Protagonistas Hace 3 meses

Mr. X: “Están los pro-ams buenos y están los pro-ams malos”

En el pasado he usado esta columna para criticar la política del PGA Tour, pero algunas veces hay que reconocer cuando las cosas se hacen. Dicho simplemente, el tour ha devuelta la grandeza a los miércoles. El nuevo formato de los pro-ams no ha sido utilizado en todos los torneos de esta temporada, pero donde se ha usado, el ánimo en el vestuario ha mejorado. Los muchachos están más contentos porque les encanta jugar solo nueve hoyos. Los aficionados siguen jugando 18 y les toca jugar con dos pros en vez de uno.

Es un cambio inteligente por varios motivos. Desde la perspectiva de los veteranos, la mayoría de nosotros no queremos jugar una vuelta completa en la víspera de un evento de 72 hoyos. Si me toca jugar a la tarde el miércoles y temprano el jueves, lo más probable es que me vaya de noche y vuelta antes del amanecer. Pero nueve hoyos para ver las condiciones de la cancha, pegar un cesto de bolas más tarde en caso de que haya que trabajar en el swing y luego tener una cena relajada – eso es perfecto.

El doble de pros jóvenes puede vivir la experiencia del pro-am. El viejo formato permitía un máximo de 52 profesionales, pero ahora son 104 o dos tercios del grupo de jugadores. Yo le digo a los novatos que no siempre conocerán un contacto empresarial pero que siempre deben trabajar en agudizar su habilidad inter personal para cuando lo hagan.

Por supuesto que a los aficionados que les toca jugar con Tiger, Jordan, Rory u otra gran estrella se sienten mal porque solo jugarán la mitad de la vuelta. Pero los aficionados que tienen las conexiones para formar parte de esos grupos suelen tener una vida más que buena de todos modos.

Si existe un formato de pro-am que detesto es jugar el mismo par 3 todo el día. Cuando un patrocinante quiere un valor máximo y busca exponerte a los 22 grupos anotados para el día, esto es lo que te pedirán. Pero una caminata de 185 yardas no es suficiente tiempo para una interacción significativa. Yo parezco un loro: “Oiga, ¿cómo le ha ido?” “¿Dónde nació?” “Está algo ventoso hoy, ¿cierto?”

Lo primero que siempre hago en la mañana de una de estas sesiones tortuosas es ajustar las marcas de salida. Si tengo que pegar el mismo golpe 22 veces, voy a hacerlo desde una distancia que valga la pena. Mi rendimiento seguirá una curva consistente. Requiere de algunos intentos hasta entender el golpe y luego empiezo a quemarla y hasta se vuelve divertido durante un rato ver cuán cerca puedo dejarla del hoyo. Luego, para cuando juego el hoyo por 14ta vez, me aburro y empiezo a desparramarla. Es un espacio mental extraño. Es absurdo, pero empiezo a sentir nervios y presión de verdad. Este es el único hoyo donde la gente me puede ver jugar y sé que un golpe malo de mi parte les arruinará parcialmente el día. Pero al mismo tiempo me importa poco. Y justo cuando creo que me estoy volviendo loco, llega el carro a rescatarme.

Cuando un patrocinante está buscando mayor participación, yo le digo que prefiero jugar un grupo de tres hoyos con, digamos, seis foursomes. Este es tiempo suficiente para conocer un poco a cada persona y darle algún consejo. Pero si un patrocinante está empecinado en la danza “de la bailarina de caja de música”, les doy exactamente lo que pagaron.
He jugado en muchos grupos de pro-am donde era la persona menos acaudalada por mucho. He conocido generales, actores, CEO, estrellas de otros deportes, filántropos y personas interesantes de todos los ámbitos de la vida. La mayoría de las veces, el honor era mío.

Pero le doy un consejo por si alguna vez llega a jugar en un pro-am del PGA Tour: No sea el tonto que trata de sacar pecho para pasarme el drive o ganarme un hoyo. Cada semana hay algunos de esos. La buena noticia es que ahora solo tenemos que aguantarlo durante nueve hoyos.