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‘Disfruté cuando mi nombre se mencionaba junto al de Tiger cada vez que él lograba algo’, Nicklaus

NicklausLas épocas de transformación han sido infrecuentes en golf, y las mágicas menos frecuentes aún. Tal vez ninguna fue más determinante que la primera parte de la década del 60, cuando el carisma de Arnold Palmer conjuntamente con la televisión hicieron crecer enormemente la popularidad del golf.

Si bien es puramente especulativo, puede decirse que la historia más reciente podría haber sido más impulsora si los eventos se hubieran dado de otra manera después del U.S. Open 2008. Tiger Woods acababa de ganar su 14to major profesional con una victoria en desempate sobre Rocco Mediate – a pesar de competir con un LAC tan severamente comprometido que tuvo que pasar por cirugía reconstructiva días después. La victoria selló una racha Hoganesca de seis victorias y 11 puestos entre los tres mejores en 14 campeonatos mayores.
Tiger tenía 32 años de edad. El sweet spot de la carrera de un golfista. Y parecía imparable. El récord de 18 majors de Jack Nicklaus, tal vez lo más icónico dentro de los deportes, parecía fácilmente cercano. Después de todo, Nicklaus ganó siete títulos mayores después de los 32. Phil Mickelson no ganó su primer major hasta los 33, y Hogan ganó el primero suyo a los 34.

Tal vez por primera vez en la historia el atleta más famoso del mundo era un golfista. Y el mundo lo sabía. Cada uno de los cuatro majors produjo ratings récord de televisión durante la vuelta final en cada una de las victorias de Tiger. Woods, seguro de poder trepar cada vez más cerca de la cumbre de Nicklaus, estaba preparado para llevar al golf a nuevas alturas.
En cambio, una era dorada pasó sin ser aprovechada.

Debido a lesiones crónicas en la espalda, Tiger dejó pasar su octavo campeonato mayor consecutivo en agosto pasado. Se ha perdido 14 majors desde ese U.S. Open 2008 y falló el corte en otros seis. Sí, las lesiones lo han privado de las repeticiones, pero no quedan muchas dudas de que los eventos traumáticos de fines de 2009, cuando las revelaciones de sus asuntos extramatrimoniales se convirtieron en carne de cañón para la ridiculización y menosprecio público, afectaron su prominencia competitiva.


‘Yo disfruté cuando mi nombre se mencionaba junto al suyo cada vez que él lograba algo. Me mantuvo relevante’, Jack Nicklaus.


Woods tuvo 22 finales entre los tres mejores en majors hasta 2008. Desde el escándalo solo lo hizo una vez.
“Uno no puede evitar pensar que el golf fue privado y creo que todavía estamos asombrados de que la búsqueda haya terminado de manera tan abrupta,” dice el ex campeón del PGA Paul Azinger. “Creo que todos estábamos esperando los próximos 10 años, para ver si podía soportar la carga. Y la manera en que había jugado hasta ese punto, uno tenía que creer que sí lo haría. Creo que el mundo quería ver eso.”

Nicklaus lo hubiese observado. “Por supuesto, lo hubiera hecho,” dice el Oso Dorado. “Nadie quiere ver que rompan sus récords, pero si él lo hacía, me hubiese gustado ser el primero en estrechar su mano. No sé que pasará, pero disfruté cuando mi nombre se mencionaba junto al suyo cada vez que él lograba algo. Me mantuvo relevante. Más importante aún, fue bueno para el golf. Espero que recupere la salud, y si lo hace, todavía estaré esperando que desafíe el récord.”

Nicklaus, 77, sigue siendo el último eslabón con el hombre a quien él superó el récord de majors, Bobby Jones. La capacidad de Nicklaus de agregar contexto a la búsqueda de Tiger de su récord habría amplificado la narrativa exponencialmente.

En la actualidad el golf está en un buen momento, casi todos concuerdan. Algunos de esta próxima generación se convertirán en grandes. Ninguno de ellos, sin embargo, será el próximo Tiger Woods, un talento hipnótico y sin igual.

“El aura alrededor del muchacho era tan especial. Y yo extraño eso en la cancha,” dice Jason Day, uno de varios jugadores que han conseguido el Nro. 1 en el ranking desde que Tiger dejó de serlo en 2014. “Recuerdo una vez en Augusta que embocó un putt en el 9 para par, y el lugar estalló como si la hubiera embocado desde el fairway. Ese era el efecto Tiger. Él hacía que hasta las cosas simples parecieran grandes e importantes.”

E hizo grandes cosas que fueron históricas. Tal vez deberíamos estar satisfechos, como sugiere Jim Furyk: “Hay que estar contentos con las cosas que le vimos hacer.”
No, nunca sabremos qué nos perdimos. Solo sabemos que podría haber sido grandioso. Una oportunidad perdida. Para él. Para nosotros. Para el golf.