Protagonistas Hace 2 años

DeChambeau tiene una misión, el golf es apenas una parte de ella

Bryson DeChambeau photographed by Walter Iooss Jr. in Delray Beach, FL on March 12, 2015

Bryson DeChambeau photographed by Walter Iooss Jr. in Delray Beach, FL on March 12, 2015

“No soy realmente inteligente, pero soy dedicado … me encanta tratar de ser el mejor en cualquier cosa y en todo.”

Algunos golfistas parecen destinados a ingresar en la historia del golf como personajes genuinos. Por supuesto, los de mejor desempeño suelen parecer que lo son, debido a que incluso las características normales puestas bajo la lupa empiezan a parecer excentricidades. Pero los criterios más valederos para el status son la personalidad, una narración atractiva y un estilo natural distinto. Para pasar el corte, todo debe sumar hasta ser interesantemente diferente.

A los 24 (16/9/1993), Bryson DeChambeau ya marca todas las casillas anteriores al convertirse en profesional después de una explosión tardía como aficionado. En menos de un año, el casi desconocido chico de Clovis, en el Valle Central polvoriento de California, se ha convertido en el tema predilecto de curiosidad entre los amantes del golf.
No hay duda de que es interesantemente diferente. Con un título en física en la Universidad SMU, donde se salteó el último año una vez que el equipo de golf fue declarado inelegible para jugar en la post temporada, DeChambeau tiene un juego construido sobre los principios de dos tomos de golf con base científica esotérica: The Golfing Machine, de Homer Kelley, y Vector Putting, de H.A. Templeton. El libro de 1969 de Kelley fue la base de la decisión que tomó DeChambeau hace cinco años para crear un juego de hierros que tengan todos la misma longitud. En la cancha, luce una boina distintiva que evoca a Ben Hogan – si bien como es hecha por Kangol suena a Payne Stewart y Calvin Peete, las líneas más finas modulan una cabeza y características que se parecen al jugador de los Patriots Rob Gronkowski. El aspecto atlético se ve reforzado por el físico de DeChambeau, 1,85mts y 90 kilos, pero el loco de las ciencias consigue ese estado por medio de sus pasatiempos como el tenis de mesa, el tejo y el slacklining – caminar por sogas delgadas de enredado tubular estiradas entre árboles como cuerda floja – las cuales él dice que lo ayudan a mejorar su “propiacepción.” (Traducción: coordinación.)
Es cierto, DeChambeau sabe jugar. En 2015 se convirtió en tan solo el quinto jugador, uniéndose a Jack Nicklaus, Phil Mickelson, Tiger Woods y Ryan Moore, en ganar los campeonatos de la NCAA y el U.S. Amateur en el mismo año. En los siete eventos de profesionales que DeChambeau jugó como parte de su aprendizaje amateur camino al Masters, pasó seis cortes, incluyendo un empate en el segundo puesto en el Australian Masters del año pasado. Su ambición es capitalizar las siete invitaciones de sponsors que puede recibir esta temporada para ganar su tarjeta al PGA Tour, como lo hiciera Jordan Spieth en 2013.
DeChambeau sabe que tiene presencia, y que tiene una misión. Su objetivo más enfatizado es influir sobre las multitudes del golf y acercar más gente a este deporte. Se inspiró luego de dos encuentros con Arnold Palmer, cuyo ejemplo de retribuir a la sociedad es algo que él quiere imitar. Porque a estas alturas en su vida, Bryson DeChambeau está bastante seguro de que puede hacer cualquier cosa.
Tenga en cuenta esta explicación de por qué es capaz de escribir su nombre completo de atrás hacia adelante con la mano izquierda, algo que podría tomarse como el Manifiesto DeChambeau. “No es talento, es solo práctica,” dice en una voz que suena como si perteneciera a una persona mayor. “Si quisiera aprender árabe o ruso, podría hacerlo. O atar mis cordones de otra manera, también podría. ¿Por qué? Dedicación. No soy realmente inteligente, pero soy dedicado. Puedo ser bueno en cualquier cosa si me encanta y me dedico. Y me encanta la historia. Me encanta la ciencia. Amo la música. Amo el golf. Me encanta aprender. Amo la vida. Me encanta tratar de ser el mejor en cualquier cosa y en todo.”
Sí, DeChambeau puede ser muy directo y honesto, en una manera que fácilmente podría ser entendida como arrogante por sus compañeros. Pero dice mucho que sea muy querido por los aficionados contra lo que le tocó competir y que haya sido bien recibido por los pros.
“Bryson es una persona increíble, alguien que está inmerso en un camino trazado que es completamente suyo,” dice Maverick McNealy, el alumno All-American de 20 años de Stanford cuyo primer nombre sugiere que está en sintonía con la tradición ininterrumpida de su padre Scott McNealy, el co-fundador de Sun Microsystems. Maverick dice que DeChambeau “recibe críticas algunas veces porque mucha gente no entiende lo sabe tratar a la gente que es distinta. Pero en general se ha ganado el respeto.”
Con los veteranos del tour, DeChambeau es amable y educado, una extensión de haber sido enseñado desde muy chico por su padre, Jon, un ex jugador de mini tours y profesional de club, a tratar compañeros y oficiales con consideración y aprecio. Los muchos que lo han espiado en la cancha de práctica han notado que DeChambeau le dedica horas como Vijay Singh, solo que a un ritmo más rápido. Pero la verdadera conexión viene de la admiración hacia un jugador comprometido que se dio cuenta a una edad más temprana que ellos de una verdad crucial: al margen de que un jugador sea ortodoxo o no en su estilo, ese jugador debe encontrar y confiar en su manera individual.
“Es un tipo muy maduro, y está compenetrado con creer que lo que está haciendo es correcto, y eso me encanta,” dice Adam Scott, quien jugó con DeChambeau en Australia y desde entonces le ha preguntado sobre la lectura de greens. Agrega Rory McIlroy, quien en Dubai estuvo lo suficientemente intrigado por DeChambeau como para probar sus palos y el domingo de Bay Hill hizo 65 contra el 66 de su compañero de juego: “Bryson tiene un verdadero control de la pelota. Tiene una creencia absoluta en su método. Tiene un futuro muy, muy brillante.”
La confianza de DeChambeau frente a un micrófono lo favorece.
“Es una plataforma donde puedes decir lo que piensas y lo que quieres que el mundo escuche,” dijo. “Lo estoy aceptando. Me está gustando. Lo disfruto. Es algo que espero poder hacer por mucho tiempo.”
En el curso de compartir aspectos de sí mismo, DeChambeau puede hacer alusión a la Segunda Ley de Movimiento de Newton: su fragmento favorito de la biblia, Colosenses 3:23 (“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”); y anécdotas de las vidas de Einstein y Edison.
Y, por supuesto, puede citar frases oscuras de The Golfing Machine, como dirigir a aquellos interesados en el swing Zero Shift al capítulo 10, Componente 7, Variación A. DeChambeau leyó el libro por primera vez cuando su profesor, Mike Schy, el director de un centro de instrucción en el Dragonfly Golf Club en Madera, California, se lo lanzó al entonces chico de 15 años para apaciguar el torrente de preguntas sobre técnica.
Si bien el trabajo de Kelly tiene sus seguidores del culto, suele asociarse con la contribución al colapso de alto perfil de Bobby Clampett y Mac O’Grady. Existe un sentimiento cada vez mayor de que el jugador moderno del tour se ha vuelto tan dependiente de la tecnología científica y la biomecánica que está inhibiendo su habilidad natural. Mientras tanto, el auto-didacta Bubba Watson y el levemente extravagante Spieth han llevado el péndulo de vuelta hacia la valoración y confianza en el estilo individual.
Pero ahora DeChambeau, con la certidumbre de un chico de 22 años pero no libre de matices, sostiene que existe armonía entre los dos enfoques.
“El libro ha sido malinterpretado,” dice. “Porque está basado en la ciencia, la gente cree que va a dictaminar que se haga el swing de un modo, cuando de hecho los principios permiten todo tipo de diferencias individuales. Simplemente se va a ver distinto con cada tipo de cuerpo. Esa es la clave que me atrajo hacia él: se trata del individuo. Yo quiero que la gente entienda que el golf no es un camino de un solo sentido, que se puede jugar de muchas maneras distintas.”
En su timonera como aspirante a apóstol, DeChambeau confecciona unos pocos párrafos improvisados antes de resumirlos prolijamente: “Lo que el libro hace es brindar una base de técnica que ayuda automáticamente a su cuerpo a ir hacia atrás hacia algo que es confiable para la tarea que enfrenta. Mire a Moe Norman. ¿Por qué era capaz de pegarle recto todo el tiempo? No era porque estaba pensando en todo. Más bien no estaba pensando en nada – su mente estaba en automático. Él encontró su base, y luego se permitió ser un artista, y no una máquina. Ese es el triunfo final en golf.”

“¿Por qué [moe norman] era capaz de pegarle recto todas las veces? No era porque estaba pensando en todo. Más bien no estaba pensando en nada”, DeChambeau.

Seguir los principios del libro fue lo que llevó a DeChambeau a los 17 a crear un juego de palos con un único largo que le permitiera repetir la misma postura y plano de swing desde un hierro 3 al lob wedge. Los palos, que tienen un largo de 37 ½ pulgadas, la longitud de un hierro 6 estándar, están fabricados con un ángulo de lie de 72 grados que es 10 grados más empinado que el estándar. Para lograr un peso del swing consistente, todas las cabezas pesan 278 gramos.
En su swing fabricado a lo Golfing Machine, DeChambeau usa grips extra grandes que sostiene mayormente con las palmas, con muy poco quiebre de muñecas. Eso minimiza la rotación de la cara – fomentando la precisión – pero produce muy poco rezago en el downswing, desalentando la potencia. Él aplica bastante fuerza con la amplitud de su swing y la completa y rápida rotación del cuerpo a través de la pelota. La característica más notable del movimiento de DeChambeau es que más que cualquier otro jugador, el palo recorre el mismo trayecto en el backswing y en el downswing, la materialización del swing Zero Shift.
DeChambeau usa el largo convencional en el driver, madera 3 e híbrido. Aun así, su swing no se ve muy diferente, un movimiento orientado hacia la precisión – no muy distinto al de Steve Stricker con contextura similar – diseñado para acertar fairways y greens.
“Es un buen swing para pegarle derecho, pero probablemente no sea del tipo que producirá un golf dominante,” dice Johnny Miller. “Con muy poca acción de las manos, creo que se puede perder la habilidad de ese súper control de la distancia y se pierde algo de potencia. La contextura grande y fuerte de Bryson hace que funcione.”
DeChambeau tiene reservada una potencia excepcional. Su swing normal con el driver, el cual él denomina “localizador de fairway,” es de unos 180,8 kilómetros por hora (el promedio del PGA Tour hasta fines de marzo era de 180,78), y él produce drives en el rango de las 290 yardas (el tour promedia 290,1). Pero cuando decide buscar algo más de distancia, DeChambeau usará su drive “cigüeñal”, ampliando su stance y usando mayor quiebre de muñecas para crear una velocidad de la cabeza del palo superior a los 200 kilómetros por hora, y conseguir drives de 340 yardas o más. “Bryson entiende las fuentes de su potencia,” dice Schy.
Como quedó demostrado por DeChambeau al ganar el U.S. Amateur en Olympia Fields, él es un buen jugador de putter que dice que la fórmula para leer greens de Vector Putting que llegó a dominar le da una ventaja. Su debilidad reconocida es el juego con sus wedges. Ni él ni su profesor piensan que tener esos palos con dos pulgadas más de largo que el estándar le quitan precisión, o que su método sin quiebre de muñecas es demasiado rígido. “Es simple,” dice Schy. “Él apenas practicó sus wedges cuando niño. Estaba tan decidido a ser un gran pegador de pelota – cosa que hizo – que se enfocó los golpes completos. Es sólo cuestión de practicar más.” Dice DeChambeau: “Quiero mejorar mis tiros con los wedges, y lo haré.”

Bryson DeChambeau photographed by Walter Iooss Jr. in Delray Beach, FL on March 12, 2015

Bryson DeChambeau photographed by Walter Iooss Jr. in Delray Beach, FL on March 12, 2015

Un compañero de equipo y alumno exigente
Doblegar el golf a su antojo es una fortaleza y una debilidad. Bryson creció con orientación hacia las matemáticas y hasta la adolescencia sobresalía en fútbol, básquet y vóley. Pero lo amargaban los deportes en equipo, como dice su padre “porque no podía soportar que los demás integrantes del equipo no trabajaran tan duro como él.”
Una vez que DeChambeau se enfocó en el golf, se convirtió en un alumno exigente. “Bryson quería que le probara todo antes de que él pudiera aceptarlo, y la profundidad de sus preguntas y su testarudez en no aceptar mis respuestas me hicieron entender que yo no era la persona adecuada para enseñarle,” dice Jon. “Fue ahí cuando lo llevé a Mike, a quien conozco desde que éramos golfistas juniors. Él es un oyente fenomenal capaz de manejar a chicos inquisitivos. Él tomará la idea de un niño y la traducirá hacia una dirección productiva.”
A DeChambeau le encantaba andar entre los aparatos instructivos que había en las instalaciones de Schy, y, especialmente luego de comprometerse con The Golfing Machine como su guía, él desarrolló una preferencia de práctica antes que el juego que aún perdura. “Bryson estaba totalmente dedicado a que su swing funcionara en el futuro,” dice Schy. “Lo comprendió como nadie que yo haya visto y desde muy joven.”
DeChambeau podía ser un “gran experimentador” apático en la oficina, pero en la cancha tenía que lidiar con sus emociones. Si bien tuvo éxito regional siendo menor y terminó segundo en el evento Callaway Junior World, su deseo intenso solía interponerse en su camino.
En SMU, DeChambeau no se destacó en sus dos primeras temporadas. Su fe Cristiana aumentaba la frustración. “Hubo momentos,” dice su madre, Jan, “en los que Bryson llamaba a casa después de un torneo donde no le había ido tan bien y se preguntaba, ‘¿Por qué Dios me está haciendo esto? Yo practico más duro que todos los demás.’ ”
En su tercer año en 2014, estaba listo para abandonar el golf. “Estaba profundamente deprimido,” cuenta DeChambeau. “Estaba anotando vueltas de 75 y 76 y me estaba convirtiendo en una persona horrible, terrible.” Schy fue a Dallas y le tiró otro libro, El Manual de la Perfección Atlética (The Handbook of Athletic Perfection), de Wes Neal, un tratado basado en la fe. DeChambeau lo leyó y tuvo una epifanía. “Me di cuenta de que había hecho que el score fuera el centro de mi vida,” dijo. “Ese era mi problema.”
Poco tiempo después DeChambeau jugó en el Western Amateur en el Beverly Country Club en Chicago. Notó que por primera vez no estaba tan nervioso en el desayuno, no tenía tantos temblores en el tee del primer hoyo y no maldecía después de un mal golpe. Cuando un contrario embocaba un putt largo para birdie en el hoyo 18 para eliminarlo 1 arriba, Bryson lo felicitaba y le daba la mano a él y a todos los oficiales. Presintiendo que lo iba a atacar la furia por la derrota, llamó a Schy. “Cuando Mike contestó tuve esta sensación sobrecogedora de bienestar,” contó. “Me emocioné tanto, que lo único que alcancé a decir fue ‘Mike, ahora lo entiendo.’ Finalmente había entendido que no se trataba de ganar, sino de cómo te comportas en cada situación. Mal golpe, buen golpe, esa es una oportunidad para mostrar honor y personalidad.
Me di cuenta de que si hacía lo mejor posible en cada momento eso incluiría prepararme por completo para cada golpe. La paradoja fue que al tratar de hacer del golf algo fortuito, mi golf estaba en su mejor punto. Es ahí cuando la vida tomó un rumbo distinto.”
Al año siguiente DeChambeau ganó ese doblete excepcional. “Esas dos victorias fueron las más grandes que haya tenido, pero combinadas, no se comparan con la sensación que tuvo en el Beverly Country Club,” dice. “La gente cree que la Cristiandad es este tipo de medicación que hace que las cosas sean más fáciles, cuando en realidad es la ruta más difícil que uno debe recorrer. Porque te coloca en un estándar muy, muy alto – que es hacer lo mejor que puedas en todo momento.”
Como DeChambeau parece destinado a enfrentar muchos momentos especiales, hay que estar atentos a que emerja un personaje mucho más interesante.

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