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Copa Ryder: ¿Reed vs Rory, parte 2?

Después del heroísmo y el histrionismo en Hazeltine, estos dos (y el público) esperan que suceda una vez más

Davis Love III tiene todo tipo de recuerdos de la Copa Ryder 2016 dispersos por su casa. Hay dos, sin embargo, que disfruta verlos más que a los demás. ▶ Uno es la bola que Ryan Moore jugó en el hoyo 18 de su partido individual contra Lee Westwood. Cuando Westwood le concedió el putt de treinta centímetros para par poco después de las 4 de la tarde de un luminoso domingo de octubre en Minnesota, la Copa Ryder regresó a los Estados Unidos. ▶ Moore fue rodeado de inmediato por sus compañeros de equipo y nunca se preocupó por buscar la bola. Love lo hizo por él. ▶ “En 1993, cuando emboqué el putt que selló la retención de la copa en The Belfry nunca pude sacar la bola del hoyo porque se me vinieron todos encima, y luego le fui a dar la mano a Costantino [Rocca],” cuenta Love. “Siempre lamenté eso. Yo quise asegurarme de que Ryan pudiera tener esa bola”. ▶ Pero cuando Love quiso dársela a Moore, el flamante héroe se rehusó. “Consérvala tú, capitán”, dijo. “Quiero que tú la tengas”.

El otro recuerdo preciado es incluso más pequeño que la bola de golf de Moore. Es el tee que Patrick Reed usó para pegar su drive en el hoyo 18 más temprano ese domingo durante su partido épico contra Rory McIlroy.
“Tan pronto como le pegó, empezó a caminar por el fairway con este paso contoneado como si supiera que le había sacado 50 yardas a Rory”, dice Love riéndose. “Fui hasta el tee y lo agarré. Quería algo que me recordara ese partido – de un modo u otro”.
“Sabía que Rory le había pegado más fuerte que Patrick”, prosigue Love, “Pero no importaba. Él no iba a permitir que el partido se le fuera de las manos. Lo sabía; Rory lo sabía; Yo lo sabía”.
De hecho McIlroy le había pegado 30 yardas más largo que Reed. Como dice Love, no tenía importancia. Reed dejó su segundo golpe a unos 3 metros y embocó el putt para birdie que ganó el match.
McIlroy, que había dejado su putt a dos metros, sabía que Reed no iba a fallar el putt. “No había fallado ninguno en todo el día”, dijo. “¿Por qué iba a fallar este?”
Cuando Love le dijo a Reed más tarde que había recogido el tee, Reed se rio. “Lo sé”, dijo. “Te vi”.
Hasta el día de hoy Love no entiende cómo fue posible que Reed lo haya visto. “Estaba 25 yardas más adelante en el fairway, prácticamente corriendo. Hubiera sido un gran receptor con esa visión periférica”.
Si bien Sergio García y Phil Mickelson tuvieron un tremendo partido más tarde – cada uno anotó 63 golpes – es el duelo de Reed-McIlroy el que recuerdan aquellos que estuvieron en Hazeltine ese día como si hubiera ocurrido hace 15 minutos.
“Tiger estaba hablando con ellos y tenía prendido el radio”, dice Jim Furyk, quien será el capitán del equipo de los Estados Unidos de este año cuando se juegue en las afueras de Paris a partir del 28 de septiembre. “Escuchábamos un griterío estridente en el radio y teníamos que esperar al menos un minuto, tal vez más, para que nos hablara porque era así de ruidoso.”
En un punto Woods, quien ha sido protagonista de algunos espectáculos propios, dijo, “Muchachos, no se imaginan lo que estoy viendo en este momento”.

PRIMER TEE, PRIMER PARTIDO DEL DOMINGO: REED PEGA EL DRIVE ANTE LA MULTITUD EN HAZELTINE.

EL PARTIDO QUE CASI NO FUE
Los estadounidenses tenían una ventaja de 9½ a 6½ al final de los partidos fourball del sábado. Pero todos en cada bando recordaban a Medinah en 2012, cuando el equipo de los EE.UU. tuvo una ventaja de 10-6 entrando a los partidos individuales.
Love había sido el capitán ese año también. A última hora de ese domingo, cuando se dirigió a la sala del equipo europeo para felicitar al capitán José María Olazábal y a sus jugadores por la victoria, su buen amigo Darren Clarke lo había llevado a un lado y con un brazo alrededor suyo le dijo, “¿Qué diablos estabas pensando?”


‘Sus fanáticos son inteligentes y graciosos – más graciosos que nosotros. Nuestro público es más ruidoso’. – Patrick Reed


Europa había, como lo explica ahora Love, “cargado el bote”, poniendo a sus cuatro mejores jugadores al frente, sabiendo que necesitaban el azul en el tablero enseguida. Love había armado una alineación más equilibrada. Antes de poder decir Milagro en Medinah, Europa había ganado los cinco primeros partidos y terminó reteniendo la copa.
“Lo que aprendí ese día fue que había pasado meses pensando en las parejas para los primeros dos días”, cuenta Love, “y logré hacer un buen trabajo. Pero pasé tal vez una o dos horas pensando en la alineación del domingo y esos son 12 partidos. Cuando me pidieron que fuera capitán otra vez, me prometí que no volvería a cometer ese mismo error”.
Cuando los partidos terminaron el sábado en Hazeltine, Love envió a sus cinco vice capitanes – Woods, Furyk, Tom Lehman, Steve Stricker y Bubba Watson – a la parte de atrás de los armarios para empezar a armar las salidas. Él se sentó en el área de comedor del club – la sala del equipo de los Estados Unidos – con sus jugadores para hablar de las próximas 24 horas.
Para cuando entró al lugar donde estaban sus asistentes esperándolo, Love estaba en una especie de ataque de pánico. Durante meses el plan había sido cargar el bote el domingo – ya sea que fueran ganando o perdiendo. Un buen comienzo era imperioso para ya sea mantener el buen ánimo entre los jugadores y el público, o para motivarlos.
Love pensó que Clarke—ahora el capitán rival – podría enviar a McIlroy y Henrik Stenson al tercer y cuarto lugar porque McIlroy tradicionalmente había jugado tercero. Él quería que sus dos mejores jugadores, Reed y Jordan Spieth, fueran cabeza a cabeza contra ellos.
“Tal vez deberíamos retrasar a Patrick y a Jordan”, dijo Love.
Todos estaban en desacuerdo. “Le recordamos cuál había sido siempre el plan”, dijo Furyk. “Si ellos retrasaban a Rory y a Stenson, que así sea. Pero nosotros teníamos que salir con las armas en posición de combate”.
Había otra cosa. “Creo que en el fondo nosotros sabíamos que Rory iba a salir primero”, dice Love. “Él tenía que salir primero”. ▶
McIlroy sintió lo mismo y se lo comunicó a Clarke. Le dijo que Love no volvería a cometer el mismo error dos veces y que mandaría a Reed, quien había recibido el apodo de Capitán América esa semana.

REED: “Es para lo que uno juega al golf; es por qué se compite”.

“Yo iba a hacer lo que me dijera el capitán, por supuesto”, dice Reed. “Pero quería salir primero y quería jugar con Rory. Me encantaba el desafío”.
Con Ian Poulter lesionado y en el rol de vice capitán, con Graeme McDowell fuera del equipo y los veteranos Westwood y Martin Kaymer jugando mal, McIlroy había llegado a Hazeltine sabiendo que tenía que liderar un equipo de seis novatos.
Clarke también lo sabía. “Rory tenía que salir a jugar primero”, dice. “Había sido nuestro líder toda la semana, el tipo que se había hecho cargo de la sala de jugadores, el muchacho que todos respetaban. Esperaba que viniera a mí diciendo ‘Quiero jugar primero’. No estoy completamente seguro de lo que hubiera hecho si él me hubiera pedido jugar en el tercer lugar, donde se había sentido más cómodo en el pasado.
“No esperaba que me dijera eso y no me decepcionó”, dice Clarke. “Una vez que me dijo que quería jugar primero, no fue tan difícil armar el resto de la alineación. Rory tenía que ser el primero en salir a jugar no solo para hacerlo contra Reed, quien yo sabía que iba a jugar primero, sino para enfrentar a los fanáticos estadounidenses – otra vez”.
Durante dos días, McIlroy había aguantado a la oposición dentro y fuera de las sogas. “Tuve que hacerlo”, admite. “Había estado jugando bien (ganó el Tour Championship) y algunos de los veteranos que habían sido nuestros líderes no estaban ahí para liderarnos como en el pasado. Necesitaba mostrarle a los muchachos no solo que podíamos ganar sino que tampoco nos íbamos a dejar intimidar por el público.
“Pensé que si podía derrotar a Patrick, empezar ganando temprano, podríamos remontar como lo habíamos hecho en Medinah”, cuenta Rory. Sabía que esto era diferente a Medinah. Allí habíamos ganado los últimos dos puntos de la tarde del sábado para reducir la brecha a cuatro. Teníamos el impulso. Esta vez nosotros habíamos cedido puntos a último momento, los dejamos ampliar el margen. Mi trabajo era recuperar el impulso”.

PERSONIFICANDO A ‘HULK’
No se puede encontrar fallas en el esfuerzo de McIlory. Hizo birdie en cinco de los primeros ocho hoyos. Pero como se dieron las cosas, no fue suficiente.
McIlroy hizo birdie en el tercer hoyo para ponerse 1 arriba antes de que Reed dejara la bola en el green del corto par 4 del hoyo 5 y embocara un putt de dos metros y medio para águila y poner el partido all square.
Los siguientes tres hoyos serían los que Woods describiría como ver para creer.
Ambos hombres hicieron birdies al 6, ambos hombres hicieron birdies al 7. En el par 3 del hoyo 8, McIlroy tenía lo que Reed ahora llama “el putt de cinco millones de metros” para birdie. McIlroy la embocó y luego se convirtió – según las palabras de Matt Kuchar – en la “personificación de Hulk”, gritando con todo su ser, haciendo todo excepto rasgarse la remera.
Reed tenía un putt de 8 metros para empatarlo. La hizo entrar por el centro y el lugar se volvió tan ruidoso que parecía como si el techo del edificio se hubiera caído salvo porque el techo era el cielo azul … y casi se desmorona.
Reed giró y apuntó su dedo hacia McIlroy, y durante unos segundos parecía que la situación se había vuelto hostil. Pero no fue así. McIlroy le ofreció golpear su puño en alto y los dos caminaron juntos hacia el tee del nueve.
“Esa caminata puede ser lo que más recuerdo de ese día”, cuenta Reed. “Estábamos hablando de cuán divertido era competir así uno contra el otro, sabiendo que había mucha gente observando y lo que había en juego. Era uno de esos momentos en los que uno recuerda la oportunidad recibida para hacer lo que estaba haciendo, jugar la Copa Ryder Cup, y que es increíblemente genial”.
McIlroy recuerda esa caminata también. “Yo había silenciado al público un rato antes, algo parecido a lo que había hecho Patrick en Gleneagles durante su partido contra Stenson”, dice. “Le dije, ‘Sabes que la imitación es el halago en su forma más sincera’. Nos reímos un buen rato.
“Yo sabía que lo que estaba pasando era especial. Había jugado en cuatro Copas Ryder y había estado en algunos partidos tensos. Pero nada como esto; nada a este nivel de juego y emoción. Estaba haciendo todo lo posible para poner algo de azul en el tablero para nosotros, para darles un envió a mis compañeros que venían atrás. Patrick no me permitió hacerlo”.
Ninguno de los jugadores pudo sostener el nivel de juego que se vio en esos primeros ocho hoyos, pero Reed tuvo un poco más guardado.
“Creo que toda la adrenalina, no solo de ese día sino de toda la semana, me agotó un poco”, dice McIlroy. “Toda la semana estuvo llena de emoción. La muerte de Arnold Palmer, luego la controversia por el hermano de Danny (comentarios de P. J. Willett sobre el público de los Estados Unidos), y luego algunos de entre el público que se pasaron de la raya. Además, estábamos peleando por nuestras vidas después de arrancar 4-0 el viernes en la mañana. Remontamos después de eso, pero nos demandó mucha energía.
“No creo haberme dado cuenta de cuán cansado estaba hasta que llegué a casa y tuve algo de tiempo para relajarme. La Copa Ryder siempre es emotiva, pero nunca como eso”.


‘La Copa Ryder siempre es emotiva, pero nunca como eso’. —Rory McIlroy



¿UNA REVANCHA FUTURA?
McIlroy nunca ha descansado en ninguna sesión en cuatro Copas Ryder. Dado el desgaste que le produjo Hazeltine esa semana, ¿estará considerando pedirle al capitán europeo Thomas Bjorn que lo siente durante una sesión en Francia?
“En lo absoluto”, aclara McIlroy. “Por un lado, Paris será diferente. No vamos a tener seis novatos jugando. Estaremos en casa y eso cambia las cosas considerablemente. Decididamente planeo jugar los cinco partidos”.
Lo mismo para Reed. Él y Spieth y Woods, el vice capitán de su grupo no oficial, tuvieron que convencerlo a Love para que no lo siente el sábado en la tarde en Hazeltine.
“Digámoslo así: Yo voy a decirle a Jim que quiero jugar los cinco partidos, una y otra vez, si fuera necesario”, admite Reed. “Yo puedo jugar los cinco – lo sé, y creo haberlo demostrado en Hazeltine. Puedo descansar el lunes”.
Furyk no va a divulgar las parejas o las elecciones del capitán hasta tener que hacerlo, pero si ha dejado en claro que Reed es exactamente el tipo de jugador que él espera que lidere su equipo – en especial en Francia.
“Cuando me reuní con integrantes potenciales del equipo en mi casa durante el Players, les dije algunas cosas específicas que estaba buscando para mi equipo”, cuenta Furyk. “Una de ellas es tener espaldas fuertes, especialmente bajo presión. Y por cierto que Patrick ha demostrado tenerla”.
Reed ha avanzado mucho desde el novato introvertido de la Copa Ryder en 2014. Durante esa reunión de equipo en sábado en la noche, Mickelson le dijo, “Necesitamos conocerte mejor”. Ahora Reed no solo sabe que su lugar en el equipo está asegurado, sino que él llegará a Paris esperando – y queriendo – ser el blanco de los fanáticos.
“Me encantó cuando se metieron conmigo en Gleneagles”, dice. “Espero todavía mucho más en Paris, lo espero con ansias. Sus fanáticos son inteligentes y graciosos – más graciosos que nosotros. Nuestro público es más ruidoso. El de ellos es más gracioso”.
Todos los estadounidenses concuerdan con eso. El público europeo puede ser ruidosos, pero rara vez son tan maleducados como hemos visto en los Estados Unidos.
“Espero que los estadounidenses no tengan que lidiar con lo que nosotros soportamos en Hazeltine”, dice McIlroy. “Sus jugadores trataron de contenerlos. Nosotros seguramente haríamos lo mismo, pero espero que no llegue a eso. No creo que suceda”.
Bjorn dice que tiene planeado que eso no sea un problema. Agrega Furyk: “Honestamente no creo que lo será. Mis experiencias allí como jugador han sido buenas. Me encantan sus cánticos y son graciosos. Recuerdo haber estado parado en el primer tee en Gales durante una suspensión por niebla y un tipo entre el público gritó, ‘Oye, Jimmy, solo sigue a tu nariz por el fairway. No hay forma de que te pierdas’. Solté la carcajada, le hice un saludo con la gorra porque fue un buen chiste”.
McIlroy considera que la experiencia en la Copa Ryder en 2016 ayudó a Reed a convertirse en campeón del Masters, al igual que su experiencia en Gales en 2010 fue un factor para que él se convirtiera en un ganador de major en el U.S. Open casi nueve meses más tarde.
“Si puedes manejar esa cruzada, cuando tienes a compañeros de equipo que dependen de ti y a un país que cuenta contigo, ciertamente ayuda a la confianza cuando estás peleando un major”, explica. “Todavía seguía aprendiendo después de Gales, y me llevé mis golpes en Augusta en abril (cuando anotó 80 golpes en la última vuelta después de haber tenido una ventaja de cuatro golpes). Pero sabía que mi habilidad para jugar mi mejor golf cuando realmente importaba estaba latente dentro de mí. Las presiones son diferentes, pero si puedes jugar bien en la Copa Ryder, sabes que puedes jugar bien en un major”.
Reed concuerda. “Para empezar, tienes que jugar bien para poder pelear la punta”, dice. “Pero cuando estás peleando ese primer lugar, ciertamente puedes alimentarte de la experiencia en la Copa Ryder para lidiar con la presión”.
Reed había jugado en una docena de majors antes de Hazeltine y nunca había terminado mejor que 12do empatado. Después de no haber jugado bien en casi ningún torneo durante el 2017, terminó empatado en el 2ndo lugar en el PGA. Lo siguió con la victoria en el Masters para arrancar el 2018 y luego terminó cuarto en el U.S. Open en Shinnecock.
Reed y McIlroy entienden que las circunstancias dictaminarán si tendrán una nueva oportunidad de enfrentarse en el partido individual en Francia. A ambos les encantaría tener la oportunidad de jugar en contra del otro otra vez.


“Lo que hay que entender es que los momentos como estos son divertidos”, agrega Reed. “Es para lo que uno juega al golf; es por qué se compite. Realmente me agradan los muchachos del equipo europeo y ninguno de ellos es más agradable para jugar en contra que Rory.
“Cuando finalmente me senté y vi todo el juego del último día, incluyendo nuestro partido, me daba escalofríos recordar algunos de esos momentos – no solo pegar buenos golpes o embocar putts – sino la camaradería que sentimos en la cancha. Me encantaría volver a sentir eso”.
“Ese fin de semana fue especial no solo porque ganamos, sino porque había sido la primera vez que representaba a mi país en casa. Había jugado la Copa Ryder en Gleneagles, la Copa Presidentes en Corea del Sur. Tener apoyo del público esos tres días fue fantástico. Es un recuerdo que siempre tendré sin importar lo que suceda en Paris o en el futuro. Espero tener la oportunidad de volver (a Hazeltine= en 2018. Eso siempre será especial para mí”.
Hazeltine siempre será recordada por McIlroy también y le encantaría tener otra chance ante Reed en septiembre – con un resultado distinto. “Ser parte de ese partido fue uno de los mejores momentos de mi carrera”, confiesa. “Me encanta la Copa Ryder. Por más que estaba decepcionado por haber perdido el partido, me sentí bien por la manera en que me había desempeñado. Al final, no pude ganarlo, pero bajo una presión increíble, con 50.000 personas hinchando en contra, jugué todo lo bien que hubiera pretendido en ese día.
“En algún momento volveré a estar bajo una presión increíble otra vez – pronto, espero – y el recuerdo de ese partido y ese fin de semana solo puede ayudarme.”
“Ganar campeonatos mayores es una sensación increíble, no hay nada como eso. Pero ganar la Copa Ryder es diferente – es único. Pero lo más parecido a eso es perder la Copa Ryder. No me perdería una por nada del mundo”. McIlroy hace una pausa y sonríe. “Pero preferiría no tener que perder otra vez. Una vez basta”.