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Faldo: “Tiger y yo nos parecemos en que podemos mantenernos en la zona durante cuatro días”

Tiger y yo nos parecemos en que podemos mantenernos en la zona durante cuatro días. Yo tenía esta habilidad para enfocarme en golf. Se escucha a los psicólogos decir que uno debería despejarse un poco, pero yo no lo hice. Algunas veces Fanny [caddie Fanny Sunesson] se iba de tema y yo solía traerla de vuelta: “No, no, no. Sigue hablando de golf.”

El tiempo de preparación entre los majors es vital y es en esto donde creo que Tiger era absolutamente fenomenal. Es la travesía para llegar a la mañana del jueves del U.S. Open o el que fuera, y si eres realmente inteligente y conoces más del golf, empieza la semana o dos semanas antes o, en el caso del Masters, meses antes. Pero tienes que empezar bien para estar absolutamente listo para la mañana del jueves. Recuerdo haber leído que Arnold Palmer dijo que él tomaba la intensidad del 17 y 18 de un domingo y lo llevaba al jueves. Y eso fue un pequeño sobresalto para mí. Yo solía decirme a mí mismo en los majors: cada golpe durante un jueves es historia también, así que no los desperdicies.

Respecto a Tiger, pienso en los primeros nueve hoyos cuando anotó 40 en el Masters de 1997. [Faldo, el campeón defensor, fue su compañero de juego en las dos primeras vueltas de la victoria por 12 golpes de Woods.] Me pregunto si esa fue una de sus epifanías donde se decía a sí mismo, nunca más volveré a hacer eso. Nunca más voy a ponerme en posición de caer tanto. Voy a encontrar una manera de prepararme. Y creo que eso fue lo que hacía de manera brillante. Cómo podía salir, ganar un torneo, desaparecer por tres semanas y volver en un major y no tener ningún desperdicio de golpes o mal juego. Y la cantidad de veces que uno diría, ¿cómo puede ser que emboque todos los putts?

HOYLAKE, UNITED KINGDOM – JULY 20: Nick Faldo of England looks on as Tiger Woods of USA tees off during the first round of The Open Championship at Royal Liverpool Golf Club on July 20, 2006 in Hoylake, England. (Photo by Andy Lyons/Getty Images)

Tiger sabía que era distinto. Especial. Le pegaba diferente a la pelota de golf – punto – comparado con todos los demás. Nadie podía pegarle al driver como él, nadie podía pegarle a los hierros largos como él, o los wedges y el putter. Nunca había habido nadie que fuera así de bueno en todas las áreas. Y luego él creía que estaba mejor preparado para el jueves que cualquier otro y eso se convirtió en un patrón.

Es cierto en otros deportes. Con Tom Brady, yo me aseguro de sintonizar el partido para ver su primera posesión. Me encantan las carreras de Fórmula Uno. ¿Cómo puede ser que estos muchachos clasifiquen por cuestión de décimas de segundo y luego, en la primera vuelta de la carrera, Lewis Hamilton estará un segundo completo más adelante del resto?

Hice birdie en muchos de los primeros hoyos del Open Championship. Uno se obsesiona toda la semana, lo visualiza, se ve sí mismo dejándola en el green, embocarla y seguir desde allí. Mientras que hay otras personas que se paran sobre el tee y ni pueden ver el fairway.

Me gustaría haber hecho cosas de mi carrera de manera diferente. Cometí el error de trabajar muy duramente en los torneos. Sé que me desgasté, me quedé sin pilas golfísticas. Pero me dije a mi mismo, no quiero llegar a los 45 y lamentar no haber trabajado lo suficiente. Porque conozco algunos golfistas que llegaron a los 40 y eran perezosos. Y de repente desaparece. Eres un atleta a quien le han concedido una ventana de oportunidad. Y mientras tengas tu temple, lo mejor es que le saques el máximo provecho. Porque una vez que empiece a desaparecer ese temple, no vuelve.

Esa última vuelta del Masters en 1996 [cuando remonté los seis golpes de ventaja de Greg Norman] fue la mejor vuelta que haya tenido desde el punto de vista mental. El swing no estaba bien y tuve que empujarme mentalmente en cada golpe. Me decía a mí mismo, ¿se me están saliendo las ruedas? Y tenía que gritarme a mí mismo, ¡No, no se están saliendo! Está bien, pégale, colócala allí, une las piezas, y voy a hacer esto en el swing porque sé que si lo hago, voy a poder aguantar. Tenía una pequeña lista de verificación que tenía que repasar. Había perdido esa creencia de 100% en mí mismo, o cualquiera sea el porcentaje cuando eres Superman. Una vez que se vuelve una grieta, es algo así como, bueno, me salvé. Y luego un día te dices todas esas cosas y ¡bang! – te sale el tiro por la culata. Y ese es el día en que dices, Ay, caray.

Ir a un campeonato mayor con la intención de ganar y lograrlo, eso me llena de orgullo. Lo logré en tres de ellos [1990 en el Masters y St. Andrews y en 1992 en Muirfield estuvieron dentro de las seis victorias de Faldo en majors]. Con Tiger, no sé si ha logrado los 14 con ese tipo de intención. Te transmite esa sensación de poder. Decididamente sientes que todos deben estar observándote. La manera en que actúas probablemente moleste a muchos jugadores – tiene que ser así. Porque estoy seguro de que en ese momento estás en tu versión más irrespetuosa. Porque estás tan enfocado, estás tan agrandado.

Tiger no tenía problemas en llegar a un torneo con toda la atención sobre él. Me maravillaba ver cómo podía lograr eso. Nunca lo olvidaré, estaba en el range haciendo un programa en Augusta. Llegó al range y se podía sentir el aura. Cada jugador se daba vuelta y miraba. Todo el público, cada ojo estaba puesto en él. Y él lo convertía en energía. Estoy seguro de que Alí tenía eso.
Una vez que tienes todo bajo control sientes esa hermosa sensación de saber que vas a lograrlo. Yo la tuve una vez: caminando por el fairway del uno en St. Andrews, en 1990. Habían puesto la bandera justo detrás del arroyo, con viento en contra y David [Leadbetter] vino a decirme que las pelotas estaban agarrando backspin hacia el arroyo. Así que era un hierro 9, pero estaba preocupado así que iba a pegar un 8. Y luego me pongo todavía más nervioso y saco un 7. Jugué un chip con el 7 y la hice picar justo en la parte de atrás del maldito green y me quedó un putt de 30 yardas. Y me dije a mí mismo, relájate. Vas a ganar.

Ahora, treinta años más tarde, puedo decirlo y la gente no piensa que soy un idiota. ¿Pero qué frase genial es esa para decirse uno mismo? Eso es lo máximo. Las millones de pelotas de golf y las miles de horas solo para poder decir que sabes qué hacer y cómo hacerlo bajo presión, y te encanta.