para practicar “algunas cosas” que Seve le había enseñado, Tiger dijo esa noche, “Él es fantástico alrededor de los greens. Hay cosas que solo se pueden aprender de otro jugador.”
Dentro de la propiedad pero no entre el público, prefiriendo observarlo en la TV, Earl Woods vio como Tiger embocó el chip en el 12 para darle nueva vida a su primera vuelta. Siendo algo más sentimental que su hijo, Earl se preguntaba si ese no había sido uno de los golpes de genialidad cortesía de Seve. “Vamos Pa,” protestaba más tarde Tiger, “No exageres.”
Todavía en recuperación por una cirugía a corazón abierto, Earl estaba durmiendo una siesta en el sofá de la casa que estaban alquilando en Augusta y Tiger no quería molestarlo. “Papi,” susurró finalmente, asustando a Earl. Tiger ya casi nunca lo llamaba así. “¿Te gusta mi golpe?”
“No,” Earl contestó en un sonsonete inexpresivo que algunas veces hacía reír a Tiger, aunque no esta vez.
“¿Qué tiene de malo?”
“Tu mano derecha está quebrándose apenas un poco en la sacada hacia atrás.”
Earl se fue a dormir y Tiger continuó jugando el putt sobre la alfombra.

tiger

Ellos habían estado sentados juntos el año anterior – o tal vez el año anterior a ese – en la casa de Golf Digest en Augusta, tratando de que los platos descartables provistos de carne a la barbacoa y porotos no se les cayeran de las rodillas, mientras escuchaban una discusión sobre Abiertos e Invitacionales en golf. “Invitacionales,” dijo Tiger por lo bajo, no con amargura, sino despreocupadamente, “eran la manera de llegar a los Abiertos.”
En gran medida dependiendo de la cantidad de tarea que traía de Stanford, Woods pasó y falló sus dos primeros cortes como aficionado en Augusta. Hospedado en una cúpula invadida por el sol en el altillo del clubhouse conocido como Crow’s Nest (el Nido del Cuervo), Tiger no podía conciliar el sueño (“Nunca he sido muy bueno para dormir,” dijo), por lo que se levantaba a media noche para caminar por los pasillos desconocidos y conversar con los conocidos fantasmas. “Las sombras se desplazan por las paredes,” dijo. “Ese altillo está embrujado.”
Por temor a prender alguna luz, Tiger se topó con lo que resultó ser el vestuario de los campeones. Se sentó en la oscuridad frente al armario del ganador en 1956, Jackie Burke y repasó su travesía.

Woods nació en 1975, el año en que Lee Elder rompió la línea de color de cuatro décadas de duración en el Masters. En 1974, el presidente Clifford Roberts recibió a la prensa con la esperanza de que el ex caddie de Augusta Jim Dent pudiera vencer pronto en un evento del PGA Tour y ganarse así la posibilidad de jugar en el torneo, un criterio establecido en 1972.
Quizás Roberts y Bobby Jones no fueron más racistas que el estadounidense promedio nacido en 1894 o 1902, pero ninguno de los dos sobresalió por tomar acciones afirmativas. No eran los únicos en ese aspecto. La Professional Golfers’ Association of America no borró la odiosa frase “golfistas profesionales de la raza caucásica” de su constitución hasta 1961, creando la frase más triste en una guía de prensa en este caso junto al nombre de Charlie Sifford: “se convirtió en profesional -1948; miembro del PGA Tour-1961.”
Obviamente que los campeones del Masters como grupo podrían haber invitado a Sifford o a cualquier otro a competir en el torneo – ellos controlaban un lugar. En 1969, cuando Sifford, 46, logró agregar a su victoria en el Greater Hartford Open de unos años atrás la victoria en el Los Angeles Open (el mismo día en que los Jets le ganaron a los Colts en el Super Bowl), el ganador del Masters 1959 Art Wall Jr. intentó conseguir el apoyo para Sifford entre sus colegas. Charlie recibió solo un voto: el de Wall.
Elder llegó al Masters 1997 el domingo, para cuando casi todos sabían qué estaba por suceder, porque quería estar allí. Sifford no asistió porque no quiso estar allí. Sin embargo le envió un fax a Tiger: “No le tires a todas las banderas. Se cauteloso. Se inteligente. Juega la cancha de golf. Pero cuando llegue el momento, déjate llevar. Suéltate. Se fuerte. Se tu mismo.”

UN ENVIÓN Y UNA AYUDA DE MARKO

El jueves Woods siguió la embocada con el chip en el 12 con un birdie en el par 5 del 13 para volver a colocarse uno sobre par. Hizo par al 14 y luego, en una congestión de twosomes en el tee del par 5 del 15, se encontró con O’Meara que estaba por delante de él en la cola.
La amistad más estrecha que Tiger tenía en el tour era con su vecino de la Florida a quién él llamaba “Marko,” y cuya esposa, Alicia, le diría a su marido, “Ese pobre chico está sentado en su casa solo. Invítalo a cenar.” Dijo Mark, “Tiger tenía un lindo auto que no había lavado en casi un año. Lo llamé y le dije, ‘trae esa cosa sucia, ¿quieres? Voy a lavar mis autos. Yo te lo lavo. Lo encero.’ ” Ese fue el inicio de su amistad.
“Marko se convirtió en un hermano mayor para mí,” dijo Woods. “Me enseñó muchas cosas fuera de la cancha, o lo intentó. Algunas de esas cosas, como qué hacer con los medios, no las absorbí en su totalidad. Pero nunca hubiera tenido el éxito que tuve tan rápidamente sin su ayuda.”
Tiger se sentó sobre un pequeño banco de madera ubicado en el tee del 15 para aguantar la espera y O’Meara se sentó junto a él. No dijeron nada por un minuto. La semana anterior, Mark le estaba pagando los $65 que había perdido ante el 59 mientras que Tiger lo molestaba, en su manera habitual, “Oye Mark, ¿cuánto hiciste, cerca de 87?” Ahora, en lo que parecía una reunión demorada, O’Meara dijo simulando exasperación, “¿Por qué no haces de cuenta que estás jugando contra mí? Todavía estoy esperando que juegues mal contra mí.”
Tiger hizo águila al 15 (su segundo golpe fue un mero pitching wedge que dejó a dos metros). Estaba bajo par. Luego hizo birdie al 17. El 40 había sido compensado con un 30 para dejarlo a tres golpes y dos jugadores de la punta de John Huston. Comentó Faldo, “Si bien había jugado una parte de una vuelta de práctica con Tiger en 1995, ahora entendía realmente de qué se trataba todo el entusiasmo. Era alguien especial.”
“Nick y yo hablamos en la cancha más de lo que ustedes piensan,” dijo Woods, “o más de lo que habla con la mayoría de la gente, por lo que escuché. No se si soy yo, pero él tiene mucho que decir [si bien no esa semana, 75-81, falló el corte]. Algo breve. Cómodamente. Es alguien agradable con quien jugar.”
El viernes Tiger cambió a Faldo por Paul Azinger, quien también se guiaba por lo que había escuchado. “Nunca lo había visto pegar en persona,” dijo Azinger, y como estaba sumergido en su propio doble bogey en el 1, Paul todavía no había visto un golpe en vivo de Woods hasta el drive del par 5 del hoyo 2.
“La sensación fue como de otro mundo,” comentó Zinger. “Es decir, le pegó como bala, por una línea ridícula por el lado izquierdo entre un árbol muy alto y uno más corto. La pelota iba muy rápido y seguía trepando. Se mantuvo en el aire eternamente, hasta que por fin desapareció barranca abajo hasta un lugar donde probablemente nunca nadie había visto antes.” Azinger y su caddie se miraron y se rieron.
Tiger anotó un 66 ese día (contra un 73 de Paul). En el 13, Woods hizo otro águila (con un hierro 8 la dejo a 7 metros) y Jim Nantz, comentarista con inclinación hacia la historia, le dijo a su colega de CBS Ken Venturi, “Kenny, que quede constancia, un poco después de las 5:30 de este viernes 11 de abril, Tiger toma la punta por primera vez en el Masters.”
Al final del día, Woods le llevaba tres golpes de ventaja al escocés Colin Montgomerie y le dijo adiós a Azinger y hola a Monty.
También conocido como la Sra. Doubtfire y Billy Bunter, Montgomerie se las ingenió para ganar ocho Órdenes de Mérito y aún así seguir siendo el objetivo principal de irreverencia en el European Tour. Con mejillas en forma de manzana y pelo enrulado, era el chico de las compotas Gerber en edad adulta. El alumno británico “Billy Bunter” es un personaje de historieta en el Reino Unido, desagradable, corpulento (particularmente enamorado de panecillos pegajosos), obtuso, ególatra, engreído y seguro de tener siempre la razón.
“La presión está creciendo,” dijo Montgomerie el viernes en la noche, “y tengo mucha más experiencia en los campeonatos mayores.”
“Eso decididamente me motivó,” dijo Woods. “Él tenía más experiencia [en majors], de eso no había duda. [Todos la tenían; este era el primero de Tiger como pro.] Pero él no había ganado ningún major y yo tampoco. Si alguien que hubiese ganado algún campeonato mayor hubiera dicho eso, yo le habría dejado pasar. Pero como el no había ganado ninguno, me pareció que estábamos en igualdad de condiciones.”
Tiger anotó 65 esta vez, contra el 74 de Montgomerie, quien en la puerta trasera de la sala de prensa le habían dado la oportunidad de excusarse pero él insistió en atestiguar. Sería la presentación más llamativa de su carrera libre de majors.
“Todo lo que tengo que decir,” dijo con una sonrisa disciplinada, “es un comentario breve en el día de hoy. No hay posibilidad. Todos somos seres humanos… [pero] pero no existe una posibilidad humana por la cual Tiger vaya a perder este torneo. No hay manera.”
Tal Vez pensando en el intercambio de 11 golpes entre Greg Norman (“Hombre muerto caminando”) y Faldo tan solo 12 meses antes, alguien le preguntó, “¿Qué te hace decir eso?”
“¿Acaso acabas de llegar?” respondió Montgomerie con un suspiro. “¿Has estado de viaje? ¿De vacaciones?”
Monty sabía que Woods le pegaba a la pelota “largo y derecho.” Estaba al tanto de que los golpes con los hierros de Tiger eran “muy precisos.” Pero él no tenía idea de que alguien pudiera jugar el putt así. “Cuando pones todo junto,” dijo, “Tiger lleva nueve golpes de ventaja [sobre el italiano Costantino Rocca], y estoy seguro de que serán más mañana.”
Después de todo, “Faldo no está segundo,” y “Greg Norman no es Tiger Woods.”

TERMINAR LA CARRERA

Muhammad Ali, en sus noches libres, podía verse un poco manchado. En el ring antes de que sonara la campana de inicio, su cutis algunas veces mostraba un indicio de lo que estaba por venir. Pero contra George Foreman en África, parado solo en una esquina, esperando el final del interminable himno de Zaire, Ali resplandecía como una pava de cobre. Así se veía Tiger el domingo en la mañana.
A última hora de la noche anterior, mientras compartían un bowl de helado, Earl le aconsejó a su hijo, “Esta será la vuelta de golf más difícil que vayas a jugar, y la más reconfortante.”
“Cuando llegué,” dijo Elder a sus 62 años, “Tiger acababa de irse de la cancha de práctica. Le dije, ‘Solo has lo que has estado haciendo toda la semana y todo saldrá bien.’ Abrazando a Lee, Woods le susurró, “Gracias por hacer esto posible.” Luego, camino al primer tee desde el putting green, se incitó a sí mismo: termina la carrera. Durante las próximas cuatro horas, Tiger pensó en esas palabras una y otra vez.
El score del domingo fue un prudencialmente comercial 69, casi sin riesgos si no se cuenta la calamidad apenas evitada cuando un pequeño salió de entre el público para saludar a Woods durante su feroz swing. Y sin embargo, la punta se agrandó tres golpes más. El récord de 271 del Masters establecido por Nicklaus (1965) y Raymond Floyd (1976) fue recortado por un golpe y el sub-campeón, Tom Kite, perdió por 12. Solo el Viejo Tom Morris había ganado un major por 13, en el Open Championship de 1862, en Prestwick, Escocia. (El Joven Tom ganó por 12). En su debut profesional, Woods ya estaba volviendo atrás hasta los pastores y bastones.
Primero en distancia con el driver (323,1 yardas de promedio, 25 yardas más largo que el segundo mejor, Scott McCarron); empatado primero en greens acertados (con Kite y Fred Funk, 55 de 72); y sin un solo green de tres putts, Tiger sacudió la geometría del golf, empujando no solo el sobre sino también los límites, las capacidades de lo nacional. Sus palos normales para el approach no eran normales:

nro. 1 par 4 400 yardas: driver, pitching wedge.
nro. 2 par 5 555 yardas: driver, hierro 8.
nro. 3 par 4 360 yardas: driver, chip de 15 yardas.
nro. 4 par 3 205 yardas: hierro 6.
nro. 5 par 4 435 yardas: driver, pitching wedge.
nro. 6 par 3 180 yardas: hierro 9.
nro. 7 par 4 360 yardas: hierro 2, pitching wedge.
nro. 8 par 5 535 yardas: driver, hierro 2.
nro. 9 par 4 435 yardas: madera 3, pitching wedge.
nro. 10 par 4 485 yardas: hierro 2, hierro 8.
nro. 11 par 4 455 yardas: driver, pitching wedge.
nro. 12 par 3 155 yardas: pitching wedge.
nro. 13 par 5 485 yardas: driver, hierro 8.
nro. 14 par 4 405 yardas: driver, pitching wedge.
nro. 15 par 5 500 yardas: driver, pitching wedge.
nro. 16 par 3 170 yardas: hierro 9.
nro. 17 par 4 400 yardas: madera 3, sand wedge.
nro. 18 par 4 405 yardas: driver, sand wedge.

Once wedges a 18 greens y cada par 5 con llegada en 2 golpes. Rocca dijo, “Él pegó un hierro 6 viento en contra (en el par 3 del hoyo 4) cuando yo pegué un hierro 1, y su drive fue tan largo en el 8 que se dejo solo un hierro 4 al green. Pegó un poco de pull hacia la izquierda y una vez más con el hierro 4, pegó un golpe bajo corredor que terminó a 60 centímetros para birdie. Dos hierros 4 seguidos. Muy diferente.”

(Rocca anotó un 75, pero su largo día escuchando “¡Baja en la entrada!” no fue un desperdicio. Cuando llegara septiembre, en Valderrama, España, los europeos le ganarían a los estadounidenses en otra Copa Ryder y Costantino le ganaría a Woods en el partido individual 4 & 2.)
Para Tiger, la manera en que ganó el Masters de 1997 no fue nada complicado. “La mayoría de mis putts eran en subida,” dijo, “porque pude controlar mis hierros a los greens. ¿Por qué pude hacer eso? Porque tenía hierros cortos al green. ¿Por qué tenía golpes con hierros cortos? Porque le pegué fantástico al driver. Y el putt no fue sino el reflejo de todo funcionando, desde el tee de salida al green. O desde el green al tee de salida, si uno lo piensa. Mi papá me enseñó que debía analizar cada cancha de golf de atrás para adelante.”
Tiger trepó la loma del green del hoyo 18 directamente hacia los brazos de Earl. “Mi golpe favorito del día,” dijo el Presidente Clinton por teléfono, “fue esa imagen con tu papá.”
En su hogar en Kingwood, Texas, dijo Sifford, “Pude dejar atrás al Masters. Sabes, pasaron 50 años (casi al día) desde que Jackie Robinson rompiera la línea de color en béisbol. Cada vez que Tiger inclina su gorra en una cancha de golf, yo lo considero como que le está dando un reconocimiento a quienes no fueron reconocidos. Y cuando abrazó a su papá al final, me cayeron algunas lágrimas. Ver a Tiger caminar ese último hoyo, sentí que era parte de él. Él hizo lo que yo quería hacer pero no tuve la oportunidad – yo era demasiado viejo. Al comenzar, yo quería cuatro cosas: jugar un torneo del PGA, jugar en el Abierto Nacional, ingresar al Hall de la Fama y jugar el Masters. Conseguí tres de cuatro, así que no está tan mal.”
Más de 44 millones de personas lo vieron en la televisión, la audiencia más grande que se hubiera registrado para un torneo de golf. Más allá del golf, hubo una tragedia mayor y otra menor en las instalaciones. Cuando el precio de la reventa de entradas llegó a U$7.000 cada una, un comerciante de la zona, Allen F. Caldwell III no pudo responder por las 70 entradas que le había prometido a gente importante. Se mató con un disparo de escopeta.
El ganador del Masters 1979 y del U.S. Open 1984 Fuzzy Zoeller, tratando de ser gracioso ante un trabajador de la TV le advirtió a Woods sobre servir pollo frito en la próxima cena de campeones. “o col verde,” dijo Zoeller, “o lo que sea que ellos sirvan.”
(“Mi Tiger no tiene idea de qué es la col verde,” dijo su madre, Tida.)
El pecado mortal de Zoeller fue la palabra “ellos.” Eso era algo dentro de Fuzzy, o alrededor de él, o alrededor de todos nosotros, que simplemente se le escapó. (Siempre se escapa, ¿no es así?) Eso le costó a un tipo bastante agradable un contrato con Kmart y un legado de risas.
En la cabaña Butler (mayordomo en inglés y no llamada así por los mayordomos), Faldo ayudó a Tiger a colocarse el saco verde, el primero de cuatro. Woods tendría torneos más importantes y mejores, aunque usted no lo crea, pero ninguno tan importante. En el U.S. Open 2000, cuando Tiger ganara por 15 golpes, la marca del Viejo Tom de 13 golpes no fue lo único que cayó. Todo se sacudió esa semana en Pebble Beach. Willie Smith, Willie Anderson y Long Jim Barnes perdieron ante Tiger los récords que habían sostenido durante 101, 97 y 79 años.
Fue la historia del Masters, tan oscura como el vestuario de campeones en medio de la noche, lo que hizo de 1997 algo más importante. Además, el saco verde es un premio más táctil que la copa de plata más grande.
De vuelta en la casa alquilada, festejando con amigos y familia, Earl fue a buscar a Tiger y lo encontró durmiendo en su habitación (“Nunca he sido bueno para dormir”) completamente vestido y abrazado al saco verde. “Acurrucándolo,” diría Tiger, “como si fuera un oso pequeño.”
Y un año más tarde, se lo colocó a Mark O’Meara.