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Bernhard Langer: Construido con ladrillos

¿CÓMO PUEDEN PASARLE TANTAS COSAS BUENAS A UNA PERSONA? Mi padre era albañil. Trabajaba 12 horas al día en una Alemania postguerra que era muy difícil. Nuestro pequeño pueblo de Anhausen estaba dentro de la región agraria y no fue blanco de los ataques de los aliados, pero la vida era dura e incierta. Mi padre construyó nuestra casa. Cuando niño él solía llamarme para que lo ayudara a colocar los ladrillos. Con una pala yo colocaba los materiales para hacer el cemento dentro de una mezcladora pequeña, luego lo acompañaba a poner los ladrillos, ubicándolos cuidadosamente, uno por uno, usando una soga para asegurarme de que todo estuviera derecho. Yo creo que es un milagro que haya llegado hasta aquí.

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COMENCÉ TRABAJANDO DE CADDIE a los 8 años en una cancha que quedaba a quince kilómetros de casa. Iba en bicicleta. Recuerdo que esperaba en una pequeña cabaña con otros caddies, sentado en un banco y clavando la vista hacia lo único que había sobre la pared, una secuencia del swing de Jack Nicklaus. Durante años no supe quiénes eran Jack Nicklaus, Arnold Palmer o Ben Hogan. Casi no había golf en la TV, no había libros y apenas algunas revistas. El golf era un deporte tan pequeño. Había apenas un centenar de canchas en toda Alemania.

A LOS CADDIES nos daban cuatro palos usados para que los compartiéramos. Una madera 2, un hierro 3 y un hierro 7, todos con varas de bambú, y un putter con la vara torcida como el arco de un arquero. Para cuando cumplí doce había ahorrado suficiente dinero como para comprarme un juego nuevo de hierros Kroydon. No eran los mejores, pero tenían brillo, eran nuevos y solo míos. Agregué un modelo de putter Blue Goose que tenía una pequeña hendidura en la cabeza. Era un putter mágico y rápidamente me convertí en el mejor jugador de putter de la cancha, GolfClub Augsburg, y quizás de toda Alemania. Un día el putter desapareció. Busqué frenéticamente entre las bolsas de los socios y hete aquí, encontré mi Blue Goose con la hendidura. Pero yo estaba en una situación terrible. No podía enfrentar al socio – con seguridad él negaría todo y me despedirían. Así que no dije nada. Nunca recuperé mi Blue Goose. He pasado los últimos 50 años tratando de encontrar un putter que me calce tan bien.

“ESTÁN AQUELLOS QUE INSISTEN QUE YO ANCLO EL PUTTER… NO PODRÍA VIVIR CONMIGO MISMO SI SUPIERA QUE ESTOY QUEBRANTANDO UNA REGLA”.

EN QUINTO GRADO me transfirieron a un mejor colegio que en el que estaba, donde cuatro grados compartían un mismo salón de clases. El colegio nuevo tenía un período de prueba académico de tres meses. El viaje en tren ida y vuelta significaba que yo no podría volver a casa hasta las 4 p.m. seguido de tareas hasta las 9. No había tiempo para que hiciera de caddie. Esto no iba a funcionar. Inmediatamente reprobé matemática e inglés – quizás a propósito – y me echaron. Volví a trabajar de caddie y a ser feliz otra vez.

A LOS 15, luego de cumplir con los nueve años obligatorios de colegio, fui con mis padres a lo que se conocía como el Instituto de Inserción Laboral. Le dije al hombre que quería ser profesional de golf. Él me dijo, “¿Qué es eso?” Nunca había oído hablar de golf, excepto quizás de minigolf, el cual curiosamente era bastante popular. Le dije que era una profesión parecida a la profesión del tenis, en la que das clases. Se veía confundido y se excusó para ir a buscarlo en un libro. Cuando volvió me dijo que esa profesión no era reconocida en Alemania. Me dijo, con bastante firmeza y frente a mis padres, “Te recomiendo que elijas una profesión más decente”. Lamentablemente mis padres estuvieron de acuerdo con él. Me fui de allí con mi sueño hecho pedazos.

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SOLO UNOS DÍAS MÁS TARDE recibí una oferta de trabajo para ser asistente del profesional en el Múnich Country Club. No tenía experiencia más allá de la de caddie. Como golfista deduje por las vueltas que jugué solo y el score que hacía que debía estar cerca de ser un jugador scratch. Pero solo había participado en una competencia, un torneo de un día para caddies, el cual había ganado con un 75. Sin embargo por algún motivo el profesional Heinz Fehring me contrató. Otro milagro.

UN DÍA había un juego por dinero con algunos socios de mi club. Mi ingreso mensual era de apenas unos 150 marcos alemanes, uno UD$50. La apuesta casualmente era de UD$50, una fortuna para mí. Entrando en calor en la práctica, pegué shank con cada hierro que usé, unos 35 seguidos. Desde los wedges hasta el hierro 2, cada pelota se fue a un costado. Entré en pánico y traté sin éxito de bajar la apuesta. Por suerte para mí el primer hoyo era un par 5 que demandaba dos buenos golpes con una madera. No se puede pegar shank con una madera y el solo hecho de ver la bola salir derecha me calmó. Hice 68, sin un solo shank y gané mucho más que 150 marcos alemanes.

“ESE DÍA {QUE JUGUÉ CON JACK NICKLAUS POR PRIMERA VEZ} ESTA ALGO BORROSO. RECUERDO HABER PEGADO UN SHANK EN UN HOYO QUE CASI LE PEGA A UN SOCIO EN LA CABEZA”.

JACK NICKLAUS, el hombre del cuadro en la cabaña de los caddies, jugó una exhibición en el Múnich Country Club cerca de 1973. Yo fui uno de los 3 jugadores alemanes invitados a jugar con él – los otros dos eran aficionados. Tenía una enorme presión por no pasar vergüenza. La manera en que Jack impactaba la bola era algo que superaba mi comprensión. Hacía volar la bola por la esquina de los doglegs y le pegaba tan alto. Ese día está algo borroso. Recuerdo haber pegado una shank en un hoyo que casi le arranca la cabeza a un socio. En otro hoyo agarré un hierro 3 y esta vez sí le pegué a una socia en el hombro. La bola rebotó al green y luego de pedir las disculpas del caso, emboqué el putt para águila. Jack se rio y sacudió su cabeza. Al cabo de la ronda un reportero le preguntó qué pensaba del joven profesional alemán. “Tiene un gran corazón”, dijo Jack, “pero tiene mucho que mejorar”.

CONSTRUÍ MI SWING de manera parecida a como mi padre construía una casa: ladrillo sobre ladrillo, tratando de asegurarme de que todo estuviera derecho. Muchos jugadores en aquellos días tenían swings bastante inusuales – Eamonn Darcy, Miller Barber y Hubert Green son buenos ejemplos. Pero mi swing, más allá de un grip fuerte, era bastante común. Imagino que eso también es un milagro.

CUANDO DECIDÍ AVENTURARME en el Tour Europeo a los 18 años dormí en mi auto varias veces porque no podía pagar un hotel. Los asientos de mi Ford Escort no se reclinaban por completo y la temperatura durante las noches algunas veces caían por debajo de los 10 grados. Me despertaba temblando. Pero era mejor que algunos de los alojamientos de un dólar la noche en España y Portugal, los cuales estaban plagados de insectos. No comía bien. No me sentía como un atleta profesional, eso es seguro. Era desmoralizante, pero me mantuve firme.

YO LES CUENTO A MIS CUATRO HIJOS estas historias de penurias para inspirarlos, para hacerles saber que las cosas no son fáciles. Ellos me escuchan con atención, pero puedo notar por la expresión en sus caras que no logran encontrar la relación.

LANGER, FOTOGRAFIADO EN EL MASTERS 1999, GANÓ SACOS VERDES EN 1985 Y 1993.

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¿EL MEJOR PEGADOR DE BOLA que he visto en mis 47 años como profesional? Jack Nicklaus, Tiger Woods y Greg Norman en su mejor momento eran increíbles, pero mi elección sería Johnny Miller. Jugué con él en el Abierto de Italia de 1974 y todavía no he vuelto a ver algo así. Hubo una racha de nueve hoyos consecutivos donde prácticamente casi rompe la taza con cada golpe de hierro. El sonido, la trayectoria, el control de la distancia eran maravillosos. Lo extraño fue que no ganó el torneo. Terminó segundo detrás de Peter Oosterhuis. Pero su golf ese día es el golf que yo veo cuando cierro mis ojos y sueño.

HABLANDO DE JOHNNY, él también tuvo los yips. De hecho yo los tuve en cuatro ocasiones. Una vez me tomé cuatro putts desde un metro. Varias veces le pegué dos veces a un putt, algo que es mucho más difícil de hacer de lo que imagina. Los superé con distintos métodos de putting y mucha fuerza de voluntad, pero hoy en día no estoy seguro de que sea algo físico o mental. No estoy seguro de que alguien más lo sepa.

SI USTED Y YO fuéramos al green de práctica y tuviéramos un concurso de putt convencional, lo más probable es que yo le gane. No digo que usted sea un mal jugador de green, es que yo tengo un gran toque, una gran coordinación entre mano y ojo y una técnica coherente. Pero si estuviera jugando contra usted en un torneo, lo más probable es que usted me diera una paliza. Los yips son una enfermedad de la competencia y aparecen en el peor momento.

USTED SABE que Seve Ballesteros adoraba vencer a los estadounidenses en la Copa Ryder, pero la realidad es que a él le encantaba vencer a todos. Era un buen tipo y un gran competidor. En el Abierto Europeo en Walton Heath, 1980, yo estaba en el green de práctica con problemas. Seve se me acercó, me observó jugar el putt durante un minuto y luego me pidió probar mi putter Bulls Eye. Hizo un par de golpes y dijo, “Este putter es demasiado liviano y no tiene suficiente loft”. Me dirigí directamente al pro-shop pero no había nada parecido a la venta. El asistente del pro me llevó hacia una bolsa de palos viejos. Ahí encontré otro Bulls Eye, un modelo de falange pesada, que llevé al green y me gustó. Empaté el quinto lugar esa semana y en menos de un mes gané el Dunlop Masters, mi primera victoria en el Tour Europeo. Muchas rondas después de eso mi score era mejor que el de Seve y parecía que siempre jugaba bien el putt contra él. Se quedaba mirando mi putter con una expresión que parecía decir debería haber mantenido la boca cerrada.

En 1981 nadie sabía quién era yo en los Estados Unidos. Me invitaron a jugar las series mundiales de golf y la semana previa a eso estaba jugando en el Benson & Hedges International en Inglaterra y envié mi bola hacia un árbol. Me subí al árbol y ejecuté el golpe, algo que los fanáticos no habían visto jamás. De alguna manera la filmación llegó a los Estados Unidos y toda la semana en la serie mundial escuchaba gritos de “¡Mira, es el tipo del árbol!” El primer día el público me cantó el “Feliz cumpleaños” en el tee del uno. Nunca había recibido semejante recepción. En ese instante me enamoré de los Estados Unidos.

ME ENCANTA ESTADOS UNIDOS y vivo aquí pero no me he convertido en ciudadano todavía. Tengo la visa de residente.

POR ALGÚN MOTIVO EL PRESIDENTE TRUMP creyó que yo había tratado de votar en la elección de 2016 y que me habían negado esa posibilidad. No tengo idea de por qué tuvo esa idea. Quizás haya sido una situación en donde una persona dice algo, se filtra hacia otra y luego otra y para cuando llega a la sexta persona – en este caso el presidente – está totalmente tergiversada. Suponer que yo hubiera tratado de votar es ridículo. Pero en su defensa puedo decir que el presidente Trump me llamó para disculparse. Aprecié eso.

NUNCA CAMBIÉ MI SWING drásticamente y todo a la vez. Nick Faldo lo hizo con éxito, pero le costó dos años. Mi grip era demasiado fuerte y necesitaba cambiarlo pero mi profesor, Willy Hoffman, sugirió que lo vaya debilitando un poco cada vez, durante el transcurso de años. La parte buena – y estoy orgulloso de esto – es que nunca tuve un derrumbe en mi carrera. Siempre fui capaz de continuar ganando.

EN KIAWAH en la Copa Ryder 1991, fallé un putt de dos metros en el último green para sellar la victoria. Fue devastador porque defraudé a mis compañeros. A la semana siguiente se jugó el German Masters, un torneo que yo ayudé a crear. En el hoyo final tenía un putt de cinco metros para ir a un desempate. Tenía dos voces en mi cabeza. Una decía fallaste uno de dos metros la semana pasada; ¿qué te hace pensar que podrás embocar este ahora? La otra voz decía, el pasado es irrelevante; vas a embocar este putt. La segunda voz debe haber sido más fuerte, porque emboqué el putt y luego derroté a Rodger Davis en el playoff. Desde ese momento me las he ingeniado para acallar la primera voz.

EN LA TERCERA VUELTA del Masters en 1985 estaba a seis golpes de la punta jugando el hoyo 13 y sin nada que perder. La noche anterior había cambiado las varas de todos mis hierros, tratando de encontrar una chispa, pero no parecía estar funcionando. Mi drive del 13 salió demasiado a la derecha y terminó en suelo pelado entre los pinos, con la bola metida. Tenía 220 al green, una distancia enorme en aquellos tiempos. Las probabilidades de volar una madera 3 por arriba del arroyo eran pequeñas, pero estaba bastante harto y desesperado por acercarme a la punta. El golpe fue horrible, no la levanté ni 60 centímetros del suelo. El torneo se había acabado para mí. Excepto que en aquellos días había una loma pequeña corta del arroyo. Mi bola impactó el centro de la loma, saltó hacia arriba como un esquiador, voló por encima del arroyo y paró en el green, a unos 16 metros del hoyo. Emboqué el putt para águila, hizo dos birdies más en los últimos hoyos y anoté un 68. Estaba a solo dos golpes de la punta y volví a anotar otro 68 el domingo para ganar por dos sobre Seve, Raymond Floyd y Curtis Strange. Son golpes de suerte increíbles como este los que muchas veces deciden los torneos, y alteran carreras.

SOY MUY SENTIMENTAL. No tanto por cosas materiales ya que no guardé el conjunto rojo que usé cuando gané el Masters, o los viejos hierros Kroydon, ni ninguna de las bolas con las que emboqué el último putt para ganar los 112 torneos que llevo ganados en seis continentes. Pero lloro todo el tiempo en las películas. Justo la semana pasada vi la película “Instant Family” sobre una pareja que adopta a tres niños problemáticos, hermanos. Ni siquiera intenté esconder las lágrimas.

GANÉ EL MASTERS EN 1993 por cuatro golpes y no fue tan dramático, si bien en un punto mi ventaja se había reducido a uno. El gran momento se dio durante la entrevista en la cabaña Butler. En 1985, durante mi entrevista con Hord Hardin, dije el nombre del Señor en vano. Dos días más tarde en Hilton Head volví a ser cristiano. Siempre lamenté mi comentario en 1985 y en 1993 tuve mi oportunidad. Jim Nantz me preguntó cómo se sentía ganar una segunda vez y le dije, “siempre es especial ganar el mejor torneo del mundo, especialmente en Domingo de Pascua, cuando mi Señor resucitó”. Yo sé que hay mucha gente que le desagrada escuchar comentarios religiosos dichos por atletas y la mayoría no sabe bien por qué. Pero mi fe es la faceta más importante de mi vida y nunca lo cambiaré.

HE GANADO 38 VECES en el PGA Tour Champions, segundo detrás de Hale Irwin que ha ganado 46 veces. He ganado 10 majors Senior, lo cual es muy bueno. Sigo mejorando. Mi putting, mi chipping y el juego desde el bunker son mejores que a mis 50. Soy mucho más inteligente. Pero no soy atemporal. Mi nivel de energía no es el mismo y mi fuerza y flexibilidad han decaído. Debo lidiar con eso. Dice que estoy en gran forma física, pero peso 75 kilos. No me importaría perder 4 kilos.

ESTÁN AQUELLOS que insisten que yo anclo el putter. Yo soy el único que lo sabría a ciencia cierta porque puedo sentir cuando la mano que está más arriba está tocando mi pecho y cuando no. Y le aseguro que no está tocando. Parte del problema es mi remera, que se engloba y separa del pecho cuando me inclino en el address. A medida que acerco mi mano en el address, la camisa se abulta y arruga, lo que parece sugerir que uno de mis nudillos está contra el pecho. Ojalá la gente que me acusa a mí y a Scott McCarron hubiera venido a mí antes de especular. Hay un tema de honestidad e integridad y en ese aspecto solo puedo decir que no podría vivir conmigo mismo si supiera que estoy quebrantando una regla.

HAY UN TERCER TEMA aquí: celos. Existen varios jugadores que usan un putter largo y con un estilo similar, pero la sospecha solo estuvo dirigida hacia mí y Scott McCarron porque estamos en el tope del listado de ganancias. Un número de otros usuarios de putters escoba no han sido analizados tan fuertemente porque por ahora no están en la cima. Es una parte desafortunada de la naturaleza humana atacar a aquellos que tienen éxito.

YO SOY CONOCIDO por tomar buenas decisiones en la cancha, pero he tomado algunas que fueron una idiotez mundial. Un año estaba en la punta de un Abierto Europeo durante el domingo y pegué un tiro que terminó en altos pastizales a 20 yardas del green. Para mi sorpresa encuentro la bola perfectamente ubicada sobre un pastizal, a la altura de la rodilla. ¡Qué suerte! Hago papa aérea con mi próximo golpe y la bola se hunde 15 centímetros más abajo, casi injugable pero valía la pena tratar de pegarle. Hago papa aérea con esa también y ahora la bola se zambulle a la base del pastizal. La saco de un hachazo y eventualmente termino haciendo 7. Perdí. Ese fue mucho más doloroso que el 10 que hice una vez en Hawái, pegando una serie de papas entre la lava, o las cinco palizas que hice en Cypress Point tratando de sacar mi bola de una maleza.

MIENTRAS CUMPLÍA con el servicio militar obligatorio en la Fuerza Aérea Alemana, me lastimé la espalda. Una fractura por estrés y un disco inflamado, tan severo que no pude salir de la cama durante semanas. A los 19 pensé que mi golf se había acabado. Los doctores se me acercaron varias veces, con la idea de operarme, pero algo me dijo que no lo hiciera. Y luego la herida se curó sola. Otra bendición, pero me asustó. Hasta el día de hoy hago planchas con un brazo prácticamente todos los días, con pequeños ajustes para asegurarme de fortalecer mis abdominales superiores.

¿PODRÍA GANAR EL MASTERS? Todos decimos que podemos, pero debo confesar que es dudoso. Tengo un promedio de 282 yardas con el driver – bastante impresionante salvo cuando juego contra los muchachos que le pegan 330. Podría tener una gran semana y matar los pares 5 a puro wedge como lo hizo Zach Johnson, pero mientras estoy jugando el putt para birdie, los chicos están jugando para águila. También estoy pegando palos más largos al green de los pares 4. Deberíamos cambiar el tema, porque me estoy convenciendo de que no puedo hacerlo.