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Johnny MIller: “De no haber sido por su padre, Tiger hubiera sido un jugador más”

Tiger

Cuando apareció Tiger vi reflejada mucha de mi infancia de golf en él. No sé exactamente cómo trabajaba Earl, pero podía ver que tenía esa gran afirmación con Tiger. Quiero decir, él decía, Este muchacho va a ser el más grande y probablemente se lo haya dicho un millón de veces a Tiger. También pagó el precio con su tiempo dedicado a Tiger, haciendo muchas cosas que mi padre hizo. ¿Todo estaba centrado alrededor de su papá, no?

Con Tiger lo que yo vi fue el drive, incuso un drive más fuerte que el mío. Y tenía una de las destrezas más extrañas: si necesitaba embocar un putt, de alguna manera hacía que la pelota entrara. No son muchos los jugadores que pueden hacerlo. Pienso en Casper, Nicklaus – durante un tiempo, Trevino. Es muy raro ver un jugador que de hecho mejora su putting cuando más importa. Tiger decididamente era así. Yo podía hacerlo con mi impacto de pelota. Pero aún así había que rematarlo con los putts.

Yo creo que Earl tenía esa sensación de que este chico era algo especial, y creo que fue una relación especial. Tiger quería complacer a su papá y perseguir lo que su papá quería lograr con él. Algunas veces se escucha la parte negativa, pero creo que en su mayoría fue bastante increíble. Yo creo que Tiger, de no haber sido por Earl, hubiera sido apenas otro jugador más. Realmente lo creo así.

Cuando a mis 5 años mi papá empezó a enseñarme a pegar pelotas hacia una red montada en nuestro sótano, no se podía usar demasiado loft porque podía pegarle al techo. Así que pegaba muchos hierros 5 y 6. Y yo solía desgastar esa lona color verde oscuro, marcando una línea verde claro donde empezaba a roerse. Yo apuntaba a esa pequeña tira ubicada a unos 5 metros y sabía dónde iba a impactar un hierro 6 perfecto.

Tiger

Lo que ese sótano hizo por mí es brindarme una verdadera idea de cuál era la sensación y el sonido de un golpe neto. Se podía escuchar el impacto y no se sentía ninguna vibración. Tratar de lograr eso realmente te hacía concentrarte.

Yo era muy menudo. Cuando me gradué del noveno grado medía 1,57 y pesaba 47 kilos. Era un fenómeno con el putter. Le apuesto a que a mis 12 años estaba entre los mejores 10 del mundo en putting. Una vez anoté 16 putts en 18 hoyos [en Lincoln Park, San Francisco]. En greens malísimos, dicho sea de paso.

Pero me encantaba el golf y todo lo relacionado a él. Mi papá me convirtió en un pequeño profesional, me hacía practicar cómo calzarme el sombrero, cómo saludar bajando el ala, cómo ponerme el guante y cómo entrecerraba mis ojos y apretaba los dientes. Una especie de pequeño Hogan. Siempre hablaba de la mente. Y tenía un pizarrón con ciertas cosas que quería que yo hiciera porque yo era menudo y necesitaba ser fuerte – planchas, manoplas resorte y dominadas en barra.

El trabajaba en el turno de la medianoche a las 8 de la mañana para poder dormir mientras yo estaba en la escuela. Después de clases me llevaba al San Francisco Golf Club donde yo tomaba clases [con John Geertsen], y el club de alguna manera me adoptó. Ellos tenían un promedio de 20 jugadores por día así que en la tarde no había nadie y yo podía pegar todas las pelotas que quisiera. Incluso en los approach al green, podía pegar ocho pelotas reparando los divots.

Si yo pegaba un mal golpe, mi padre no se enfocaba realmente en la pelota. Simplemente decía, “Bueno, un golpe más.” Siempre era una pelota más, sin importar cuántas pelotas hubiera pegado. Era, “Bueno, veamos cómo pegas otra más,” nunca, “Bueno, vayamos a casa.” Creo que jamás dijo “vayamos a casa.”

Tiger

Él era un tipo inteligente y me estaba enseñando como mejor podía. Me daba a probar 10 cosas y ocho de ellas eran muy rebuscadas. Pero entonces yo analizaba por qué cada una no era una buena idea. Y entonces una de las ideas fue realmente buena y otra fue fantástica. Cuando tenía 10 u 11 me hizo llevar un hierro 5 para zurdos. Y terminé convirtiéndome en un buen jugador zurdo, cerca de un 6 de handicap. Ahora los entrenadores recomiendan hacer el swing a la zurda como un ejercicio de entrenamiento. No era aburrido porque él era súper creativo.

Yo era un buen luchador. Mi papá era fanático del boxeo y me enseñó a boxear. No me metí en muchas peleas, pero nunca perdí ninguna. La pelea duraba solo 30 a 40 segundos, pero era la manera en que se solucionaban las discusiones en aquel entonces. Cuando me enseñó a boxear también me dio confianza.

Cuando era un joven jugador no tenía idea de qué era una mala racha. Nunca jugué mal. Jamás. No era que hacía una mala vuelta y luego una muy buena. Siempre era buena. Tuve +2 de handicap a los 16 en la Lake Course de Olympic Club.

Yo sí creo que necesitas comenzar como lo hice yo para tener algo de ventaja. Todos mis amigos trabajaban igual de duro que yo, pero siempre estaban un paso atrás mío. Sus padres no estaban involucrados. Eso puede resultar negativo si el padre es demasiado controlador. Pero mi padre siempre hacía hincapié en las afirmaciones – “Lo estás haciendo fantástico… Estás en el camino correcto… Sigue haciendo esos ejercicios… Vas a ser un campeón.” Una y otra vez. Me decía Campeón – esa afirmación es potente. De hecho, no solo potente porque yo sabía a los 9 años que iba a ser un golfista campeón. Algo dentro de mí me decía, sigue haciendo lo que estás haciendo. Vas a ser un campeón como dice tu papá. Así que esa afirmación de grandeza o ser exitoso gracias a tu padre es la afirmación más grande que existe para un chico.