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¡Tiger está de vuelta! Sus ex profesores piensan que ahora un major es posible

USTEDES VIERON LA PELÍCULA HECHA PARA LA TV. Las luchas de Tiger Woods contra los demonios personales y la cirugía de fusión espinal para su regreso triunfal al golf competitivo. No solo hace el swing con casi la misma velocidad que lo hacía antes de lastimarse, sino que se ha vuelto un personaje más gentil, más tranquilo y más identificable. Hasta llega a ganar el último evento de la temporada luego de terminar muy cerca un par de veces en el escenario más importante.
Si no fuera real usted probablemente juraría que fue inventado. Pero sucedió. Una colección de jugadores e instructores – incluyendo, por primera vez en un mismo lugar, a los cuatro profesores que han trabajado con Woods durante su carrera profesional – van a describir lo que ellos vieron mientras sucedía y lo que ellos piensan que él hará en 2019 y más allá.
En lo que concierne a por qué Woods fue capaz de resurgir luego de cuatro años de problemas profesionales y personales, y qué significará este poco probable segundo acto de su carrera en términos de torneos ganados, el exprofesor Hank Haney bien podría estar hablando por el grupo.
“Sin importar cuán poco probable parezca, jamás descarto nada con él”, dice Haney, quien fue su profesor entre 2004 y 2010. “Porque él es Tiger Woods”.
En octubre de 2017, el progreso que Woods había estaba haciendo después de la fusión lumbar en la parte inferior de su espalda estaba filtrándose entre la banda de sus amigos pros con los que jugaba partidos en el Medalist Golf Club en Hobe Sound, Florida.
Mike Adams enseña en Medalist durante el invierno y observó a Woods trabajar su cuerpo y juego hasta el punto en que estaba anotando consistentemente vueltas de 65 o 66 en una de las canchas más difíciles de la Florida, mientras generaba unos robustos 288 kilómetros por hora en la velocidad de la bola con su driver.
“Era como un boxeador haciendo de sparring con Rickie (Fowler), Rory (McIlroy) y Justin (Thomas) – jugadores que él pensaba eran los mejores del mundo”, cuenta Adams. “Él sabía que, si podía vencerlos en una cancha difícil de 7.600 yardas, estaría listo para volver a la competencia”.
Fowler dice que Woods le pasaba el driver rutinariamente en esos partidos y agregó medio en broma, medio en serio, que aumentó su preparación para el Hero World Challenge 2017 porque estaba convencido de que un revitalizado Woods iba a ser un fuerte candidato.
“Me hizo pensar que necesitaba trabajar más en mi juego”, dice Fowler. “Se veía fantástico y lo que noté que era distinto de las veces anteriores fue que salía a jugar nueve hoyos más por diversión. Estaba disfrutando el juego”.
Fowler anotó un 61 en la vuelta final del Hero para ganar por cuatro, pero la mayoría de la gente no estaba sintonizando el torneo para verlo ganar a él. Woods volvió al golf en ese torneo después de siete meses y el mundo estaba observando cuál versión de Tiger diría presente cuando los golpes tenían valor.
No llevó mucho tiempo entender que él no iba a jugar como un advenedizo.
Uno de los mejores 50 instructores de Golf Digest, Sean Foley, trabajó con Woods en los cuatro años antes de la primera cirugía de espalda en 2014. Terminaron como amigos y Foley estuvo de vuelta en Bahamas en el Hero en noviembre pasado trabajando con Justin Rose. Desde este punto sobre el patio que está detrás del clubhouse de la cancha de Albany, Foley apuntó hacia el fairway del nueve, 400 yardas a través del lago. “¿Cuándo supe que era real? Fue justo ahí”, dijo Foley. “Tenía una madera 3 desde cuanto, ¿280? Le pegó a esa cosa y aterrizó sobre el green como un lanzamiento de bala. Me dije a mí mismo, Ahí lo tienes. El no sentir dolor es la clave”.

La tecnología del driver y el milagro de las varas modernas pueden convertir a un jugador de pequeña estatura en una máquina de bombas desde el tee. Pero levantar una madera 3 desde un pasto cortado bien bajo hacia una bandera ubicada justo pasando el agua requiere más que un gran equipamiento. Necesita mucha confianza – y velocidad cruda.
Henrik Stenson estaba jugando con Woods cuando este ejecutó el golpe que Foley describió y Stenson concuerda que lo más sobresaliente del día no fue lo que anotó Woods – hizo cuatro birdies, un águila y dos bogeys para un 68 – sino que se veía totalmente cómodo haciendo un swing agresivo.
“Pensé que le estaba tirando con todo a la bola y le estaba pegando muy, muy largo”, dice Stenson, cuyo score fue tres golpes más que el de Tiger esa vuelta. “En realidad no me imaginé que él pudiera hacer el swing de ese modo. Estaba listo para jugar”.
Woods regresó a la competencia dos meses más tarde en el Farmers Insurance Open. Estuvo merodeando el par durante las cuatro vueltas para terminar empatado en el puesto 23, pero lo más importante fue que su espalda no lo molestó para nada. Después de fallar el corte en el Genesis Open y un puesto 12 en el Honda Classic, Woods decidió agregar otro evento a su calendario para lograr más repeticiones al inicio de la temporada.
En su debut en el Valspar Championship, Woods probó por primera vez el sabor de la verdadera competencia desde su décimo puesto en el Wyndham Championship 2015. En el Valspar Paul Casey anotó un 65 el domingo para derrotar a Tiger por un golpe y aplastar lo que hubiera sido la buena sensación de inicios de temporada, pero si algo quedaba claro era que Woods era capaz de volver a ganar.
Rose jugó con Woods en el Arnold Palmer Invitational a la semana siguiente y dijo que enseguida se dio cuenta de que el segundo puesto de Tiger en el Valspar no había sido una casualidad. “La manera en que le estaba pegando a la bola, era igual de bueno que cualquiera de los demás”, dijo Rose. “Se estaba pareciendo al gran jugador de antes otra vez”.
No le llevó tanto tiempo a Haney para hacer su evaluación: “Cuando subió ese primer swing lento a Instagram en octubre (2017), yo pensé que ese era un swing con el que podía ganar. Se parecía mucho al swing que hacía cuando fue increíblemente exitoso”.
Y no fue solo lo que vio Haney – fue lo que no vio. “Cuando él coloca su brazo izquierdo bajo a través del pecho y el palo cruza la línea en el tope, ahí empiezan los problemas”, dice Haney. “Pero eso había desaparecido”.


Chris Como fue el último profesor oficial de Woods, desde 2014 a 2017, y los dos pasaron cientos de horas tratando de encontrar un swing eficaz – un “swing neutral”, dice Como – que Tiger pudiera repetir a pesar de todas las lesiones (rodilla, espalda, Aquiles, etc.) que había sufrido en su carrera. Como dijo que estaba complacido con el progreso que habían logrado antes de la cirugía de fusión en 2017 y Woods continuó evolucionando en la misma dirección cuando comenzó su última rehabilitación.
“El año pasado se podía ver que su swing se parecía bastante al que tenía cuando jugó su mejor golf, a principios del 2000”, agrega Como. “Se veía que estaba reconectado con sus manos y la descarga del palo, a la vez que movía el cuerpo de manera que fuera segura”.
Si se observa el swing de Tiger en perfil, sigue pareciéndose a Tiger Woods. Sigue haciendo uno de los movimientos más reconocibles en el tour. Y a la vez, varios profesores concuerdan en que se ve menos “violento” y notablemente distinto a cuando estaba en su mejor momento.
“Lo he estudiado bastante desde que vino por primera vez a Doral en 1997 y lo vi en persona a principios del 2018”, dice uno de los mejores 50 instructores de Golf Digest Jim McLean. “Fue un shock cuán lejos estaba pegando el drive. Solía tener mucho rezago y sus hombros estaban demasiado verticales en el downswing. Ahora está descargando el palo. Tiene que hacerlo porque ya no puede depender de la espalda”.
McLean describe el swing que Earl Woods le enseñó a Tiger cuando niño como “el estilo Sam Snead”, con un flujo del cuerpo más suave y mayor lanzamiento del palo. Woods pasó dos décadas tratando de hacer un swing más corto y controlado, pero la última cirugía lo obligó a volver al futuro”, dice McLean.
“Él está dejando que el palo fluya más”, dice McLean. “Es como que está lanzando la bola por el fairway con el driver. No hay indicios de que se esté quedando atrás. Se está moviendo desde su costado derecho y abriéndose muy bien, dejando lugar para el downswing. Los muchachos que le pegan bien al driver barren la bola y él está empezando a hacer lo mismo cada vez más”.
Foley dice que el avance más impactante que ha visto es cuanto más espacio está creando Woods en su backswing, especialmente con el driver.
“Realmente me gusta cuanto más largo se ve su backswing”, insiste. “Me gusta que haya menor inclinación hacia adelante desde el tope. La distancia adicional le brinda mucho más tiempo para producir velocidad en el downswing”.
Muchos de los comentarios sobre el regreso de Woods tienen un tema constante – aceptar lo que le permite el cuerpo y colocarse nuevamente en posición para ganar. “Ya no entreno como lo hacía antes”, admitió en noviembre. “Simplemente mi cuerpo me lo impide. Es una sensación diferente cuando eres un atleta más viejo. Hay días en los que no te sientes bien. Esos son los días en los que me guardo. En años pasados, si no me sentía bien salía a trotar 6 kilómetros hasta obligarme a sentirme mejor. Bueno, eso ya no sucede”.
En cierta forma, el cuerpo de Woods ha sido un tema de conversación más recurrente que su swing. En el pico de su época de alto entrenamiento, Woods estaba pesando 90 kilos y rellenando su remera como un jugador de la NFL. Pero incluso ese tipo de masa muscular no pudo estabilizar su cuerpo contra el castigo constante de los miles de swings a toda máquina. Pero hacia fines de la temporada 2018, se veía muy distinto.
“Se ve como alguien más responsable”, dice Foley. “Se ve muy bien con 79 u 81 kilos. Cuando se ve a un tipo con 90 kilos, con muñecas y una cintura como esta (Foley forma un círculo con su pulgar y su dedo índice), desde el punto de vista de la propiocepción, el cerebro se vuelve ajeno a cómo mover toda esa masa. Y no necesitaba hacer eso para pegarle más largo. ¿Cuán lejos le pegaba a la bola cuando pesaba 62 en Stanford?
A fines de la temporada pasada Woods dijo que cambió la cabeza del driver por una con 1,5 grados más de loft – él estaba usando una cabeza con 9,5 grados en el Tour Championship – y cambió a una vara levemente más liviana para poder producir más altura, más efecto y un fade más consistente – a cuesta de perder lo que él denomina “los calientes”. Empezó a hacer el swing a una velocidad cómoda entre 188,8 a 192 kilómetros por hora y no dudó en usar maderas de fairway y hierros desde el tee, maximizando su fortaleza como pegador formidable de hierros medios y largos.
En 2018 Woods lideró el tour en golpes ganados con el approach y terminó séptimo en golpes ganados tee a green. El promedio de velocidad de la cabeza del driver fue de 193 kilómetros por hora – más rápido que Jon Rahm, Justin Thomas y Jason Day. Y recuerde, muchachos como Jordan Spieth, Zach Johnson y Francesco Molinari han ganado majors haciendo el swing por debajo de los 184 kph.
“La primera vez que regresó su velocidad era una manera de ostentar, de probar al cuerpo”, dice Haney. “Yo sé que el radar estaba en 198 o 200 kph, pero el terminó el año en el puesto 34 en distancia con el driver. Una cosa es tener velocidad y otra saber usarla. Lo que la velocidad hace es permitirle jugar con sus deficiencias con el driver. Si él perdió mucho después de esas cirugías, no hubiera podido pegar todos esos hierros y maderas 3 desde el tee. Él tiene la velocidad, pero la utiliza de manera diferente a Brooks Koepka y Rory McIlroy”.
En septiembre durante el Tour Championship, Woods logró su primera victoria desde el WGC Bridgestone Invitational 2013 con uno de sus planes de juego clásicos – rehusarse a derrotarse a sí mismo mientras está en la punta.
“Se veía como el viejo Tiger”, dice Butch Harmon, quien fuera su profesor desde 1993 hasta 2003, cuando Woods ganó ocho majors y 34 torneos del PGA Tour. “Con la punta jugaba un pequeño fade desde el tee y buscaba el medio de los greens – clásico Tiger. Realmente tenía un control completo de su juego. Parecía alejarse de intentar pegar el driver muy largo y en cambio buscaba el fairway. Cuando uno lo piensa, podría haber ganado dos majors seguidos a principios del verano en el Open Championship y el PGA, por lo que lo logrado en East Lake estaba anunciado”.
Koepka evitó que Woods ganara el PGA Championship en Bellerive. Más tarde Koepka diría que ir cuerpo a cuerpo con uno de los mejores de todos los tiempos fue uno de los momentos más emocionantes de su carrera – y fue fortuito. El profesor de Koepka, Claude Harmon III, solía observar de cerca cuando su padre, Butch, le daba clases a Tiger en los primeros años de esa sociedad. Claude dice que él usó lo que aprendió de esa experiencia para desarrollar a Koepka como uno de los mejores jugadores de golf. Claude también pasó por la misma cirugía de fusión que Woods, algo que le proporciona una perspectiva multifacética del regreso de Tiger y su lugar en el golf actual.
“Tiger solía ser Darth Vader y lo digo de la mejor manera posible”, aclara Claude. “Tenía la música. Tenía las patrullas y todos sabían que estaba en camino. Pero en los últimos años se ha parecido más a Obi-Wan-Kenobi – adoctrinando a los demás. Todavía existen jugadores que idolatran a Tiger. Brooks es uno de ellos. Pero no creo que haya jugadores que estén embelesados con él ahora. Ha estado ausente por bastante tiempo. Pero cuando llegó al Tour Championship, la velocidad había vuelto, el andar contoneado había vuelto, el tema de amigos y familia no estaba más. Y eso me gusta”.


Casi perdida entre toda la euforia de las lecturas de la velocidad del driver de Woods está la dramática mejora de su juego corto desde el retorno desastroso previo, a principios de 2015. Donde pegaba filazos hasta el otro lado del green, ahora está volviendo a usar sus wedges como armas.
“Hubo uno (en Memorial) donde estaba corto del green del nueve en una pendiente en bajada y mojada, con un asiento sobre un pasto cortado muy bajo y una bandera corta, hazard de agua por todos lados”, dice Rose. “Pellizcó la bola divinamente. Eso fue algo que tal vez doce a 18 meses antes le hubiera costado lograr. Cuando vi que había recuperado su juego corto y su swing estaba al 100 por ciento, supe que era solo cuestión de tiempo antes de que ganara”.
Woods pegó miles de bolas a principios de 2015 tratando de solucionar esa tara del juego corto – que según Woods derivaba de tratar de achatar el recorrido del full swing mucho más con Como que con Foley – pero las puntadas en los nervios de la espalda hacían que pararse de manera cómoda frente a la bola fuera un desafío.
“Trabajó tanto camino al Masters en 2015”, dice Como. La gente recuerda ese golpe increíble en 2005 que se escurrió hasta entrar en el hoyo del 16, pero hubo un golpe con el pitch en el hoyo 12 en 2015, sobre el agua que demostró que su juego corto estaba en una trayectoria hacia arriba. Él sabía que, si podía librarse del dolor, volvería a ser el punto fuerte que siempre había sido – y el año pasado fue un año increíble con el juego corto”.
Cada profesor de esta nota dice que lo que demostró Tiger el año pasado establece – buena salud mediante – que puede ganar más majors.
“En otros deportes dicen que los jugadores pierden un peldaño. Tiger no lo ha hecho”, dice Como. “Su ventana para ganar más majors sigue siendo bastante amplia. Tiger tiene tantas herramientas en su caja que incluso si su velocidad disminuye, podrá seguir compitiendo”.
Butch Harmon dice que parecería que Tiger ha vuelto a descubrir su pasión por el golf y que “el cielo es el límite”.
Haney dice que Woods podría regresar a ser el Nro. 1 del mundo, un lugar que no ha ocupado desde 2013.
Foley dice que el conocimiento del swing que tiene Tiger le permitirá elegir algo que haya aprendido de cada profesor y tener éxito por su cuenta, sin necesidad de tener una relación formal con un instructor.
“Y seamos honestos”, agrega Haney, “no es el más dócil para enseñar, como lo aprendieron estos jóvenes. Él hace las cosas a su manera, lo que significa que está exactamente donde debería estar, haciendo cosas por su cuenta. Él mantendrá las cosas simples porque es así como podrá tener la mayor cantidad de éxito en el menor período de tiempo – porque no tiene tiempo ilimitado”.
Woods no disimula esa sensación de urgencia, pero él dice que está ingresando a esta temporada con más optimismo – y mejor aún – su mejor salud en al menos una década.
“Existe un precedente de jugadores que han tenido mucho éxito a los 40”, dice Woods, quien cumplió 43 en diciembre 30. “Proporcionarme una oportunidad legítima de ganar los últimos dos majors – volverme a colocar en posición de ganar – sé que si puedo colocarme allí, puedo ganar.
“Ahora solo tengo que hacerlo”.