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Andrew Landry: “Mis padres cortan pasto para ayudarme a pagar la inscripción a los torneos”

En la universidad me llamaban Correcaminos. En mi primer año pesaba 71 kilos pero pegaba unas balas bajas desde el tee que corrían 280 yardas. No era exactamente el Oso Dorado, Tiger o el Tiburón Blanco, pero mejor tener un apodo que nada.

YO ERA UN ALTANERO DE M ___.
Mi hermano mayor y sus amigos aprendieron a jugar golf en Groves, Texas, en un campo municipal conocido como The Pea Patch. No tenía bunkers, tenía hazard de agua secos, fuera de límites internos cuya única función era agregar interés al terreno chato y sin árboles – era la peor cancha de golf que se puedan imaginar. Salvo los diminutos y elevados greens que te enseñaban a sacar approach y putt.

NO SOY EL PRIMER GANADOR DEL PGA TOUR EN CRIARSE EN EL PEA PATCH. Chris Stroud también creció ahí y yo lo seguí a la Universidad de Lamar. Pero la mejor decisión que tomé fue transferirme a la Universidad de Arkansas cuando el coach de Lamar consiguió ese puesto allí. Creo que hubiera seguido a Brad McMakin a cualquier parte. Su asistente, Layne Savoie, me hacía practicar el juego corto durante 10 horas antes de darme una clase. Abandonar la idea de tratar de pegarle más largo que los otros fue lo que me ayudó a ser tres veces All-American.

PERO MIS PRIMEROS CUATRO AÑOS COMO PROFESIONAL FUERON DUROS. Yo vivía en Baton Rouge y ningún club de los alrededores me quiso dar la posibilidad de jugar. La única persona que me respetaba como golfista era el coach de LSU, quien me permitía pegar bolas en la parte del fondo del driving range. Las únicas vueltas que jugaba eran en torneos. Mis amigos me preguntaban cuándo iba a dejarlo.

MI PADRE ES CARTERO DE FEDEX Y MI MADRE ES MAESTRA DE ESCUELA. Durante los fines de semana cortan pasto para ayudarme a pagar las inscripciones. Siempre les devuelvo el dinero. Uno juega con más ganas cuando el dinero es propio. Los golfistas que son bancados por alguien más suelen pensar de manera fatalista: sin no lo logro, no lo logro.

MI NOVIA, ELIZABETH, ME CONVENCIÓ DE RESETEARME. Eso quiere decir que me dijo que volviera a hacer las cosas que hacía en la universidad: mismo coach, mismos palos, mismo todo. Dejé de lado el acuerdo de equipamiento que tenía en el mini-tour y compré, con dolor del alma, un nuevo juego de palos Ping y empecé a conducir siete horas de ida y siete de vuelta hasta Austin para tomar clases con el legendario instructor Chuck Cook, quien había entrenado a Savoie.

ME ANOTÉ EN UNA ESCUELA CLASIFICATORIA EN MISSISSIPPI. Me dije a mí mismo que era mi última oportunidad. El lugar tenía fairways angostos y greens pequeños que favorecían mi juego, además, no conocía a nadie por lo que no me preocupaba quien podría ganarme. En la primera vuelta hice 81, estaba último, y lloré. Me golpeó la noción de que tendría que buscar otro trabajo pero no sabía hacer otra cosa que golf.

MI COMPAÑERO DE CUARTO ESA SEMANA ERA AUSTIN COOK. Rezamos. Al día siguiente llovió y anoté un 64, la vuelta más baja del día por tres golpes. Terminaría segundo. Vacié mi cuenta bancaria para comprarle un anillo a Elizabeth y luego volé a Sudamérica para empezar la temporada 2016 del Web.com Tour. Qué locura como algunos birdies pueden cambiarte la vida.

LA HISTORIA DE MI VICTORIA EN COLOMBIA TIENE QUE VER CON SUSPENSIONES POR VIENTO. Muchos de los muchachos sufrieron condiciones casi injugables varias veces antes de que los sacaran de la cancha, pero yo no. Increíble que me tocara jugar los últimos nueve hoyos, los más difíciles de la cancha, casi sin viento todas las veces. Gané, ¿pero me lo merecía? Más tarde Jordan Spieth me dijo que al igual que yo le costaba aceptar esa primera victoria en el PGA Tour, cuando embocó un tiro desde el bunker para robarse el John Deere Classic.

ESA VICTORIA ME SUBIÓ LA CATEGORÍA Y AHORA PUEDO JUGAR EVENTOS DEL PGA TOUR. Luego el mundo realmente llega a conocerme cuando estoy punteando el U.S. Open en Oakmont. Estaba en la última salida del domingo pero anoté un 78 para terminar empatado en el puesto 15. Me gustaría poder jugar algunos golpes de nuevo pero creo que me conduje bien considerando el escenario. Me ayudó poder hablar por teléfono con Chuck Cook quien el sábado en la noche me dijo que me preparara para la vuelta más difícil de mi vida. Él ha visto todo lo relacionado a la USGA. También me ayudó que estuviera jugando para otra persona. La semana anterior en Memphis me presentaron a Austyn, un joven paciente con leucemia que vive cerca de mi casa y que estaba siendo atendido en el hospital de niños St. Jude. Gracias a demoras por mal clima en la primera vuelta de Oakmont, había apenas suficiente tiempo para acelerar un acuerdo que capitalizara mi exposición televisiva. Una caja de remeras con etiquetas de Moonshine Sweet Tea llegaron al hotel el viernes. Doné el cheque de mi patrocinador y abrí una cuenta GoFundMe para recaudar USD$37.000 para Austyn ese fin de semana.

¿LOS GOLFISTAS QUE PIERDEN SUS TARJETAS DEL PGA TOUR VUELVEN AUTOMÁTICAMENTE AL WEB.COM, CIERTO? Incorrecto. A fines de 2016 me encontré sin categoría en ningún lado. Debería haberme protegido jugando algunos eventos en el Web.com, pero esas son decisiones difíciles de calendario cuando estás en tinieblas. Además, tenía puesta mi cabeza en mi casamiento. No era el plan, pero luego de la ceremonia y unos seis días en Cancún sin mis palos, volé a Orlando para la escuela clasificatoria. Ah, y mi caddie me llama para decirme que me dejaba por otro jugador.

EMBOCO DOS VECES DESDE AFUERA EN LOS NUEVE HOYOS FINALES PARA OBTENER MI TARJETA. Este año en el PGA Tour perdí en un desempate en Palm Desert y gané en San Antonio.

LOS JUGADORES DE MINI TOURS PIENSAN QUE EXISTE UN SECRETO PARA ENTRAR AL PGA TOUR. Pero no es otra cosa que confianza en si mismo. Yo la tenía, pero desapareció por cuatro años.

PERO SÍ APRENDÍ ALGUNOS TRUCOS PARA ARMAR EL CALENDARIO. Como en el Web.com Tour Championship en 2017, algunos otros muchachos que tenían la tarjeta del PGA Tour y yo nos retiramos el fin de semana para poder viajar a Napa y tener más vueltas de práctica en el primer evento de la temporada del PGA Tour. Cualquier estrategia es mejor que ninguna. Como mis padres, que creen en mí, pero no han dejado de cortar el pasto.