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Mr. X: “Cuando no vale la pena tener un representante”

El año pasado eché a mi agente. Fue un domingo. Firmé mi tarjeta y en vez de recoger las cosas que tenía en mi armario le sugerí que nos sentáramos en la terraza del clubhouse y bebiéramos algo. Yo creo que él sabía lo que se venía. Es representante de otros jugadores también y todavía lo veo en los torneos. Intercambiamos los saludos de rigor. Él tiene algunas mentiras educadamente practicadas. En realidad M es un tipo decente. Estuvo conmigo durante los mejores momentos de mi carrera, cuando yo era soltero, y él era un tipo divertido para pasar el rato. Los domingos en las noches son bastante calmos en la mayoría de las ciudades, pero si estás con el sabueso correcto puedes encontrar algo de acción. Por supuesto la mayor parte del tiempo que pasábamos juntos era para relajarnos, cenar o ir hasta el aeropuerto. Cuando termina el día y sin importar cómo hayas jugado, es agradable tener algún tipo de plan para conectarte con alguien.

Por lo general ya saben de tus birdies y bogeys, así que puedes elegir hablar de ello o no.

Durante bastante tiempo esa persona para mí fue M, pero luego me casé y mi esposa empezó a viajar más conmigo.

Me gustaba decirle a la gente que “hablaran con mi representante”. Sonaba canchero y esas palabras mágicas lograban que alguien con quien no quería hablar desapareciera de manera inmediata. Fue luego de mi segunda victoria que empezó a volverse impredecible mi presencia en los eventos. Cuando no sabes si una caminata entre el estacionamiento y el chipping te llevará tres o 30 minutos, es difícil planificar tu día. Y luego pierdes el control. Los tiempos de práctica giran en torno a los medios y a las obligaciones con los patrocinadores en vez de al revés. Cuando llegaba el jueves estaba aliviado porque sabía que nadie me vendría a molestar una vez que el torneo empezaba. M era perceptivo. Todo lo que él necesitaba era una ínfima señal y enseguida cancelaba citas o estaba ahí caminando a mi lado.

Pero la primera prioridad de un agente es él mismo. Esto es cierto para cualquiera en los negocios. Es por eso que les digo a los jugadores jóvenes que también necesitan un abogado y un contador. Todos los que estén a tu cargo deberían poder escribir un cheque y realizar un balance. Además, busca un representante que no cobre un peso hasta tanto llegues al PGA Tour. Si él pretende cobrar una parte de tu acuerdo de equipamiento de $30.000 en el Web.com Tour, dile que se largue. Es una movida ruin clásica: el agente hace que el jugador cambie para poder cobrar seis cifras fácilmente. Salvo que un jugador tenga alguna cualidad que lo convierta en el sueño de un vendedor, los acuerdos de equipamiento están estandarizados y no necesitas un agente para que lo consiga. En el PGA Tour casi todos excepto las súper estrellas reciben $250.000 al año más el mismo bono como incentivo en caso de victoria.

Yo solía pagarle a mi representante el 20 por ciento del valor de mis acuerdos y luego lo bajamos a 10 por ciento. Ambos sabíamos que él se estaba volviendo superfluo. Había tenido los mismos dos patrocinantes en mi remera y en la bolsa por años. Había desarrollado una estrecha relación con los representantes de “golf” de esas dos corporaciones y de manera tan eficiente que estos dos muchachos son ahora mis representantes. Si hay que coordinar detalles de un evento corporativo me envían la información directamente a mí. A mis 20 esto podría haber sido una distracción importante pero en esta etapa de mi carrera prefiero estar a cargo de mis asuntos.

Podría estar equivocado, pero siento que hay más agentes dando vueltas ahora que nunca. Los jugadores top sí necesitan una persona o un grupo de personas que negocien por ellos. Hay tanto dinero en juego. Pero yo preveo una corrección general, al igual que vemos en otras industrias dentro de una economía dinámica. Más golfistas van a darse cuenta de lo que yo tengo: estar libre de agentes no es una mala manera de estar.