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Lo bueno y lo malo de mi juego, por Dustin Johnson

La gente habla mucho de mi driver. Es divertido pegarle largo y mi driver me ubica en muchas buenas posiciones en la cancha. Pero el golf no trata solo de cuán largo le pegue desde el tee. El score y las victorias en los torneos suceden mucho más cerca del green. Hace unas tres temporadas atrás me di cuenta de que tenía que tomar la práctica de mis wedges mucho más en serio. Si bien mi profesor, Butch Harmon, le dará un análisis de mi swing con el driver, yo quiero hablarle de mi juego corto. Me ha convertido en un jugador completo.

Mi ranking mundial en golf ha estado casi siempre entre los 10 mejores. Pero quería mejorar y un área de mi juego dónde realmente podía hacerlo era con mis wedges. Honestamente, hasta hace unos pocos años yo nunca los practicaba. Es decir, pegaba golpes con mis wedges, pero nunca tuve un plan de práctica activo.
Lo que más necesitaba mejorar era el control de la distancia. Nunca había estructurado mi práctica teniendo en cuenta los wedges. Nunca sabía cuán lejos iría mi bola con distintos swings en ese rango de 75 a 150 yardas. Literalmente solía adivinar. Igual tenía un juego decente, pero era todo por sensación.


▶ CUANDO MIS YARDAS NO SON LAS CORRECTAS Y LA BOLA VUELA MÁS BAJO DE LO ESPERADO, SÉ QUE ES UN PROBLEMA DEL SWING. CONTROLO COSAS COMO VOLVER DEMASIADO EMPINADO HACIA LA BOLA.


Todo eso cambió cuando compré un TrackMan y empecé a graficar mis distancias de vuelo. Una vez que supe cuán lejos les pegaba a estos hierros, pude organizar un sistema para mejorar el control de la distancia. Lo que hice fue desglosarlo a cuatro golpes con cada uno de mis wedges. Tengo un medio tiro, un tiro tres cuartos y un tiro completo. El cuarto lo uso solo en ocasiones especiales – lo llamo max. Para el max, habrá imaginado, hago el swing lo más fuerte posible. Por ejemplo, lo uso cuando hay una bandera en un rincón y con viento a favor. Sé que si la mato con un sand wedge puedo pegarle realmente alto y hacerla caer cerca del hoyo.

Tener este sistema significa que ahora tengo un palo y un swing para virtualmente cualquier distancia con los wedges. Por ejemplo, mi lob wedge vuela 85 yardas si uso mi medio swing, 95 si uso el swing tres cuartos y 105 con el swing normal. Esos números siguen subiendo de a 10 yardas hasta el pitching wedge.
Cuando estoy jugando a buena en un par 5 o jugando corto en un par 4, pego golpes que me dejen alguna de esas yardas. Rinde sus frutos casi siempre. En 2015, estaba ranqueado 108 en proximidad al hoyo desde las 100 a las 125 yardas. Hacia 2017 subí al noveno lugar y me convertí en el jugador número uno del mundo. Mi sistema realmente me ha ayudado en mi confianza con estos golpes y también he aprendido más sobre mi swing.

Si estoy teniendo dificultades para controlar la distancia sé que no es culpa del sistema; hay algo mal en mi swing. Mi falla usual es la bola muy baja y demasiado larga. Aprendí que ese golpe sucede cuando mis manos y la vara están inclinadas demasiado hacia el objetivo en el impacto. Entonces si veo que la bola sale muy fuerte sé que tengo que mantener las manos atrasadas y permitir la descarga del palo. Otras veces me empino demasiado con el swing. Y no puedo hacer que la bola haga lo que yo quiero, por ende trabajo en achatar el ángulo de ataque.
Lo gracioso es que todo este trabajo con los wedges ha ayudado a mi juego largo también. Entiendo mejor la mecánica y he aprendido a descifrar qué es lo que está pasando cuando las cosas no están saliendo bien. También me ayudó a jugar más libremente porque sé que mi juego corto estará a la altura.

¿Mi consejo? Vaya al range y trabaje en calibrar las distancias con los wedges. Piense en cuántos golpes de menos de 120 yardas tiene por vuelta. Deje la mayoría a la altura de la bandera y se volverá peligroso.