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¿Y ahora qué, Tiger? 6 preguntas a un jugador que tuvo todas las respuestas

EN ALGÚN MOMENTO TIGER WOODS PARECIÓ INVENCIBLE antes de convertirse en la última y tal vez más poderosa prueba de que nadie lo es. Ahora, como todos los demás, todo lo que Woods tiene es esperanza. ▶ Sin embargo, los fanáticos de Woods tuvieron mucha al principio de 2017. El 14 veces ganador de majors, que acababa de cumplir 41 años, había vuelto a la competencia después de una ausencia de 15 meses, y demostró el tipo de velocidad y ritmo fácil que contradecía las tres intervenciones en la espalda que había sufrido desde marzo de 2014. Woods parecía tener mucha esperanza también, comprometiéndose a empezar el año jugando cuatro torneos en cinco semanas. Pero cuando falló el corte en el primero en Torrey Pines y luego se retiró en Dubái, citando dolores de espalda tras una primera vuelta de 77 golpes, la esperanza cedió ante el dolor.

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¿LA CIRUGÍA DE ESPALDA DE TIGER ES MOTIVO DE OPTIMISMO O ES OTRO RETROCESO?
Por más feo que suene el término fusión intercorporal anterolateral, y por más gestos de dolor que surjan como resultado de imaginarse vértebras atornilladas y pegadas entre sí, el hecho es que el procedimiento suele eliminar aquello que más debilita al golfista: dolor en los nervios.
Tres ganadores de campeonatos mayores que pasaron por intervenciones parecidas – Lanny Wadkins, Lee Trevino y Retief Goosen – todos consideraron a las cirugías como un último recurso, pero todos emergieron inmediatamente libres de dolor en el nervio y regresaron al golf con un entusiasmo renovado.
Wadkins y Trevino pasaron por sus cirugías al terminar sus carreras en el PGA Tour (Wadkins a los 58 y Trevino a los 64), pero Goosen, el ganador del U.S. Open 2001 y 2004, pasó por un reemplazo de disco en 2012 a los 43.
“En ese punto no podría haber seguido jugando al golf sin la cirugía,” dice Goosen, cuya última victoria fue en 2009. “Fue exitosa. No tengo ningún dolor de espalda. No he perdido ningún rango de movimiento ni velocidad y no tengo problemas para pegarle a la pelota. Mi juego corto y el putting no están tan bien, pero no tiene nada que ver con mi espalda.”
Woods también habló de un “alivio instantáneo del nervio.” Si eso le permite, después de su última rehabilitación, volver a hacer el swing con libertad y velocidad, entonces Wadkins, Trevino y Goosen concuerdan en que tiene una buena posibilidad de ganar otra vez.
“Mi predicción: volverá en un resplandor de gloria,” dice Trevino, el más bromista del trío. “No es demasiado viejo – está lejos de serlo. Si lo arreglan, cuando vuelva a pegar sin sentir dolor, va a sentirse tan contento que puede llegar a ser más peligroso de lo que era antes.”

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¿SI NO SENTÍA DOLOR, POR QUÉ ESTABA TOMANDO MEDICINAS PARA EL DOLOR?
Woods sostuvo que mezcló de manera incorrecta medicamentos recetados, en este caso Vicodin (Hidrocodona) y Xanax (Alprazolam) – si bien solo el informe toxicológico puede confirmar definitivamente qué drogas tenía en su sistema. Nos hizo recordar al Día de Acción de Gracias en 2009, cuando su entonces esposa, Elin, le dijo a la policía que Woods tenía recetas para Vicodin y Ambien (Zolpidem).
También dijo que no sufría dolores.
Steinberg le dijo a ESPN.com que no existe contradicción entre los dichos de Woods de que no tenía dolor y luego salir en busca de un tratamiento para tratar un problema causado por un dolor presente.
“No creo que se pueda unificar ambas cosas,” dijo. “Es un estado tan complicado, una situación tan complicada. Si sufres tanto dolor durante tantos años… Tiger ha tratado de descifrar cómo vivir la vida y de hecho poder tener una vida. Está donde está en este momento. Me alegro que haya asumido la responsabilidad.”
Se desconoce si Woods tuvo una lesión no relacionada o un malestar que lo llevó a buscar un alivio para el dolor. Los jugadores que pasaron por una cirugía de espalda dijeron que si bien no había dolor en el nervio, ellos sintieron molestias durante una semana por las incisiones y la invasión general deI procedimiento. Según un conocido de Woods, poco tiempo antes de su arresto y un mes después de la cirugía, Woods decía que todavía sentía dolor por la incisión en la sección media.
No existe evidencia de que Woods tomara Vicodin allá por el 2008, cuando sufría por un LAC roto que le causó tanto dolor en el U.S. Open en Torrey Pines. Según su instructor del momento, Hank Haney, Woods tomó esa droga durante el Masters de ese año, donde terminó segundo pero jugó mal el putt. Woods llegó a creer que el Vicodin había afectado su toque y eligió no tomarlo en Torrey Pines, sustituyéndolo por Motrin o Advil (ambos ibuprofenos).
En la secuela del arresto de Woods, la mayoría de los observadores evitaron cualquier sugerencia de que Woods tuviera un problema de drogas. Pero Paul Azinger fue mucho más sincero. “Él ha tenido muchas cirugías de espalda, ha tenido cirugías de rodilla, ha tenido un problema en el talón de Aquiles. Ha tenido muchísimo dolor,” dijo Azinger. “Sería fácil para Woods engancharse con eso, esa droga tan adictiva, si está enganchado. Espero que no lo esté.”

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¿HA PERDIDO MUCHO GOLF?
Woods ganó cinco torneos en 2013, pero desde entonces ha sido un golfista de medio tiempo como mucho. Y desde agosto de 2015, ha jugado solo tres eventos.
Las largas ausencias del golf competitivo no suelen funcionar bien, incluso para los grandes. Bobby Jones se retiró en 1930 después de ganar el Grand Slam a los 28, pero regresó cuatro años más tarde en el primer Masters como su anfitrión. Hubo mucha expectativa, pero Jones notó un tirón en su golpe del putting durante el segundo hoyo de la primera vuelta y “sintió que algo estaba radicalmente mal,” escribió Charles Price. En el quinto hoyo de Jones, ahora el 14, el sonido de una cámara de filmación hizo que detuviera el backswing en su golpe de salida y lo dejó extrañamente agitado. “Él supo en ese mismo instante que algo se había ido de su juego, para siempre,” escribió Price. “No fue que Jones había perdido su temple. Pero algo estaba evitando que sus nervios trabajaran para él en vez de en su contra.”
Más recientemente, Trevino no tiene dudas de que no volvió tan bien al golf después de haber sido impactado por un rayo en 1975. Azinger perdió su magia después de que el cáncer y la quimioterapia lo alejaran del golf por casi dos años. José María Olazábal perdió casi todo el 1996 debido a un caso de artritis reumatoide. Si bien ganó el Masters en 1999, la enfermedad y la ausencia lo descarrilaron de lo que hasta ese momento había sido un viaje sostenido hacia la grandeza. Incluso Ben Hogan, luego de su accidente casi fatal a principios de 1949 y haber ganado seis de los siguientes nueve majors que jugó hasta 1953, creía que nunca volvió a ser tan bueno como lo había sido en 1948.
Woods sabe que ha perdido algo en términos de velocidad y potencia. Pero es casi la definición de un gran jugador la capacidad de lograr compensaciones eficaces para tales imponderables. Lo que importa es cuánto ha perdido Woods – y tal vez no pueda recuperar – mentalmente. Como dijera Nicklaus, “No sabemos qué está pasando por la cabeza de alguien que ha estado tan lesionado por tanto tiempo como él.”

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¿ES DEMASIADO VIEJO PARA VOLVER?
Solo un golfista desde 1900 ha ganado más de un major con más 42 años de edad: Julius Boros se llevó el U.S. Open 1963 a los 43 y el PGA 1968 a los 48. Hogan ganó tres veces a los 40 en 1953, pero nada más. Nicklaus ganó dos a los 40 y su número 18 y último a los 46. Harry Vardon tenía 41 y 44 al ganar sus dos últimos Open Championships. Mark O’Meara ganó sus únicos dos a los 41 en 1998.
A favor de Woods se puede decir que los atletas de elite en todos los deportes se mantienen por más tiempo en la cima. En su contra está el uso y abuso – no solo por sus lesiones, sino también por la intensidad con la que ha competido en el gran escenario desde su adolescencia – que algunos dicen lo ha avejentado como golfista más allá de sus años.

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¿CÓMO PERJUDICARÁ OTRA HUMILLACIÓN PÚBLICA A TIGER?
Woods, quien en los últimos ocho años ha curtido estoicamente las secuelas de tal vez la más rápida y más precipitosa caída de la aceptación pública, tendrá que manejar un golpe similar. Sus hijos ahora son lo suficientemente grandes como para entender lo que el mundo está diciendo sobre su padre. Ciertamente también ha perjudicado aún más su capacidad de ser patrocinado – sus UD$100 millones al año que solía ganar en patrocinios fuera de las canchas ahora cayeron a UD$35 millones. ¿Podrá evitar seguir perdiendo lo que sea que quede de la confianza y sentido de destino que marcó su actitud en su mejor momento?
Pero una vez más, Woods tal vez esté acostumbrado a tales sentimientos luego de haber sobrevivido al 2009. Puede ser también que el cargo en su contra se reduzca, la condena pública se enfríe y el arresto vaya desapareciendo de vista.
De hecho, la reacción inversa en 2009 – una amplia aversión pública por agarrárselas con alguien que ya había pasado por mucho – podría ayudar a Tiger a sobrevivir a la tormenta. Sea lo que fuere que sienta en su interior, o por más cruel que puedan ser las redes sociales, él ha sido apoyado por demostraciones de aliento y cariño del público. Lo reconoció después de su última cirugía, diciendo, “También quiero agradecer al público por su apoyo fenomenal. Significa mucho más de lo que ustedes creen.”
A lo largo de su período oscuro, Woods aprendió que cuando puede demostrar aunque sea un destello de su talento pasado, el mundo del deporte es cautivado y los pecados o momentos embarazosos públicos se olvidan por completo.

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¿REALMENTE CUENTA CON UN SISTEMA DE APOYO DE OTROS JUGADORES?
Muchas cosas se han dicho el año pasado sobre un nuevo Tiger, alguien más involucrado socialmente. En su rol de asistente del capitán de la Copa Ryder, fue elogiado por su generosidad al compartir su conocimiento. También está en las redes sociales. Pero en conversaciones privadas con varios de sus colegas, algunos de los cuales Woods ha llamado amigos, lo que surge es una figura aislada que rara vez es vista – ya sea en The Medalist Golf Club o en su restaurante, The Woods Jupiter – y quien comparte poco y confía aún menos. Una manía particular de Woods es enviarle un mensaje de texto a un jugador que está peleando un torneo para brindarle aliento y buena suerte, seguido de algunos intercambios. Y luego. . . nada.
Jugadores más veteranos que lo han conocido durante años y sienten un parentesco golfístico confiesan que muy rara vez o nunca han socializado con Woods fuera de las canchas. Los jugadores jóvenes – algunos de los cuales dicen que Tiger fue su inspiración cuando chicos – y que disfrutan de las pocas oportunidades de jugar con él, no se sienten cercanos a él como lo hacen con un jugador más veterano como Phil Mickelson, quien ha sido un mentor más sociable. Lo que le queda a los demás jugadores es ahora un destello mayormente triste de un ícono quien, más allá de las bromas impersonales, prefiere la distancia.
“Él es un introvertido clásico, pero que fue lanzado al estrellato y foco central por los medios desde muy temprano y fue la cara del golf,” dice Ryan Moore. “Como yo también soy introvertido, eso no es fácil de manejar.”
En este punto, nada parece resultarle fácil a Woods. Acaba de complicar más su ya difícil vida. Tal vez un regreso dedicado al golf, que pasó de ser su refugio a ser su carga, puede ofrecerle una base para empezar de nuevo.
Por supuesto, incluso como golfista, tiene tanto más que nunca por hacer y tanto menos tiempo para hacerlo. Mientras se acerca a los 42 en diciembre, todavía se puede aplicar un viejo dicho: La esperanza es un buen desayuno, pero es una mala cena.