Protagonistas Hace 1 año

Billy Payne, una actuación difícil de imitar

Payne

BILLY PAYNE FUE NOMBRADO PRESIDENTE DE AUGUSTA NATIONAL Y EL MASTERS EN 2006.

BILLY PAYNE HIZO CRECER LA ESTATURA DE AUGUSTA NATIONAL HASTA UN NUEVO NIVEL ANTES DE NOMBRAR A FRED RIDLEY COMO SU SUCESOR

Ahora que la carrera finalizó, no hay dudas. Billy Payne era especial. ▶ El alcance de sus logros a lo largo de 11 años bastante comprimidos como presidente de Augusta National Golf Club y el Masters Tournament había sido notado pero dado por sentado, como un atleta excepcional aumentando consistentemente sus números. Pero desde que sorprendió a muchos en agosto al anunciar su retiro, dos meses antes de cumplir 70, y eligiendo a su sucesor Fred Ridley, todo se ha procesado.
Incluso los momentos destacados, presentados en términos simples constituyen una letanía: ▶ Admitir a las primeras socias mujeres en la historia del club, Condoleezza Rice y Darla Moore en 2012, seguidas de Ginni Rometty en 2014. ▶ En 2013, estableció el Drive, Chip and Putt Championship, abierto para niños y niñas de 7 a 15. ▶ Darles a los ganadores del Asia-Pacific y Latin America Amateur Championships invitaciones al Masters.
▶ Persuadir a Arnold Palmer, luego a Jack Nicklaus y Gary Player, a que fueran starters honorarios. ▶ Restaurar la tradición de que los ganadores del PGA Tour de los 12 meses anteriores lograran la invitación para jugar el Masters.
▶ Agrandar enormemente el estacionamiento gratuito para el público luego de adquirir las casas linderas. ▶ Inaugurar instalaciones de práctica de 7 hectáreas. ▶ Crear el Berckmans Place, una sede de hospitalidad de primer nivel. ▶ Inaugurar un edificio enorme para los medios. ▶ Comprar la tierra que bordeaba los hoyos 12 y 13 al Augusta Country Club contiguo para alargar el hoyo 13, par 5 y tal vez mejorar las vistas de los espectadores. ▶ El tremendo volumen, junto con el deseo de Payne de ser uno de los líderes en los temas de golf más allá del club y el torneo, subraya su logro más significativo: elevar radicalmente la percepción del poder e influencia de Augusta. Desde una posición en algún lugar del medio entre los cuatro campeonatos mayores y sus entidades rectoras, Augusta ahora puede considerarse como Nro. 1 en eficiencia en ambas categorías. Payne empujó a una cultura tradicionalmente empecinada hacia el siglo 21 con una vitalidad que, en retrospectiva, es deslumbrante. Y por carácter transitivo, sin lugar a dudas hizo de la presidencia la plataforma más poderosa en golf. ▶

NUNCA VOY A ESTAR EN UN LUGAR DONDE LA FALTA DE ESFUERZO SEA EL FACTOR CONTRIBUYENTE AL FRACASO. SIMPLEMENTE NO ME COLOCARÉ EN ESA POSICIÓN.’ —BILLY PAYNE

En resumen, no hay duda de que el lugar de Payne en la historia será el más significativo desde el original, Clifford Roberts, cuyo reinado de 42 años terminó con su muerte en 1977.
Para hacerlo, Payne, quien fue el primer presidente que nunca conoció a Roberts personalmente, estudió las palabras y el trabajo del fundador y cosechó una mantra de innovación constante.
Esta perspectiva podría parecer contra intuitiva a la mochila que se le ha atribuido al club y al torneo – su ubicación en el corazón del sur, donde los jugadores eran blancos y los caddies negros, y su carencia de competidores afro americanos hasta 1975, o mujeres socias, sin mencionar las reglas que prohíben los teléfonos celulares y que limitan a los competidores del Masters a una sola pelota desde el tee y del fairway durante las vueltas de práctica.
Pero como definiría el difunto Peter Dobereiner al credo simple del club: “Todo acerca de Augusta National Golf Club y el Masters tenía que ser lo mejor, y si no lo era, entonces debía ser mejorado cada año hasta lograrlo.” Roberts, un hombre remoto con muchas ideas pero pocas palabras, solía reconocer los cumplidos sobre el torneo de esta manera: “Gracias, pero nunca lo hacemos realmente bien.”
El ritmo de cambio de presidentes disminuyó en las últimas cuatro décadas después de Roberts, con el alargue de la cancha hecho por Hootie Johnson como lo más dramático. Pero mediante una combinación de temperamento, una perspectiva ganada por su misión de llevar exitosamente a los Juegos Olímpicos a Atlanta en 1996 y la exigencia de los tiempos, Payne hizo grandes cosas de manera más expeditiva que Roberts.
“Billy es único por ser igualmente grandioso a la hora de ver las cosas con 15.000 metros de ancho o a través de un microscopio, y luego trabajará más duro que tu,” dice un socio de larga data de Augusta National. “Para él, ningún sueño es demasiado grande y ningún detalle es demasiado pequeño.”
En una entrevista en su oficina dentro del club en ocasión de su retiro, Payne se recostó en una silla tapizada ubicada bajo el óleo pintado por el Presidente Eisenhower del hoyo 16 y describió la manera en que funciona. “Lo que yo hago es, hago lo mejor que puedo en cualquier cosa que intente hacer,” dijo Payne. “Algunas veces no es lo suficientemente bueno. Algunas veces puede tomar un rumbo incorrecto. Sin embargo, nunca voy a estar en un lugar donde la falta de esfuerzo haya sea el factor contribuyente al fracaso. Simplemente no me colocaré en esa posición.”
Quizás Payne comenzó a sentir el peso de ese esfuerzo, si bien el ex defensor All-American en Georgia, quien pasó por un triple bypass a los 34 y otro en 1993, hizo énfasis en que su decisión no estaba basada en temas de salud. Durante varios años ha seguido un régimen de ejercicios de trabajos físicos diarios de 90 minutos, manteniendo su marco de 1,87 apenas por debajo de los 90 kilos.
Payne dijo que uso otra norma para elegir su momento de salida. “Antes de convertirme en presidente, Hootie Johnson me dijo, ‘Billy, tu decisión más importante será quién será tu sucesor.’ Hace relativamente poco tiempo, decidí que Fred Ridley es la persona adecuada. Mi trabajo principal es ubicar un presidente que sea mejor que yo. Y ahora identifiqué a esa persona que yo creo que puede subir otro nivel. Eso para mí es la señal de que es hora de partir.”
Si bien duda en coincidir con aquellos que lo consideran el presidente más progresivo del club, Payne se siente cómodo llamándose a sí mismo “el más colaborador.” Aunque durante años Augusta tomó la decisión en un silo, muchos de los logros de Payne han surgido de forjar alianzas de trabajo, de manera notable con la USGA, R&A, PGA Tour, PGA of America y LPGA Tour. “Soy bastante bueno en matemáticas,” dice de las iniciativas. “Sé que si sumas cinco juntos es mucho más poderoso que hacerlo solo.”
Payne fue colaborador también con los socios, a quienes describe como “una riqueza de talento que puede no tener igual en ninguna organización del mundo. Motivando a aquellos que tienen puestos muy importantes a venir y aceptar a Augusta National y su cultura y a que comprometan su tiempo… es un desafío,” cuenta. “Y sin embargo porque hay tantos, y porque ellos mismos aceptan y aman Augusta National, están más que dispuestos a hacer los sacrificios requeridos. Y eso nos da, a mi entender, una ventaja en la manera en que presentamos nuestro evento deportivo.”
Si bien Payne admite que “el ultra control… es una especie de descripción permitida del presidente de Augusta históricamente,” los socios de larga data dicen que bajo Payne, Augusta fue dirigida de manera más democrática de lo que podría haber sido o visto al mundo exterior. Ellos describen a un hombre para quien ser dictatorial era íntimamente incómodo, y que su personalidad naturalmente gregaria fue la razón clave para que la camaradería en el club – con, promete, más mujeres por venir – mejorara marcadamente bajo su liderazgo. Cuales quiera sus similitudes con Roberts, la comodidad de Payne a la hora de interactuar con otras personas y el mayor consenso que logró le dio a su presidencia una dimensión extra.

Payne

FRED RIDLEY Y BILLY PAYNE HABLAN CON LOS MEDIOS ANTES DEL MASTERS EN 2009.

RIDLEY: “ME GUSTA ESTAR RODEADO DE GOLFISTAS”
El bastante más reservado Ridley forjará un camino diferente. El oriundo de Florida de 65 años dejó su marca en el golf con la clásica victoria sorpresiva en el U.S. Amateur 1975, después del cual sería dos veces capitán de la Copa Walker, llegó a ser presidente de la USGA y terminó liderando el comité de competencias del Masters, el cual supervisa la preparación de la cancha y los temas de reglas, durante los últimos 11 años. Siguiendo el espíritu del fundador Bobby Jones, Ridley es el último campeón del U.S. Amateur que no se convirtió en pro. “El golf saca lo mejor de las personas,” le dijo al The Ledger de Lakeland, Fla., en 2004. “Me gusta estar rodeado de golfistas.”
Los primeros comentarios públicos de Ridley como presidente se darán probablemente durante el Masters del próximo año, siguiendo el patrón de Payne luego de que éste sucediera a Johnson.
Un buen golfista juvenil en sus años de crecimiento en Winter Haven, Fla., Ridley ingresó a la Universidad de Florida con una beca de golf, pero le costó mucho jugar torneos debido al fuerte equipo que ganó el campeonato nacional en 1973. Conseguiría su título de abogado en la Stetson University y se especializó en derecho de propiedades.
“Fred es medido, como uno esperaría de un abogado,” dice Billy Andrade, un miembro del equipo de la Copa Walker 1987 capitaneado por Ridley. “Al mismo tiempo, tiene un modo amable con la gente. En nuestra Copa Walker yo era joven y estaba nervioso pero la manera en que él me demostró su confianza en mi elevó la mía propia.”
En el U.S. Amateur de 1975, jugado en el Country Club of Virginia en Richmond, Ridley, un estudiante de derecho de segundo año, maximizó el mejor golf de su vida. Camino a su título match play, derrotó a algunos de los jugadores más nombrados y futuros ganadores del PGA Tour Curtis Strange, Andy Bean (un compañero en Florida) y, en la final, a Keith Fergus. La clave fue el trabajo de Ridley con el profesor de toda la vida de Jack Nicklaus, Jack Grout.
“Fred fue un buen jugador en la universidad, pero no era un jugador sólido. Solíamos pelear ese séptimo u octavo lugar en el equipo,” dice el arquitecto de golf Steve Smyers, quien fuera compañero de cuarto de Ridley durante las primeras etapas del Amateur. “Jugamos las tres vueltas de práctica juntos. Seguía lo que Grout le había dicho y se lo podía ver pegar estos grandes tiros de golf y su juego mejoró de manera dramática. Grout lo había entrenado para que le pegara fuerte, diciéndole que llevara un balde de pelotas al range y que pegara el driver lo más fuerte posible mientras pudiera sostener la posición de finish con equilibrio. Todo estaba logrando la secuencia correcta y estaba pegando ese draw bajo que corría eternamente, y derecho. Fue una semana mágica.”
“Fred era un buen jugador que hacía las cosas bien,” dice Strange, quien fuera vencido 2&1 por Ridley en la sexta vuelta antes de poder vencerlo en la final del North and South Amateur Championship en 1976. “Él se tomaba el golf seriamente,” dice Strange, “al igual que se ha tomado su carrera seriamente y consiguió mucho de ambas.”
De hecho Ridley fue un oportunista en el U.S. Am, jugó en uno de los roughs de Bermuda más tupidos que se hayan visto en un campeonato de la USGA. Luego de las primeras siete vueltas su estimación fue que estaba 23 sobre el par, con solo cuatro birdies. (“No fue un golf súper,” dijo en su momento.) Contrariamente, Fergus, un All-American en la Universidad de Houston que había ganado 11 torneos universitarios, estimó que estaba 4 sobre el par. Y ninguno de sus partidos había llegado al hoyo 17. Pero en la final, Ridley hizo seis birdies en la mañana para ponerse 5 arriba. Todavía estaba 4 arriba con cinco hoyos por jugar pero dijo “que se paralizó del miedo” y perdió tres hoyos seguidos para mantenerse 1 arriba en el tee del 17. En ese hoyo dejó un putt de dos metros y medio para ganar el campeonato corto en el borde.
Como le dijera al The New York Times, “Me estaba sintiendo mal y tuve que obligarme a mí mismo a mantener una mente clara y no permitir que se dispersara. Me dije a mi mismo, si puedes hacer algo sin pensarlo… bueno, no lo hagas.” En el hoyo 18 Ridley se compuso lo suficiente para hacer un bogey contra el doble bogey de Fergus para ganar 2 arriba.

MOMENTOS DIFÍCILES
Ridley ha sido hábil para sobrevivir momentos difíciles en la vida pública golfística. Era el presidente de la USGA en su primer mandato durante la debacle del U.S. Open 2004 en Shinnecock Hills, cuando un green barrido por el viento había sido rolado el sábado en la mañana y no recibió suficiente agua en la mañana de la vuelta final, haciendo que las pelotas rodaran fuera del green, fuera de control. Si bien el personal de la asociación fue fustigado por la prensa y los jugadores, Ridley se las ingenió para evitar ser el foco.
Él estuvo en la línea de fuego más directa en el Masters 2013, cuando como titular del comité de competencia cometió un error de alto perfil en una situación de reglas que involucró a Tiger Woods.
En la segunda vuelta, Woods estaba cerca de la punta cuando su tercer golpe desde unas 85 yardas al green del par 5 del hoyo 15 pegó en el asta-bandera y rebotó hacia el lago. Woods dropeó de forma tal que el oficial de reglas experimentado David Eger quien estaba viendo el torneo en la televisión, se dio cuenta de que se había ido unas dos yardas atrás del divot que había hecho con su tercer golpe. Eger llamó para avisar de la infracción. Si resultaba ser verdad, hubiera significado que Woods no había dropeado lo más cerca posible de la posición original y tendría dos golpes de penalidad.
Sin embargo, cuando le contaron la situación a Ridley él consideró luego de revisar el video que Woods había dropeado lo más cerca posible del lugar original y no había incurrido en penalidad. Pero después de firmar la tarjeta Woods dijo en una entrevista de televisión que había dropeado intencionalmente dos yardas atrás del sitio original, por ende incriminándose a sí mismo. Con Woods enfrentando la descalificación por firmar incorrectamente la tarjeta, los oficiales del Masters invocaron la Regla 33-7, la cual establece que “en casos individuales excepcionales una penalidad de descalificación puede ser dejada sin efecto, modificada o impuesta si el comité considera justificable tal medida.”
Se determinó entonces que como el comité no había discutido la supuesta infracción con Woods antes de que éste firmara su tarjeta de score, estaba absuelto de la descalificación pero le aplicaron los dos golpes de penalidad antes de su tercera vuelta.
Al dirigirse a hablar con los medios para explicar la decisión el día sábado, Ridley entró en detalles sobre el no creer originalmente que Woods había quebrantado la regla. Cuando le preguntaron si hubiera hecho las cosas de otra manera, Ridley dijo, “No pasa un solo día que no crea que hay cosas que me hubiera gustado hacerlas de manera distinta.” La humanidad de dicha respuesta lo hizo ver compasivo y en gran medida lo liberó de mayores críticas.
Por supuesto Ridley no heredará el título de la figura más poderosa en golf por omisión. Al igual que cada presidente, será puesto a prueba por temas y decisiones controversiales, las cuales parecen haber crecido aceleradamente en años recientes. Es muy probable que a Ridley lo estén esperando discusiones intensas sobre alargar aún más la cancha y si le permitirán a los espectadores usar teléfonos celulares.
Por otra parte, como el jugador más consagrado en lograr la presidencia, y el mejor en la jerarquía del Masters desde Jones, existe una expectativa razonable que Ridley será visto como un presidente más abierto a las opiniones y preocupaciones de los competidores del torneo.
Dice Strange: “Espero que como alguien que realmente entiende el juego desde la perspectiva del jugador, Fred llevará una parte de la cancha de golf de vuelta a lo que solía ser, donde había más abertura y menor cantidad de árboles.”
Sería una sorpresa si Ridley fuera capaz de escaparse por completo de la sombra de Payne, quien estará presente como presidente emérito y seguramente seguirá a Roberts al Hall de la Fama. Nadie duda de que Payne le dará a Ridley suficiente espacio, siguiendo el sentido común de su declaración en 2008 que “existen dos personalidades que siempre definirán a Augusta National: Bobby Jones y Cliff Roberts. El resto de nosotros vamos y venimos, y yo voy a caer en esa primera categoría.”
Pero ciertamente no lo ha hecho. Y en base a su extraordinaria contribución como presidente, no lo hará.