Protagonistas Hace 4 meses

David Feherty, reír entre lágrimas

DESPUÉS DE LA TRAGEDIA DE PERDER UN HIJO, DAVID FEHERTY DEPENDE DEL APOYO DE SU ENTORNO PARA VIVIR UNA COMPLEJA VIDA PROPIA

ES UN NOCHE LLUVIOSA EN GEORGIA Y DAVID FEHERTY ESTÁ EN LLAMAS.
Ha estado sobre el escenario del Atlanta Symphony Hall por casi dos horas y los 1.200 espectadores solo paran de reírse cuando una de sus historias los hace derramar lágrimas de histeria. .. “Tiger Woods es más gracioso de lo que la gente piensa”, dice Feherty en un punto. “Cuando caminaba con él para la CBS, él solía inclinar la visera de la gorra hacia abajo para que las cámaras no pudieran mostrar lo que estaba diciendo – él estaba convencido de que todos los que estaban viendo podían leer los labios. “Un día me dice, ‘Oye, Pedito,’ – él me llamaba así – ‘¿sabes cómo se le dice a un tipo negro que está volando un avión?’ “Le dije, , ‘No, ¿cómo?’ “Y el me dice, ‘Piloto, racista de m—–’ ”.
La gente no puede aguantarse en sus sillas, están riendo tan fuerte. Una mujer, que había estado gritando como loca ante cada nueva historia, se retuerce, incapaz de detener su risa. Veinticuatro noches al año Feherty presenta su obra – tres noches a la semana en ocho ocasiones . Hace una hora y 40 minutos de stand-up estricto, pausando solo en ocasiones para tomar un sorbo de té helado. El stand-up es su historia de vida – contada como solo él puede hacerlo. Incluye una buena cantidad de humor de baño, bastantes vulgaridades y algunos momentos profundos, especialmente cuando habla de sus padres y su esposa, Anita.
Después del stand-up, saca una silla de atrás del escritorio que está diseñado para que luzca como el set de su programa de TV, “Feherty”, y lleva adelante 20 minutos de preguntas con su público.
En esta noche, el sábado de la semana del Masters, le preguntan – predeciblemente – por qué no está en Augusta.
“Prefiero estar aquí con ustedes”, dice. Luego aclara que ya no trabaja más para la CBS, la cual tiene los derechos de transmisión. Lo que no menciona es que a Golf Channel, que forma parte de NBC, su actual empleador, le encantaría tenerlo allí durante la semana para agregarle un muy necesario humor a los programas que van al aire antes y después de la cobertura en vivo.
Salvo que Feherty tiene un acuerdo según el cual no tiene que trabajar la semana del Masters.
“Nunca me sentí cómodo ahí,” dice. “Nunca tuve problemas con nadie ni nada. Solo sentí que no podía ser yo mismo. Estuve una sola vez en el clubhouse en 19 años, cuando fui a almorzar. Eso es todo”.
Lo cual significa que está diciendo la verdad cuando le dice a su público de Atlanta que prefiere estar con ellos. Eso no significa que no esté aterrado cada minuto de la noche.

Feherty

‘EL CHICO MÁS DULCE QUE PODRÍAS LLEGAR A CONOCER’

Muy pocos temas son fuera de límite en la rutina de Feherty. Habla de sus padres, de su primera mujer, de Arnold Palmer y Jack Nicklaus y Ken Venturi y Tiger Woods. La única persona que no es blanco de sus chistes es Anita.
Y hay un tema que no quiere tocar, aunque más no sea porque sabe que si lo hiciera, no podría llegar al final de la obra.
Shey.
“Era el chico más dulce que podrías llegar a conocer”, dice muy suavemente – su voz rara vez es más fuerte que un susurro cuando habla de él. “A él le gustaba la gente y a la gente le gustaba él. Tenía ese tipo de personalidad. Estuvo trabajando en un restaurante por un tiempo y le iba bastante bien porque tenía ese modo agradable con la gente. Estaba escalando posiciones allí.
“Pero se le metió en la cabeza que quería empezar un negocio de reventa de entradas. Iba a competir con StubHub. Era un chico ingenuo en cierta forma. Perdido, realmente, perdido”.
Feherty sacude su cabeza. “¿Puedes imaginar ese cambio de carrera? Él estaba perdido de tantas maneras. Me recordaba mucho a mí. Y es justo una de las razones por las cuales no puede evitar sentirme devastado y culpable por lo que le sucedió.”
El 29 de julio del año pasado – en el cumpleaños 29 de Shey – el teléfono sonó en el hogar de los Feherty en Dallas. Anita contestó. Era Rory, el más joven de los hijos de David. Shey, el mayor de los hijos de Feherty con su primera esposa, Caroline, había muerto esa mañana en la casa de su madre de una presunta sobredosis. El médico forense determinaría más adelante que lo había matado una combinación de cocaína y alcohol.
Anita llevó el teléfono hasta la habitación donde David seguía dormido.
“Tienes que atender este llamado”, le dijo suavemente, entregándole el teléfono mientras que él se despertaba lentamente. “Es Rory”.
Fue Rory quien le dio la noticia a su padre. Fue estremecedor pero no del todo sorprendente. El 4 de julio Anita había recibido un mensaje de texto de Shey diciendo que necesitaba volver a rehabilitarse. Pero nunca llegó a hacerlo.
A lo largo de un año distintos profesionales le habían dicho a Feherty que tenía que mantenerse alejado de Shey, que él le facilitaba el hábito de las drogas al darle dinero. Él y Anita habían decidido la noche anterior que lo iban a llamar al día siguiente – sábado – para desearle feliz cumpleaños.
“La verdad es que yo me había derrumbado en varias oportunidades y le había dado dinero una vez más”, cuenta Feherty. “Él era tan dulce y no podía decirle que no. Además, como todos los que somos adictos, él era muy bueno mintiendo. Me convenció de que el dinero no era para drogas. Estoy seguro que en el fondo yo sabía que estaba mintiendo, pero yo quería creer que él realmente estaba en camino hacia el otro lado.
“No hablar con él de manera habitual, no verlo, fue doloroso. Pero esto . . . ”
Se detiene, incapaz de seguir hablando.
El recuerdo del resto del día es borroso para Feherty. Para Anita no. “David, Rory y yo fuimos a la funeraria”, dice. “Rory hizo lo que estaba a su alcance para hacerse cargo. David no podía hablar – literalmente. No podía mover sus labios. Su cara estaba helada. Estaba emocionalmente paralizado. Se apartó mentalmente por completo. Creo que tuvo que hacerlo”.
De algún modo la familia pudo salir adelante – como mejor pudieron – de esa tragedia. A Feherty le diagnosticaron depresión clínica y trastorno bipolar hace varios años. No es sorprendente entonces que la depresión haya empeorado desde la muerte de Shey.
“No mejora”, dice. “Se aleja cada vez más”.
Por suerte Anita reconoce instantáneamente cuando él, como diría ella, “se está dirigiendo hacia un lugar oscuro”, y lo obliga a salir de la casa – ir a almorzar con ella – o cualquier cosa para cambiar su estado mental.
“Nunca quiere salir”, dice. “Y luego cuando volvemos a casa me agradece haberlo obligado a hacerlo.”
Rory McIlroy, quien se ha vuelto un buen amigo de Feherty en los últimos años, lo dice de otro modo: “A David le va mejor”, cuenta, “cuando está pensando en cualquier cosa menos en David. Es por eso que es tan bueno ayudando a otros pero le cuesta ayudarse a sí mismo”.

APOYO DE PRESIDENTES, SOLDADOS Y EL MUNDO DEL GOLF
Feherty sobrevivió a la tragedia, dice, por la sobrecogedora muestra de apoyo que recibió de su familia, de amigos como McIlroy y de gente de todo el mundo cuyas vidas había tocado – muchas veces sin saberlo. Soldados heridos que él había visitado o con los que había jugado o cazado faisanes (un viaje anual organizado por Tom Watson en Dakota del Norte), sin olvidar al mundo del golf.
Tres ex presidentes se pusieron en contacto con él. “El Presidente Bush [43] y el Presidente Obama me enviaron cartas bonitas”, dice. “El Presidente Clinton me llamó. Él fue increíble. Me seguía diciendo que yo era un buen padre y que si había algo que él pudiera hacer . . . ”
Ese fue el tema recurrente: cualquier cosa que pueda hacer para ayudarte. Watson pasó horas con él en el teléfono y en persona. “Yo solo lo dejo hablar”, cuenta Watson. “Realmente no hay nada que puedas decir en esa situación. No puedes devolver una vida. Así que solo escuchas y le dejas saber que estás ahí – siempre ahí”.
McIlroy recuerda haberse sentido inútil. “No sabía qué decir o hacer”, cuenta. “Finalmente recurrí al ‘Lo que necesites’ ”.
Todo eso ayudó a Feherty a salir adelante y lo sigue ayudando.
El dolor, él sabe, nunca se irá por completo. Tiene cuatro hijos más: Rory, ahora con 26; los dos hijos de Anita, Fred, 35, y Karl, 33; y Erin, su hija de 19 años que está terminando el primer año en Oklahoma.
Rory es miembro de la Guardia Nacional de Texas y fue enviado a Djibouti en mayo. “No podría estar más orgulloso de él”, dice Feherty, “y tal vez tampoco podría estar más aterrado”. Sus ojos se nublan. “No puedo siquiera pensar en la posibilidad de perder otro hijo. No puedo pensar en eso”.

‘CREO QUE SU BONDAD GENUINA LE HA BRINDADO ALGUNOS MULLIGANS MÁS DE LO QUE LA MAYORÍA DE LA GENTE OBTIENE’. —ANITA FEHERTY

Feherty

‘ELLA SALVÓ MI VIDA’
Falta una hora para que Feherty tenga que convertirse en Feherty para el público. No ha prestado ninguna atención a la tercera vuelta del Masters porque sabe que nada estará definido hasta el día siguiente.
Está tirado en un sofá en un diminuto salón en el sótano del edificio de la Atlanta Symphony Orchestra. No hay servicio de Internet y solo si se camina hasta el otro extremo del pasillo hay señal para el celular. Feherty sabe que pronto escuchará lo que está pasando en Augusta.
Hay un piano contra la pared de la otra punta del salón que Feherty podría tocar si tuviera ganas.
No quiere. Está cansado y deseoso de volver a casa en Dallas más tarde esa noche. Ya estuvo en Little Rock el jueves y en Biloxi, Mississippi el viernes.
Da algunos mordiscos a una hamburguesa grasosa y bebe un poco de agua.
“En este momento estoy casi congelado de miedo pensando en lo que tengo que hacer esta noche”, dice. “Es así cada vez que tengo que hacer esto. Estoy muy consciente de mi trastorno de déficit de atención y me preocupa perder el hilo de una historia y quedarme parado en medio del escenario con la mirada en blanco. Estoy totalmente convencido de que eso puede suceder”.
Ha estado haciendo el show por dos años. ¿Alguna vez le sucedió eso?
“¿Perder el hilo? Todo el tiempo” admite. “¿Completamente helado e incapaz de seguir? Cerca, pero no. No aún”.
El espectáculo fue concebido por Brad Jones, un joven promotor quien, cinco años atrás, convenció a Feherty para que fuera a su ciudad de Londres, Ontario, para hablar en un evento corporativo. Cuando Feherty terminó su charla, Jones le preguntó: “¿Alguna vez pensaste en hacer una obra stand-up?”
“¿No es eso lo que acabo de hacer?” le respondió Feherty.
“Lo que me parecía insólito”, dice Jones, “es que nadie lo había abordado con esa idea antes”.

SHEY ‘ESTABA PERDIDO DE TANTAS MANERAS. ME RECORDABA MUCHO A MÍ’. —DAVID FEHERTY

Jones armó una propuesta y Feherty dio a conocer la obra Feherty Off-Tour en noviembre de 2014. Cada año han ido aumentando la cantidad de presentaciones y las salas se han ido agrandando.
Feherty, quien cumplirá 60 en agosto, tiene a Anita y a Andrew Elkin, su representante en la Agencia Creative Artists, manejando sus finanzas. Anita y él han estado casados por 22 años luego de conocerse en una cita a ciegas en Dallas en el verano de 1995. Ambos habían pasado por un matrimonio fallido que había producido dos hijos.
“Ella me salvó la vida”, admite Feherty. “Y lo digo literalmente. Mi vida era un completo desastre cuando nos conocimos. Yo estaba tratando de criar solo a dos niños [Shey y Rory] en un departamento con dos habitaciones. Yo era adicto al alcohol, marihuana, cocaína, analgésicos y casi cualquier otra cosa que puedas nombrar. Corría como Forrest Gump y pesaba 68 kilos. Cuando Anita y yo salimos por primera vez yo estaba tan flaco que ella pensó que yo era VIH positivo. La primera cita duró alrededor de media hora porque ella se marchó luego de que yo me inclinara y pusiera mi sorbete en su bebida para beberla. Afortunadamente para mí, por algún motivo ella aceptó salir una vez más conmigo – a un partido de béisbol.
“Yo no conocía las reglas del béisbol. Ella tampoco, pero yo le hacía todo tipo de preguntas y ella intentaba responderlas. Finalmente se levantó y dijo, ‘¿Te gustaría algo de comer o beber? ¿Un pancho o una cerveza?’ Fue lo más agradable que alguien me había dicho en años. Honestamente. Me quedé sentado allí y pensé, Creo que estoy enamorado de esta mujer”.
A Anita Schneider la tuvieron que convencer para acceder a esa segunda cita. Era una exitosa diseñadora de interiores que manejaba su empresa desde su casa para poder cuidar a sus hijos que tenían 10 y 12 años en ese momento. Ella no buscaba volver a casarse. Pero un amigo mutuo, Gary Knott, la había convencido de que conociera a Feherty. Tenían la misma edad, ambos estaban divorciados y cada uno tenía dos hijos. Vale la pena probar, pensó.
La noche en que se conocieron no quedó conforme.
“Sí me cruzó por la mente que podía ser VIH positivo”, cuenta. “Recuerde que esa era una época en la que la gente estaba aterrada por la epidemia. Él estaba demasiado flaco. Además, se presentó borracho. Cuando colocó su sorbete en mi trago fue demasiado – tenía que irme”.
Feherty pidió una nueva oportunidad por medio de Knott. Éste le dijo a Anita que David le había prometido que se presentaría sobrio. Lo hizo – 30 minutos más temprano. Anita pensó que era encantador que se esforzara tanto. Al final, no obstante, no fue su humor, que era evidente, ni siquiera su carisma.
“Fue su bondad” dice. “Su bondad eclipsa todo lo demás. Creo que su bondad genuina le ha brindado algunos mulligans más de lo que la mayoría de la gente obtiene”.
Feherty se mudó a la casa de Anita antes de fin de año y cuando Shey y Rory estaban con él – tenía custodia compartida con su primera esposa – ellos se quedaban allí también. Fue a Sudáfrica a jugar el Sun City Tour en 1996, uno de los pocos lugares donde todavía tenía exención para jugar. Cuando regresó un mes más tarde, entró al garaje de Anita y cuando ella salió para recibirlo él le dijo, “Por favor cásate conmigo”.
Ella aceptó y se casaron el 31 de mayo de 1996. La vida mejoró para Feherty – lentamente.

Feherty
“No he tenido que escribir un cheque en 22 años”, dice. “No tengo idea de cuánto valgo o cuánto me pagan. Anita me ha permitido poder hacer las cosas que hago sin tener que preocuparme por lo demás. Lo más importante es que cuando mis hijos y yo nos mudamos con ella y sus hijos, nos convertimos en una familia. Eso me cambió la vida”.
Lo mismo pasó con su cambio de carrera, de buen golfista a presencia televisiva singular. Cuando se lo escucha hablar a Feherty ahora, se puede pensar que nunca pasó un corte y que apenas recuerda por qué lado se sostiene un palo. “De hecho,” cuenta, “no siempre estoy seguro de eso en estos días. He olvidado muchas cosas”.
Lo que sí recuerda es convertirse en pro a los 17 después de decidir que no podría ser un cantante de ópera, algo que había soñado ser desde niño.
“Tenía una voz buena”, recuerda. “Me entrené y trabajé. Pero sabía que no iba a ser lo suficientemente bueno. Por supuesto, tampoco fui suficientemente bueno en golf. Tenía como un 5 de handicap en ese momento y pensé en probar. Fui a trabajar a un club al norte de Londres [Mid Herts, donde le pagaban 10 a la semana] pero volví a casa después de unos meses porque extrañaba a mi madre [Vi]. Fue entonces que empecé a trabajar en Holywood.”
Holywood Golf Club es más famoso por ser el lugar donde Rory McIlroy aprendió a jugar y donde su padre Gerry atendía el bar y le enseñó a jugar golf a su hijo. En su stand-up, Feherty advierte que trabajó en Holywood en 1976, “años antes de que el pequeño bastardo hubiera nacido”.
Feherty adora a McIlroy, quien lo adora a él. “Él es absolutamente el producto de sus padres”, dice Feherty, quien llegó a conocer a Gerry y Rose McIlroy mientras estuvo en Holywood. “No ha cambiado por la fama o la fortuna. Él es una de las personas más decentes que haya conocido. Yo no tuve nada que ver con lo que se ha convertido, pero estoy completamente orgulloso de él”.
McIlroy dice que no hay nada que él no haría por Feherty porque sabe que no hay nada que Feherty no haría por él. Muchas veces cuenta la historia de cuando Feherty lo fue a buscar después de su derrumbe en el Masters de 2011. Ni bien Feherty salió del aire, condujo hasta donde Rory estaba alojado. Según la versión de Feherty de la historia, quedó totalmente impresionado por la manera en que McIrloy pudo poner esa derrota en otra perspectiva. Según la versión de McIlroy, no pudo creer cuán rápido lo había ayudado Feherty a olvidarse de lo que había sucedido.
“Una vez que él decidió que estaba bien, se sentó conmigo y mis amigos y básicamente nos dio un show ‘Feherty’ justo ahí”, dice McIlroy. “Una hora después de haber llegado estábamos todos cayéndonos de nuestras sillas, muertos de risa.
“Él es un individuo complejo y maravilloso,” explica McIlroy. “Anita lo llama amabilidad; tiene razón. Yo agregaría compasivo. Amable, compasivo, brillante – y muy, muy duro consigo mismo a veces”.

Feherty

FEHERTY CON SU HIJO SHEY, QUIEN FALLECIÓ EN SU 29NO CUMPLEAÑOS POR LO QUE EL FORENSE DESCRIBIERA COMO UNA COMBINACIÓN DE COCAÍNA Y ALCOHOL.

EL DERRUMBE DE UN MATRIMONIO Y UNA CARRERA
De Holywood, Feherty se mudó a Balmoral Golf Club, donde trabajó para Fred Daly, el ganador del Open en 1947 y el único norirlandés en ganarlo hasta que Darren Clarke lo ganara en 2011 y McIlroy tres años más tarde.
“Yo estaba jugando con Fred un día y se fue a un bunker, la sacó y rengueó hasta el green”, cuenta Feherty en su obra. “Me dijo, ‘Me está costando bastante salir de los bunkers a medida que envejezco’. Le dije, ‘Fred, acabas de pegar un buen golpe’. Él sacudió su cabeza y me dijo, ‘No tengo ningún problema en sacar la pelota del bunker, me cuesta sacar mi cuerpo’ ”.
Balmoral era un club mayormente católico, para había algunos socios protestantes porque estaba ubicado en medio de un vecindario católico y uno protestante. “Por lo general nunca había problemas”, recuerda Feherty, quien creció en Bangor y asistía a un colegio protestante tres veces por semana pero ahora se declara agnóstico. “La gente iba solo para jugar al golf. Pero hicieron explotar el club dos veces mientras yo estuve allí”.
Llamadas telefónicas advirtiendo a la gente que abandonara el edificio se tomaban muy en serio durante el Conflicto de Irlanda del Norte. Feherty estaba en la cancha de golf cuando explotó una bomba. “Todo lo que recuerdo es una explosión muy ruidosa”, cuenta.
Feherty ganó cinco veces en el Tour Europeo después de que consiguiera la tarjeta en 1980 y participó como parte del equipo europeo en la Copa Ryder en la famosa/infame Guerra junto a la Costa en Kiawah en 1991. Venció a Payne Stewart, 2 & 1, y recuerda con mucho cariño haber creído que él y Seve Ballesteros habían creado un vínculo esa semana como compañeros de equipo – “hasta que lo vi en el vestuario una semana más tarde en Stuttgart y me llamó Donald”, dice Feherty. “Estaba abatido”.

‘TOM [WATSON] ME MIRÓ Y DIJO, ‘NO ESTÁS BIEN”. POR SUPUESTO QUE TENÍA RAZÓN – YO NO ESTABA BIEN. MÁS TARDE LE PREGUNTÉ QUÉ FUE LO QUE HABÍA VISTO Y ME DIJO, ‘ME VI A MÍ MISMO UNOS AÑOS ANTES” ’. —DAVID FEHERTY

Lo que realmente estaba abatiendo a Feherty durante ese período era su primer matrimonio, con Caroline DeWit, una reina de belleza que él había conocido mientras estuvo jugando en Sudáfrica. Shey nació en 1988 y Rory en 1992. En 1993 Caroline decidió que quería irse a vivir a Dallas; Feherty creía que era por otro hombre.
Aún así la siguió, más que nada porque no quería apartarse de sus hijos. Tuvo que jugar la escuela clasificatoria del PGA Tour para poder conseguir la tarjeta. Lo logró pero nunca se adaptó realmente a jugar en los Estados Unidos. Sin embargo sí logró jugar bien en Turnberry en 1994 para tener una verdadera oportunidad de ganar el Open Championship. Estaba a dos golpes de los co-líderes Fuzzy Zoeller y Brad Faxon luego de tres vueltas y anotó 70 golpes el último día quedando empatado en el cuarto lugar detrás de Nick Price, quien anotó un 66 para ganar.
“Mirando atrás, no creo que quisiera ganar”, dice Feherty. “Tuve algunos putts metibles en los primeros hoyos de la vuelta que si los hubiese embocado, hubiera tenido una verdadera oportunidad. Pero los fallé. No digo que quise fallarlos, digo que inconscientemente no creía que fuera lo suficientemente bueno para ganar el Open. No quería la responsabilidad. Había tenido una oportunidad en el 89 [empató el 6to puesto en Troon] también y sucedió lo mismo”.

Feherty

UNA LÍNEA DE VIDA
Para 1995 Caroline había dejado a Feherty y él estaba a punto de perder sus derechos para jugar en el PGA Tour. Estaba borracho o drogado casi todo el tiempo y no tenía idea de qué iba a hacer.
Entonces Anita y la CBS llegaron a su vida – específicamente, en el caso de la CBS, Gary McCord. Los dos hombres no se conocían, pero McCord estuvo en el vestuario durante la suspensión del juego de la primera vuelta del The International en 1995. Estaba ahí para encontrar jugadores que salieran en cámara y mataran el tiempo para el canal USA, quien tenía los derechos de cable del jueves y viernes.
“Estuve ahí durante un tiempo”, dice McCord, ahora uno de los mejores amigos de Feherty. “David estaba ahí contando historias. Yo sabía quien era pero no lo conocía. La gente se doblaba de la risa mientras él hablaba. Cuando salimos del aire le dije, ‘¿Alguna vez hiciste TV?’ Me dijo que no. Le pregunté, ‘¿Te gustaría?’ Me dijo, “No lo sé’. Le dije, ‘Bueno, si quieres, mañana estaré en la torre del 15, de las 2 a las 5, y si quieres, sube a verme’. Lo hice también para no aburrirme porque pensé que si tenía alguien a quien escuchar, tendría que prestar atención”.
Al día siguiente, cuando llegó a la torre, McCord le dijo al experimentado productor de CBS Golf Frank Chirkinian que había invitado a Feherty.
“¿Qué?” Chirkinian gritó en los auriculares de McCord. “De ningún modo. No hay manera de que ustedes dos malditos vayan a estar juntos al aire”.
Chirkinian conocía la reputación de Feherty de tener un humor ácido.
McCord ni parpadeó. “Primero, era cable, no señal de antena”, dice. Era viernes en la tarde, poca audiencia. A Frank le gustaba gritar y quejarse; eso era lo que hacía. Además, ni siquiera sabía si David iba a venir”.

‘A DAVID LE VA MEJOR CUANDO ESTÁ PENSANDO EN CUALQUIER COSA MENOS EN DAVID. ES POR ESO QUE ES TAN BUENO AYUDANDO A OTROS PERO LE CUESTA AYUDARSE A SÍ MISMO’. —RORY MCILROY

Feherty apareció. Y la McCord le encantó. “Simplemente llegaba a lugares con sus respuestas a las preguntas que nunca imaginé que alguien pudiera explorar”, dice McCord. “Mientras bajábamos los escalones de la torre, le dije, ‘Esto es lo próximo que vas a hacer’. Yo sabía que no estaba jugando bien y que iba a necesitar algo pronto. Entonces le dije, ‘Cuando llegue el momento, por favor llámanos’. Como la CBS, no a mí”.
Meses más tarde, la CBS se vio obligada a despedir a Ben Wright luego de sus comentarios políticamente incorrectos acerca de por qué las mujeres – en su opinión – tenían tantos problemas para jugar bien al golf.
Feherty estaba sentado en el bar de un hotel, bebiendo vodka y Gatorade—“porque todavía era un atleta”, dice – cuando vio acercarse a los productores de la CBS Lance Barrow y Rick Gentile.
“Cuando dijeron ‘CBS’ pensé que eran del programa ‘60 Minutos’ y que estaban haciendo un programa sobre golfistas y las drogas”, cuenta. “¿Quién mejor que yo para hablar de ello? Estaba aterrado”.
Barrow y Gentile le ofrecieron a Feherty un contrato de tres torneos para tomar el lugar de Wright por el resto del año. A Feherty lo contrataron tiempo completo en 1997.
Tener un trabajo donde sobresalía y un matrimonio feliz no quiere decir que Feherty pasó a la sobriedad de la noche a la mañana. Cuando Erin estaba en pre-escolar, una mañana Anita llegó a casa después de dejarla en el colegio y le comunicó a David que iba a dejarlo a menos que pudiera estar sobrio.
Lo logró. Por un tiempo. Pero nunca para siempre. Bebió tanto en un viaje a Barbados a principios del 2006 que tuvo una intoxicación alcohólica. Después de eso él y Anita fueron a ver a un especialista en adicciones.
Aún así estaba peleando una batalla perdida. Y entonces, ese verano, le tocaba narrar los golpes de una exhibición en Prince Edward Island entre Tom Watson y Jack Nicklaus.
Muchas veces Feherty contó que ese fue un punto de inflexión de su vida. “Tom me miró y dijo, ‘No estás bien’ ”, recuerda Feherty. “Por supuesto que tenía razón – yo no estaba bien. Más tarde le pregunté qué fue lo que había visto y me dijo, ‘Me vi a mí mismo unos años antes’ ”.
No fue que Watson espolvoreara polvos mágicos sobre Feherty y este se curó. Nada que ver. Feherty no estaba dispuesto a, ni podía – según Anita – soportar la rehabilitación. Watson le encontró un grupo de AA en Dallas y si bien era difícil para Feherty, fue a una reunión cada día. Hasta que un día no fue.
“Cada mañana iba en bicicleta a las reuniones”, dice. “Ese día seguí pedaleando”.
Estaba al norte de McKinney – unos 56 kilómetros de Dallas – cuando finalmente llamó a Anita para que lo busque.
“No me va bien en grupos”, explica. “Me gusta estar solo. Cuando estoy en casa, no abro la puerta ni contesto el teléfono”.
“David está bien en un grupo si las condiciones las pone él”, aclara Anita. “Afortunadamente la bicicleta se convirtió en su adicción. Fue ahí cuando logró estar sobrio”.
Feherty se levantaba antes del amanecer, andaba en bicicleta durante varias horas, paraba para tomar un café con amigos y volvía a casa demasiado exhausto como para meterse en lugares oscuros o pensar en la bebida. “Cuando no estaba andando en bicicleta”, agrega Anita, “estaba trabajando en ella”.
Desafortunadamente lo atropellaron en tres oportunidades. El primer accidente le aplastó de tal manera el brazo izquierdo que tuvo que dejar de jugar al golf. El tercero lo obligó a dejar la bicicleta.
Pero con mucha terapia y apoyo pudo llegar al otro lado – sobrio. Si Anita alguna vez llegara a pensar que las cosas podrían volver a empeorar, lo llamaría a Watson.
“Claramente estaba pasando por un mal momento física y emocionalmente”, recuerda Watson de ese fin de semana en Prince Edward Island. “Le dije, ‘Yo te veo. He estado donde tú estás. Déjame ayudarte’. Fue muy receptivo. No fue un proceso fácil, pero lo pudo atravesar”.
Watson dice que su amistad realmente despegó cuando fueron juntos a Irak en 2007 como parte de un viaje para entretener a las tropas, organizado por Rick Kell, co-fundador de la Fundación Troops First, un grupo con el que Feherty ha estado vinculado por años. Cuando Feherty se naturalizó estadounidense en 2010, una de las personas que viajó a Dallas para la ceremonia fue Watson. En 2016, luego de que Watson jugara su última vuelta en el Masters, su familia organizó una fiesta para 60 amigos. La estrella de la noche fue Feherty, quien estuvo gracioso y conmovedor.

‘NECESITO ESTAR OCUPADO. SI ESTOY EN CASA DURANTE UNA SEMANA O MÁS, EMPIEZO A ENLOQUECERME’. —DAVID FEHERTY

“Cuando yo estuve en el abismo, en el fondo de un pozo del que pensé que nunca iba a poder salir”, dijo Feherty esa noche, “miré hacia arriba buscando ayuda y la cara que estaba mirando hacia abajo y la mano que se extendía hacia mí era la de Tom Watson.”
La primera persona en decirte que Feherty lucha contra sus adicciones todos los días es Feherty. Toma 14 pastillas por día – siete de ellas medicamentos psiquiátricos – para ayudarlo a soportar la depresión, el trastorno bipolar y varios padecimientos físicos que jamás desparecerán.
“No pasa un día que no esté triste por al menos una parte del día”, admite. “Y algunos días estoy triste todo el día. Ha empeorado desde que Shey murió. Empiezo a llorar y no puedo parar”.
Se detiene ahí y sonríe. “Y sin embargo amo mi vida. No veo cómo podría ser más feliz de lo que soy ahora”.
Dejó CBS al final de su contrato en 2015 y firmó un acuerdo que le exige hacer 16 de sus programas “Feherty” por año en Golf Channel, los torneos de golf de la NBC y varios eventos más, como los Juegos Olímpicos.
NBC le ofreció más dinero que CBS – mucho más – pero no fue tanto por el dinero como por la oportunidad de hacer algunas cosas que eran distintas – incluyendo poder pasar algo del tiempo en la torre en vez de caminar con el grupo final – lo que hicieron que el acuerdo fuera atractivo. Agregue las 24 fechas del Off-Tour, presentaciones, los eventos corporativos y salidas con Troops First, y está casi todo el tiempo en la ruta.

Feherty

“Necesito que sea así”, dice. “Necesito estar ocupado. Si estoy en casa durante una semana o más, empiezo a enloquecerme. Me gusta trabajar. Puede que me aterre estar sobre el escenario, pero lo disfruto. Una vez que dejo de temblar por el miedo”.
No está exagerando. “Puedo verlo en el escenario”, agrega Anita. “Pero también sé que cuando está muy asustado, es cuando rinde más. Si no lo está puede perder la concentración y luego, si bien sigue siendo genial, no es tan bueno como pudiera serlo – o quisiera. Él siempre sabe aunque el público no lo sepa. Baja del escenario y dice, ‘Esta noche no estuve bien’. La gente está allí gritando pero él sabe. Él siempre sabe”.

UN HIJO AÑORA A SU PADRE: ‘LO EXTRAÑO’
La noche está perdiendo su energía en Atlanta. Hay tiempo para una pregunta más. Es la que todos los que han jugador al golf han contestado alguna vez: “¿Cuál es tu foursome ideal?”
“Jack Nicklaus,” dice rápidamente Feherty. “Es el gran jugador de mi época con el que nunca pude jugar”. Hace una pausa por un segundo para esperar por los aplausos. Lo ha hecho antes. “Annika Sorenstam”, prosigue. “Nunca jugué con ella tampoco, y nunca olvidaré su golpe de salida en Colonial [en un evento del PGA Tour en 2003], cuando le pegó perfecto y se tambaleó fuera del tee porque esa semana la presión sobre ella había sido sobrecogedora”.
Vuelve a hacer una pausa. No porque busca algún efecto o porque esté pensando, sino para tranquilizarse. “Y mi papá”, dice finalmente. “Me gustaría jugar una última vuelta con él”.
Su voz se quiebra. La emoción es muy real. “Me sucede siempre”, dice más tarde. Billy Feherty falleció en noviembre de 2016 de Alzheimer a los 91 años.
“Lo extraño”, dice su hijo.

‘NO PASA UN DÍA QUE NO ESTÉ TRISTE POR AL MENOS UNA PARTE DEL DÍA. Y ALGUNOS DÍAS ESTOY TRISTE TODO EL DÍA. . . . ALGUNAS VECES EMPIEZO A LLORAR Y NO PUEDO PARAR’. —DAVID FEHERTY

Está pensando de nuevo en su niñez y sonríe ante el recuerdo de sus padres. “Dicen que si eres irlandés el humor es un sexto sentido” cuenta. “Cuando era niño el humor era mi defensa. Claramente tenía un trastorno de déficit de atención y no era bueno en la escuela excepto en matemáticas y música. El humor era lo que evitaba que la gente se burlara de mí, que me llamara tonto. No sé dónde estaría ni en qué me hubiese convertido sin él”.
El humor es incomparable. Pero aquellos que mejor lo conocen le dirán que la notable bondad y compasión de la que hablan su mujer y sus amigos es lo que hacen a Feherty Feherty.
Y eso no es un chiste.