Protagonistas Hace 5 meses

Plegaria para lograr un poco de decoro del público, por Mr. X

Mi esposa y yo viajamos a los torneos con nuestros pequeños hijos y tenemos una regla estricta: los chicos no pueden poner un pie más allá de la zona del comedor de los jugadores. Ni siquiera quiero que salgan por cinco minutos a la zona de entrevistas post vuelta. Quizás sea una muestra de mi madurez, pero creo que la cantidad de obscenidades que escuchamos de parte del público ha empeorado muchísimo desde que yo inicié mi carrera. Antes solo Phoenix era escandaloso, pero ahora hay media docena de ellos. No soy el único jugador que insiste que sus chicos se queden dentro del clubhouse o del hotel.

Sí, he fantaseado con pegarle un puñetazo a los espectadores. Lo más cerca que estuve fue un sábado en Phoenix. No era todavía mediodía por lo que en teoría estábamos todavía lejos de las horas de borracheras, pero estoy bajando del tee cuando un tipo grita un comentario vulgar sobre mi beba de tres meses. Normalmente continúo caminando, pero esto fue tan fuera de lugar. Me detuve y me di vuelta hacia el público, la sangre en mi cara bien caliente. “¿Quién dijo eso?” Pregunté. “¿Quién tuvo el coraje?”
Ni un sonido. Por qué una multitud, supuestamente algunos con algún grado de decencia moral, protegerían a una persona así – no tengo idea.
Más tarde en esa misma vuelta un sheriff se unió a nuestro grupo. Le conté la historia y le pregunté qué hubiera sucedido si yo le hubiese metido un hierro 2 en donde usted ya sabe. El sheriff me dijo que me probablemente me hubiera apartado y nos hubiese llevado a ambos a la comisaría, pero no hubieran levantado cargos en mi contra. Lo que ese idiota había dicho era así de espantoso.

La mayoría de las vueltas no las juego con custodia. A uno solo lo escoltan si estamos jugando con un jugador de renombre o en el último grupo un domingo. No es que un par de placas con armas sea un gran disuasivo. A principios de año estaba jugando con Jason Day cuando tres muchachos de unos veintitantos años pasaron las sogas y empezaron a caminar con nosotros. Nuestros caddies se movieron hacia el medio y los dos policías que estaban caminando detrás nuestro aceleraron el paso. Estos personajes no gritaron, pero era evidente que estaban borrachos. Empezaron a decirle cosas odiosas a Day, mencionando a su esposa. No entiendo por qué alguien elegiría a Jason, uno de los mejores muchachos que tenemos en el tour, pero imagino que algunas personas sienten que el precio de su entrada los habilita para tener esa experiencia especial de emborracharse y molestar a un golfista profesional. Day mantiene la compostura y le dice a los policías, “Creo que es momento de que estos tipos vuelvan a sus casas”, y hasta ahí llegó la cosa. El mundo vio cómo Justin Thomas hizo que echaran a un fanático durante los últimos hoyos cuando ganara en Palm Beach esta primavera. Pero la verdad es que esto sucede cada semana.

Nuestra seguridad en el tour realiza un trabajo fantástico – ellos se encargan de los cientos de problemas y amenazas que nosotros ni siquiera nos enteramos – pero aún así un fanático estúpido puede sacarte de quicio. Haces tres birdies seguidos y de golpe te vierten un trago en forma de ducha mientras pasas junto a las gradas. Se te va el ritmo. Decididamente me tomó un par de temporadas aprender a no permitir que eso afecte mi juego. Al menos no tanto.

A algunos de los jugadores más jóvenes les gusta que la atmósfera en el tour se esté volviendo un poco más parecida a un partido de fútbol o de básquet. Ellos piensan que es divertido y que pueden prosperar con esa energía. Yo prefiero ver que el golf siga siendo algo especial. Porque no jugamos en un estadio tradicional, una entrada común le permite a cualquiera ver a las estrellas más importantes a dos metros de distancia. El precio de ese acceso debería ser un poco de cortesía.

No estoy seguro de cuándo le permitiré a mis hijos verme jugar en persona. Quizás en su pre adolescencia, cuando para entonces ya conozcan todas las groserías. El problema es que será más difícil que falten a clase y quién sabe si querrán viajar a los torneos durante las vacaciones de verano. Es una pena, porque yo estoy bastante orgulloso del nivel al que he llegado en un deporte profesional y sería genial si ellos pudieran tener recuerdos de su papá compitiendo.
Pero no quiero arriesgarme a que tengan el recuerdo equivocado.