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Ganador de major habla sobre retrotraer la pelota (Mr. X)

pelota
Desde la década del 30 que la gente ha estado hablando sobre las grandes distancias logradas por las pelotas, pero en los últimos tiempos ha ido en aumento. La mitad del mundo considera que el golf está bien y la otra mitad piensa que es un desastre. La mayoría de mis colegas profesionales con contratos de patrocinio han tomado la sabia decisión de mantener el silencio o ser diplomáticos a la hora de hablar de retrotraer el equipamiento. Pero yo creo que es necesario que uno de nosotros diga la verdad. Así que disculpen mi anonimato, pero es más fácil así. Pueden saber que soy ganador de major, en caso de que eso le de más peso a lo que estoy a punto de decir.

Primero, olvídense de los números que han leído sobre distancia con el driver. Son tonterías. El PGA Tour no nos dice qué hoyos van a medir. Ellos dicen que eligen los hoyos donde la mayoría pegará driver, pero en lo que a nosotros respecta, podrían estar en subida, en bajada o en un fairway tan angosto que no todos dan rienda suelta a la vara. Las estadísticas pueden crearse para que midan cualquier cosa. Las entidades rectoras, en golf y en cualquier aspecto de la vida, han utilizado las estadísticas para justificar las decisiones premeditadas desde que el mundo es mundo.

¿Para qué estudiar los decimales cuando la realidad es tan obvia?
Sí, le estamos pegando más largo. Cualquiera que haya estado dentro de las sogas en las últimas dos décadas puede decirle eso. Un drive que recorría 300 yardas solía tener todos los elementos necesarios – un tipo fuerte que le pegaba en el centro de la cara con un buen timing y que aparte conseguía un rebote bueno y firme. Ahora un tipo puede pegarle en el taco, darse vuelta enojado, y la pelota termina volando 320.

¿Y qué? La distancia es relativa. Si le pegas más fuerte que tu compañero de juego estás contento. Si no lo haces estás triste. La sensación es la misma ya sea que el driver vuele 200 o 400 yardas.
El gran salto era inevitable. La ciencia del deporte ha llevado a muchos records mundiales en muchos deportes. Los atletas son mas corpulentos, fuertes, rápidos y equipados con más herramientas que los ayudan a mejorar. Un representante de una empresa de zapatos me dijo que el tamaño promedio de los zapatos de sus clientes paspo de 9½ a 11½.
¿Entonces cuando rompieron el récord olímpico de los 100 metros, cambiaron la carrera a 105 metros? ¿Y luego a 107 metros? Por supuesto que no. Pero eso es exactamente lo que ha sucedido en golf y creo que es un error enorme.

Las canchas son los activos más valiosos del golf. Como jugamos en la TV, las canchas donde jugamos tienen una influencia exagerada sobre las otras canchas. Cada vez que agregamos tees de salida, apretamos los fairways, hacemos crecer el rough tan alto que la pelota apenas puede encontrarse, escondemos las banderas a dos pasos del borde del green – todo para que anotemos los mismos scores que anotaban Bobby Jones, Ben Hogan y Jack Nicklaus – la intención original de la cancha de golf es distorsionada. Lo que están haciéndole a Shinnecock Hills este verano para el U.S. Open es grotesco. En última instancia, mostramos un deporte que no se ve demasiado divertido.

El golf no fue creado como un concurso para ver quién le pega más largo y más derecho. La verdadera diversión está en el medio. Pegarle un kilómetro al medio del fairway no se compara con la emoción de lograr un golpe de recuperación arriesgado o tener un buen rebote, o ver cómo tiembla el rival con un putt de metro y medio. Pero el golf siempre evolucionará en la tierra en la que es jugado. Si el PGA Tour jugara una cancha como Harbour Town cada semana, tendríamos que irnos hacia una pelota que volara más corto, que tomara mayor efecto y curva, y que fuera mejor alrededor de los greens. Pero la realidad es que jugamos más canchas que están estiradas y entonces tenemos que ganarnos la vida descubriendo cómo pegarle lo más lejos posible a la pelota.
Dejemos de lado por un momento las ramificaciones económicas y logísticas de un retraso del equipamiento. Vamos a imaginarnos que la gente seguirá sintonizando el golf para ver a Dustin Johnson romperla hasta las 265 yardas, y que el campeonato provincial padres e hijos no tendrá miles de tristes e involuntarias descalificaciones. ¿Si me interesaría hacer que la pelota no volara tanto? Seguro. Probablemente sugeriría que volvamos a los drivers más pequeños con vara de acero que yo usaba cuando me enamoré del golf en mi adolescencia. Todos tienen su idea de cuándo era mejor el golf. En veinte años, la gente estará hablando de los palos y las pelotas que acaban de llegar a los pro-shops. El punto es, el golf nunca tuvo y nunca llegará a su momento perfecto. Por qué la gente ama este deporte es algo más profundo de lo que puede observarse.

A pesar de algunos informes preocupantes sobre la salud del golf, la vibración en el PGA Tour nunca se sintió mejor en mi carrera. Hay muchos jugadores jóvenes y populares y 10 de ellos podría ser número uno del mundo en dos meses.

No toquemos demasiado la pelota o los palos. Todo lo que tenemos que hacer es proteger el activo más valioso del golf – sus canchas – y el resto se acomodará en su lugar. ¿Cómo logramos eso? Yo propongo abolir el par. Recuerden, el score con relación al par fue introducido en el Masters en 1960. Es cierto, hizo que las distintas posiciones de un gran cantidad de jugadores repartidos en una cancha de golf fuera entendible y fue una explosión en las transmisiones de TV. ¿Pero qué ha provocado? El par es un número arbitrario que distorsiona nuestra percepción de qué es una buena cancha de golf. El par en Oakmont muchas veces se siente un 76, pero si eso fuera lo que dice la tarjeta entonces el ganador anotaría 20 bajo el par y el mundo diría que es una cancha de porquería.

Los hoyos más interesantes en el PGA Tour—y en golf en general- son los que el par es casi irrelevante. El 10 en Riviera, el 18 en Torrey Pines South, el 15 en el TPC River Highlands – y la lista sigue. El formato más emocionante en golf, el match play, también le resta importancia al par.
Podríamos jugar el Masters desde el tee de los socios y sería un torneo de golf emocionante. Porque Augusta National es una gran cancha. Sí, pegaríamos muchos más wedges – ¿pero qué importa? Los pros son buenos. Visto con buenos ojos, hay mucho mayor potencial para matices y elaboración de golpes con el wedge que con cualquier otro palo de la bolsa.

Sé que suena radical, pero de hecho es una idea simple. El score más bajo gana.