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¡VENCIMOS A EUROPA! Una mirada íntima al equipo USA de la Ryder en Hazeltine

Del libro The First Major por John Feinstein, copyright © 2017 por John Feinstein, publicado bajo acuerdo con impresión del The Knopf Doubleday Group, una subsidiaria de Penguin Random House LLC, 320 páginas, U$28.95.


KUCHAR EL BROMISTA SE PONE SERIO, TIGER MUESTRA OTRO COSTADO Y PHIL INTENTA (REALMENTE INTENTA) SACAR A DJ DE PUNTO MUERTO

Matt Kuchar fue el bufón de la corte en el equipo de Estados Unidos de la Copa Ryder 2016, si bien la mayoría de los fanáticos del golf nunca lo hubieran sabido. ▶ “Su imagen frente al público es un ciento por ciento diferente a quien él es realmente,” dice Zach Johnson, un buen amigo. “Él sonríe y dice todas las cosas correctas y luego cuando cierras la puerta, se convierte en un diablo.”
▶ Johnson dijo eso de manera cariñosa. Él fue una víctima frecuente de los planes de Kuchar, muchas veces abriendo el armario para encontrarse algún tipo de lámina – algunas veces un hombre, otras una mujer, por lo general desnudos – colgada prominentemente sobre la puerta. La esperanza de Kuchar era que Johnson abriera el armario ante la presencia de algún medio de prensa o tal vez algún compañero de pro-am y se viera obligado a dar explicaciones.
▶ La explicación de Johnson siempre fue bastante simple: Kuchar. ▶ Kuchar tiene una sonrisa omnipresente y amplia, la que le otorgó el apodo Matt el sonriente, y ha sido el favorito del público desde hace mucho tiempo debido a ella y a su forma agradable de ser. Pero debajo de esa imagen, Kuchar no solo es un bromista tiempo completo, él es quien uno de los jugadores más brillantes y reflexivos. ▶ Phil Mickelson, cansado de las payasadas de Kuchar, trata de evitar una pelea verbal con él. “Él es demasiado rápido,” opina Mickelson. “Yo soy bueno. Soy muy bueno pero nunca le gano.” ▶ Varios años atrás, Mickelson se había presentado a un torneo luciendo unos zapatos hechos a medida con cuero de cocodrilo que tenían un tono parecido al verde de Augusta National. Caminó hasta el range y empezó a aflojarse. Kuchar estaba justo a su lado. ▶“¿Qué son esos?” preguntó Kuchar, apuntando a los zapatos. ▶ “¿Estos?” contestó Mickelson. “Estos son zapatos que solo puedes conseguir tras ganar tres veces el Masters.”
▶ Mickelson se rió. Había sacado la carta ganadora. ▶ “Bueno, si ese es el caso,” dijo Kuchar, dándose vuelta para regresar a su pre calentamiento, “espero solo ganar dos.”


En un punto, Nicklaus asomó su cabeza por la puerta, vio lo que estaba pasando y dijo, “sigan haciendo lo que están haciendo – aquí y en la cancha de golf.”


“ALGO ESPECIAL”
Kuchar Y Mickelson jugaron juntos el sábado en la tarde durante la sesión de fourballs en Hazeltine y derrotaron a Sergio García y Martin Kaymer, colaborando para llevar al equipo de los EE.UU. a una ventaja de 9½ a 6½ antes de empezar los individuales del domingo. Cuando concluyó el juego del día, Kuchar anunció a sus capitanes y compañeros que tenía “algo especial planeado para la noche” una vez que regresaran al hotel. Todos estaban convencidos de que se trataba de otra broma de Kuchar.
El capitán de los EE.UU. Davis Love III había planeado una noche relativamente informal que incluía a muchos ajenos al equipo.
“Una vez que estás de vuelta en el hotel, es como que te sales de concentración,” le dijo a su equipo. “Lo cual es bueno. No se puede pasar toda la noche pensando en lo que pueda o no pueda pasar al día siguiente. Te desgastará.”
Mike Eruzione, el capitán del equipo olímpico de hockey sobre hielo Milagro en el Hielo en Lake Placid 1980 estaría allí. Darius Rucker, un gran fanático del golf a quienes todos conocían, cantaría algunas canciones. Los ex-capitanes estarían allí y, como siempre, las esposas/compañeras y caddies estarían en el salón.
Nadie estaba completamente seguro de cuán decidido estaba Kuchar con su plan.
“No estoy seguro de que queríamos saberlo,” dice Johnson, riéndose.
Love había alentado a las distintas celebridades y ex capitanes a que se sintieran como en su casa en la sala de jugadores esa semana. “Quería que las cosas se dieran espontáneamente,” dijo. “No quería que fuera algo así como, ‘OK, a las 8 de la noche del jueves hablará Jack Nicklaus.’ ”
El sábado a la noche Eruzione trajo camisetas de hockey para todos los jugadores. Tenían escrito USA en el frente y el nombre del jugador en la espalda. Y habló sobre la importancia de comprender el momento, recordándoles a los jugadores lo que el coach de EE.UU. Herb Brooks le había dicho a su equipo antes de jugar contra la Unión Soviética en el partido de hockey más importante que hayan jugado, el 22 de febrero, 1980. “Todos ustedes nacieron para este momento.”
Rucker tomó la palabra y les dijo a los jugadores cuánto significaba su amistad para él. “Quiero que sepan,” dijo, “que si alguna vez necesitan que vaya y cante en alguno de los eventos a beneficio de ustedes, allí estaré. En cualquier momento, en cualquier lugar. Jugaré al golf, tocaré música, lo que quieran o necesiten.”
Hizo una pausa. “Pero si pierden mañana, les cobraré los honorarios completos.”
Luego fue el turno de Zach Johnson. Entregó remeras que decían simplemente: MAKE TIGER GREAT AGAIN (QUE TIGER VUELVE A SER GRANDIOSO) Las había visto en Internet unas semanas antes y las compró para todos los del equipo. Cada jugador y asistente del capitán se la puso. Love le había dicho a Tiger que llegaría el momento en que tuviera que hablarle al equipo – pero que no debería ser forzado.
“Simplemente sucederá,” dijo. “Tu sabrás cuando llegue ese momento.”
Con todos en la sala gritando “¡Qué hable!” Woods supo que era el momento. Les dijo a los jugadores cuánto había significado para él ser parte del equipo como asistente del capitán, cuánto había disfrutado todo lo que había sucedido durante la semana y cuán cerca se sentía ahora de cada uno de ellos.
“Fue algo genial,” diría más tarde Mickelson. “Creo que Tiger ha estado yendo en la dirección de ser uno más de los muchachos por algún tiempo, pero la semana en Hazeltine lo puso en el tope… No es el mismo tipo que era hace algunos años atrás, cuando todo lo que le había enseñado su papá decía, ‘No compartas tus secretos con nadie.’ Ahora está abierto a compartir casi todo lo que él cree que puede ayudarnos a ganar.”
A principios de la semana, en un auto camino a la cancha desde el hotel, Mickelson y Woods se habían embarcado en un intercambio de reclamos bien intencionado que nadie hubiera soñado presenciar jamás.
“No veo la hora de que vuelvas al tour,” le dijo Mickelson en un momento. “Solo espero que puedas encontrar el planeta desde el tee una vez más y pronto.”
“Lo encontré varias veces para ganar 14 y 79, ¿no es así?” Le contestó Woods, refiriéndose a su montón de victorias en majors y eventos del PGA Tour.
Mickelson también tenía un regalo para hacerle a sus compañeros: chapitas identificatorias de perros. Cada una tenía el nombre del jugador en ella y la palabra inicio. Mickelson siempre había sostenido que Hazeltine sería el inicio de una nueva era para el equipo de los EE. UU. en la Copa Ryder. Él quería darles a los jugadores un nuevo recordatorio de ello.

“AL MENOS LA MITAD DE LOS PRESENTES ESTABA LLORANDO”
Finalmente, después de los discursos de las celebridades y la entrega de regalos, era el turno de Kuchar. La idea de su presentación le había surgido después de una cena de cumpleaños a la que había asistido ocho años antes en el hogar de Seth Waugh, el ex CEO del Deutsche Bank, un patrocinante del PGA Tour por varios años. “Él simplemente dijo, ‘OK, esta es una tradición familiar,’ y empezó a recorrer el salón,” recordó Kuchar. “Realmente te hacía pensar. Fue bastante genial.” Kuchar había hecho de esa idea una parte de su cena de Día de Gracias familiar. Ahora quería que fuera parte de la noche de sábado en la Copa Ryder.
Trajo un tablero blanco y lo colocó al frente del salón. Se paró ante sus compañeros de equipo sin ninguna de las intenciones ocultas típicas de Kuchar en su voz o comportamiento.
“Quiero que cada uno de ustedes me diga dos cosas de su vida por las cuales están muy agradecidos,” dijo. “No está permitido que digan amigos, familia o salud. Todos estamos agradecidos por esas cosas, y todos entendemos cuán importantes son. Yo quiero otras cosas. Quiero cosas en las que estén pensando ahora mismo sentados en este salón esta noche.” Les llevó un momento a todos los que estaban reunidos darse cuenta de que Kuchar estaba hablando en serio. Si había alguna duda, lo demostró siendo el primero en hablar.
“Yo he hablado sobre cuánto me gusta el golf y cuán agradecido estoy de que pueda ganarme la vida jugando este deporte,” dijo. “También pensé en algo que dijo Phil durante la Copa Presidentes en Corea. Él habló de cuán genial había sido que el capitán y sus asistentes lo hubieran tenido en cuenta para elegirlo aún cuando no había logrado ser parte del equipo por puntos. Eso me quedó – especialmente después de que Davis me eligiera.”
Bubba Watson habló de cuán importante había sido para él ser parte del equipo como asistente luego de no ser elegido y luego se emocionó al hablar de cuánto había significado para él que su padre hubiera vivido lo suficiente para verlo jugar en la Copa Ryder en 2010.
“Creo que hizo que todos nosotros nos detuviéramos a pensar cuán afortunados éramos de estar sentados ahí listos para tratar de ganar la Copa Ryder al día siguiente,” dice Brandt Snedeker. “Fue realmente genial.”
Snedeker habló después de Watson. Empezó agradeciéndole toda la información y apoyo que le había brindado esa semana. Luego habló de lo afortunado que era por estar en ese momento y cuán importante era para él asegurarse de no defraudar a nadie al día siguiente: Love, Mickelson, los otros jugadores y capitanes, incluyendo a los ex capitanes.
Luego Snedeker sacó su teléfono. Un fanático del hockey, había leído un libro de Mike Babcock años antes sobre ser el coach del equipo olímpico canadiense en 2010, el cual estaba bajo una casi intolerable presión porque los Juegos de invierno eran en Vancouver.
El libro se llamaba Leave No Doubt: A Credo for Chasing Your Dreams, y en él Babcock hizo referencia a una frase que su mentor, Scotty Bowman, le había pasado. La frase la había dicho Chuck Swindoll, un pastor y conductor de un programa de radio. “La tengo en mi teléfono,” explicó Snedeker, “porque me ayuda a sacarla y leerla otra vez cuando siento que estoy bajo mucha presión.”
Empezó a leer: “‘Cuanto más vivo, más me doy cuenta del impacto de la actitud en la vida. La actitud, para mí, es más importante que los hechos. Es más importante que el pasado, que la educación, que el dinero, las circunstancias, el éxito y lo que la gente dice o hace. Puede armar o quebrar una compañía, una iglesia, un hogar.’ ”
Y aquí, Snedeker agregó tres palabras suyas: “o un equipo.”
“Fue ahí cuando empecé a dejarme llevar,” dijo más tarde. Trató de seguir esa noche. “‘Lo más destacable es que tenemos una elección cada día con respecto a la actitud que vamos a incorporar ese día. No podemos cambiar el pasado. . . No podemos cambiar el hecho de que la gente actuará de cierta forma.’ ”
Para ese momento, Snedeker se había desmoronado por completo. Le entregó el teléfono a su esposa, Mandy, y ella terminó la frase por él.
“‘No podemos cambiar lo inevitable. Lo único que podemos hacer es tocar con la única cuerda que tenemos y esa es nuestra actitud. Yo estoy convencido que la vida es 10 por ciento lo que sucede y 90 por ciento cómo reaccionamos ante ello. Y así es con ustedes… Nosotros estamos al mando de nuestras actitudes.’ ”
La voz de Mandy se estaba quebrando hacia el final, pero pudo finalizarla.
Para entonces, muchos de los que estaban en el salón estaban llorando. El siguiente fue Steve Stricker. Ya estaba llorando para cuando se paró. Dijo como cuatro palabras y se quebró completamente.
“Porque eso es lo que hago,” diría más tarde Stricker, riéndose. “Para cuando llegó mi turno la mitad del salón – al menos – estaba llorando. Me paré y empecé a hablar y me quebré. No solo no estoy seguro de lo que dije, no estoy seguro de que alguien entendiera lo que había dicho. Pero toda la situación fue fabulosa.”
“En vez de sentir la presión que sabíamos iba a venir al día siguiente, todos nos sentimos muy bien” dice Zach Johnson. “Creo que esa fue exactamente la intención de Kooch.”
Kuchar estuvo parado junto al tablero todo el tiempo, escribiendo lo que cada persona agradecía hasta llenar varias hojas. En un punto, Nicklaus asomó su cabeza por la puerta, vio lo que estaba pasando y dijo, “sigan haciendo lo que están haciendo – aquí y en la cancha de golf.”


“TIGER HA ESTADO YENDO EN LA DIRECCIÓN DE SER UNO MÁS DE LOS MUCHACHOS POR ALGÚN TIEMPO, PERO LA SEMANA EN HAZELTINE LO PUSO EN EL TOPE,” —Phil Mickelson


TIGER LE DA UNA SORPRESA A REED
El domingo en la mañana Patrick Reed estaba más nervioso que nunca. Él era, después de todo, el Capitán América y en ese rol su trabajo era matar al Capitán Europa – Rory McIlroy— en el primer match del día.
“Estaba tensionado en la cancha de práctica,” dijo Reed.
“Muy tensionado. No me gustaba la manera en que le estaba pegando a la pelota y sabía que era por los nervios. Me estaba diciendo a mi mismo que me calmara y me preparara para jugar, pero no estaba funcionando.”
Woods estaba en la práctica, observando a Reed y Jordan Spieth – a quienes describiría como “sus muchachos” porque habían estado en su grupo toda la semana – entrando en calor. Podía ver que Reed estaba fuera de sí. “Oye, Patrick,” le dijo. “Ven aquí un momento.”
“Yo pensé que seguramente me daría algunas palabras de aliento, o me diría algo sobre mi swing o que tratara de relajarme y no exigirme demasiado,” dice Reed. “Yo caminé hacia él. Tenía sus brazos cruzados. Esperé. Se veía muy serio.
“Y luego me contó un chiste verde.”
Woods es bien conocido entre los jugadores por contar y disfrutar chistes verdes. El llamado humor de vestuario no está circunscripto a los atletas masculinos. Una de las mejores relatoras de chistes verdes de la historia entre los atletas era Chris Evert, la inmortal tenista con aspecto de vecina. Nadie se veía más recatada y correcta que Evert. Nadie gozaba más con un chiste verde que ella.
Cuando Woods le contó a Reed el chiste sin cambiar nunca la expresión, Reed se soltó.
“De hecho fue perfecto lo que hizo,” dijo Reed más tarde. “Rompió la tensión. Volví a pegar pelotas y de repente estaba lo más flojo posible. Estaba listo.”
Reed y McIlroy salieron a jugar uno de los partidos más emotivos en la historia de la Copa Ryder. McIlroy hizo cuatro birdies desde el 5 al 8…y perdió terreno. “¿Cuán fabuloso es esto?” Dijo McIlroy en un momento.
“O sea, ¿Cuán fabuloso es esto?” Agregó Reed después de prevalecer 1 arriba, ante un público embravecido. “No había forma de escuchar algo.”
El mejor partido a 18 hoyos del día fue, sin embargo, el de Mickelson versus García. Si bien existe una historia pública muy negativa en la relación García-Woods, Sergio y Mickelson tampoco eran amigos. Su partido se jugó con muy pocas palabras o “buenos golpes” entre ellos, si bien hubo muchos buenos golpes
Mickelson y García hicieron 19 birdies entre los dos: 10 de Mickelson y nueve de García. Mickelson hizo el único bogey, tres putts en el par 5 del hoyo 11. De manera memorable, Mickelson anotó un 63 aún cuando jugó los cuatro pares 5 en par. Con el partido empatado, los dos hicieron birdie en los últimos dos hoyos, Mickelson embocando un putt de 7 metros en el 18 y García empatando el partido con uno de 5.
La única cuestión que quedaba por saber era quién se quedaría con el honor de levantar la Copa. Lee Westwood tuvo que embocar su tiro desde el bunker y esperar que Ryan Moore falle el putt o la Copa Ryder estaría acabada.
Westwood no pasó ni cerca. La Copa Ryder volvía a los Estados Unidos.


“PHIL SE VEÍA BASTANTE AGOTADO”
Ambos equipos festejaron hasta el amanecer del lunes. Hubo, por decirle de alguna manera, bastante bebida en ambas salas de jugadores. En un punto, Mickelson y Dustin Johnson empezaron a discutir sobre si Phil podía sacarse a DJ de encima mientras este le hacía una toma inmovilizando su cabeza.
“No hay posibilidad, hombre,” Johnson dijo, casi riéndose ante la noción.
“Vamos a averiguarlo,” insistió Mickelson.
Todos se agruparon alrededor, y Mickelson trató de soltarse. No tuvo suerte.
Insistió en probar de nuevo. Sin suerte. Otra vez. Mismo resultado.
“Para cuando hubo terminado,” dijo Stricker, “Phil se veía bastante agotado. No tuvo ninguna posibilidad.”
Eso no lo detuvo a Mickelson. Siguió insistiendo en que esta vez se soltaría.
“¿Qué puedo decirte?” dijo Mickelson más tarde. “Pensé que podría lograrlo.”
No pudo.


EUROPA SE UNE A LA FIESTA
Era cerca de las 11 de la noche cuando Rory McIlroy le sugirió al capitán europeo Darren Clarke que era hora de ir y rendirles tributo a los ganadores.
Clarke y McIlroy se abrieron camino a través del lobby hacia donde estaba la fiesta de los estadounidenses. Cuando entraron, Clarke buscó a Love y le dijo, “La sala de tu equipo es mucho más linda que la nuestra.”
“Ventaja de locales,” respondió Love.
Lo primero que notó McIlroy fue lo que Love estaba usando: un enterito que decía USA. Rickie Fowler había comprado una cierta cantidad de enteritos para él y el resto del equipo de EE.UU. En la victoria – alimentada por el alcohol – Love había aceptado lucir uno.
Lo segundo que advirtió McIlroy fue la remera que estaba usando Snedeker. “A todos nos habían dado unas remeras al inicio de la semana que decían Vencer a Europa en ellas,” acota Snedeker. “Cuando volvimos al hotel, yo agarré la mía, encontré un marcador y escribí NOSOTROS encima de Vencer a Europa. Luego me la puse.”
Cuando McIlroy vio la remera, buscó en su bolsillo un marcador – los golfistas casi siempre cargan marcadores para estar preparados para firmar autógrafos – se dirigió a Snedeker y, bajo el NOSOTROS vencer a Europa, escribió ¡Por primera vez en una década!
El vice capitán europeo Ian Poulter estaba justo detrás de él. Dio vuelta a Snedeker y en la parte de atrás de la remera escribió, ¡Yo no pegué ni un solo maldito golpe!
“Le prometo que esa remera está en un lugar seguro,” dice Snedeker.
Alguien encontró un micrófono y Clarke les dijo a todos los que estaban en la sala cuán maravillosa había sido esa semana y cuán honrado había estado al liderar a Europa y competir con los estadounidenses. Luego todos se dispersaron en pequeños grupos mientras que fluían los brindis y el alcohol.
“Estoy seguro de que la pasé muy bien,” cuenta Westwood, “pero no recuerdo mucho de lo que pasó.”
McIlroy encontró a Woods cerca del bar y se empezaron a dar clases de putt. Stricker y el vice capitán Jim Furyk los observaban.
“Hubo una sensación de orgullo,” dice Stricker. “Siempre me ha molestado el hecho de que la gente decía que no nos llevábamos bien en la sala de jugadores en el pasado y que Europa sí lo hacía y por eso ganaban. Yo nunca lo sentí así. Pero los más jóvenes en este equipo son verdaderos amigos – mejores amigos. Eso se podía ver incluso antes de llegar a Hazeltine, y fue una parte importante de la semana.”
Woods y McIlroy dejaron de tratar de enseñarse mutuamente como jugar el putt y McIlroy se encontró a sí mismo en el bar bebiendo tragos con Sybi Kuchar.
“Perdí, es todo lo que recuerdo,” dice McIlroy. “Esa chica sí que sabe beber.”
Matt Kuchar, observando a su esposa y a McIlroy, tenía la sonrisa Kuchar firme en su lugar. “Fue muy agradable ver a Sybi tan relajada y ver la camaradería entre ambos equipos,” dijo. “Me encantó.”
La media noche vino y se fue. En un lado del patio, Snedeker, Spieth, Woods, Dustin Johnson, Brooks Koepka y Notah Begay estaban fumando cigarros.
“Fue divertido ver a Jordan fumando un cigarro,” dice Snedeker.
En la otra punta del patio, Mickelson, Clarke y Love estaban sentados, con tragos en sus manos, recordando Copas Ryder pasadas. Mientras Love escuchaba a Mickelson y Clarke, no podía hacer otra cosa más que disfrutar el momento.
“Ese pudo haber sido el momento destacado de toda la semana para mí,” dijo Love. “Mira, algunas veces soy algo cursi, pero me quedé ahí sentado, escuchándolos, y honestamente pensé que eso debería ser lo que Sam Ryder tuvo en mente todos esos años atrás, una competencia donde dos equipos pelean como locos para ganar y, cuando termina, comparten un trago y la experiencia.”
“No creo que haya dos hombres a quienes respete más que a Davis y Phil,” dice Clarke. “Son muy distintos, pero los tres tenemos muchas cosas en común. Recuerdo que en Medinah, cuando nos dijeron que los jugadores de Estados Unidos no podían soportar vernos esa noche, nosotros lo entendimos completamente. Luego miré hacia arriba y ahí estaba Davis, viniendo a la sala porque él sintió que, como capitán, debía venir y felicitarnos. Él es un caballero – en la victoria y en la derrota – todo el tiempo. De toda la gente que he conocido, nadie ha puesto a los demás antes que a sí mismo más que Davis.
“Estuvo allí parado y habló brevemente con todos nosotros esa noche – algo que me inspiró a hacer lo mismo en Hazeltine,” dice Clarke. “Cuando terminó [ese domingo a la noche en Medinah], caminé hacia él, puse mi brazo alrededor y le dije, ‘¿En qué estabas pensando hoy con esa alineación?’ Me miró un segundo y luego se dio cuenta de que yo estaba bromeando. Eso era lo que yo quería esa noche – verlo reír. Sabía cuán devastado estaba. Quería alivianarle un poco la carga.”
Ahora, cuatro años más tarde, todos se rieron juntos hasta bien entrada la noche.