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¿La última respuesta de Brooks Koepka a sus críticos? Solo otro título importante

Koepka

A Brooks Koepka no le importa lo que pienses de él. En sí mismo, eso no significa mucho, hasta que siente que no se le hacen suficientes preguntas, que no aparece lo suficientemente alto en la página principal de ESPN.com o no lo nombran como un “notable” en las salidas de un campeonato importante.

No hubo ambigüedad al respecto el domingo por la noche en Bellerive Country Club. Lo resaltó con la misma fuerza que aplica a uno de sus drives.

“No me importa lo que digan los demás”, dijo con toda naturalidad después de conseguir su tercer Major en los últimos 14 meses y el segundo en los últimos dos. “Intento agradecer a los fanáticos tanto como puedo. Pero siempre habrá gente que te odie. Simplemente tienes que seguir adelante y usar eso como motivación”.

La espalda de Koepka es tan ancha como “Show Me State” (el apodo con el que se conoce a Missouri) y el chip que llevaba tan grande como el Gateway Arch. Es esa la creatina para sus vastos talentos. Su victoria en el PGA Championship fue tan impresionante como una de sus sesiones de gimnasio: el domingo del US Open de este año levantó más de 100 kilos 14 veces la mañana antes de la ronda final, y luego derrotó a Shinnecock con el tipo de golf con matices que contradice a sus abultados bíceps.

Koepka sometió a Bellerive, un lugar ruidoso, largo, cargado de golpes repetidos, que se veía más como un campo común del PGA Tour que como una cancha de Major del estilo clásico, evitando los hierros con un driver tras otro, atacando con impunidad desde el tee y encontrando esos greens grandes y suaves en su camino a una victoria por dos golpes. Lo que hizo aún más impresionante su victoria fue el pelotón de aspirantes al título que resistió en el último día, incluidos Tiger Woods y Adam Scott.

Jugando dos grupos por delante de Koepka, Woods volvió el tiempo atrás otra vez, y cargó en múltiples ocasiones contra el líder, generando que cada rugido fuera más fuerte que el anterior. Tiger cerró la ida con 32 golpes, bajando el par 5 del hoyo 8 después de un gran escape desde el bunker al costado del green, y enseguida con un gran approach de 172 yardas desde el espeso rough, para dejarse un putt de tres metros.

“Se podía oír un rugido diferente cada 30 segundos”, dijo Koepka. “Es bastante obvio cuando Tiger hace un birdie. Creo que todos en el campo lo aplauden”. Que la gente no fuera por él no parecía molestarle al Hércules de 28 años.

“Recuerdo que el rugido más fuerte que escuché fue cuando estaba golpeando mi putt en 8”, dijo. “Cuando [Tiger] hizo ese putt [en el 9], y todo el mundo estaba rugiendo, yo me sentí bien, pensé: “de acuerdo, solo haré esto y traté de superar aquello”.

Y lo hizo, haciendo rodar cómodamente su putt de un metro para estirar la ventaja a dos. Fue el segundo de tres birdies consecutivos, tras el cual corrigió con un gran approach una salida al bunker del fairway.

Koepka

Hubo otros contendientes, incluido su ídolo y compañero de juego del día, Adam Scott, así como el campeón defensor, Justin Thomas. Todos se cayeron en algún punto de la vuelta.

Scott luchó valientemente con cinco birdies en siete hoyos, incluyendo uno en el par 3 del 13, y respiró en la nuca de Koepka, empatando el liderazgo. Sin embargo, la respuesta de Koepka fue contundente, poniendo su wedge en la bandera en el 15, para luego dejar un hierro 4 de 247 yardas a dos metros en el par 3 del 16. Dos birdies y juego terminado.

Koepka ni siquiera se molestó en marcar su último putt dos hoyos después para finalizar la victoria, en otra señal de indiferencia, a pesar de que Scott le hizo señas para que pudiera tener el escenario para él solo. En cambio, lo embocó y le dio un leve toque de gorra como saludo a la multitud. En la 100ma. participación de su carrera en un torneo del PGA Tour, Koepka ganó la edición N° 100º del PGA Championship, con el récord del campeonato de 16 bajo par (264 en total) que incluyó dos vueltas de 66 el fin de semana (y un récord de 63 el viernes).

“Fue un láser”, dijo su caddie Ricky Elliott sobre el tiro en el 16. “Tuvo que presionar el botón. Tuvo que hacer un par de birdies para darse esa ventaja en los últimos hoyos”.

“El wedge en el 15 fue realmente bueno después de haber perdido algunos putts. Pero el golpe que dio en 16 no podía creerlo. Lo necesitábamos en el medio del green, para dos putts, y él dijo ‘Dame el hierro 4’. Lo dejó a 10 yardas [de la bandera] y corrió hasta el hoyo. No puedo saber lo que estaba pasando por su cabeza”.

“Tengo mucha confianza en mí mismo”, dijo. “Sabía que, incluso hoy, cuando todos estaban viniendo desde atrás, si simplemente me mantenía allí, haciendo un buen golpe por vez, me mantendría en marcha. Sabía que iba a tener la oportunidad de escaparme un poco más en la punta”.

“Cuando ganas un Major, estás en una categoría diferente”, dijo su entrenador de swing, Claude Harmon. “Cuando ganas dos, estás en una categoría diferente. Y cuando ganas tres Majors estás en una liga diferente. Siempre se vio a sí mismo como alguien que podría ser ese jugador. Él no recibe muchas preguntas y bromeamos al respecto. Él es el actual campeón del Abierto de Estados Unidos. Hace uno menos el jueves y no recibe una sola pregunta [por parte de los periodistas]. Si crees que eso pasa desapercibido, no es así”.

No pasará sin reconocimiento a partir de ahora. El último triunfo de Koepka lo coloca en una atmósfera superior, y casi seguramente le otorgará los honores como Jugador del Año, tanto de sus pares como de los cronistas especializados. Ya tiene un currículum de Salón de la Fama. ¿Siente que finalmente obtendrá el respeto y el aprecio que tanto anhela?

“Eso espero,” dice Koepka.