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Jon Rahm, ¿Puede este chico de 22 años ganar un major?

JON RAHM TIENE MUCHO JUEGO Y EL TALENTO DEL VIEJO MUNDO
Los 102 kilos, poco más o poco menos, de Jon Rahm no se encojen dentro de su marco de 1,90mts. Por el contrario, se asientan con un grosor parejo, proporcionándole un balastro natural que históricamente ha contribuido a los genios del palo y la pelota. No es que Rahm sea lento y pesado. Observar al español hacer el swing con el driver es recordar que los mamíferos grandes suelen moverse con una velocidad sorprendente. ▶ Si uno observa su rostro, Rahm (pronunciado Rom) se parece a un joven Stallone, la fuerte estructura ósea suavizada por párpados inferiores caídos, una razón valedera por la cual su sobrenombre Rahmbo llegó para quedarse. En cuanto al golf, las mejores comparaciones pueden ser con el grandote, explosivo, explotador de los driver de persimmon Jack Nicklaus, circa 1962. O un Roberto De Vicenzo en su mejor momento, el fornido argentino conocido por su movimiento maravilloso y su impacto puro. ▶ En estos días en el golf profesional, los jugadores potentes no son inusuales. Muchos jóvenes han sido proyectados al éxito, pero las velocidades sobresalientes de pelota y vuelos de pelota majestuosos por sí solos no consiguen bajos scores. Muchos de los que pueden pegarle no pueden jugar el chip y el putt. Dustin Johnson sufrió ese síndrome hasta que empezó a trabajar duramente y llegó a ser el Nro. 1 del mundo. En cambio, lo que hace diferente a Rahm es que es completo. No se puede discutir que tiene más juego en su bolsa a los 22 años que todos menos uno de los mejores jugadores jóvenes que surgieron desde la década del 90. Entre Phil Mickelson, Ernie Els, Tiger Woods, Sergio García, Jason Day, Rory McIlroy y Jordan Spieth, solo Woods a los 22 era tan completo como Rahm.
Una letanía de cifras cuenta gran parte de la historia. Rahm comenzó su carrera profesional en junio pasado y aseguró su tarjeta terminando empatado en el tercer y segundo puesto en sus cuatro primeros eventos. En su primera victoria, en Torrey Pines en enero, cerró el show con un drive y una madera 5 al fondo del green y un mágico putt de 20 metros para águila. Rahm siguió esa victoria con un empate en el puesto 16, empate en el 5to puesto y en el tercero antes del WGC-Match Play. Durante el día final en Austin, Rahm pegó un drive de 426 yardas en su victoria en la semifinal contra Bill Haas y un drive de 438 yardas en su derrota 1 abajo contra Johnson en la final.
Las cifras promedio de Rahm en el monitor de lanzamiento están muy cerca de lo óptimo – velocidad de pelota de 284,8 kilómetros por hora, velocidad de la cabeza del palo 188,8, 12 grados de ángulo de lanzamiento, 2.200 revoluciones por minuto. “Él puede realmente dominar cualquier golpe – bajo, medio, alto, derecha a izquierda, derecho, izquierda a derecha – mejor que casi cualquier jugador en golf,” dice Keith Sbarbaro de TaylorMade. “Y su cuerpo está cada vez más acondicionado, su velocidad de pelota (que ha producido promedio de distancias con el driver de 302,7 yardas, 22do en el tour) será cada vez más rápida.”
Antes de su primer Masters, Rahm estaba cuarto en el tour en golpes ganados totales, segundo en golpes ganados de tee a green, y tercero en golpes ganados con su driving. También había subido hasta el puesto 12 en el ranking mundial en solo 17 participaciones como profesional, habiendo conseguido más puntos en esta temporada que cualquier otro jugador excepto Johnson. Y cuando el European Tour empiece a tabular los puntos clasificatorios para la Copa Ryder 2018 que se jugará en las afueras de París, los posibles números sostendrán la promesa de un agregado transformador al equipo.
“Jon no tiene debilidades,” Mickelson dijo en enero. “Cada parte de su juego es una fortaleza. Yo creo que es más que un buen jugador joven – creo que es uno de los mejores jugadores del mundo.” El comentario parecía un ejemplo de la exageración de Lefty con un aumento de nepotismo, dado que el coach de Rahm en Arizona State, y ahora su agente, es el hermano menor de Phil, Tim. Pero luego de la racha de primavera de Rahm, Phil fanfarroneó, “él continúa demostrándolo.”
“No creo que haya un solo jugador aquí que discuta que él está entre los mejores cinco, diez jugadores en el mundo,” dijo Haas de Rahm, antes de su partido en Austin. “Está hambriento. Quiere más. Quiere un major. Se le nota. Tiene eso que lo hará un gran ganador en el tour.”
Johnny Miller presiente un futuro aún más brillante, diciendo que Rahm tiene futuro Nro. 1 “escrito en su frente.”
Ya es una certeza que Rahm, que terminó empatado en el puesto 23 como mejor aficionado el año pasado en Oakmont, estará entre los favoritos en Erin Hills.
“Creo que mi juego se adapta bastante al U.S. Open,” dice Rahm, con acento español mitigado por su impresionante vocabulario inglés obtenido después de cinco años de vivir en los Estados Unidos. “Es sumamente importante ser preciso desde el tee, lo cual soy. Tengo un buen juego corto y una buena sensación con el putter también. Es uno que podría ganar.”
La confianza de Rahm es prosaica. Admira a Johnson, con quien comparte la potencia y la posición inclinada similar de la muñeca izquierda en el tope del swing. “Estoy empezando a creer que es una ventaja,” dice Sbarbaro. “Ambos jugadores tienen la menor rotación del palo a través del impacto que cualquiera que haya visto.” Después de perder ante DJ en el WGC-Mexico Championship, donde Rahm lideraba con tres hoyos por jugar, subió un tweet de buena fe diciendo que esperaba poder tener la revancha en un domingo cercano. También dijo que su objetivo era ganar 19 campeonatos mayores, si bien ha tratado de apaciguar ese punto de discusión con una frase estándar, “solo quiero ser el mejor golfista que pueda llegar a ser.”


‘Los muchachos con cero [puntos] tenían que bajarse los pantalones, ropa interior, todo… Créanme, eso era mucho peor que tener que embocar un putt para ganar un torneo.’


EL ALMA LIBRE SE ADAPTA
“De donde yo vengo, somos por lo general gente fuerte y confiada,” dice Rahm, quien creció en la ciudad de Barrika, de la costa Vasca (pob. 1.500). “Pueden llegar a ser un poco arrogantes, pero no creo que sea una de mis características.”
La inteligencia sí lo es. Llegó a ASU en 2012 con casi ningún conocimiento de inglés, habiendo sido reclutado por Tim Mickelson sin haberlo visto siquiera, pero dependiendo de un intercambio de e-mails. “Soy una especie de alma libre, pero fue duro,” dice Rahm de sus primeras semanas en Tempe. “No podía sonreír mucho porque no sabía qué estaba pasando. Probablemente hubo muchos chistes que me perdí el primer mes de universidad.”
Mickelson admite que pasado el mes de ese primer semestre, pensó que Rahm no iba a volver después de la Navidad. Pero con la ayuda de su compañero de habla hispana, Alberto Sánchez, y un improvisado curso intensivo de memorización acrobática de canciones de rap, en particular “Love the Way You Lie” de Eminem y “Swimming Pools” de Kendrick Lamar, Rahm se recuperó para conseguir un promedio de notas de 3,6 en su primer semestre y graduarse con un promedio de B en comunicaciones. A lo largo del camino ganó 11 eventos universitarios, empatando el récord de Phil Mickelson, se convirtió en el aficionado Nro. 1 del mundo, terminó quinto en el Phoenix Open 2015 y fue el primero en ganar el premio universitario de golf Ben Hogan en años consecutivos.
“La mejor palabra para describir a Jon es genuino,” dice Tim Mickelson. “Hubo muchos rumores de que se convertiría en profesional antes de tiempo, pero él me dijo que se había comprometido a graduarse. Nunca dudé de él. Podía saber qué tipo de chico era por sus padres, quienes nunca preguntaron por el golf. Su enfoque estaba puesto sobre Jon el alumno y la persona.”
Es un paquete completo, pero el Factor X del éxito de Rahm como jugador puede ser su afinidad con el juego corto. Para su tamaño y fortaleza, él es en el fondo un jugador de toque y sensación, igualando el estereotipo de las “manos españolas” establecido por los mejores golfistas de su país Seve Ballesteros y José María Olazábal. Si bien Rahm adora al difunto Ballesteros, es por las historias de su carisma y presencia más que por su juego, algo que era demasiado joven para poder apreciar. Y si bien Rahm siente un gran respeto por Olazábal, un compatriota vasco, no ha habido mucho contacto entre ellos. El don de Rahm es el producto de varios factores distintos.
Los padres de Rahm empezaron a jugar golf después de asistir a la Copa Ryder 1997 en Valderrama, donde Ballesteros fue el capitán victorioso. Edorta Rahm, un vendedor de la industria petrolera, es un devoto de los deportes extremos, incluyendo escalar montañas y rocas, paravelismo, paracaidismo y esquí de las altas montañas. Ha escalado el Monte Blanco, la montaña más alta en Europa, varias veces. “Básicamente cualquier cosa menos golf,” dice Jon. “El tipo de deportes donde un error tiene consecuencias serias. Él es muy disciplinado y un gran competidor.”
La madre de Rahm, Ángela, es una partera, un alma bondadosa que practica tai chi. “Ella es la parte sensible de la familia,” dice Rahm. “Siempre interesada en qué estaba sintiendo yo más que cómo me estaba yendo. Ella siempre ha dicho que su objetivo para mí es que yo sea feliz. Siempre me enseñó a preocuparme más por la gente y ser amable en general. Creo que mi personalidad es lo mejor de ambos.”
Dice el padre de Rahm: “Cuando juega a las cartas con su abuela, le quiere ganar.”
Rahm tenía 8 cuando empezó a ir a clubes de golf de la zona con sus padres y su hermano mayor, Eriz. Mientras tanto, Jon estaba sobresaliendo en otros deportes. Era arquero en fútbol y se destacaba en pelota, una versión vasca del jai alai jugado con un bate de madera delgado y chato que requiere de una coordinación excepcional entre los ojos y las manos.
Luego de mostrar aptitudes inmediatas en golf, Jon se anotó para tomar clases grupales para menores. La docena de chicos – Jon era el más joven – empezó a pasar la mayoría del tiempo alrededor del green de práctica, lugar que se convirtió en el refugio de Rahm.
“Todo lo que hice fue inventar golpes alrededor de los greens, probando los más difíciles con distintos palos,” dice. “Era lo contrario de depositar 50 pelotas en el suelo y jugar el mismo chip una y otra vez. Eso no es divertido.”

ESO SI ERA PRESIÓN
Un grupo podría haber estado inspirado en el Señor de las Moscas. “Pasábamos de un golpe al otro hasta que alguien la dejaba más cerca del hoyo seis veces,” dice Rahm. “Pero si tenías cero cuando eso sucedía, había castigos, como dar dos vueltas al putting green de rodillas, lo cual no es fácil. Pero lo peor era cuando los muchachos con cero puntos tenían que bajarse los pantalones, ropa interior y todo, hasta los tobillos, y no podían volver a subirlos hasta que ganaran un hoyo. No querías estar en cero cuando alguien con cinco la dejaba cerca con su chip. Eso no era solo presión, era terror absoluto. Créanme, eso era mucho peor que tener un putt para ganar un torneo.
“Nunca tuve que dejar caer mis pantalones, pero estuve cerca,” dice Rahm. “Una cosa que aprendí por observar fueron las cosas increíbles que una persona puede hacer bajo presión. Porque muchas veces, más seguido de lo que uno creería, el chico con cero podría lograrlo de algún modo. Y la otra cosa buena era que te ayudaba a desarrollar ese instinto asesino. Porque si ganabas los primeros hoyos sentías que si ganabas los próximos cuatro, todos tendrían que bajarse los pantalones. Eso sucedió un par de veces.”
Su juego corto tenía que estar afilado para anotar. Si bien Rahm evolucionó hacia un creador de golpes controlado, ese no fue el caso cuando niño.
“Yo le pego a la pelota por todas partes,” dice. “Cuando era menor, probablemente mi juego corto era mejor que ahora, porque tenía que usarlo mucho más. Si jugaba bien, acertaba nueve greens por vuelta y anotaba cinco bajo el par. Solo porque en los pares 5 estaba cerca del green y sacaba approach y putt todas las veces. Yo le decía ‘el hospital’ a mi juego corto. Cuando el juego largo estaba enfermo, es allí donde lo llevaba para mejorar las cosas. Yo pasaba mucho tiempo en el hospital.”
Broc Johnson, un ex compañero de equipo de Arizona State que llama a Rahm “un oso de peluche grande,” ha visto la destreza de Rahm. “Incluso bromeando,” dice Johnson, “podía pegar mejores golpes globos con su hierro 4 que el resto de nosotros con nuestros wedges de 60 grados.”
Rahm mejoró su impacto de pelota cuando empezó a trabajar con el profesor vasco, Eduardo Celles, en un range desprolijo con alfombras. “Cuando fui a verlo a Eduardo a los 13,” dice Rahm, “era más grandote que cualquiera de mi edad y mi obsesión era pegar draws fuertes con un grip muy fuerte, solo tratar de pegar kilómetros de largo. Él dijo, ‘¿Qué estás haciendo? ¿Cuál es el sentido? Tienes un juego corto increíble y es por eso que haces buen score. ¿Pero por qué mejor no la pones en el fairway y el green y haces muchos más birdies de lo que estás haciendo ahora?’ Él debilitó mi grip y acortó mi swing. Me dijo que no perdería distancia. Pensé que estaba loco, pero no lo hice. Para cuando cumplí 15, era mucho mejor con todo y seguía mejorando. No había nada que decir.”
Agrega Celles: “Cuando tenía 14, él empezó a hacer grandes progresos. Un día estábamos practicando, se dio vuelta y con una mirada seria pero muy tranquilo me dijo, ‘Eduardo, voy a ser el campeón del mundo.’ Había tanto convencimiento en esa voz, que me llamó la atención. Él era solo un chico pero pensé, recuerda este momento. Porque él me hizo pensar que podía hacer lo que había dicho.”
Celles sigue siendo el único profesor de Rahm, si bien Jon trata de no depender demasiado de él. “Eduardo también hizo un gran trabajo al enseñarme cómo funciona la mecánica de mi swing y cómo corregirme a mí mismo,” dice Rahm. “La mayoría de las veces conozco la corrección, pero si no es así, le envío un mensaje de texto y por lo general da en el clavo. Eso sucedes tal vez cuatro o cinco veces en el año y luego trabajamos cuando vuelvo a casa en diciembre. Pero trato de hacerlo yo mismo.”
No es correcto decir que Rahm no posee debilidades. La más evidente, y la que él admite, es su temperamento. En ASU rompió una bolsa de palos por enojo en su primer partido, haciendo que Tim Mickelson lo enviara a subir corriendo las gradas del estadio de fútbol. Rahm ha hecho grandes avances para controlar su compostura, pero en la final contra Johnson en Austin, se obnubiló luego de fallar un corto putt en la ida, lo que lo llevó a perder cinco de seis hoyos. “Ojalá hubiera podido manejarme mejor,” dijo Rahm unos días más tarde. “Está claro que soy un jugador emocional y eso puede presentar desafíos. Pero oiga, eso es golf, es la vida y es algo que necesito aprender y asegurarme de no volver a hacer.”
Es muy probable que sea un proceso en marcha. Rahm comenzó a trabajar en esta área con mucha dedicación en su ante último año en ASU, cuando pidió la ayuda a el psicólogo deportivo Joseba del Carmen, de su ciudad natal. Un ex jugador profesional de básquet y oficial de policía retirado, del Carmen pasó parte de su carrera dentro de las fuerzas de la seguridad especializado en desactivar bombas terroristas. “Así que si hay alguien que conoce la mente, es él,” dice Rahm. “Joseba trabaja con mis verdaderas emociones y cómo afecta eso mi juego y mi vida personal. Realmente, la cosa principal en la que hemos trabajado es en la vida en general. Siempre puse al golf como lo Nro. 1 en mi vida. Pero él me ha ayudado a entender que cuanto más feliz sea fuera de la cancha, mejor jugaré. Es por eso que cuando estoy fuera de una cancha, trato de no pensar en golf. Y ha sido muy importante.”
“Solo espero que no le hagamos caer demasiadas expectativas sobre él, para que no pierda la alegría,” dice el capitán del equipo europeo de la Copa Ryder Thomas Bjorn. “Porque esa alegría es la que lo está ayudando a hacer las cosas que está haciendo ahora.”
Rahm, quien vive en Scottsdale, tiene una novia, Kelley Cahill, una ex lanzadora de jabalina en ASU a quien conoció en su primer año. Además de ser una estrella de Instagram, ella es una cocinera excepcional quien organizó la dieta del amante de la comida Rahm y lo alentó para que trabajara en el gimnasio y lo llevó de 113 a 102 kilos.
“Kelley es quien me ha hecho sentir mejor y jugar mejor al golf de manera consistente,” dice Rahm. “Nunca olvidaré cuando la llevé a España por una semana. Era su primera vez en el país y yo le iba a dedicar todo mi tiempo a ella. Pero el primer día se despierta y me dice, ‘¿No vas a practicar hoy?’ Y le dije, ‘No, no mientras estés aquí.’ Y ella respondió, ‘No, tú necesitas practicar.’ Ella siempre apoya mi carrera. Y sin importar nada más, ella cree en mí.”
De cara a Erin Hills, más y más gente está sintiendo lo mismo por Jon Rahm.

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