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Mr. X: “Juego mejor cuando no hay necesidad de entablar una conversación”

En casi una década de tener mi tarjeta del tour, solo he tenido una escaramuza con otro pro. Un jugador notablemente lento me acusó de sacar mis palos de la bolsa con anticipación para distraerlo. Creo que simplemente fue una excusa para apartarse de la pelota. En la oficina de entrega de tarjetas siguió con el tema e insinuó que yo lo había inquietado a propósito. El tercer miembro del grupo, un cristiano devoto, le dijo a este muchacho que si volvía a actuar de esa manera, lo golpearía en la cara.
El señor tortuga y yo hemos hecho las paces desde entonces, si bien nuestra próxima vuelta fue algo fría. Cuando lo enfrenté para decirle que no quería que me amonestaran por jugar lento, no pude evitar apreciar su respuesta. Me dijo, “Oye, yo puedo costear la multa.” Un punto válido ya que él es una presencia habitual en la parte alta del listado de ganancias.
En general, la mayoría de los jugadores son muy respetuosos entre sí. Pero como lo que hay en juego es tan importante, no se necesita mucho para que algo pequeño dispare una situación fuera de control. Por esta razón, prefiero vueltas donde no haya demasiada interacción. He jugado en grupos donde los otros jugadores y yo no nos dijimos ni una palabra. Ni una sola. Es decir, inclinamos la cabeza en el tee de salida del primer hoyo y luego en el green del 18 nos estrechamos la mano con un mero “bien jugado” o “gracias.” En tanto ninguno se meta en algún escenario de reglas extraño que requiera una discusión, podemos bajar nuestras cabezas y jugar.
Cuando me toca jugar con un buen amigo, como un Jason Bohn o Ernie Els, por supuesto charlaremos toda la vuelta. Siempre me pone contento cuando veo que me toca un amigo, pero la verdad es que tiendo a jugar mejor cuando me toca jugar con un muchacho con quien claramente no hay necesidad de charlas sociales. Young-han Song sabe que no hablo coreano. Algún chico que viene de la universidad sabe que probablemente no escuchamos la misma música. Si yo no hago el comentario inicial sobre el clima o quién ganó el partido de básquet la noche anterior, lo más probable es que el otro muchacho tampoco lo haga. Él no quiere sentir la presión de seguir charlando una vez que empecemos a hacerlo. La mayoría de nosotros estamos en el mismo bote – trabajando duro.
Cuando jugaba como aficionado era mucho más suelto. En la universidad se hubiera sentido raro no hablar con mis compañeros de línea. Pero aprendí que no quiero reírme por un chiste y luego bloquear una pelota hacia el monte de árboles y tener que preguntarme si encaré ese golpe totalmente enfocado.
Por supuesto, están los muchachos que son muy charlatanes sin importar con quien jueguen. Cada vez que veo a Billy Horschel en la cancha de práctica camino hacia el lado contrario. Me cae bien Billy, y pienso que es una muy buena persona, pero disfruta ser el centro de atención. Viste esos pantalones tontos y es el primero en hablar con los medios. A donde quiera que vaya, es el circo de Billy. No tengo esa personalidad.
Lo cual no quiere decir que sea antisocial. El otro día durante una vuelta en competencia tuve una larga charla con un colega sobre su nuevo bebé. Esa fue una conversación significativa. Si un jugador tiene un punto de vista interesante y considerado sobre un evento actual, soy todo oído. Pero si vas a hablarme del auto que acabas de comprar o a dónde fuiste de vacaciones, déjalo así. Con gusto escucharé tus historias mientras tomamos unas cervezas, pero no mientras estoy trabajando.