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Mr. X: “A unos U$ 5.000 la hora de jet privado, tiene sentido compartir”

Yo crecí en una familia grande. Las vacaciones siempre eran en lugares a donde pudiéramos llegar manejando. Nuestros padres no tenían la capacidad de solventar viajes en avión para todos. La primera vez que me subí a un avión fue en el secundario, para un funeral, y recuerdo que mi padre tuvo que hacer muchos trámites para conseguir el certificado de defunción que nos permitiera conseguir un descuento en la aerolínea. Cuando comencé mi carrera de profesional pasé bastante tiempo en los aeropuertos ante cada vuelo demorado y dormí bastante mal durante los vuelos nocturnos que tomaba tras no clasificar los lunes. Menciono esto solo como preámbulo de la siguiente frase, que creo sonará bastante ridícula para mucha gente: compartir un jet privado es una gran manera de conocer a otro golfista.

En los torneos todos nosotros estamos en “modo de ataque.” La cancha es el escenario donde competimos, y fuera de la cancha es casi un escenario también. En el clubhouse y el hotel, cuando cenamos, todos los patrocinantes y agentes revolotean alrededor nuestro. Se puede interactuar con otro jugador, pero por lo general son situaciones forzadas. Como por ejemplo, a ambos nos colocan un micrófono y nos están filmando.

Si ese jugador y uno, por el contrario, estamos hundidos en sillones de cuero entre las nubes y saboreando una bebida nos sentimos lo más alejados posibles de todo eso. Está la posibilidad de conocer realmente a esa persona detrás de la marca. Y hasta podría ser alguien que en otras circunstancias uno nunca buscaría.
Un año perdí en la primera vuelta del WGC-Match Play, cuando todavía se jugaba en las afueras de Tucson y el formato era eliminación directa. Inmediatamente después del apretón de manos – diría que antes de colocar el putter en la bolsa – llamo al fulano que se encarga de los viajes de varios jugadores. ¿Cuán rápido me puedes llevar a casa? Nuestro acuerdo es que si reservamos un vuelo con 10 horas de anticipación, nosotros establecemos los términos. Si es menos de eso, agarramos lo que haya disponible. A casi USD 5.000 la hora de jet privado, tiene sentido compartir todo lo que se pueda. Para poder volar esa tarde, mi única opción era compartir el vuelo con un golfista que es, digamos, conocido por su presencia en el equipo europeo de la Copa Ryder. Quizás porque son estadounidenses, quizás porque supuse que nuestras personalidades chocarían, nunca había cruzado más de dos palabras con él.

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Nunca me reí tanto. Qué persona genuina y graciosa resultó ser este inglés. Nuestros hijos tienen casi la misma edad. Ahora, cada vez que nos vemos en un torneo, nos saludamos afectuosamente.

No suele ser común que los jugadores se nieguen a viajar juntos, pero cuando lo hacen, las razones son comprensibles. Cuando estás pagando algo Premium, tal vez no tienes ganas de volar con alguien que viaja con su bebé recién nacido, o su mascota o con un grupo que sabes que será ruidoso cuando lo único que quieres hacer es dormir. Sé que puede ser una partida de ajedrez para los operadores: actualizar constantemente quién está dejando que su caddie o entorno se suba al avión, ser sensible ante qué jugadores no deberían viajar juntos y enfrentar todo eso con los horarios de salida de los domingos para lograr que todos lleguen a su cada o a su próximo torneo de manera económica. Y para rematar, los jugadores que están patrocinados por la compañía de jets tienen prioridad. Yo viajo con NetJets y Wheels Up, pero el logo de una de ellas está bordado en cada remera que uso al jugar. Me resulta útil tener cuentas activas con ambos para poder aumentar mi flexibilidad a la hora de compartir el vuelo.

Algunos jugadores permiten que sus agentes les organicen los vuelos, pero a mí me gusta saber exactamente qué está pasando. Si es viernes y existe una buena posibilidad de que vaya a fallar el corte, hago que mi agente se acerque a las sogas y le doy instrucciones para que vaya organizando el viaje. No quiero ponerlo en la posición de tener que decidirlo él. Y si hago birdie al último hoyo para entrar, no pasa nada porque no me penalizan por cancelar.
Camino a la última Copa Presidentes, escuché que Hideki Matsuyama y Patrick Reed tuvieron que volar juntos a Nueva York. No supe si se llevaron bien, pero dadas las circunstancias, apuesto que fue un vuelo silencioso.

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