Reportajes Hace 4 años

“Queremos producir golfistas que respeten la tradición del juego”

El Chino Fernández está por abrir una academia para golfistas de todos los niveles, mediante la que buscará transmitir sus conocimientos, pero más aún su visión del juego, la misma que lo llevó a ser uno de los profesionales más estimados de nuestro país.

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No es casualidad que nos encontremos con él en Olivos Golf Club, porque es el mismo día en que se disputa la Copa que lleva su nombre: el Clásico Chino Fernández, organizado por el PGA Senior de Argentina. El Chino se toma unos minutos con Golf Digest antes de salir a jugar su vuelta. “No les voy a faltar el respeto a los otros jugadores, yo salgo a ganar siempre”, dice mientras practica con los hierros en el driving. En la víspera de sus 70 años, que va a cumplir el próximo abril, el Chino está en plena actividad, compitiendo en el tour senior y, además, lanzando Chino Golf, la escuela de formación para golfistas que conduce junto a sus hijos, Gustavo y Norberto. Si bien todavía no está abierta para el público en general, la Escuela está empezando a funcionar mediante clínicas para empresas privadas. “Cuando tengamos el espacio físico en el club house de la Providencia Golf, vamos a abrirlo más y a recibir a más de cien personas”, adelanta.

¿Para qué tipo de niveles va a estar enfocada?

Es una academia general para el novato y para la alta competencia. También hay una escuela específicamente para chicos, coordinada por María Laura Elvira. Gustavo, mi hijo, es el director de la escuela y va a ser el primer profesional del club una vez que el club house de La Providencia esté en condiciones. Mi hijo Norberto se ocupa de la parte multimedia, porque vamos a usar un sistema de video y fotografía para dar las clases. Va a ser algo diferente a lo que hay. Nunca me gustaron las clínicas de los jugadores que van a hacer demostraciones. Me gusta que la gente participe.

¿Van a hacer un seguimiento prolongado a los alumnos?

Es nuestra idea para el principiante y para los que están en alta competencia. De hecho, ya tenemos chicos de muy bajo hándicap que estamos viendo qué quieren hacer en caso de que el juego les dé para más.

¿Están replicando algún modelo de escuela?

Estamos copiando lo bueno que hay en Estados Unidos, con el agregado de nuestra impronta. Mi rol en la academia va a ser más que nada de retoque, de ajuste para los de nivel medio. No para los principiantes totales, porque yo no tengo el abecedario de la enseñanza, pero sí tengo el conocimiento y la estrategia para afinar al jugador que entra en la alta competencia. Ese es mi papel, lo que aprendí junto a Severiano Ballesteros. Los que ya están bastante iniciados, supervisarlos para ir buscando la excelencia. Yo superviso lo que Gustavo me indica. Coordinamos la enseñanza, mezclando nuestros conocimientos. También queremos agregar el coaching ontológico en golf, que no tiene nada que ver con la técnica, sino con la cabeza.

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¿Cuánto potencial hay entre los jóvenes que están compitiendo?

Mucho. En esa parte me siento capaz de poder ayudar. Igualmente, nosotros nos enfocamos muchísimo en producir golfistas que, además de buenos jugadores, respeten mucho la tradición del juego. Tanto las reglas que están escritas como las que no. Tiene que ver con la convivencia, la solidaridad y el respeto por el otro. Queremos formar a los jóvenes en ese aspecto. Tal vez sea una vara muy alta, pero lo queremos intentar. Siempre digo que los profesionales de Hindú me dieron la posibilidad de crecer. Hoy, en mayor o menor medida, lo hago con algunos colegas.

¿Cuánto está cambiando la formación del golfista con el avance de la tecnología?

La esencia es la misma, lo que cambia es la comunicación y las formas de enfocarse. Hoy, un profesional de golf es un atleta. Cuando yo empecé, estudiaba inglés, iba al gimnasio y hacía una dieta especial, y por eso me cargaban. Los propios colegas decían que me creía De Vicenzo. Hoy, eso es normal. Los jóvenes entienden que sin eso no se puede, es una ventaja enorme. Cuando estudiaba inglés, me decían que con el idioma no se le pegaba a una pelotita. Es cierto, pero si es un momento de tensión no te podés comunicar con el caddie por la barrera del idioma, es un hándicap enorme. No hay que dejar nada librado al azar. Que esté a tu alcance todo lo posible por rendir al máximo.

Lo mismo pasa con el equipamiento. ¿Te cuesta a vos adaptarte a los cambios continuos?

Yo me resistí bastante a la tecnología, porque amaba mis palos. Con el tiempo me di cuenta de que era una ventaja que no se podía dar. Anoche, en mi casa con amigos, estábamos mirando unos palos de hace 30 años. El margen de error con esos era cero. Si no le pegaba en el centro, sonaba. Hoy, donde le pegues en la cara del palo, la pelota va.

¿La tecnología emparejó?

Totalmente, y ayudó muchísimo a los viejitos como nosotros. Yo pego más largo ahora que cuando tenía 30 años.

Decías que quieren aplicar el coaching ontológico en la escuela. ¿Cómo entrenabas eso cuando eras joven? ¿Esas condiciones mentales las tuviste innatas?

Algo sí, pero también hice sofrología, que son tres ideas orientales adaptadas a occidente: zen, buda y hatha yoga. Lo hice cuando tenía 23 años, y por eso también me cargaban. Con eso me conocía a mí mismo muscularmente desde los pies hasta la cabeza. Eso me permitía despertar la creatividad. En su momento los hacían Bjorn Borg y el equipo suizo de esquí alpino, y no lo querían difundir. Y creo que algo innato había en mí porque la recepción fue inmediata. Después seguí haciendo esto pero específicamente para el golf.

¿Estás jugando torneos actualmente?

Juego dos o tres por año afuera del país, el resto lo hago acá. Estamos armando el circuito senior con la PGA Argentina, y ya tenemos seis torneos. Queremos reencontrarnos con los viejitos y seguir haciendo cosas solidarias a través del golf. En cada torneo al que vamos tratamos de ayudar enfocándonos en la educación y en la salud. Por ejemplo, buscar a una escuela del lugar en donde jugamos y preguntarles qué necesitan, y a través de nuestra participación, arrimarles libros, lápices, cuadernos, artículos en general. En la parte de salud, ayudar a los comedores escolares. Hemos tenido muy buena repercusiones en la gente que se acerca a jugar nuestros torneos, y en eso nos estamos enfocando muy fuertemente. Queremos crear la Fundación La Providencia para ayudar a los que más necesitan mediante eventos solidarios. Con mis hijos lo hacemos desde hace más de 30 años. Si bien no lo hemos difundido, tenemos el apoyo de la PGA Argentina.

 

FOTOGRAFÍAS DE GIGRIDERS