Recomendados Hace 1 año

(2da parte) “No se puede superar a dios”. Descubra Erin Hills a días del U.S. Open

PRIMERA PARTE: “No se puede superar a dios”. Descubra Erin Hills a días del U.S. Open (parte 1)


CUIDADO Y ATENCIÓN
Bob no era un golfista ávido y su visión del proyecto era la cancha de golf verde, frondosa y delineada por árboles Brown Deer en Milwaukee. Si bien Brown Deer no tiene nada de malo, no era lo que nuestra ubicación ofrecía. Mike y Dana me encargaron educar a Bob, así que lo llevé a Prairie Dunes en Kansas, y luego lo mandé a Sand Hills. A Bob no le gustó lo que vio. Sand Hills no tenía árboles, y ambas canchas estaban más marrones que verdes. “Quiero a Irlanda,” dijo. “Quiero verde esmeralda.”
“Irlanda tiene 40 tonos de verde,” le dije. Le llevó un tiempo, pero eventualmente lo entendió. Más adelante, Bob lanzaría una campaña de medios por Erin Hills que alardeaba de cuarenta tonos de verde.
Bob sabía suficiente de golf como para ser peligroso. Quería una cancha par 73, con seis pares 5. Le explicamos que el par sería el que la tierra nos permitiera construir, pero que seis pares 5 eran al menos dos de sobra, salvo que él quisiera vueltas de golf de seis horas. Su solución fueron horarios de salida de 15 minutos. Le explicamos que sería difícil recaudar dinero con solo 4 salidas por hora.
También quería ser el propietario de la cancha más larga del mundo y no le gustó demasiado cuando le dije que eso era una señal de envidia fálica. Medimos la cancha de estaca a estaca de manera informal con láser y descubrimos que tendría 7.911 yardas desde las marcas de campeonato o “marcas negras.” Pero Bob quería más. Él quería un conjunto de tees “negros negros” para que alcanzaran su objetivo de 8.800 yardas. Finalmente cedimos, le encontramos lugar y le llevamos riego, pero le explicamos que eran para usarse dentro de 30 años o más en el futuro. Le hicimos prometernos que no le pondría marcas de salida ni los incluiría en las tarjetas de score.
Lo primero que hizo una vez que la cancha abrió sus puertas fue llevar adelante un Desafío Back Black altamente promocionado, involucrando a los pros y aficionados locales. La cancha medía más de 8.300 yardas, par 75 (incluyendo al hoyo de despedida), y el score ganador fue 81. Yo le dije que esa era la peor propaganda que él podría hacerle a una cancha pública nueva. Pero insistió. Pronto empezó a vender gorras en el clubhouse bordadas con Erin Hills . . . No apta para los débiles de corazón.
Bob hizo algunas contribuciones genuinas al diseño. Fue él quien descubrió el hoyo 6, par 3, en subida hacia un green horizonte, lo cual nos permitió colocar otro par 3 en la dirección contraria, hacia un green ancho pero chato y hundido. Este era nuestro siete original, el hoyo Dell (llamado así por Dell at Lahinch en Irlanda), un par 3 ciego donde todos apuntan a una gran piedra blanca (sobre la cual Bob había escrito Whitten) que se mueve cada día para indicar la línea correcta hacia una bandera escondida. El crítico Brad Klein, que llamó a nuestra cancha “Errant Hills,” (Colinas Errantes), se burló del hoyo, dándole el nombre de “una gran tortilla de taco.” Yo siempre pensé que esa era la descripción perfecta.
Bob también hizo mucho cabildeo para ubicar al hoyo 16 en un lugar que nosotros considerábamos que estaba muy lejos del clubhouse, desde el cual era difícil volver sin construir un par de pares 5 muy largos y consecutivos. (La solución de Bob fue crear un par 6. En serio.) Pero un día lo encontré de buen humor y nos fuimos caminando hacia las praderas. Descubrimos la cima de una loma donde recientemente se habían removido los árboles y que tenía un hueco particular en la parte alta llamado El Volcán. Ese se convirtió en el green de nuestro corto par 4 del hoyo 15. Al abandonar un par 3 más temprano en la ida y al crear un par 3 en el 16 con un green con forma de bol maravillosamente natural (en realidad más parecido a una salsera), pudimos evitar dos pares cinco consecutivos para concluir la vuelta.

MUÉSTREME EL DINERO
Bob era un propietario participativo que le costaba soltar el dinero. Continuamente evitaba aprobar el presupuesto de construcción. “No voy a vender la mitad de mi empresa para construir una cancha de golf,” decía. “Búsquenme un socio.” Entonces les escribí a Lowell Schulman, fundador del club privado Atlantic Golf Club en Long Island, Nueva York, y a Herb Kohler, propietario de Blackwolf Run y Whistling Straits en Wisconsin. Visité a ambos, vendiéndole la idea de convertirse en inversores minoristas. Se negaron amablemente. Mi frustración fue evidente en un e-mail del 28 de mayo, 2002: “Perdóname Bob, pero tengo que hacer esta observación. Estoy aquí golpeando puertas en un intento por encontrar la financiación para construir la cancha, mientras tu estas en la cancha derribando árboles y aparentemente construyendo hoyos de golf. De algún modo debería ser al revés.”
Ese verano, una huelga portuaria embargó muchos de los productos de su compañía y Bob nos dijo que probablemente abandonara la cancha. Me encontré con Hurdzan y le sugerí que usáramos el U.S. Open como incentivo frente a Bob.
“La USGA nunca va a llevar al U.S. Open a una cancha pública remota en el medio de Wisconsin,” dijo Mike.
“Tu sabes eso y yo lo sé,” le dije, “pero Bob no lo sabe.”
Con la bendición de Mike, me encontré con Bob y le dije que nosotros pensábamos que Erin Hills podría ser una sede fantástica para un U.S. Open, en tanto él construyera la cancha. Ahora Bob dice que dimos con su punto débil ya que el U.S. Open había sido siempre su sueño desde que vio la propiedad en 1997. Mike, Dana y yo no podemos recordar que alguna vez nos haya expresado ese sueño a ninguno de nosotros, pero Bob insiste en que se lo contó a otros ya desde 2001.
Nos dio luz verde para continuar el trazado, pero todavía sin presupuesto de construcción. El permiso final del gobierno que nos permitía construir la cancha fue emitido en junio de 2003, pero Bob quería certezas. El 24 de julio, 2003 le escribí a Mike Davis, por entonces director del U.S. Open, hoy director ejecutivo y CEO de la USGA, y le dije desvergonzadamente que Erin Hills sería “una mejor sede para el Abierto que la Straits Course en Whistling Straits.” La única condición, agregué casualmente, “ . . . nuestra cancha todavía no está construida.” Lo invité a Davis a hacer un recorrido por la cancha y a que nos ofreciera sus sugerencias sobre cómo hacer de Erin Hills una cancha digna de ese campeonato.
Le adjunté algunas fotos de nuestra propiedad.
Davis no contestó hasta el 30 de septiembre. “Si puedo visitarla, me encantaría,” escribió. “Necesito ir a Whistling Straits en algún punto así que tal vez pueda visitar ambas. También estoy haciendo visitas periódicas al Chicago G.C. para la preparación de la cancha para la Copa Walker 2005.” Le respondí diciéndole que Bob estaba ansioso por mostrarle la cancha en octubre o noviembre. No sucedió, pero a principios de noviembre, Bob nos dijo que había cerrado un negocio y que ahora tenía la titularidad de toda la tierra de Erin Hills. (Yo no sabía que no era el dueño de la propiedad.) Pero aún así necesitaba el capital para la construcción.
Pasamos la primavera y el verano de 2004 debatiendo el trazado final y haciendo números para el presupuesto final.
Mike y Dana querían contratar al gurú de los bunkers de Coore & Crenshaw, Jeff Bradley, quien había trabajado con ellos en su hermoso diseño de Shelter Harbor en Rhode Island, para impartir ese estilo distintivo de bunkers en Erin Hills. Yo los convencí de que no lo hicieran, en parte porque Bradley era costoso, pero más que nada porque yo pensaba que Bradley estaba tan asociado con Coore & Crenshaw que los críticos iban a insistir en que habíamos copiado su estilo de bunkers. Mi argumento era que Erin Hills era especial y que merecía su propio estilo.
Un año más tarde, cuando finalmente empezamos a construir los bunkers, hicimos tres variedades. Pusimos algunos pocos pot bunkers, a los cuales yo llamé bunkers boca de teteras. Pusimos bunkers volados, la mayoría de ellos esparcidos por Dana para que parecieran como si el viento hubiera cavado hoyos en dunas altas de arena. (Algunos, como el grandote a la izquierda del fairway del 14, fueron hechos realmente con arena nativa; cuando cavamos otros, nos encontramos con roca glacial por lo que tuvimos que depositar la arena.) Y luego de estudiar los patrones de erosión en Kansas Flint Hills, yo hice unos bosquejos de lo que llamamos “bunkers de erosión,” con dedos angostos extendiéndose cuesta abajo y ensanchándose hacia fondos irregulares de distintos niveles. Estos se convirtieron en los tipos de bunkers más prevalecientes en la cancha.

EL SUEÑO SE CONVIERTE EN REALIDAD
En julio 2004, Davis me escribió diciendo que pasaría por Erin Hills durante la semana del PGA Championship en Whistling Straits. Antes de esa visita, Bob y yo nos turnamos sobre un tractor cortando los pastos de las praderas para indicar cuál era el fairway, tee y green propuesto para cada hoyo. Luego atamos banderas a palos de escoba y los clavamos en el centro de nuestros greens. Sin mover una sola palada de tierra, parecía una cancha de golf.
Davis nos visitó el 10 de agosto, con el entonces agrónomo de la USGA Tim Moraghan. Pasaron 4½ horas caminando los 18 hoyos con nosotros, respondiendo nuestras preguntas, ofreciendo sugerencias: mantengan los greens pequeños; no construyan lomas empinadas que limiten las posiciones de bandera; ahorren espacio para alargar los tees; tengan en cuento el flujo de tránsito por la propiedad de los vehículos de servicio; usen pasturas que brinden condiciones firmes y rápidas.
Cuando llegamos al posible green del hoyo 10, sobre la loma, Davis notó un hueco profundo detrás del mismo, y una meseta detrás del hueco. “Por qué no estudian eso,” dijo. “Parece un green Biarritz natural.” Al día siguiente, me dirigí al 10 para estudiarlo. ¿Por qué no había notado eso? Efectivamente era un Biarritz natural, así que le corté el pasto y le puse estacas. A Mike y a Dana les encantó, así que lo construimos eventualmente, un green de 77 yardas de largo, con una trinchera profunda cruzando el medio, sobre la cima de una loma y al final de un par 5 de 672 yardas. ¿En qué estábamos pensando?
Un poco más de una semana después de la visita de la USGA, Bob nos escribió a todos diciendo que había conseguido el dinero de la construcción: “Es hora de comenzar la próxima fase de nuestra travesía para construir Erin Hills.”
Finalmente la construcción empezó el 15 de septiembre. Al mes siguiente, Davis regresó, esta vez con el entonces director ejecutivo de la USGA David Fay. Luego de caminar por cada corredor, Fay le dijo a Bob, “Veamos como juega esta cancha en junio” y le ofreció el U.S. Women’s Amateur Public Links Championship de 2007. Bob aceptó de inmediato y nos llamó lleno de felicidad. Nosotros entramos en pánico. Faltaba menos de tres años para eso. Ni siquiera habíamos iniciado la construcción; una racha de mal clima y nunca podríamos tener la cancha lista a tiempo.
Por suerte Fay llamó casi enseguida a Bob para decirle que se había equivocado. Ya le habían ofrecido el evento de 2007 a Kearney Hill en Lexington, Kentucky. ¿Le gustaría ser anfitrión del evento en 2008? Bob accedió y todos nos relajamos, apenas.
Cuando regresamos en la primavera de 2005, la construcción estaba atrasada. La excavación del lago para el riego había tomado más tiempo de lo que habíamos anticipado. Peor aún, no teníamos agua para llenar el lago porque se había retrasado la perforación del pozo de agua. Nos pasamos de las fechas límite de sembrado, y eso nos afectó en la primavera de 2006.
Hubo otras complicaciones. Si bien dos años antes Bob había contratado trabajadores locales para limpiar todas las laderas de las lomas, ahora no podía no podía tolerar talar ningún árbol más. La filosofía de Dana era “tírenle una bomba nuclear a todos,” pero Bob consideraba que los grupos de árboles en el medio de algunos fairways podrían ser maravillosos elementos de estrategia. Pasé meses negociando con él, remover árboles en algún hoyo a cambio de conservar algunos árboles en otro.
Erin Hills abrió sus puertas oficialmente en agosto 2006, demasiado temprano para las condiciones del pasto, pero Bob quería empezar a generar ingresos. Recibió comentarios diversos. Golf Magazine la nombró la mejor cancha nueva del año, pero Wisconsin Golfer dijo que otorgarle un evento USGA “era como coronar a una recién nacida como Srta. Estados Unidos.”
O mejor dos coronas. En febrero de 2008, la USGA anunció que el U.S. Amateur 2011 se jugaría en Erin Hills. Bob me dijo en privado que el U.S. Open también era parte del acuerdo, pero que eso no se anunciaría hasta más adelante. Fue difícil como periodista dejar pasar esa primicia, pero estoy contento de haberlo hecho porque ya no estoy tan seguro de que lo dicho por Bob haya sido exacto.


PRIMERA PARTE: “No se puede superar a dios”. Descubra Erin Hills a días del U.S. Open (parte 1)