Protagonistas Hace 4 meses

“Me siento en paz”, Bob Goalby, a 50 años del Masters y la tarjeta mal firmada por De Vicenzo

Campeón del Masters de Augusta 1968
Bob Goalby y el momento desastroso vivido con De Vicenzo
Dos personajes poco usuales del tour de golf
Cómo hacer para que te saquen de la cancha en
14 juegos consecutivos de basketball.

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Gary Player lo dijo muy bien: “Nos pasamos 10 horas por dia jugando y practicando nuestro juego en la cancha, de manera que lo menos que podemos hacer es tomarnos dos minutos para asegurarnos que nuestro score es el correcto”. Sabiendo lo estrictas que son las reglas de golf, se hace dificil no estar de acuerdo con Gary. Lo que resulta un tanto sorprendente es que se sigan cometiendo estos errores cuando se presentan las tarjetas de score. Al menos una vez al año, me entero acerca de alguno y pienso: Oh, No, de nuevo lo mismo.
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Cuando me retiré del hoyo 18 luego de la vuelta final del Masters de 1968, todos pensaban, -yo incluido -, que habia empatado con Roberto (De Vicenzo). Me dirigí directamente a la mesa de control que estaba justo detrás del green. Todo era un poco caótico. Roberto y Tommy Aaron estaban sentados ahí. También estaba Ray Floyd, mi compañero de linea, y otro más que creo era un oficial de reglas. Me pareció raro que Roberto estuviera aun ahí cuando él había terminado dos hoyos adelante mío. Recuerdo que le dije a Roberto algo así como “supongo que mañana jugaremos juntos” pero Roberto no me contestó, como si su mente estuviera en otra cosa. Pero no me preocupé por eso, dado que toda mi atención estaba en chequear mi score y firmar la tarjeta. Cuando terminé, me levanté y me fui para el lado del green. Sam Snead estaba por ahí y me vio venir y se me acercó junto con Doc (Cary) Middlecoff. Doc, que recién terminaba su cobertura del hoyo 18 para CBS, me dijo: “Acabas de ganar el torneo”. Reaccioné diciéndole: “¿De donde sacaste ese disparate?” al tiempo que miraba al tablero de posiciones donde tanto Roberto como yo estabamos igualados en -11. Y Doc, que habia escuchado la novedad por sus auriculares de TV, me contestó: “Roberto presentó su tarjeta con un score equivocado”.
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¿Qué fue lo que pasó? Tommy Aaron jugaba en la misma línea de Roberto, y era el responsable de anotar su score de en la tarjeta. En el par 4 del hoyo 17, Tommy le anota 4 a Roberto cuando en realidad Roberto habia hecho birdie. Es el jugador, en este caso Roberto, el responsable de chequear la tarjeta y asegurarse que el score es el correcto porque una vez que se firma y se entrega la tarjeta y el jugador se retira de la mesa de control, no hay vuelta atrás. Yo siempre me preocupé de chequear una y otra vez mi tarjeta, marcando con un tilde cada hoyo que chequeaba. La mayoria de los jugadores hacen algo parecido, dado que esos errores se pueden producir todo el tiempo. Quiero decir, lo hago todas las semanas, porque sé que en la cancha pongo mucho más atención en la anotaciòn de mi score que cuando anoto el score de mi compañero de línea. En ese mismo Masters, el día anterior, sábado, yo había jugado con Roberto y le llevé su tarjeta. Una vez terminado, nos sentamos cada uno a controlar su tarjeta, y cuando yo aun no había revisado mi primer hoyo, Roberto entregaba su tarjeta y se retiraba del lugar. Por suerte estuvo todo bién, pero creo que está bueno lo que yo hacía. Roberto tenía esa manera de ser de y finalmente lo pagó caro.
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La ceremonia de presentación no fue lo que podría haber sido. Yo estaba sentado junto a Roberto e hice todo lo que pude para consolarlo. Hay un video que muestra como le daba unas palmadas en su pierna. Está claro que yo no sentí en ese momento la felicidad enorme, esa exitación propia de quien acaba de ganar el torneo más importante de su vida. Fue una situación muy incómoda. Fue trágica para Roberto pero también fue igualmente desafortunada para mí. Nunca tuve el reconocimiento debido por lo que había conseguido. Había jugado muy bién, especialmente el último día, en el que hice 66, (igualando el score firmado por Roberto)
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Yo dije en ese momento que mi deseo era que hubiera habido un play-off, pero lo que quise decir era que hubiera deseado que la penalidad hubiese significado jugar el play-off en vez de darme a mí la victoria de manera directa. En las circunstancias que se dio, no había forma de que yo rechazara la victoria. Hacer eso habría significado una importante falta de respeto hacia Augusta National y hacia el Masters. Así como también una rebelión de un solo hombre contra las reglas de golf. Piensen por un minuto, ¿cuántos hombres se habrían sentido con derecho a no cumplir las reglas en el futuro si yo hubiera hecho eso? ¿Cuántos habrían querido imponer sus propios códigos para decidir lo que es correcto? Yo no estaba en una situación de ponerme por arriba de las reglas del juego.
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Recibí un correo tan odioso que no lo podía creer. Me decía que yo era el peor hijo de puta que jamas existió. Una persona escribió: ”Deberían meterte junto a Sonny Liston en una bolsa de cemento y arrojarlos a los dos en el océano”. Me llegaron muchas cartas, la relación era 1 carta positiva por cada 10 negativas y todas ellas me hicieron mucho daño. No se porque razón, pero conservé ese odioso correo. Quizás algún día pueda explicarle a la gente como fue la experiencia que yo viví.
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Quiero que sepan que Roberto (que murió el año pasado a la edad de 94 años) y yo, eramos amigos antes de ese Masters y lo seguimos siendo por muchos años después de ese episodio. No como hermanos pero sì lo suficiente como para jugar juntos en dos torneos de las Leyendas del Golf.
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Les voy a contar una historia que me la guardé para mí todos estos años. Es una historia verdadera. El hombre que me la contó, Jack Tuthill, ya fallecido, era un hombre de una enorme honestidad. Tres semanas después del Masters, Roberto ganó el Torneo International Houston Champions. Jack era el director del torneo por la PGA y estaba ahí en ese momento cuando Roberto se fue de la mesa de control sin haber firmado su tarjeta. La penalidad es descalificación. Jack me contó que tuvo una gran lucha interior dado que por un lado estaba la letra de la ley, mientras que por otro lado estaba el lío descomunal que se iba armar si se lo descalificaba a Roberto, especialmente por un nuevo incidente con su tarjeta. ¿Qué hubieran hecho Uds? Jack lo buscó a Roberto, lo encontró y lo llevó a la mesa de control para que firme su tarjeta.
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Repito que Tuthill era un hombre de una gran honestidad. Él estaba trabajando como oficial de reglas en el Masters de 1972. En el hoyo 2, Arnold Palmer pega un golpe desde el bunker y la pelota queda en el mismo bunker. Con mucha bronca, golpea con su palo la arena. De manera inmediata, Jack penaliza a Arnold con 2 golpes de multa por apoyar su palo en la arena. Era lo que correspondía hacer pero los oficiales, luego de terminada la vuelta deciden quitarle la penalidad. Ese tipo de situaciones ha pasado algunas veces en Augusta. Esto no le cayó bien a Jack que se sintió menospreciado. Desde ese día no quiso trabajar más como oficial de reglas.
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Uno de los canales de TV tuvo la idea de hacer un match mano a mano entre Roberto y yo. En unos días nos llegó la oferta. Lo jugaríamos el jueves siguiente en Firestone en Akron y la oferta era de U$S 90.000 para mí (Goalby habia ganado U$S 20.000 en el Masters y De Vicenzo US$ 15.000). Yo no sé lo que le ofrecieron a Roberto pero yo no acepté el ofrecimiento. Ponete en mi lugar. Si yo aceptaba y Roberto me ganaba, era una forma clara de quedarme sin el saco verde. Si yo resultaba ganador, me llevaba una buena cantidad de dinero, pero ¿era eso acaso lo importante?
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Sam Snead y yo jugamos muchos años juntos los días de práctica en el Masters. Yo siempre me preparaba para jugar en serio dado que Sam tenía toda una multitud de gente que lo seguía y lo tomaba como parte del torneo. Además, a él le encantaba apostar, y cuando ganaba, insistía en cobrar su apuesta ahí mismo en el green del hoyo 18. “Hey, me debes US$ 10” decía en voz alta, de manera que todos los presentes pudieran escucharlo. En cambio, cuando perdía, el rajaba al clubhouse y cobrabas tu apuesta en un rincón del vestuario donde nadie más pudiera enterarse.
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En 1960, Sam y Mickey Wright jugaron juntos en el mixed- foursomes Haig & Haig Scoth. Sam aún era un gran jugador y Mickey estaba entre las mejores golfistas de ese momento, por lo que eran considerados la pareja favorita, ganadora por al menos 10 golpes. En el 1er hoyo, Mickey pegó un drivazo y Sam hizo un gran approach dejándola a menos de 1 mt del hoyo. Mickey erró el putt y Sam rezongó diciendo: “Me parece que la próxima vez tendré que dejar la maldita pelota aun más cerca del hoyo” lo que fue escuchado por Mickey. ¿Imaginense decirle algo parecido a tu compañero de foursome, en este caso a Mickey Wright? Pero así era Sam. Y lo que dijo, realmente le molestó a Mickey. Ese día los dos jugaron muy mal golf y no estuvieron a la altura de la competencia.
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Sam era de una contextura física sorprendente. No solamente tenía unos brazos muy largos – sus mangas medían mas de 90 cm – sino que sus muslos eran enormes al igual que sus pantorrillas. Pienso que eso le daba mucha agilidad y equilibrio. Una vez, en una vuelta de práctica en el Masters saliendo del green del hoyo 2, Sam optó por pasar por arriba de la soga que separa al green de las gradas en vez de usar el camino de salida. La soga estaba a una altura de unos 50 cm y Sam la saltó por arriba de ella, juntando sus talones en el aire. No sé si les parece fácil, pero inténtelo y verán. En ese momento ya había pasado los 70 años.
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En la vuelta final del abierto de EE.UU en Baltusrol en 1967, me tocó jugar con un golfista poco conocido de Texas. Su nombre era Lee Trevino y finalizó ese dia en 5to lugar, un golpe adelante mio. Le dije a mi señora: “No te preocupes, este tipo va a sobrevivir un tiempo pero no va a durar mucho”. Fue la predicción más estúpida que hice en mi vida. Años más tarde, cometí el error de comentarle a Lee lo que yo había dicho. ¡Para qué! Durante muchos años él comenzaba sus discursos diciendo “Bob Goalby me dijo que yo nunca llegaría”. Me gastaba con eso hasta el cansancio.
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Una vez me tocó jugar con Jerry Barber. De fisico pequeño pero batallador, no medía más de 1,65 mt pero era un jugador fenomenal. A pesar de que sus golpes raramente superaron las 220 yardas, Jerry ganó el PGA Championship de 1961. Él hacía uso de todas las ventajas que podía, incluso algunas pasadas de la raya. En el primer hoyo de ese torneo, luego de que yo marcara mi pelota con una moneda de 5 cts, Jerry puso una moneda de 10 cts arriba de la mía. Le pregunté: “¿qué demonios estás haciendo? Y me contestó: “Me molesta el reflejo de tu moneda cuando juego mi putt”. No me gustó pero lo dejé pasar. En el hoyo siguiente, hizo lo mismo. Mi bronca comenzó a crecer. En el hoyo 3, se acercó a mi marca -la cual no estaba en su línea -, y cuando iba a cubrirla, le dije: “Jerry, si vos cubrís mi moneda nuevamente, yo me voy a poner arriba tuyo”. Y yo lo iba a hacer. Jerry terminó ahí con su jueguito. Así eran las cosas en esos dias. Había que plantarse para hacerse respetar.
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Había muchos y diferentes personajes en el Tour. Habrán oído hablar de Moe Norman. En 1958, en alguna de sus incursiones en el Tour de la PGA, estabamos jugando jntos en New Orleans. Después de la vuelta del sábado, Moe estaba en segundo lugar. Doug Ford y Yo lo invitamos a cenar en un restaurante de la cadena Morrison. En un momento, Moe nos dijo: “Mañana me vuelvo a casa. Me quedé sin dinero, sin dinero”, él siempre decía las cosas dos veces. Doug le contestó: “¿Qué estas diciendo? Estuviste haciendo buena plata y vas a ganar más aun. ¿Qué es eso de que te quedaste sin dinero?” Moe nos explicó que la PGA de Canadá le habia dado U$S 1500 para jugar en el American Tour y que eso le había alcanzado para pagar sus gastos hasta ese día. Dog le preguntó: “Y que pasó con el dinero de los premios que obtuviste? Y Moe respondió: “Ah, ese es mi dinero. Yo eso no lo voy a gastar”. Como les dije antes, él era una de esos personajes especiales.
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Billy Casper acostumbraba a visitar a soldados internados con heridas de guerra en los hospitales de Vietnam. Era su manera de hacer una gran tarea humanitaria. Un día, mi sobrino, Jay Hass, estaba caminando en la playa cerca de Charleston, Carolina del Sur. Se puso a hablar con una persona mayor que también estaba ahí caminando. Este hombre que había sido capitán del ejército, le contó que había sido mal herido en la guerra y que en ese momento estuvo a punto de quitarse la vida. Le dijo tambien que Billy lo había salvado. Jay le consiguió una entrada para el Masters y cuando estuvo allí, lo llamó a Billy para que saludara al capitán. Creo que fue el momento de mayor emocion que me tocó vivir.
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En la escuela secundaria, me sacaron de la cancha en 14 partidos consecutivos de basketball. Cuando alguno me sacaba la pelota, mi primer instinto era recuperarla y me volvía un tanto agresivo. En una de esas veces, me sacaron antes del medio tiempo, lo cual puso loco a mi entrenador que me reprochó diciéndome: “No me servís para nada si estas aquí sentando en el banco”. Pero yo no lo entendía de la misma manera. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para cuidar lo que es mío, incluso la pelota.
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A Wilt Chamberlain nunca lo sacaron de la cancha en un partido de la NBA. También revelò una estadística personal según la cual, se había acostado con 20.000 mujeres. Un compañero mío de Kentucky me dijo que no le habían gustado esas declaraciones. Cuando le pregunté porqué, me dijo: “Porque Wilt me ganó por una”.
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Los que fuimos criados durante la depresión económica aprendimos a ser cuidadosos con el dinero. Como profesional, me manejé de una manera bastante austera. Yo sentía que así tenía que ser, porque en los primeros cuatro torneos que gané, yo cobré un total de U$S 8.000. Es dificil de creer, pero en 1958 jugué todos los torneos del año, un total de 48 torneos.
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Vuelta final del Abierto de Coral Gables, 1960. Estaba jugando con Arnold Palmer y yo estaba arriba por dos golpes en el último hoyo. Mi pelota llegó al green y la de Arnold cayó en el bunker. Si él hacía una buena sacada y luego la metía, yo aun podía hacer hasta tres putts para ganar. En ese momento, mi caddie, Walter Montgomery, se abría paso entre la gente,y cuando avanzaba hacia al green, sin darse cuenta, pateó mi pelota y la mandó fuera del green. Eso es un golpe de multa y además la pelota se debe jugar tal como se encuentra. Mi pelota había terminado en un lugar para nada bueno. Arnold la sacó del bunker y la dejó muy cerca. Mientras me preparaba para pegar el pitch, pensé lo duro que era esta forma de ganarse la vida. Afortunadamente la dejé a metro y medio y metí el putt para ganar por un golpe.
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Lei algunos comentarios que decian que si Nicklaus (en su mejor momento) jugase hoy, pegaria tan largo como Dustin Johnson. Yo no estoy tan seguro de eso. Jack tenía mucha potencia, pero hay que tener en cuenta que él no medía más de 1,78 mt y Dustin mide 1,93 mt y tiene unos brazos largos y unos fuertes tendones. El ancho y largo del arco de su swing son increibles y tiene toda su potencia detrás. Incluso, teniendo en cuenta el equipamiento actual, no creo que Jack pudiera competir con algunos de los mejores golfistas de hoy, al menos no con el driver. En algun momento debemos reconocer que los golfistas de hoy son mejores en todos las aspectos. Si eso no fuese asi, significaría que mi generación no hizo un buen trabajo para formarlos.
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La mejor cura para un hook es llegar a los 88 años. Yo juego tres veces por semana pero ya no le pego a la pelota lo suficiente como para que doble una pulgada a un lado u otro. Pego tan corto que puedo escuchar cuando la pelota toca tierra sin tener que levantar el volumen de mi audifono.
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Hasta 1965 yo estuve peleado con mi driver, pegaba unos ganchos (hooks) que no me gustaban nada. Ese año, en el Colonial, Ben Hogan me llevó a su fabrica en Fort Worth y me dio una madera que tenía marcado el nro 3 en su base pero que era realmente una madera 2, más conocida como brassie. “No le muestres este palo a nadie” me dijo. Resultó un palo extraordinario. Tenía una cara muy profunda con una apertura de 3 grados con muy poco roll desde su suela hasta la línea superior. La pelota salía baja, derecha, con potencia y con muy poco efecto. No paraba de correr. En 1967, en el Abierto de EE.UU en Baltusrol, yo pegué el tiro de salida más largo de la semana en el hoyo 17, unas 308 yardas. Mi juego en ese aspecto tuvo un gran cambio. Después que pegué ese tiro de salida, sostuve el palo de manera que solo pudieran ver el “3” en su base.

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Esa madera se me rompio antes del Master de 1968 y ahí me volvió el temor al hook. Intenté muchas cosas. Durante un tiempo viajaba con una barra de metal de 9 kgs en el baul de mi auto. Hacia el swing solo con mi brazo izquierdo, pensando que así desarrollaba ese lado y podría mantener mi lado derecho bajo control. Creo que algo me ayudó pero el temor al hook nunca se me fue.
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Esta tarde del domingo en Augusta de 1968, yo estaba desde temprano entrando en calor en el driving range. La playa de estacionamiento ya se había completado así que los autos eran derivados hacia el área del driving. Cuando yo ya estaba listo para practicar con el driver, se me acercó un guardia que me dijo: “Ya es suficiente, estamos cerrando al driving”. No tenía sentido discutir con el guardia así que enfile para la cancha y me detuve en una area de práctica de juego corto cerca del clubhouse, coloqué unas pocas pelotas en los tees y tiré unos drives hacia un área donde sabía no habia gente.
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Caminé hacia el tee del hoyo 15 con decisión. Tengan en cuenta que yo era un buen jugador pero no un ganador mundialmente reconocido. Gané 11 torneos y jugué la Copa Ryder. Pero el Masters es algo muy diferente. Sabía que lo que pasara en los próximos 40 minutos podía cambiar mi vida.
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En el hoyo 15 ya sentía la presión del momento. Pegué un drive bárbaro dejando la pelota a tiro de un hierro 3. Pegué el hierro muy sólido, con un lindo draw, dejándola a unos 2,5 mtrs del hoyo. Y luego metí el putt para águila. En la pared de mi casa en Belleville tengo una carta, enmarcada, que me envío Bobby Jones. Hay una parte donde él me dice: “Me quedé particularmente extasiado por tu maravilloso segundo golpe al green del hoyo 15, el mejor golpe que yo haya visto en ese hoyo”. Jones estaba presente cuando Gene Sarazen hizo su albatros allí en 1935, de manera que le doy mucho valor a lo que él me dijo.
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Yo estaba en el green del 17 pero lejos del hoyo. Mi primer putt lo dejé muy corto, lo cual es probable que pase cuando la presión del momento lo supera a uno. Erré el putt para par. Fue la única vez que hice 3 putts en el torneo. En el 18, mi tiro de salida pegó en una rama y me quedó a una gran distancia del green. Esa semana mi caddie era Frank Stokes, conocido como Marble Eye (Ojo de Mármol). Él quería que yo pegara un hierro 3 y a mí me parecía mejor un hierro 2. A él, el hierro 2 le parecía demasiado. Le dije: “Si te equivocas, ¿tenés claro donde va ir a parar este palo, no? De cualquier manera, peguè el hierro 2 pero lo hice algo más suave, siguiendo el consejo de Marble Eye. La mandé al fondo del green y de ahí con mi primer putt la dejé a algo más de 1 mt. Yo sabía que tenía ese putt para empatar en la punta y estaba muy nervioso, lo cual me ponía aún más incómodo. Me paré sobre la pelota y me dije con alguna que otra palabrota para mis adentros, “ey, cagón, pecho frío, comportate como un hombre y pegale como se debe a esa pelota”. Hice dos swing de práctica y la hundí en el centro del hoyo.
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En la cena de campeones, Cliff Roberts siempre acostumbraba a invitar a los jugadores a dar sugerencias para mejor el torneo. Me acuerdo un año, Art Wall (Ganador en 1959) propuso que se le dé una mejor atención a los campeones dándoles mejores horarios de salida. Él se quejaba que había salido muchas veces en horarios muy temprano y otras muy tarde, y que se había sentido un tanto molesto por eso. Cuando Art llegó a su casa, una carta de Cliff lo estaba esperando. Esta incluía todos los horarios de salida de Art desde 1959, y todos ellos habían sido excelentes. El mismo Art nos contó esta anécdota. También nos dijo que después de eso, se mantuvo en silencio en todas las cenas posteriores.
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Un año, luego del torneo, me llevè mi saco verde del Masters a casa. Me quedaba un poco apretado así que necesitaba ensancharlo a mi medida lo cual no era fácil de conseguir en Augusta. Yo tenía mi saco puesto esa mañana cuando tomé mi vuelo a casa y esa misma tarde, para mi sorpresa, recibí un llamado de Augusta National pidiéndome que lo devolviera inmediatamente. Cómo se enteraron que yo me lo había llevado, solo Dios los sabe.
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El año último, mi alma mater, la Belleville High School, puso pasto artificial en la cancha y la llamaron Bob Goalby. Yo no lloro facilmente pero en la ceremonia de inauguración la gente dijo cosas tan lindas que me hicieron caer unas cuantas lágrimas. Eso nunca me pasó con el golf. Por mas que haya ganado el Masters, el recuerdo de mi actuación como quarterback de Belville en nuestro triunfo 6 a 0 sobre East St. Louis High School en 1946 es el que más me emociona. Aun sueño con esa victoria. Desde mi punto de vista, que pongan tu nombre a algo en tu ciudad natal es el más grande honor que un hombre puede experimentar.
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Este año se cumplen los 50 años de ese Masters y la historia ha sido más amable conmigo. Especialmente los jóvenes no están al tanto de la controversia vivida porque ya pasó mucho tiempo. Para ellos, soy uno de los campeones del Masters. Ellos dicen: “Qué fenómeno. ¿En qué año lo ganaste? ¿Me podes contar cómo fue?” Y les cuento como hice 66 el domingo, también acerca de la playa de estacionamiento que rebalzaba de autos y de la carta que me mandó Bobby Jones ponderando mi segundo golpe al hoyo 15. El tiempo me ha permitido estar en paz y sentirme incluso mas orgulloso y satisfecho.
‘No había manera que yo pudiera rechazar la victoria …
Hubiera sido una rebelión de un solo hombre contra las Reglas de Golf’
‘Las cartas se acumulaban y todas ellas me hicieron mucho daño. Por alguna razón, yo guardé ese odioso correo’
‘En algun momento debemos reconocer que los golfistas de hoy son mejores en todos los aspectos’