Protagonistas Hace 2 años

Julián Etulain, un pescador apasionado en el PGA Tour

Etulain

Cuánta revolución fluye en la mente de Julián Etulain por estos días. Demasiados estímulos positivos. Allá lejos en el calendario alumbra el sueño de ser intendente de Coronel Suárez, un futuro político escrito como un juramento en su biografía de Twitter. Pero hoy, en el más furioso presente, anda embarcado en una nueva y atrapante obsesión: el PGA Tour. Lejos de ser una fantasía de los tiempos en que ensayaba swings en el Aero Golf, Tula tiene en sus manos algo tangible: esa chance de trascender entre los mejores. La mesa está servida con sus 28 entusiastas años, residencia en los Estados Unidos desde hace ocho temporadas, experiencia en el PGA Tour Latinoamérica y el Web.Com y un culto innato por el profesionalismo para cada detalle de su carrera.

El 15 de octubre, en el torneo californiano de Napa que ganó Emiliano Grillo el año pasado, el suarense de barba estudiada y fanático de San Lorenzo empezará a escribir su propia historia en el mejor circuito del mundo. Ya tuvo un primer paneo en 2011 y 2014 con el Puerto Rico Open, aunque aquellas dos vivencias parecen recuerdos borrosos, sin mayor relevancia para lo que le toca vivir hoy: “Las experiencias en ese torneo son lejanas, la verdad es que no estaba preparado en un ciento por ciento. Es muy distinto competir en un certamen aislado que en toda una temporada. Si no ganás tal torneo en particular para el que te clasificaste por alguna vía, no sirve de nada”, comenta Etulain, en cuya billetera guarda la tarjeta con el escudo del PGA Tour y su palabra mágica: “member”, que lo acredita como un jugador en la elite.

¿Debería sorprender su aterrizaje en la gira donde los golfistas quedan en los libros? No, su trayectoria fue exhibiendo hitos sin prisa y sin pausa, de manera progresiva: en 2014 ganó la Orden de Mérito del PGA Tour Latinoamérica, se quedó con el Premio Roberto De Vicenzo y consiguió el estatus completo para el Web.com Tour en 2015. El año pasado empezó a afianzarse en la antesala del circuito principal –finalizó 39° en la lista de ganancias- y en esta temporada se metió de cabeza entre los mejores 25, más allá de que lidió con sentimientos traicioneros. Había empezado el año muy encendido, con 12 cortes consecutivos superados, con lo que se aseguraba un colchón importante para desembarcar plácidamente en el PGA Tour. Pero todo se le complicó en el momento de las definiciones, cuando debía sellar el pasaje y aún no le cerraban los números: “Fue la ansiedad, la verdad es que me ganó la ansiedad”, confiesa, y amplía: “Claramente no la supe manejar en los últimos seis o siete torneos; quería pasar los cortes para seguir sumando y no podía. Es que el arranque había sido muy bueno: con 145.000 dólares en ganancias ya estaba casi adentro, sabiendo que me alcanzaba con 150.000 para llegar. Eso se me volvió en contra: en lugar de dedicarme a jugar, como lo venía haciendo en la primera parte de la temporada, pretendía asegurar la tarjeta. Por suerte, en una de las semanas terminé garantizándome el pasaje para el tour principal y terminé 20° en el listado”.

Etulain

Resuelto el tema y despejados los fantasmas, se desató el festejo con sus seres queridos en Coronel Suárez allá hacia fines de agosto, principios de septiembre. Y ahora, Etulain se siente pleno y listo para el gran desafío. De hecho, cuando inició el camino de los cuatro torneos finales del Web.Com para mejorar su status consiguió un 2° puesto en Ohio, una ratificación de que su arribo al tour no fue casualidad. Es la madurez de un golfista que comenzó a jugar a los 5 años con la camiseta de San Lorenzo o la de Deportivo Sarmiento de Coronel Suárez, aquel club de donde surgieron los futbolistas “Pícaro” Fernández y el Vasco Odriozola.

El Aero Golf Club, con apenas un empleado para mantener el campo de 12 hoyos, fue el escenario para que Julián alcanzara una cifra de hándicap a los 12 años. Entre las enseñanzas de su profesor Carlos Eduardo Canini y los consejos del aficionado Carlos Heguy, a los 14 ya estaba moldeado para representar a la Asociación Argentina de Golf en torneos internacionales. A los 16 integró el equipo de la AAG que ganó la copa Cruz del Sur y cuatro años más tarde, en 2008, se hizo profesional. “A veces me encuentro con jugadores que me dicen ‘Aprendí a jugar en el Augusta National’ y yo me pongo a pensar que salí de un club muy humilde y es increíble que pueda estar en el PGA Tour. Es algo que no sucede en otros deportes”.

Todo a su tiempo, prolijamente. Con los altibajos y la incertidumbre de cualquier golfista, por supuesto, pero con una férrea convicción por aprender y trascender. “Soy un trabajador. Guerrero, sería la palabra. Mejoré mucho el manejo de los enojos en la cancha; desde que cambié de psicólogo hace un año y medio trabajamos los problemas que surgen fuera del campo. Intentamos dejar ordenada toda mi vida fuera del golf para luego rendir en la cancha y solo dedicarme a jugar. Y esto me ha llevado a estar mucho más relajado al momento de competir. El secreto está en no meter los problemas personales en un torneo”, cuenta el esposo desde hace tres años de Ornella Bono y el padre de Isabella.

Hambre de gloria, ganas, trabajo. Un combo para una trayectoria necesitada siempre de equilibrio: “Lo más importante para triunfar en el golf es la disciplina. La misma disciplina te va a llevar a entrenarte, comer y descansar correctamente. Es un conjunto de factores para llegar perfecto al domingo en lo físico, en lo mental y pegando bien. Es la única forma”, se convence Tula, un contemporáneo en el amateurismo de Estanislao Goya, Sebastián Saavedra, Alan Wagner, Luciano Giometti y Puma Domínguez, a quienes le resultaba casi imposible ganarles y por ese motivo le costaba ingresar en los equipos de la AAG. Vaya paradoja: ninguno de los viejos competidores de este suarense convertido desde hace un año en vegetariano pudo entrar aún en el PGA Tour.

Es conocido el desamparo que puede traer aparejado el profesionalismo cuando un golfista decide dar el salto desde el ámbito aficionado. Etulain hizo una apuesta de riesgo en 2008 y con apenas 19 años: se mudó solo a Miami y no tenía nada para jugar. Apenas salido de la adolescencia, se entrenaba con Mariano Bartolomé –el mismo que le llevó los palos en el 2° puesto en Ohio- y se inscribía en Mondays del Nationwide Tour en busca de alguna clasificación. Después, entre sus incursiones en el PGA Tour Canadá y algunos torneos del Web encontró un sentido de pertenencia en el PGA Tour Latinoamérica, que a partir de 2012 lo encarriló y le abrió más puertas. “Durante todos estos años me preparé; empecé a pegar bien y a mejorar en los aspectos físico y mental, además de haberme casado. Es decir, me estabilicé también fuera del campo de golf. Esta clasificación para el PGA Tour me agarra en uno de mis mejores momentos”.

Etulain

La primera pregunta que surge cada vez que un golfista latino consigue la membresía en el PGA Tour es en qué medida será capaz de aguantar y mantenerse hasta la siguiente temporada, en una gira que no perdona grandes bajones ni falta de agallas para desentrañar la dificultad de los campos. ¿Cómo hará Etulain para amortiguar esas presiones? Lo principal es su espíritu inconformista: “Todavía no logré nada, lo único que hice fue llegar al tour”, asegura. Y nada de autoimponerse el latiguillo común de “salvar la tarjeta”, como suele ocurrir en este contexto, sino en pensar de manera global, a mediano y largo plazo: “Trato de ponerme objetivos y cumplirlos: la meta es ser un mejor jugador para septiembre de 2017. Y si logro evolucionar, seguramente voy a tener la tarjeta salvada o algún título. Los últimos dos años progresé mucho del tee al green y, si sigo pegando así y afinando en todos los aspectos, sobre todo el juego corto, no debería tener problemas para continuar en el tour en 2018. Cuidado: no digo que se me va a hacer fácil ¿eh?”.

Otro de los frentes que deberá contrarrestar es el desconocimiento de las canchas, ya que solo caminó los fairways del Puerto Rico Open. La solución inmediata es un caddie extranjero que sepa en qué terrenos estará pisando el suarense, además de llegar temprano y ensayar lo más posible en los días previos. “Es cierto, voy a partir con desventaja, porque estás con los mejores y hay golfistas que desde hace 10 o 15 años están jugando las mismas canchas. Pero la realidad es que todos pasaron por ese momento, a algunos les costó más y a otros menos”, explica.

Si aparecen señales de desfocalización en él, se producen totalmente adrede. La pesca, pasión de multitudes en el mundo del golf, es su terapia para relajarse y encontrar un placebo ante las múltiples presiones. Una manera de escaparse hacia otra dimensión, aunque no se mueva del lugar de competencia. Lo concreto es que no solo estudiará cuántas yardas tendrá la nueva cancha que visitará, sino que revisará cómo son las lagunas que serpentean el campo para despuntar su hobby. A la hora de soltar la caña de pescar, Tula encontró en el español Gonzalo Fernández Castaño a un compañero de emociones en la orilla, codo a codo. “Ahora en el Web.Com, terminábamos de entrenarnos tipo seis de la tarde con Gonzalo y nos quedábamos hasta las nueve de la noche en las lagunas de los clubes. Es pesca deportiva, sacás los peces y los volvés a tirar al agua. Y así como estamos nosotros, podés encontrar a otros 15 jugadores. Hasta se arman concursos. Una vez que guardo los palos y saco la caña viene la pesca, en donde no pienso en otra cosa por más que esté en el mismo club”.

En la era moderna de nuestro golf, Angel Cabrera enseñó al resto de los jugadores argentinos que nada es imposible al máximo nivel; ni siquiera ser un doble campeón de Majors en el término de tres años. Es el efecto contagio del triunfo que también roza de cerca a Julián Etulain, la nueva ilusión argentina en el gran circo del PGA Tour: “Con Emiliano Grillo jugamos bastante juntos. Y si ves que él gana, te da la pauta de que triunfar en este circuito no es algo imposible. Es difícil, sí, pero hay que trabajar mucho y se puede”, jura.