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Deme una línea, crece la popularidad de los mapas de greens

Dustin Johnson midió el putt de 5 metros para par en el hoyo 72 desde todo tipo de ángulo. Lo leyó desde atrás de la pelota, luego desde atrás del hoyo, luego desde un costado, agachándose en cada parada. Mientras Jordan Spieth, el hombre con el que compartía la punta, lo observaba, Johnson echó un último vistazo desde atrás de la pelota. No quedaba más por hacer que pararse y pegar el golpe, ¿cierto? ▶ Excepto que no fue el último vistazo. En una escena presentada a los espectadores virtualmente cada semana, el caddie y hermano de Johnson, Austin, se acercó y abrió el libro de yardas que contiene un mapa detallado del green. Lo que ellos vieron claramente les dio una pausa ya que apuntaron y conversaron durante 20 segundos. Finalmente, un minuto y 50 segundos después de que Johnson hubiera repuesto la pelota, jugó el putt. La pelota se movió hacia la izquierda, regresó hacia la derecha, luego se enderezó, agarró el borde y cayó dentro del hoyo, acompañada de un poco habitual puño al aire de Johnson. Ganaría el torneo de la Fedex Cup Northern Trust 2017 y los U$1,6 millones del primer premio.


‘YO QUIERO SABER DÓNDE ESTÁN LOS PUTTS RECTOS. Y QUIERO SABER ESPECIALMENTE CÓMO VA A REBOTAR LA PELOTA UNA VEZ QUE ATERRIZA.’ —Dustin Johnson


No solo fue un triunfo para Johnson sino para el fenómeno de los libros topográficos de los greens y la tecnología en general. La rápida proliferación de los mapas – se estima que un 95 por ciento de los jugadores del PGA Tour y sus caddies lo usan, y cada vez están más disponibles para los aficionados en forma impresa y digital – ha disparado una gran curiosidad. La gente quiere saber cómo los usan los pros, qué negocio, distribución y tecnología hay detrás de ellos, su futuro y si es saludable para el golf. Han estado presentes de manera similar desde 2008, pero con casi todo jugador destacado en el mundo usándolos – Marc Leishman, ganador del BMW Championship, fue el único jugador en el Tour Championship quien no los usó como referencia en una u otra manera – los golfistas quieren saber más.
Para empezar, los mapas topográficos son tecnología moderna en su forma más avanzada, a la par de los monitores de lanzamiento, herramientas de análisis del swing y tecnología de la pelota. El proceso comienza colocando un scanner óptico con láser directamente sobre o cerca del green. Algunos scanners cuestan cerca de U$120.000 y son usados para lograr mediciones de pozos de petróleo, espacios industriales e incluso escenarios de accidentes automovilísticos. La unidad dispara un rayo láser hacia un espejo que está girando rápidamente dentro de la cavidad del dispositivo. Millones de rayos, reflejados por el espejo, se proyectan hacia la superficie del green, escaneando a medida que el dispositivo rota para abarcar toda la superficie. Cada vez que los rayos se redirigen hacia el green son medidos de manera precisa. Muy precisa. Diferencias diminutas en altura son medidas y almacenadas. Se recolectan por lo general tres a cuatro millones de bit de datos, todo en los 10 minutos que le lleva escanear un green.
“Los láser pueden detectar fácilmente una pequeña moneda a 30 metros de distancia,” dice Michael Mayerle, presidente de JMS Geomatics, la compañía que mide las canchas para el programa ShotLink del PGA Tour. “Discernir la altura del green está dentro de su capacidad. Pero cuando medimos un área que está en un plano similar al del escáner colocado sobre un trípode – digamos un abrupto frente falso en la entrada del green – movemos el dispositivo y medimos el green desde un ángulo adicional.”
Una vez que se recopilan los datos, se vuelcan a una plantilla electrónica o delineamiento del green. Mark Long, caddie de Fred Funk por muchos años, es un pionero en la topografía de los greens que ha provisto a la mayoría de los jugadores del tour a través de su compañía Tour Sherpa Inc. (se pueden ver ejemplos en longyardage.com). Long mide cuidadosamente las dimensiones de los greens usando un GPS, crea un delineamiento y luego usa un software especial para expresar los datos que arroja el escáner con láser en forma de flechas, contornos y algunas veces números que se ven en los mapas.
“El primer mapa de un green que realicé fue en Shinnecock Hills para el U.S. Open 2004,” dice Long, 53, quien también es el proveedor principal de libros de yardas del PGA Tour, incluyendo los de los campeonatos más importantes de la USGA. “En ese entonces medí aproximadamente 50 puntos en cada green con un scanner que hoy no usaría para tal fin. Actualmente los puntos de datos rondan los millones.” Long apuntó su cursor a una carpeta que contenía datos en crudo de un green típico e hizo click en “propiedades.” Tenía nueve gigabytes.
Jim Stracka, fundador y CEO de StrackaLine, el otro distribuidor principal de mapas topográficos para los pros del PGA Tour y creador de mapas para 200 equipos universitarios de División I, dice que el delineamiento de los greens debe ser preciso para que los mapas puedan mostrar cada detalle. “En canchas tales como Bandon Dunes, puede existir un delineamiento imperceptible entre los greens y los fairways,” cuenta. En esos casos, colocamos pelotas en los bordes de los greens sabiendo que nuestros láser brindarán un contraste pronunciado a lo largo de esos márgenes.”

EL MAPA TOPOGRÁFICO STRACKALINE CON LA UBICACIÓN DEL HOYO EN EL FRENTE DEL GREEN DE TORREY PINES SOUTH: LAS LÍNEAS ROJA Y VERDE INDICAN PUTTS RECTOS, ROJO PARA PENDIENTES E BAJADA Y EL VERDE EN SUBIDA.

TRABAJO SIN PAUSA: “NO ES UNA VIDA NORMAL”
Una vez que se recopilan los datos, comienza el verdadero trabajo de armar los libros. Joe Duplantis, quien comenzó trabajando de caddie en el tour en 1998 pero que ahora trabaja principalmente distribuyendo libros para StrackaLine, produce libros topográficos nuevos para unos 40 jugadores del tour cinco días a la semana, uno para las prácticas y otros para las vuelta de pro-am y uno para cada vuelta de torneo. Luego de buscar la planilla con la ubicación de banderas del día siguiente a las 8 p.m. aproximadamente, Duplantis se dirige a su habitación de hotel, donde monta una oficina de escala impresionante. “Cada semana empaco un escritorio desmontable, cuatro impresoras, grandes cantidades de papel y tinta, cortadoras industriales de papel y otros pequeños enseres,” dice Duplantis, 44. “Uno de los ítems más importantes es una máquina de café para no tener que salir.”
El trabajo suele extenderse hasta la 1 a.m. “Puede llevar más tiempo,” dice Duplantis. “Una noche puse la alarma para las 5 a.m., y para cuando sonó, todavía estaba despierto preparando los libros.” Él llega a la cancha a eso de las 5:15 a.m., donde coloca los libros en los armarios de los jugadores. Cuando los jugadores empiezan a llegar Duplantis hace un poco de trabajo de seguimiento – cobrar, recibir órdenes de compra, tomar notas de las preferencias de los jugadores, beber café – antes de volver al hotel a las 11 a.m. a dormir. “Duermo en lapsos de tres a cuatro horas,” comenta. “Se siente como si estuviera trabajando toneladas de medios turnos en una estación de servicio. No es una vida normal. Para cuando el año calendario termina habré trabajado en 45 torneos. No tengo días libres en realidad, porque los domingos en la noche estoy manejando el auto alquilado con todo el equipamiento hacia el próximo destino.”
El estilo de vida de Long es igual de irregular, si bien su modelo es bastante diferente debido al tiempo que pasa actualizando sus famosos libros de yardas. “Literalmente no he tenido un día libre en cinco años,” dice “Me encanta jugar, pero no he jugado 18 hoyos desde enero de 2016.”
Los mapas de green Tour Sherpa de Long tienen una ventaja cómoda en las ventas con respecto a StrackaLine. Él les cobra U$150 por semana a los jugadores por los libros, los cuales son altamente precisos pero no se actualizan diariamente. La personalización está disponible, pero a precio premium. En solo un par de ocasiones y por pedido de un jugador, Long dice que ha vendido libros topográficos de los greens que ofrecen una cantidad asombrosa de detalles. “Realmente no quiero entrar en detalles sobre lo que muestran,” dice, “pero llevó horas compilar cada libro.” Uno de los puntos de venta de Long es el hecho de que cada año actualiza las dimensiones de los greens en el lugar, destacando que los greens varían en tamaño (suelen contraerse) debido a invasión de pasturas, cambios en los patrones de cortes y la arena de los bunkers que se salpica hacia la superficie.
StrackaLine cobra más: U$300 por semana. Por ese dinero los jugadores reciben libros personalizados que muestran detalles magnificados de las características de los greens en las proximidades más inmediatas al hoyo. Algunos jugadores quieren números que indiquen los grados de la pendiente junto a las flechas, otros no. Una característica estándar que ofrecen los libros de StrackaLine es una serie de líneas indicando dónde están los putts rectos en cada hoyo. “Mostramos líneas hacia el centro del hoyo desde metro y medio, tres metros y en el caso de Graeme McDowell, hasta 7 metros,” dice Duplantis. “Ajustamos la presentación para adecuarla a la preferencia de cada jugador.”


‘YO TODAVÍA CREO QUE LA LECTURA DE LOS GREENS ES UN ARTE. EXISTE LA CAÍDA, LA VELOCIDAD Y CÓMO SE APUNTA. YO USO EL LIBRO PARA CONFIRMAR LO QUE YA VI.’ —Jason Dufner


AYUDA EN LOS GREENS (Y FAIRWAYS)
Eso nos lleva al siguiente aspecto, que es cómo usan los libros los jugadores y sus caddies. Existe una gran variedad aquí. La suposición, que nace de lo que vemos en la TV, es que los jugadores y/o sus caddies los usan estrictamente en los greens. Pero Dustin Johnson dice que él los usa principalmente desde los fairways. “Cuando nos ven mirando nuestro libro de yardas, por lo general estamos mirando el mapa del green con igual atención,” cuenta. “Yo quiero saber dónde están los putts rectos. Y quiero saber especialmente cómo va a rebotar la pelota una vez que aterriza.”
Jordan Spieth también es de los que los usa en el fairway. “No solo está mirando la pendiente donde picará y rebotará la pelota, sino que también mira el pelo para saber si la pelota va a correr mucho,” decía su profesor, Cameron McCormick, mientras Spieth pegaba pelotas en el range de TPC Boston. Pero Spieth y su caddie, Michael Greller, claramente los usan sobre los greens. Hubo un momento a principios de este año cuando Spieth, quien frecuentemente piensa en voz alta, fue escuchado diciendo mientras se acercaba a un putt, “¡Confía en el libro . . . confía en el libro!” Zach Johnson también lee el mapa del green desde el fairway. “El putting es una de mis fortalezas, y quiero dejarme el putt más recto posible,” comenta.
Una vez que están en el green, los jugadores usan los libros de manera selectiva. La mayoría no lo consultan en cada putt. “Me ayudan más que nada en aquellos putts que se ven bastante rectos,” dice Anirban Lahiri, quien en septiembre jugó su segunda Copa Presidentes. “El mapa me dirá si tengo que favorecer un borde o el otro.”
Los jugadores también consultan los mapas en distintas frecuencias, la mayoría lo hace de manera convencional usando primero sus ojos y el libro después.
“Yo todavía creo que la lectura de los greens es un arte,” dice Jason Dufner. “Existe la caída, la velocidad y cómo se apunta. Yo uso el libro para confirmar lo que ya vi o para ayudarme en caso de que piense que un putt está un poco en bajada.” Stewart Cink y su caddie Taylor Ford también prefieren esa secuencia. “Noventa por ciento de las veces quiero el libro solo para confirmar lo que ya vi,” cuenta Cink. “Los mapas topográficos tienen limitaciones. No muestran las huellas de zapatos. No te dicen si es temprano o última hora del día. Estás jugando sobre una superficie viviente con todo tipo de variables. Los libros están meramente para afinar la información.”
Dufner dice que algunas veces los libros transmiten información errónea. Long dice que esto sucede cuando la ubicación del hoyo no es precisa. “Muchas cosas pueden suceder si el hoyo está colocado algunos centímetros de manera distinta a cómo está expresado en el mapa,” agrega. Duplantis dice que una mejor información de la ubicación de hoyos brindada por el PGA Tour mejorará esto. Pero Long dice que algunas veces los jugadores no sitúan a la pelota sobre el green correctamente con relación al hoyo, un “error del operador” como lo llama él. Los jugadores y sus caddies no siempre consultan el libro juntos. Patrick Reed frecuentemente mira el libro, pero su caddie Kessler Karain prefiere ignorarlo. “Yo confío en mis ojos y mi instinto,” dice Karain, hermano de la esposa de Reed, Justine. “Para mí, las guías te sacan eso. Cuando Patrick ve algo en el libro que yo no veo, ahí lo consultamos. Pero yo tengo confianza en mis sentidos.”

DEANE BEMAN COMENZÓ A CONFECCIONAR LIBROS DE YARDAS EN LA DÉCADA DEL 50 Y CONVENCIÓ A JACK NICKLAUS DE SU VALOR. ARRIBA: EL GRÁFICO HECHO POR BEMAN DEL PARADISE VALLEY COUNTRY CLUB EN LAS VEGAS.

CÓMO PUEDE SER MAPEADA LA CANCHA
El uso de mapas topográficos en el PGA Tour deja la impresión de que están disponibles solo para los pros. De hecho, los mapas topográficos de muchas canchas, incluyendo canchas como Torrey Pines y otras conocidas como Cherry Hills y Bethpage, pueden comprarse y bajarse desde sitios como strackaline.com. Algunas otras – PGA National, East Lake y Riviera son buenos ejemplos – han vendido libros de yardas en sus pro-shops.
Existen resistencias. No existe un libro moderno y escaneado con láser de los greens de Augusta National. No significa que los greens no hayan sido escaneados con láser y mapeados extensamente; cuando en 1990 el green del hoyo 11 quedó bajo agua por una inundación, el club utilizó medidas tomadas por un láser teodolito para restaurarlo. “Una cancha como Augusta probablemente haya medido la cancha hasta la última aguja de pino,” dice Mayerle. Tampoco va a conseguir un mapa de green de ciudadelas exclusivas y del viejo mundo como Merion, la cual no ha sido medida desde el U.S. Open 2013, o San Francisco Golf Club, que ni siquiera tiene libros de yardas a la venta.
Cualquier cancha puede confeccionar mapas de sus greens. Si una cancha acuerda adquirir 100 libros de StrackaLine por U$15, la compañía vendrá y le hará un mapeo completo. Eso equivale a un cargo de U$1,500, que la cancha puede recuperar vendiendo libros a sus socios y visitas. Jim Stracka evalúa otras ventajas. “Es muy útil para los superintendentes para ubicar banderas, para poder cortar los hoyos donde haya menos tráfico,” dice. “Brinda un registro en caso de que los greens deban modificarse o reconstruirse.”
Para este fin, Stracka puede vender los libros en su sitio Web. “Estamos agregando unas 10 canchas nuevas por semana,” dice. “Tenemos dos ingenieros a tiempo completo que no hacen otra cosa que mapear canchas.”
A nivel comercia, la oferta más innovadora está presentada por GolfLogix, durante años un bien conocido participante en el mercado de guía de yardas móviles vía GPS. A través de su aplicación, GolfLogix recientemente lanzó el acceso a mapas topográficos a unas 1.500 canchas y planea llevar ese número a 10.000 para 2018. Los usuarios pueden ver los contornos de los greens y desde la perspectiva del fairway. El acceso a los mapas costará U$49.99, si bien los pros afiliados a la PGA y que trabajan en clubes los recibirán de manera gratuita por pedido. “Son divertidos de usar y le van a ahorrar golpes,” dice Pete Charleston, presidente de GolfLogix. “Pero un aspecto que nos entusiasma es que van a acelerar el ritmo de juego.”

¿LOS MAPAS ACELERAN O DEMORAN EL JUEGO?
Ah, el tema del ritmo de juego. Más arriba hicimos mención a que Dustin Johnson gastó 20 segundos adicionales consultando su libro de topografía del green en el 18 durante el Northern Trust. A pesar de ese putt decisivo, los jugadores del tour no han sobrepasado de manera rutinaria los 40 segundos permitidos por putt según las pautas del tour. “A medida que me he acostumbrado a los libros y qué buscar, puedo tomar la información mucho más rápido,” dice Cink. “Rara vez miro un mapa por más de unos pocos segundos, pero es una preocupación legítima. Esos pequeños bloques de tiempo pueden sumar bastante.” Agrega, riéndose, “Si nos ven mirando el libro en nuestro tercer putt, es momento de llamarnos la atención.”
Long y Charleston dicen que los aficionados que juegan todos los días ahorrarán tiempo con estos mapas. “Se verán menos caminatas hasta el hoyo y de vuelta en esos tiros de 60 yardas, menos plomadas y recorridas del green en general,” dice Charleston. Agrega Long: “En los mapas que se vienen habrá presentaciones que con seguridad agilizarán el ritmo de juego.”
Los mapas tienen algunos detractores. Jack Nicklaus y Johnny Miller expresaron un amplio disgusto con ellos durante el Honda Classic, apuntando al tiempo que lleva y la impresión de que los jugadores cada vez se muestran más dependientes de ellos. Cabe señalar que Nicklaus sostuvo una mirada crítica de los libros de yardas hasta que finalmente usó uno (ver la historia adjunta), y Miller en su mejor momento era conocido por hacer que su caddie Andy Martinez le dijera las yardas a intervalos de media yarda. El hecho de que los libros de topografía no hayan logrado muchos adeptos en el PGA Tour Champions puede indicar un cambio generacional. “No tenemos mercado allí,” reconoce Long.
Entre los jugadores del PGA Tour, Adam Scott, Ian Poulter, Lucas Glover y Luke Donald han dicho públicamente que no les gustan. Scott y Poulter han dicho que deberían prohibirse. El arte del putting se ha perdido, dijo Poulter en marzo vía Twitter. Si no puedes leer un green, esa es tu culpa. También dijo que vuelve más lento el ritmo de juego. Pero Duplantis dice que cada uno de esos jugadores – o al menos sus caddies – los usan o los han usado. Y vale decir que Poulter, luego de ganar en el WGC-Match Play en 2010, más tarde dijo vía Twitter cuán útiles habían sido los libros topográficos.

“PREOCUPACIÓN” DE LA USGA Y R&A
El tema más importante, sin embargo, es la sensación de que con la información extraordinariamente precisa, los libros pueden estar eliminando la destreza y los desafíos fundamentales del golf. En mayo, la USGA y la R&A emitieron un comunicado que decía, en parte, “Nos preocupa el rápido desarrollo de materiales altamente detallados que los jugadores están usando para ayudarlos a leer los greens durante una vuelta.” Leer los greens con nuestros sentidos es “una parte esencial de la destreza del putting.” La USGA eligió no comentar lo que ha descubierto o si otras consecuencias de los mapas – digamos su efecto sobre el ritmo de juego – están siendo consideradas. “Para ser honestos, el departamento de Reglas de Golf se siente incómodo discutiendo este tema, ya que podría afectar el proceso,” dice Janeen Driscoll, la directora de relaciones públicas de la USGA.
La sensación prevaleciente en el tour es que el status quo de los libros topográficos será considerado aceptable. “
Es difícil volver a meter el dentífrico en el envase,” dice Cink. “Cuando lo analizas, los mapas topográficos son realmente una extensión de los libros de yardas. No veo que se vayan a eliminar.” Los jugadores del tour que expresaron su descontento a principios de 2017 han estado callados últimamente.
Con información de Long y otros magos de los mapas topográficos, pueden existir pistas importantes sobre las posibilidades. “Al ritmo que se está moviendo la tecnología, creo que en cinco años será posible apuntar el teléfono a la superficie del green y que alinee el putt,” dice Long. Y los expertos en tecnología dicen que las nuevas actualizaciones de las aplicaciones podrán asesorar sobre la fuerza para pegarle.
Agrega Mayerle, quien brindó información sobre los contornos de los greens para los viejos juegos de computadoras Links LS: “Es inevitable que la información en los libros topográficos se vayan a usar en la realidad virtual. Usted y sus amigos jugando el green contra Jordan Spieth – en vivo – desde un ‘green’ donde una semana antes él embocara un putt monstruoso para ganar un major. Podría hacer que los libros topográficos que conocemos hoy parezcan de la Edad de Piedra en comparación.”
Dependiendo de su punto de vista, eso puede ser sumamente genial u otro salto tenebroso hacia el futuro.

SÍ, LOS PROS SOLÍAN JUGAR SIN CONOCER LAS DISTANCIAS EN YARDAS
Antes de que existieran los mapas topográficos existían los libros de yardas. Y su historia va mucho más allá y traza un recorrido más envolvente que cualquier profesional del PGA Tour de la actualidad probablemente imaginaría – o recordaría. A fines de la década del 40, un talentoso aficionado del sur de California llamado Gene Andrews comenzó a contar las yardas desde puntos específicos de la cancha hasta el centro de los greens. Jugador de la Copa Walker y campeón del U.S. Public Links en 1954, Andrews defendía su método y la correspondiente habilidad para ayudar a elegir el palo y trató de transmitir la palabra a sus colegas aficionados. Pocos escucharon, ninguno obedeció.
Sin conocer a Andrews, jugar según las yardas se estaba desarrollando independientemente en Bethesda, Maryland, por un chico de 17 años llamado Deane Beman. Sí, ese Deane Beman. El futuro comisionado del PGA Tour, ignorando completamente lo que estaba haciendo Andrews, anotó algunas yardas en su tarjeta de score en el U.S. Open 1955 en Olympic. Es lo que se conoce como “descubrimiento múltiple.”
“Solía ir a una cancha de fútbol y practicaba contar tres pasos para ponerlos como yardas junto a los hoyos en mi tarjeta,” dice Beman, retirado y viviendo en Ponte Vedra Beach.
“Llegó el punto en el que en distancias de 100 yardas rara vez me equivocaba por más de un par de yardas. Caminaba las canchas antes de jugar, midiendo desde árboles, boca de riegos y bordes de bunkers.”
En la Copa Walker en 1959, Beman le mostró su método a uno de sus compañeros de equipo, un adolescente grandote llamado Jack Nicklaus. “Jack solía protestar cuando me veía anotar las yardas,” dice Beman. “No estaba para nada interesado. Luego, en el U.S. Amateur 1961 en Pebble Beach, empezó a copiar mis números en su tarjeta de score. Nunca más miró hacia atrás. Jack era mucho más influyente que yo – después de convertirse en pro, muchos jugadores empezaron a mandar a sus caddies a medir las distancias.”
El fenómeno no fue particularmente organizado o sistemático. Pero dio un pequeño salto cuando Ernest (Creamy) Carolan, el caddie de Arnold Palmer, comenzó a laminar las páginas de su libro, dispersando su popularidad y elevando el estándar de precisión.
“Hacia 1972 fue cuando realmente empezó a despegar,” dice Steve Hulka, caddie de David Graham durante ese período. “Recuerdo grupos de caddies, cuatro o cinco de nosotros a la vez, contando las yardas y compartiendo la información. Todos usábamos un libro de yardas. La medida a ojo había muerto.”
Comenzó la comercialización, según Hulka, en 1976, cuando el caddie George Lucas comenzó a vender sus libros dibujados a mano y meticulosamente fabricados por U$5. Fue Lucas quien dibujaba réplicas coloridas en sus libros, tales como “E.C.D.Q.P.U.T.M” (En caso de que pegues un tiro de m….) para indicar lugares dónde no ir.
El punto de inflexión llegó en 1996, cuando el caddie Cayce Kerr comenzó a medir con un láser Swarovski que había comprado en Europa, vendiendo modelos a jugadores y caddies – a un precio inflado.
“Eso cambió todo,” dice Hulka. “El láser no miente, así que el viejo método de caminar con una rueda calibrada o usar un cordel de pesca se había ido para siempre. Lo gracioso es que George Lucas encontró un modelo Bushnell más barato en un catálogo de Cabela, algo que llegó a destrozar el negocio paralelo de Gayce.”
Los libros de yardas como los que conocemos hoy aparecieron en 2003, cuando Mark Long empezó a distribuirlos a través de su empresa, Tour Sherpa. Existen algunas resistencias a los mapas topográficos, pero para cada jugador, solo sus palos son más importantes que el libro de yardas moderno. —GY