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Escapista: Cómo un vacío legal permitió a Phil evitar la carcel

PhilHace mucho tiempo que Mickelson es conocido como el ejemplo de escapista en golf. Su golpe globo insignia ha convertido a innumerables golpes de aproximación desviados en pares con putts dados. Cuando su drive en el hoyo 13 durante la vuelta final del Masters 2010 en Augusta National fue a parar a las agujas de pino, Mickelson disparó un hierro 6 entre dos árboles y al green, dándose un birdie que lo llevaría a su tercer saco verde. Y sin embargo todos esos pares salvados y birdies deslumbrantes palidecen ante la manera en que Mickelson se libró de problemas legales a principios de este año. En un juicio que se desarrolló en un tribunal de Manhattan, Mickelson fue implicado en un escándalo de uso de información privilegiada de tres partes que terminó con los otros dos protagonistas enfrentando varios años en prisión. ¿El destino de Mickelson? Salió caminando – y sin siquiera tener que atestiguar.

La historia se centra en una de las figuras más extraordinarias en el deporte de los Estados Unidos: Billy Walters. Al igual que cuando Warren Buffett ganó miles de millones haciendo lo que muchos estadounidenses ignotos hacen todos los días – comprar acciones – Walters hizo millones con una actividad similarmente común: apostar en los partidos. La historia de vida de Walters se puede leer como una contracara periodística del mito de Horatio Alger. Nació hace 71 años en la aldea de Munfordville, Kentucky. Su padre murió cuando Billy tenía un año de edad, y poco después su madre lo abandonó. Billy tuvo que ser criado por su abuela, quien inculcó en el niño una ética de trabajo feroz. A los 7 años Billy cortaba el pasto; a los 9 repartía diarios. Los patrones – y pasiones – que se repetirían en su vida se establecieron de manera temprana. Cuando tenía apenas 11 años, Billy contaba este cuento seguido, ahorró sus ganancias – algunas veces hablaba de $75 otras de $120 – y apostó con el verdulero que su equipo favorito, los Yankees de Nueva York, ganarían la Serie Mundial de 1955. No lo hicieron. Sigue siendo “una de las pérdidas más dolorosas y memorables que he tenido,” le dijo Walters al Review-Journal de Las Vegas.

Al finalizar el secundario, Walters cultivó la versión embriónica de las destrezas que resultarían vitales más tarde en su vida – para vender autos, apostar en los deportes, y para poner a prueba los límites de la ley. En Kentucky, tuvo que salir corriendo por dinero (miles), matrimonios (dos) y admisiones de culpa para recibir sentencias más leves en delitos menores (una, por apuestas ilegales que luego serían suprimidas de su prontuario). Pero para cuando llegó a los 30, la verdad es que Walters no era mejor apostando que en sus matrimonios. Frecuentemente estaba en quiebra, borracho y su vida iba (en el mejor de los casos) a la deriva. Por eso en 1982 Walters hizo la mejor apuesta de su vida al mudarse a Las Vegas.

Allí Walters dejó de beber y se conectó con dos genios certificados en el neonato campo de apuestas por computadoras. Ivan Mindlin era un cirujano y Michael Kent era un matemático que alguna vez diseñó submarinos nucleares y juntos habían creado lo que llamaron el Computer Group, algo parecido a Moneyball pero con dinero de verdad. Usando las computadoras primitivas de aquella época, ellos analizaban las estadísticas del fútbol universitario y profesional para descubrir fallas en las planillas de puntos establecidas en los casinos de las Vegas. Como resultado, el Computer Group descubrió como hacer apuestas que producirían, en promedio, mejores resultados que cualquier individuo podía lograr. Los genios no podían garantizar ganancias, como una única cosa segura por semana. En cambio, ellos identificaban las leves anomalías estadísticas en las planillas de puntos – lo cual significaba que tenían que apostar mucho dinero para ganar dinero por los datos aportados por sus computadoras.


MICKELSON vendió sus acciones en más de $931.000 en ganancias. Al mismo tiempo, saldó su deuda de juego con WALTERS en septiembre 2012.


Es ahí cuando Billy Walters intervino. Él no tenía miedo de apostar cientos de miles de dólares por semana y tenía el carisma, los contactos y el conocimiento para distribuir las apuestas entre las docenas de casas de apuestas clandestinas y de las apuestas en deportes de los casinos que eran los que podían manejar este tipo de acción. La sociedad de los “nerds” y del montañés que le estrechaba la mano a todo el mundo hizo historia en las apuestas. Es difícil confirmar cifras exactas pero está claro que el Computer Group ganó decenas de millones de dólares en los 80. Poco tiempo después, los grandes casinos se cansaron de perder dinero con los eruditos digitales así que comenzaron, primero, a limitar las cantidades que podían apostar en cada juego y luego echando a los apostadores del Computer Group de sus instalaciones. Esto llevó a Walters a crear una red de asistentes que hacían las apuestas por el grupo. Cuando Walters describe esos días, cuenta que llegaba a apostar cerca de $2 millones durante la temporada de fútbol – y dijo que una vez llegó a ganar $3,5 millones en el Super Bowl.

Este tipo de éxito llamó la atención de las fuerzas de la ley. En 1985 el FBI realizó una redada a la sede central del Computer Group, y Walters y más de una docena de otros fueron acusados de cargos relacionados con apuestas interestatales ilegales. Walters fue absuelto. Más tarde, el estado de Nevada acusó a Walters en tres ocasiones distintas de cargos similares. Nunca fue condenado por nada. La fiscalía solo consiguió crear un aura de invencibilidad alrededor de Billy Walters. Se convirtió en una figura importante en Las Vegas, abrió un negocio de compra venta de autos usados, subsidió beneficencias locales y jugó mucho golf.

Phil

BILLY WALTERS llega a la corte federal en Nueva York en abril 2017.

El amor de Walters por el golf encajaba muy bien con su pasión por las apuestas. Nunca fue un gran jugador – tuvo un 10 de handicap – pero podía soportar la presión tan bien como cualquier pro del PGA. En un perfil laudatorio de Walters en el programa “60 Minutos,” en 2011, dijo que había llegado a ganar tanto como $400.000 en un hoyo de golf. También dijo que una vez ganó $1 millón en una ronda – que luego perdió en las mesas de blackjack esa noche. En la década del 90, Walters se hizo amigo de alguien que, de cierta forma, era su imagen contraria: un gran golfista y un apostador mediocre llamado Phil Mickelson.

Durante su larga exposición pública, Mickelson nunca ha sido evasivo sobre su amor por las apuestas, especialmente en los deportes. Su amor por lo incierto de alguna manera parecía ir de la mano de un jugador que disfrutaba el riesgo en la cancha de golf. A lo largo de los años, Mickelson se divertía contando que había ganado grandes apuestas. Se dice que Mickelson y un grupo de socios apostaron $20,000 al ganador del Super Bowl 2001 durante la pretemporada y ganaron $560,000. También dicen que ganó mucho dinero al apostar a que los Arizona Diamondbacks le ganarían a los Yankees de Nueva York en la Serie Mundial de 2001. Pero estos éxitos, claramente, eran solo una parte de la historia. Según personas familiarizadas con las prácticas de Walter, él le permitió a Mickelson tener una cuenta de las apuestas deportivas que jugaba con él; Walters era, en efecto, un corredor de apuestas de Mickelson. Por ejemplo, según una declaración jurada del gerente de negocios de Mickelson, el 19 de septiembre de 2012 Mickelson le pagó a Walters $1.950.000 para cubrir una deuda “relacionada con las apuestas en deportes.” Más aún, reconoció su gerente, Mickelson “tuvo deudas parecidas con el Sr. Walters en el pasado y las había saldado.” Contra ese tipo de pérdidas, la apuesta afortunada de Mickelson en el Super Bowl parece menos impresionante. Aún así, considerando que solo en 2012 Mickelson recibió $48 millones en ganancias y patrocinios, sus apuestas parecen un hobby costoso pero costeable.

Por otra parte Walters no tenía tanto margen. Su caída comenzó cuando intentó convertir su pasión por el golf en un negocio, justo después de que la recesión de 2008 golpeara a Las Vegas más fuerte que en cualquier lado. Según una investigación de Bloomberg, Walters y sus compañías compraron cuatro canchas en Las Vegas durante sus años de auge, pero la recesión vapuleó al negocio del golf, especialmente en Nevada. Walters había vendido una cancha llamada Stallion Mountain, y para cerrar el trato él personalmente garantizó el préstamo del comprador. Cuando el comprador cayó en cesación de pagos, la Federal Deposit Insurance Corporation persiguió a Walters para que pagara los $15,25 millones, según descubrió Bloomberg. Luego vendió otra cancha llamada Desert Pines. Más tarde admitió que una tercera cancha, Bali Hai Golf Club, le dejó $49 millones de “costos no recuperados.”

La recesión aparentemente lo convenció a Walters que abandonara los riesgos de las apuestas y que buscara algo seguro: información privilegiada. Y tenía justo a la persona que lo podía ayudar.

ENCUENTRO CON EL INTEGRANTE DEL DIRECTORIO
Walters conoció a Tom Davis a mediados de los 90, cuando ambos hombres volaban alto. Walters todavía era el rey de Las Vegas en esos días y Davis era miembro del directorio de Dean Foods con base en Dallas, uno de los procesadores de productos lácteos en el país. Los dos hombres compartían el amor por el golf y las apuestas, si bien Davis no era tan exitoso como lo era Walters en los casinos. De hecho, donde Walters era estratégico en sus apuestas, Davis era meramente compulsivo – y su vida se convirtió en un cuento cauteloso. Davis hizo millones en su carrera corporativa, pero nunca fue suficiente para compensa lo que seguía perdiendo en las mesas. Después de perder $200.000 en el blackjack del Hotel Cosmopolitan en Las Vegas, robó $100.000 de un refugio para mujeres golpeadas, en Dallas, para el cual había recaudado fondos en el pasado. Davis usó el dinero para pagar una fiesta sorpresa para su esposa. Luego, Davis tomaría otros $50.000 del refugio.

Finalmente Davis le devolvió el dinero a la beneficencia, con un préstamo que hizo a Billy Walters. Con el tiempo, Davis pidió prestado casi un millón de dólares a Walters y, en 2011, cuando ambos hombres estaban enfrentando problemas financieros, los fiscales dijeron que ellos urdieron un esquema tan simple como audaz. Walters le dio un celular a Davis que sería usado exclusivamente para hablar de las acciones de Dean Foods. Walters llamaba al celular primario de Davis y le dejaba un mensaje que decía, “Vamos a tomar un café.” Esa era la señal para que Davis le devolviera el llamado a Walter en lo que ellos llamaban el “Bati fono,” y le pasaba a Walters información privilegiada sobre temas que afectaban el precio de las acciones de Dean Foods – a las que ellos se referían como los “Dallas Cowboys.” Por supuesto, como miembro del directorio de Dean Foods, Davis era la clásica persona con información privilegiada y por ende estaba obligado a mantener este tipo de información en secreto. Al compartir esta información con Walters, Davis está violando la ley – y él lo sabía.


Según su abogado, WALTERS era demasiado inteligente como para involucrar a una celebridad como MICKELSON en un esquema de uso de información privilegiada.


Los que usan información privilegiada pueden ganar dinero de dos maneras: Pueden comprar acciones que saben que van a aumentar de valor o llaman a vender cuando saben que el valor de las acciones va a caer pronto. Gracias a Davis, Walters pudo hacer dinero de ambas formas. Primero Walters compró casi cuatro millones de acciones de Dean Foods por consejo de Davis en 2008, y las vendió, una vez más con la guía de Davis, por $6 millones en ganancias realizadas y no realizadas poco tiempo después. Pero el uso de información privilegiada realmente agarró vuelo en 2010, después de que Walters empezara a prestarle dinero a Davis. (También durante ese período Walters presentó a su amigo Phil Mickelson a Davis cuando Phil estaba en la cancha de práctica del Rancho Santa Fe Golf Club, del que Mickelson y Walters eran socios.) El uso de información privilegiada más productivo fue después de que Davis le diera el dato de que Dean Foods estaría por hacer un spin-off con WhiteWave. Hacia fines de 2012, el uso que le dio Walters a la información privilegiada de las acciones de Dean Foods le dieron una ganancia neta realizada y no realizada y le evitó pérdidas de más de $43 millones.

Más o menos para el mismo tiempo Mickelson estaba logrando ganancias similares, si bien menos costosas, comercializando acciones de Dean Foods. Comenzó en julio 2012, según la Securities and Exchange Commission, cuando Walters lo llamó a Mickelson quien había hecho apuestas con Walters y le debía dinero en ese momento. (Los registros telefónicos mostraron llamados y mensajes de texto frecuentes entre Mickelson y Walters durante este período.) Mickelson nunca antes había invertido en acciones de Dean Foods, pero Walters instó a Mickelson a que empezara la compra venta. Mickelson compró acciones de Dean Foods en el siguiente día de actividad de la bolsa en tres cuentas de agencias de corredores controladas. Casi una semana más tarde, el precio de las acciones de Dean Foods saltó un 40 por ciento luego de los anuncios públicos del spin-off de WhiteWave. A continuación Mickelson vendió sus acciones logrando más de $931.000 en ganancias. Al mismo tiempo, saldó las deudas de juego que tenía con Walters en septiembre 2012, aparentemente tomando una parte de los beneficios de la compra venta de acciones. (Mickelson y sus abogados se negaron a hacer comentarios.)

Sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que los investigadores federales notaran algo sospechoso en la comercialización de las acciones de Dean Foods. Una mañana de mayo 2014, un par de agentes del FBI se presentaron en la casa de Davis en Dallas para preguntarle sobre su relación comercial con Billy Walters. Davis reconoció que conocía a Walters pero mintió sobre todo lo demás, especialmente sobre si le había proporcionado a Walters información privilegiada sobre Dean Foods. Más tarde Davis mintió sobre el mismo tema en una declaración jurada ante la SEC. Pero finalmente, a fines de 2015, enfrentando una montaña de evidencia y una salud precaria, Davis decidió contar la verdad. Se declaró culpable de 12 cargos, incluyendo el uso de información privilegiada y mentirle a la SEC y el FBI, y acordó cooperar con las investigaciones en curso sobre Walters. Ante las múltiples declaraciones de culpabilidad, Davis enfrentó una condena máxima de 190 años en prisión. Al cooperar, Davis redujo enormemente sus probabilidades de recibir una larga condena.

Una vez que los fiscales tuvieron el testimonio de Davis a mano, ellos enfrentaron s próxima decisión. Parecía que Walters y Mickelson estaban en situaciones muy similares: ambos se habían beneficiado por el uso de información privilegiada proporcionada por Tom Davis. ¿Pero eran ambos culpables del uso de información privilegiada?

Quién pasa el dato y quién lo recibe
El uso de información privilegiada es una anomalía dentro de los crímenes federales. El congreso nunca aprobó una ley específica declarando ilegal a dicha práctica, por lo que los fiscales han tenido que improvisar, generalmente llevando a los casos de uso de información privilegiada bajo estatutos que fueron diseñados originalmente para prohibir los fraudes comerciales comunes. La Corte Suprema y otras cortes federales de apelaciones han aprobado la mayoría de estos procesamientos, pero no todos, dándole a la ley de uso de datos de información privilegiada un grado inusual de incertidumbre. En resumen, no siempre está claro qué constituye el uso de información privilegiada ilegal.

La mayoría de los procesamientos por uso de información privilegiada comienza con dos personas – conocidos como el que pasa el dato y el receptor del mismo. El primero es un individuo con la tarea de mantener en secreto la información corporativa (también conocida como interna), y el segundo es alguien que vende acciones basándose en el dato que le pasó el infiltrado. En cuanto a Dean Foods, Tom Davis, como integrante del directorio de la empresa, era el típico infiltrado, y quien pasaba el dato, mientras que Billy Walters era el receptor prototipo. La complejidad aparece cuando el receptor pasa la información a un tercero – en este caso de Walters a Phil Mickelson. Si Mickelson hizo compraventas usando esta información (como aparentemente lo hizo) pero no tuvo contacto con el infiltrado original (como aparentemente no lo hizo), ¿era Mickelson culpable de un delito?

La investigación de Dean Foods se llevó a cabo mientras los fiscales federales de Manhattan estaban llevando adelante un desenlace importantísimo de uso de información privilegiada. Pero justo cuando el caso de Dean Foods estaba por ser el próximo en tratarse, en diciembre 2014, los fiscales sufrieron un revés doloroso en la corte. El Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos del Segundo Distrito, el cual incluye a Nueva York, descartó una de las condenas más importantes de la fiscalía. En ese caso, Todd Newman comercializó acciones basándose en información privilegiada que había recibido de segunda mano – es decir, de un individuo que la había recibido de un infiltrado corporativo. En otras palabras, Newman estaba en una posición comparable a la de Mickelson – quien estaba separado de Davis, la fuente de la información privilegiada – por Walters. Según la decisión del Segundo Distrito en el caso Newman, un receptor de información (como Mickelson) solo podía ser declarado culpable de uso de información privilegiada si sabía que el que proporcionaba los datos (Davis) se beneficiaba de alguna manera pasándole la información a Walters. Puesto que no había evidencia de qué sabía Mickelson sobre las motivaciones de Davis, a Mickelson no se lo podía acusar por la ley del caso Newman. “No hay dudas de que el caso Newman perjudicó las probabilidades de que se abriera una causa contra Mickelson,” dijo un investigador gubernamental involucrado en el procesamiento de Walters.

Mickelson y el juicio
En el caso de Newman, el Fiscal de los Estados Unidos en Manhattan acusó solamente a Billy Walters de uso de información privilegiada. Aún así y aunque Mickelson no estaba en el banquillo de la defensa, su nombre apareció prominentemente en el juicio de Walters. De hecho, Barry Berke, el abogado de Walters, armó la defensa en parte alrededor de Mickelson. En el alegato de presentación de la defensa al jurado, él dijo que Walters, como un inversor sofisticado, habría sabido que la SEC iba a examinar compra ventas inusuales de las acciones de Dean Foods hechas antes y después de grandes anuncios corporativos. “Cuando existe un gran evento para una compañía, donde hay una fusión, adquisición o un spin-off, la Securities and Exchange Commission investiga quiénes son los compradores que llevaron a ello; eso es lo que hacen. Por ende si eres Bill Walters y crees que alguien te ha brindado información privilegiada lo último que harías es dársela a Phil Mickelson, uno de los atletas más famosos del mundo, ya que inmediatamente atraería el escrutinio regulatorio que lo llevaría de vuelta a Bill Walters.” En otras palabras, según su abogado, Walters era demasiado inteligente como para involucrar a una celebridad como Mickelson en un esquema de uso de información privilegiada.

El punto dramático más alto del juicio llegó la mañana del 21 de marzo, 2017, cuando Tom Davis se sentó en el estrado para atestiguar en contra de su otrora amigo cercano Billy Walters. La teoría del gobierno sobre el caso era bastante sencilla. Davis le proporcionó a Walters información privilegiada como manera de recompensarle el dinero que Davis le había pedido prestado. Cuando le preguntaron por qué proporcionó dicha información sobre las acciones de Dean Foods a Walters, Davis testificó, “Él me prestó dinero. Yo tenía una deuda con él.” Berke destrozó a Davis en el contrainterrogatorio, dilatándose en una larga referencia al robo de dinero del refugio de mujeres y sus repetidas mentiras a las autoridades. Davis reconoció sus fechorías pero insistió en que ahora estaba diciendo la verdad. Y la historia de Davis estaba apuntalada por registros de teléfonos celulares y los patrones de compra venta de Walters, los cuales coincidían con la descripción de Davis de su relación.


Para la fiscalía, WALTERS le proporcionó a MICKELSON información privilegiada para que pudiera generar el efectivo para saldar la deuda que el golfista tenía con él.


Los fiscales tenían otras maneras de apoyar la credibilidad de Davis – al mostrar cómo Mickelson también participaba en el mercado de acciones de Dean Foods según un patrón similar a Walters. A la vista de los fiscales, Walters le brindó información privilegiada a Mickelson para que pudiera generar el efectivo y así el golfista podría saldar la deuda que tenía con él. Según los informes financieros presentados en el juicio, las cuentas controladas por Phil Mickelson y su esposa, Amy, hicieron 23 compras de acciones de Dean Foods, a un costo total de $2,46 millones, en un único mes, entre julio y agosto 2012. Luego, el 8 de agosto, después de que se anunció el nuevo spin-off de WhiteWave, los Mickelsons vendieron casi toda su existencia, con una ganancia de casi $1 millón.

Un testigo en el juicio de Walters pudo haber aclarado el rol de Phil Mickelson: Phil Mickelson. Pero los abogados del golfista le informaron a la fiscalía y a la defensa que si cualquiera de los dos lo llamaban, Mickelson se negaría a atestiguar amparándose en la Quinta Enmienda para evitar auto incriminarse. (Siguiendo la práctica en la corte federal de Manhattan, Mickelson podía pedir a sus abogados que lo representaran y evitarse así el humillante espectáculo de ampararse en la Quinta públicamente.) En lugar del testimonio de Mickelson, ambas partes acordaron unas formas de sustitución – una estipulación o acuerdo, sobre los negocios financieros de Mickelson, basado en informes proporcionadas por Boulevard Management, quienes manejan sus asuntos económicos. El extracto mostraba que Mickelson le había pagado a Walters $1.950.000 en 2012, para saldar una deuda de juego, y que Mickelson había tenido y pagado deudas similares a Walters en el pasado. El acuerdo expresaba también que el ingreso informado por Mi
ckelson en 2012 fue de unos $48 millones.

Aún sin el testimonio de Mickelson la fiscalía creyó que su compraventa de acciones de Dean Foods representaba una evidencia incriminatoria poderosa contra Walters. Brooke Cucinella, uno de los fiscales, dijo en su alegato final, “Cuando [Walters] supo que tenía un ganador seguro, permitió que sus amigos entraran en acción. En los días previos al spin-off, el acusado le dijo a Mike Luce [presidente del The Walters Group y un amigo] y a Phil Mickelson que compraran acciones de Dean Foods. Ahora bien, no sabemos si les dijo cuál era la fuente de la información. Pero sabemos que Mickelson, al menos, pensaba que la información que estaba recibiendo de Walters era lo suficientemente buena como para invertir $2 millones en acciones de Dean Foods, algunas de ellas en las cuentas de sus hijos. Mickelson nunca antes había comprado acciones de Dean Foods – ni una sola vez. Los registros telefónicos muestran que Walters y Mickelson se enviaban mensajes de texto repetidamente en los días previos a la visita de Davis a la casa de Walters, antes de que él hubiera llegado allí. El acusado sabía para ese entonces que el spin-off iba bien y que las cosas estaban encaminadas para el 7 de agosto. Y él le dijo a Mickelson que la compraventa era una cosa segura. Ahora se sabe que el 8 de agosto Luce y Mickelson vendieron sus acciones. Mickelson ganó un poco menos de $1 millón – dinero que en última instancia volvió a transferir al acusado por una deuda de juego.”

En su alegato final a favor de Walters, Barry Berke se burló de la idea de que alguien tan adinerado como Mickelson necesitara información de acciones de Billy Walters para pagar una deuda de juego. Berke dijo que Walters y Mickelson solían compartir datos de acciones y compartían una conexión en el Barclays, uno de los patrocinantes de Mickelson. “Lo que ustedes tienen es que en julio 2012, el Sr. Walters tuvo la convicción muy, muy alta de que era un buen momento para invertir en Dean Foods. Fue una especulación, fue discutida, y WhiteWave podía pasar… alguna noción de que se debía a una deuda de apuestas,” le dijo Berke al jurado. “Por la estipulación de que el Sr. Mickelson siempre pagaba sus deudas, él no necesitaba ningún consejo ni dato, dado que él tenía ingresos por $48 solo en un año … La teoría de la fiscalía se base en mentiras, especulación e insinuaciones.” El jurado no estuvo de acuerdo y declaró a Walters culpable de 10 cargos en su contra. Al hablar con periodistas después del veredicto, Walters dijo, “Acabo de perder la apuesta más grande de mi vida.” Al igual que Davis, Walters enfrenta la posibilidad de más de 100 años de cárcel.

Mickelson no salió completamente ileso de estos negociados en el ring del uso de información privilegiada. Walters nunca cooperó con las autoridades por lo que los investigadores nunca supieron qué, si había sido el caso, le había dicho a Mickelson sobre sus fuentes de información en Dean Foods. El gobierno no tenía pruebas de que Mickelson tratara de violar la ley del uso de información privilegiada. Pero la SEC llamó a Mickelson un “acusado compensatorio” en un caso civil, lo que significa que la agencia creía que él se benefició por el uso de información privilegiada de Dean Foods, aunque él no fuera el que la consiguiera. Mickelson llegó a un acuerdo en este caso civil al aceptar devolver sus ganancias de $931.738 más $105.291 en intereses por la transacción. Al hacerlo, Mickelson no admitió ni negó los alegatos de la acusación de la SEC.

Pero la odisea legal de Mickelson tuvo un giro final. El caso Newman, decidido en el Circuito Dos en diciembre 2014, evitó de manera efectiva una acusación penal contra Mickelson. Si bien la acusación penal contra Walters estaba pendiente, la Corte Suprema de los Estados Unidos aceptó otro caso de California, el cual limitó la ley de uso de información privilegiada de manera casi idéntica a como lo había hecho Newman en Nueva York. En una decisión unánime de diciembre 2016, la Corte Suprema rechazó la regla Newman y sostuvo que los receptores de información privilegiada podían ser procesados aún cuando no supieran qué había recibido el que pasó el dato original. En otras palabras, Mickelson podría haber sido procesado si su caso hubiera surgido antes de diciembre 2014 o después de diciembre 2016. Pero debido a que el caso Newman era la ley en Nueva York cuando surgió su caso, Mickelson esquivó el problema en ambos lados – igual que lo hiciera con esos dos árboles en Augusta.

JEFFREY TOOBIN es un escritor integrante del personal del The New Yorker, es analista legal sénior de la CNN y el autor, más recientemente, de American Heiress: The Wild Saga of the Kidnapping, Crimes, and Trial of Patty Hearst.