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Marcelo Longobardi: Golf, pasión y familia

Longobardi

Apenas das un paso dentro de la cómoda oficina de su casa, notarás que Marcelo Ernesto Longobardi, líder de la primera mañana en radio hace ya muchos años, es un fanático empedernido del golf. Cualquier entusiasta de este deporte, soñaría con atesorar algunas de las cosas que el conductor de ´Cada Mañana´ en radio Mitre tiene en ese santuario golfístico, conocido como “su lugar de trabajo”. Banderas de cada una de las canchas que ha jugado; Turnberry, The Old Course St. Andrews Links, KingsBarns, Royal Dornoch, Pebble Beach, Muirfield, Royal Troon, Royal Birkdale y siguen la firmas, scorecards, marcas, pins y bolsas originales de las más selectas canchas de golf en el mundo entero.

-¿Llegás al golf por tus hijos?
“Franco, el mayor de mis hijos arrancó a los tres años, yo jugaba al futbol, vivíamos en un country que tenía una canchita de Par 3 (Village Golf & Tennis Club). Un día le compramos un juego de palos, y yo arranqué para acompañarlo a él, después se sumaron mis otros dos hijos (Gastón e Ignacio). Me acuerdo que una vez fui al driving de la Costanera y me compré un juego de palos usados Mc Gregor. Jugué mi primera ronda de golf en una cancha que no fuera Par 3 en el Pilar Golf Club. Arranqué después de los 30 años, no era deportista, vine formateado para el trabajo, nunca tenía tiempo para mí. Con el golf descubrí algo que me desconecta, que me gusta mucho y hace que me libere de la presiones, me aleja del stress, es un eje central de mi vida. Yo juego solo por placer, no salgo con gente por trabajo, apago el celular, no voy a torneos de empresas ni laguneadas. Me encuentro conmigo mismo, con esa dramática búsqueda de la perfección que significa el golf. Una vez le pregunté al Dr. Harry Leibovich, una de las grandes eminencias en psicología aplicada al deporte, por qué jugamos al golf. Sabiamente me respondió ´el verde es la naturaleza, el blanco es la pureza y el hoyo es el vientre de la madre, el golf es una vuelta a la creación´, no indagué más.”

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-Decías que amas la competencia, pero casi que jugas exclusivamente con tus hijos.
“Si, en Argentina no hay torneos interesantes para los jugadores de hándicap medio en los clubes, no hay circuitos competitivos, ni rankings. Soy muy crítico con la organización del golf amateur. Los clubes deberían estar más conectados con las necesidades de los golfistas. En mi club (Buenos Aires Golf) hay cuatro torneos en todo el año; un match play, un medal y dos fourball. Esto sucede en casi todas las instituciones. No sé si es algo que les preocupe a todos, tal vez sea yo el raro. Están los interclubes, los torneos de la AAG, pero esos son para los buenos jugadores y no para un tipo de 15 o 20 de hándicap.”

-¿Debe ser también complicado ir a jugar al golf y que te hagan preguntas sobre política?
“Yo por ejemplo, me tuve que borrar del Olivos por eso, iba a jugar y me acosaban con preguntas sobre la actualidad del país, eso en Pilar Golf y el Buenos Aires no me ocurre, porque ya me conocen. Yo no juego con el golf cart, solo caminando, el carrito es inaceptable. No me interesa la tecnología, las yardas al green me las canta ´el negro´ Baez (Luis, el caddie de la familia de toda la vida). Por momentos siento que el golf en Argentina es más una experiencia inmobiliaria que deportiva, los clubes no atienden las necesidades de los golfistas, yo me rebelo contra esto”.

-Una frase que te define dice que lo que más disfrutas en la vida es jugar al golf con tus hijos, ¿cómo empezó esto de viajar cada año a Escocia con ellos?
“Se mezclaron tres o cuatro cosas simultáneamente. Siempre me pareció fascinante el link de golf, imaginaba algo que pude después comprobar; los links son lugares densos, oscuros, el piso tiembla hay una energía especial. Hay mucha diferencia entre jugar en St.Andrews, Carnoustie o Royal Birkdale, que en Miami. En 2008 yo llevaba ocho años de trabajar intensamente en Radio 10, casi sin vacaciones. Un día me di cuenta que no daba más, hablé con el dueño de la emisora y le dije, ´me estoy perdiendo a mis hijos´. Yo estaba siempre conectado con ellos, pero iban creciendo y dejaba de compartir cosas. ´Me quiero ir a Escocia´, fue el textual que le expuse a Cristóbal López. Ni me acuerdo porque me salió esa frase. La radio me regaló los pasajes, armamos algo rápido y nos fuimos a jugar. Nada que ver a la sofisticada organización que tenemos ahora. Fue una experiencia muy fuerte; jugar con tres hijos que son casi scratch, en la cuna del golf. Armamos los dos equipos que aún se mantienen, Franco y Gastón por un lado e Ignacio y yo por el otro. Son los famosos Team A y B, siempre perdemos aunque una vez logramos un inolvidable empate en Turnberry. Ahí se mezcló todo, mi pasión por los links, estar con mis hijos, el deseo de escaparme aunque fuera una semana de Argentina. Me acuerdo que en el último almuerzo, resolvimos entre los cuatro volver cada año. Ahí nació la tradición de que el último día de cada viaje, organizamos el próximo, dándole lugar al nacimiento de Longo Travel. Como consecuencia de los viajes, comenzamos a jugar mucho en Escocia, Irlanda y el resto de Europa, vamos mezclando canchas repetidas con nuevas.

“Si tuviera que pagar una entrada para ver a algún golfista, lo haría para ver a Tiger Woods, también por Phil Mickelson”, dijo Longobardi.

– ¿Todas con historia como sedes de British Open y Ryder Cup?
Hace algunos años comenzamos a ir también a Royal Dornoch, una cancha que me recomendó Paco Aleman; ´Andá que es la más divertida de Escocia´. Yo no la conocía porque no forma parte de la rotación del British, el club tiene 400 años, está lejos de las grandes ciudades y la última reforma estuvo a cargo de Donald Ross. Nos fuimos para ahí, Dornoch es un pueblo muy chico, al norte de Escocia, donde hay un fiordo. Me enamoré de ese lugar, me ofrecieron ser miembro y acepté. El fee anual es de poco más de U$400. Como consecuencia de nuestras visitas a Dornoch, nos invitaron a Skibo Castle, un lugar muy exclusivo donde por ejemplo Michael Douglas y Greg Norman son miembros (en el Carnegie Club, dentro de Skibo, se casaron Madonna y Guy Ritchie).

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-¿Cómo se organizan?
Obviamente para poder disfrutar de estos viajes hay que tener todo planeado; sobre todo para conseguir los tee times. Diez meses antes del viaje, abren las planillas de St.Andrews, que obviamente es la más difícil, una vez que tenemos la salida ahí, armamos el resto. Me imaginaba el Old Course como un lugar muy custodiado, de difícil acceso. Pero es todo lo contrario, hasta dejan las banderas puestas a la noche, no hay rejas, ni guardias, está todo abierto. He caminado la cancha a las 1AM y te cruzas con la gente del lugar que están paseando sus perros. Hay tres maneras de conseguir los tee times; por sorteo, a través de una agencia escocesa que te vende el paquete turístico con la salida incluida o reservar a través de la página de internet; esa es la modalidad que elegimos y a partir de St. Andrews armamos el resto de las canchas. Hacemos muy pocas pausas, en dos semanas son mínimamente 10 rondas de golf. St. Andrews no es mi preferida, obviamente es un lugar muy especial, que tiene mucha energía, es muy potente, de hecho este año nos invitaron a conocer la R&A (The Royal and Ancient Golf Club of St Andrews, fundado en 1754) y me conmovió ver el cartel pegado con el nombre de Roberto De Vicenzo al lado del de Arnold Palmer, le saqué muchas fotos. Roberto sigue siendo ahí una persona reverenciada.

-¿Cuál es la cancha mejor rankeada por los Longobardi?
Por consenso general, nuestra cancha preferida es Ballybunion Golf Club, diseñada por Robert Trent Jones, que está en la provincia de Munster en Irlanda del Sur, es la mejor que hemos conocido, es completamente increíble. Según Tom Watson es la mejor del mundo. La cancha está metida en un sistema de dunas muy altas, cavada dentro de las mismas, a tal punto que algunas partes y varios fairways están por debajo del mar. Llegas por un camino de una sola mano, si viene un camión tenés que correrte, está cerca de un pueblito perdido llamado Ballybunion, el golf ahí es bastante informal. Turnberry en South Ayrshire en Escocia (hoy de Donald Trump) está segunda en nuestra lista de preferidas. La hemos pasado muy bien en esa cancha, al estar al oeste de Escocia tenés el atardecer sobre el mar, es una experiencia mística. En ese lugar vivió el rey de Escocia, Robert The Bruce (Roberto I, rey entre 1306 y 1329). Los restos de su castillo estaban cerca del tee del hoyo 9, antes de la reforma de Donald Trump, el candidato a presidente de los Estados Unidos lo sacó y con los ladrillos hizo un puente que conecta el fairway con el green del hoyo 16, no entiendo cómo se lo permitieron hacer. La cancha fue construida en 1906 y destruida por completo en ambas guerras mundiales, ya que el hotel fue utilizado como hospital de la RAF (Real Fuerza Aérea Británica). Los restos de las pistas de aterrizaje están todavía, diseminados en el medio la cancha. Hay un monumento muy fuerte, entre los hoyos 12 y 13, en homenaje a los soldados escoces caídos en las dos guerras mundiales. En tercer lugar pondría Dornoch, a pesar de ser una cancha que no aplica para el Abierto Británico, es muy especial, recién después pondría a St. Andrews.”

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-¿Siempre llevás la bolsa de palos en tus viajes?
“En mi vida no concibo vacaciones sin golf, no hay ninguna posibilidad. Por mi trabajo tengo dos vacaciones planificadas; la de julio en Escocia y en el verano al Llao Llao de Bariloche o a República Dominicana, ambos destinos para jugar al golf. Mis hijas (Clara y Delfina, mellizas de 10 años y Josefina de 7) aun no juegan, pero van en camino a hacerlo, no les queda alternativa. Mis hijos varones están creciendo, no sé por cuánto tiempo más me acompañarán a los viajes, ya estoy pensando en el reemplazo por mis hijas.”

-Sos un coleccionista empedernido de memorabilia de golf; tenés bolsas de palos de distintos campos, scorecards, marquitas, banderas, libros, etc. Debe ser una de las colecciones más completas que se pueda encontrar por estos lados.
“Yo empecé a coleccionar elementos de golf no por las cosas en sí, sino porque eran recuerdos de los viajes que iba haciendo con mis hijos, ese fue el sentido original. Lo primero que guardé fue un dibujo que me hicieron ellos tomándome el pelo sobre el desastre que había hecho en un bunker del hoyo 6 de Turnberry. Guardo pelotas, tarjetas y libros de las canchas en las que jugamos. Tengo unas 100 remeras que guardo y vestí en distintas canchas. El baúl de mi auto es un pro shop; hay una bolsa, cuatro pares de zapatos, pelotas, guantes, paraguas, etc. Nunca me pasó que tenga una vuelta de golf improvisada; pero estoy listo por cualquier cosa que ocurra”

“Me imaginaba el Old Course como un lugar muy custodiado, de difícil acceso. Pero es todo lo contrario, hasta dejan las banderas puestas a la noche, no hay rejas, ni guardias, está todo abierto. He caminado la cancha a las 1AM y te cruzas con la gente del lugar que están paseando sus perros”

-Contame sobre Ramón Gauto, profesor de la familia, compañero y amigo. (ver nota adjunta)
“La relación empezó a través de su hermano César, un gran profesor de escuela inicial de golf, él le enseño a mi hijo Franco. Cuando los chicos fueron creciendo, Ramón se transformó en el nuevo profe. Ambos fueron caddies del Tortugas. Hoy Ramón está dentro de mis tres mejores amigos, le entiendo la mitad de las cosas que me dice, pero es una gran persona. Dentro de la cancha es mi rival, nuestra vida está dividida en dos equipos; el A donde estoy yo y el B donde está Ramón. Al no encontrar torneos interesantes para competir en los clubes; tengo un partido de 30 vueltas anuales contra él, nos matamos y los jugamos a cara de perro, por asados. No me divierte jugar al golf por negocios, no disfruto jugar con gente que no conozco, he jugado no más de cuatro torneos corporativos en mi vida, lo mío es con mis hijos y Ramón. Soy muy competitivo, tengo una frase de cabecera que es “se me cagó el medal”, aunque estemos jugando un match play, yo siempre llevo el medal en mi cabeza. Soy un obsesivo, compito todo el tiempo conmigo mismo.”

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-¿Cómo es tu swing de golf?. Me dicen que es de postura doblada, diafragma convertido en piedra, espalda torcida. Con ese panorama, ¿Cómo se puede armar un swing para la batalla?
“Empecé a jugar de grande y esa es una limitación importante. Mi trabajo es muy exigente, me levanto de lunes a viernes a las 4 de la mañana, hago cinco horas de radio, dejé la televisión porque el combo radio/TV es mortal. Comparto trabajo con tipos como Jorge Lanata, que tiene un ritmo que te deja liquidado. Tenemos un millón de oyentes diarios y eso te chupa energía. Agregale que los últimos años fueron muy difíciles, con muchas presiones e incertidumbres, miedos y persecuciones. Entonces ese clima no ayuda para tener un buen swing de golf. Pero si vos lo mirabas a Arnold Palmer, uno de mis ídolos, pegarle con ese swing, el mío no es tan impresentable. Trato de ser instintivo, mi swing está más relacionado a las sensaciones que a la técnica.”

-¿Quiénes son tus ídolos?
“Tengo cinco ídolos, todos relacionados con el golf, no los he podido conocer a todos, me quedé con las ganas de encontrarme con Severiano Ballesteros. A Palmer lo visité en Bay Hill, donde estuve viviendo por tres días, conviviendo con todas sus cosas, al tercer día se me aparece y me pregunta ´¿De dónde sos?´, cuando le dije que era argentino, inmediatamente me retruca si conocía a Roberto De Vicenzo, ´es la persona más vieja que conozco´, tiró entre carcajadas. El tipo hacía de anfitrión de su cancha, con una educación y una humildad que conmovían. Me impresionó además como lo trataban, los empleados, los jugadores, los mozos del bar, nunca vi a una persona que la tratasen con tanto respeto y admiración como a Palmer.
Con Marcelo Mindlin (presidente de Pampa Energía) somos muy amigos. Al ser miembro de Isleworth, me invitó a jugar el ProAm del Hero World Challenge (hoy se juega en Bahamas), torneo organizado por Tiger Woods, en donde participan los mejores 20 golfistas del mundo. Fui a la radio y le expliqué al director que necesitaba irme a jugar ese torneo, que no podía perdérmelo. Participaron Jordan Spieth, Bubba Watson, Jason Day, Tiger, imagínate a los mejores del mundo. El ProAm era de tres días y a mí me tocó jugar con Hunter Mahan. Aprendí que estar dentro de las sogas de un torneo del PGA Tour, te genera una desconexión absoluta, perdés la noción del tiempo, la atmósfera es increíble. Nada te puede interferir en ese momento e indefectiblemente terminás jugando bien. Mahan es un tipo muy agradable y encima metí un putt de 28 metros en bajada con triple caída, con tribunas llenas en el green del 18. Fue una experiencia única, inolvidable. Viví una instancia superior a la concentración, que es la abstracción. Me quedó también pendiente Tom Watson, aunque todavía estoy a tiempo. El quinto es Phil Mickelson, para mi uno de los deportistas más grandes de la historia, sobre todo televisivo. Un torneo en TV sin Phil, no es torneo. Estuve una vez con Gary Player en St. Andrews, tuve mi primera actitud cholula en el golf; pedirle una foto”.

-Jugaste ProAm´s con casi todos los golfistas argentinos, ¿quién fue el que más te impresionó y con cuál tuviste más feeling?
“Con Eduardo Romero fue con quien más me he divertido, jugar con él ha sido una experiencia fantástica, al igual que con Vicente Fernández. Con Roberto De Vicenzo salí varias veces y fueron experiencias alucinantes. La primera vez que participé de un ProAm fue con el ´Gato´ Romero en un Abierto de la República en el Olivos Golf Club. Compartí la línea con dos empresarios que tenían 2 y 3 de hándicap, yo recién empezaba, en general no tengo problemas de mostrarme en público, pero confieso que aquella fue una experiencia inhibitoria. Los tres pegan el drive en el 1, largo y al medio. El tee de salida estaba lleno de gente y fotógrafos. Me paro con el driver y pego una papa de seis pasos, te juro que los conté. A partir de ahí no pude pegar ni un solo tiro más. En el hoyo 3, Romero me dice “vos tenés mal el grip”. Me da unos tips, me hace cambiar la empuñadura y no solo no mejoré sino que estuve tres meses sin poderle pegar a la pelota. Terminé yendo a un profesor, Gustavo Mastrella, para que me reconstruyera el grip. Tardé meses para sacarme el agarre que me armó el ´Gato´. Me acuerdo que en ese torneo, mi hijo Franco que tenía 12 años, me acompañó los últimos cuatro hoyos. Yo no tenía manera de poder pegarle, hice cientos de papas. “Tu viejo está en una tarde difícil, ¿por qué no le pegas vos?”, le dijo Romero a mi hijo. Franco la rompió en esos hoyos y como consecuencia, Romero se lo llevó a Royal Troon Golf Club a jugar el junior British Open. Vivió durante dos semanas con Eduardo y el ´Pato´ Cabrera en la casa que habían alquilado. Ese torneo se juega simultáneamente con el British Open y los profesionales que participan, pueden llevar a un invitado a participar del Junior. Mi ´tragedia´ golfística de aquella tarde en el Olivos, terminó siendo la gloria para mi hijo Franco.

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¿Qué hay en la bolsa de Marcelo Longobardi?
“Una docena de pelotas Titlest de números bajos, un marcador violeta, cinco o seis guantes, siempre blancos, una bolsa de medicamentos, por las dudas. Un spray ´San Chino´, recomendado por el ´Chino´ Fernández, que si te duele algo te lo pones y se te pasa. Tengo un neceser de St. Andrews con tees de maderas blancos y marquitas. Mi putter es un Scotty Cameron California, viejo. Uso un wedge Callaway Mac Daddy de 60°, como el que usa Mickelson, tengo un 52° Cleveland. Mis maderas de fairways son Cobra, las elijo porque tienen offset, palos muy confiables. Mis hierros han sido Taylor, pero ahora me he pasado a una experiencia japonesa, los Fourteeen, de hierro forjado, hechos en la ciudad de Endo en Japón. Son decisiones estudiadas. Yo investigo y hago mi propio fitting. Me hice un juego a medida, con varas de grafito regular. El driver es el Taylor RBZ, un modelo que ya no se fabrica más. Estando en República Dominicana, sentí un ruido raro en mi driver. Esa misma noche entré en MercadoLibre y me compré tres iguales usados, temiendo no poderle pegar nunca más a un driver sin mi RBZ. Tengo cuatro ahora. Igualmente quise aggiornarme y ahora uso un Callaway con una vara Mitsubshiba que me compré en St. Andrews.”

Consejo médico
“Hace unos años fui a un médico, por una enfermedad en las encías, relacionado con el stress. El doctor, de esos clásicos, duros, bien clínico me dice “Mirá pibe, para manejar el stress hay que ver cuatro cosas:
1. Como es tu relación con tu vida privada.
2. Tu relación con el mundo exterior.
3. Como es tu mundo laboral.
4. A qué jugas, porque a algo hay que jugar.
Yo encontré en aquel punto 4 de mi médico, el golf como mi juego. Es uno de los deportes más divertidos del mundo, de los más estimulantes, que además te exige alcanzar la perfección a la cual nunca vas a llegar. Jamás la he pasado mal dentro de una cancha de golf. Juego dos rondas promedio por semana, mi hándicap es 15. Llegué a jugar 10. No me obsesiona ser una cifra”.

Los mejores campos
La mejor cancha de Argentina es Playa Grande en Mar del Plata, es una obra de arte. Tengo una relación especial con el Pilar Golf Club, pasé muchas horas ahí con mis hijos, tuve la suerte de ser nombrado socio honorario. También tengo un gran cariño con el Buenos Aires Golf Club, donde juego los fines de semana. Por supuesto el Llao Llao en Bariloche, porque hemos pasado muchas vacaciones en familia y agregaría al Martindale Country Club, que es una gran cancha.”


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Gauto, profesor, amigo y contricante de “Longo”
Instructor de la familia Longobardi desde hace más de dos décadas y amigo personal de Marcelo con el cual viajó por el mundo y conoció las mejores canchas del planeta. Desde hace más de 15 años, Ramón Gauto disputa un match permanente con Longobardi que fue variando formatos y canchas, en el cual se juega “a cara de perro” y nada se cede. El almuerzo posterior es parte del ritual para estos dos amigos que caminaron miles de fairways juntos y que no quisieron revelar cuál es el resultado actual en el acumulado.

Inicios
“Yo empecé con Franco (el hijo) y a los cinco, seis años, se sumó finalmente Marcelo después de mucho insistir. De entrada le costó mucho pero su perseverancia lo llevó a mejorar y divertirse, a pesar de su poco tiempo libre, él es muy ordenado y pudo organizar sus horarios para poder practicar.”

El match
“Hace más de 15 años que jugamos con Longo, en general en el Buenos Aires Golf o en Pilar Golf, siempre cambiamos de cancha. Tenemos nuestro partidito armado que es a todo o nada, actualmente hacemos apertura, clausura y masters, después almorzamos juntos, se mantiene siempre vigente, nadie da ventaja a nadie y hay una competencia muy grande.”

Longo travel
“Él tiene una habilidad muy importante aparte de ser un gran comunicador social, es el gran promotor de los viajes que organiza con sus hijos y tiene la facilidad de engancharlos, ha puesto mucha energía en eso y con resultados óptimos hasta el día de hoy después de más de 10 años.”

El golf
“Al jugador social es muy difícil hacerlo mejorar, el principal problema es la falta de tiempo y más para alguien como Marcelo. Él hace las cosas con mucho entusiasmo, tiene muy buena cabeza y es muy buen jugador, hoy creo que disfruta muchísimo del golf y creo que lo encontró en el momento justo de su vida.”

Los viajes
“Con ellos viajé a Irlanda del Sur y del Norte, Inglaterra, Francia, España y he recorrido Europa gracias a Marcelo, además de visitar lugares inolvidables tuve conocimiento de las mejores canchas, ellos conocen muy bien la historia de las canchas y las diferentes ciudades por lo que se vive de una manera diferente cada viaje.”

La práctica
“Marcelo es muy competitivo, por eso se alegra cuando gana y se amarga cuando pierde, como todos. Por sus tiempos no podemos fijar horarios, en general intentamos practicar dos veces en la semana y después jugamos los sábados, algún domingo también lo hemos hecho, depende cómo vaya el partido.”