Protagonistas Hace 2 años

BEEEEEF!

inside-2¡Locura! Durante el PGA en Baltusrol, un fulano aparece entre el público, se saca la remera y dice “¿me firmarías mi pecho?” He oído historias de mujeres que pidieron que le firmaran el pecho antes, ¿pero hombres? Me resistí. El tipo agrega, “Dale, aposté U$100 a que lo harías.” Yo exigí la confirmación. Desaparece por un momento, regresa con su compinche – una chica – quien confirma que era parte de la apuesta. Así que le firmo los senos. ¿Por qué no? En el WGC-Bridgestone, una chica quería que le firmara la falda, la subió por sus muslos para que yo pudiera alcanzarla. Había un policía allí y dijo, “Sr. Johnston, no tiene que firmar eso.” Yo lo firmé de todos modos. Estoy en las nubes, hombre. Creo que firmaría cualquier cosa.
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Mi mano se estaba poniendo dura por escribir “Andrew Johnston” tan seguido. Entonces cuando una pequeña me dio una gorra para que se la firmara, yo solo escribí “Beef,” con una carita sonriente al lado. La chica empezó a saltar. El próximo que me pidió que le firme, la misma reacción. Estaba camino a algo. Hasta los “jovatos” cuando veían la carita sonriente la sacudían por el aire y se reían. Hay algo en esa carita, cuando la gente la ve, nueve veces de 10 la duplican en sus propias caras.
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Mi sobrenombre: Tenía 12 años y estaba caminando por el hoyo 11 de North Middlesex Golf Club, que todavía sigue siendo mi club en la actualidad. Un amigo, Mark Kinsella, estaba caminando por el hoyo 18 y al verme desde lejos gritó, “Mírate. Parece que tuvieras un bife en tu cabeza. Un pedazo de carne. Tienes una cabeza de bife.” Para cuando terminé de jugar, todos me estaban llamando cabeza de bife, que rápidamente se redujo a Beef (bife).
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Mejor sobrenombre, aparte del mío: Big Gravy, para Colt Knost. Me pregunto qué habrá tenido que hacer para ganárselo. Me encanta mi barba y la he tenido casi toda mi vida adulta, pero está llegando el día en que tal vez tenga que partir. Mi novia, Louise, constantemente me alerta que tengo pedazos de comida en ella, enredada. Soy paranoico al comer cualquier cosa que tenga migas por miedo a que los restos me pongan en evidencia. La semana que viene vamos a una Fiesta de Alitas de Pollo y me preocupa que mi cara esté completamente anaranjada para cuando termine. Temer estas cosas no es manera de vivir tu vida.
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Una noche de copas decidí hacerme un tatuaje. En la tienda escribí “Beef Head” para el artista, y un rato más tarde esas palabras estaban escritas en mi hombro. Después de un tiempo pensé en sacármelo, pero un amigo me dijo, “¿Estás loco? Déjalo allí, siempre. Ese eres tu, amigo.” No me molesta mostrarlo. ¿Quieres verlo?
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Tengo que aprender a tomarme mi tiempo. A principios de la semana del PGA Championship, The Wall Street Journal me llevó en un tour de las mejores hamburgueserías en Nueva York. Me pidieron que las calificara. La primera hamburguesa, en The Corner Bistro, la devoré. La segunda, en un lugar llamado The Spotted Pig, me la comí toda también. Esas eran hamburguesas grandes y estaba lleno. La tercera y última fue en Minetta Tavern. Me comí la mitad y estaba tan lleno que no me podía mover. Realmente tenía que recostarme. Luego mi representante, Shaun Reddin, me recuerda que teníamos que ir a Arby’s, donde tenía que comer otra vez porque acabábamos de firmar un contrato de patrocinio con ellos. Llegamos al lugar y me ponen un sándwich de carne enorme frente a mí. Miré esa cosa como si estuviera cinco abajo con 6 hoyos por jugar. Me comí la mitad y lo pude hacer solamente porque era delicioso. Esa noche no dormí.
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En 2010 yo era un pro nuevo jugando de local. Vivía con mi mamá, no estaba mejorando ni ganando suficiente dinero. Un día vi un aviso para un trabajo en Londres. No estaba claro de qué se trataba el puesto, algo que ver con asesoría. No tenía dinero y estaba tan desesperado que fui a la entrevista de todos modos. Mientras tomaba el te en un Starbucks esa tarde, me llamaron y me invitaron a trabajar durante una semana “para entrenarme y darme experiencia.” En ese momento, un sentimiento en mi corazón me dijo que siguiera haciendo lo que amaba, que era jugar al golf. Le dije a la amable señora, “Gracias, no,” y colgué. La vida pone en marcha cosas pequeñas, ¿no es así? Si hubiera permanecido en el teléfono un minuto más, mi carrera como pro habría terminado justo en ese momento.

Circula un video en el que hago hoyo en uno en el BMW PGA Championship 2015 en Wentworth y me vuelvo un poco loco, corro por el tee, me golpeo el pecho contra el pecho de un amigo del público y en general me veo como un participante de un programa de concursos. Estaba más entusiasmado que la mayoría de los pros que ven ganar un premio al hoyo en uno por dos motivos. Uno, me gané un BMW M4, valuado en bastante más de £70,000. Ese no es un auto común. Segundo, un mes antes, comprar un buen auto hubiese significado hacer un pago inicial y financiar un préstamo.
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Mientras estaba recorriendo Moscú durante la Russian Challenge Cup 2011, necesitaba ir al baño. El lugar más cercano era un local de McDonald’s. Para entrar tienes que pasar un detector de metales. Una de las cosas geniales en Europa y los Estados Unidos, creo, es que no tienes que pasar por seguridad para comer una hamburguesa.
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Una rápida impresión de los Estados Unidos. Uno, la gente te saluda cuando haces cosas como entrar en un ascensor. Creo que eso es fantástico. Dos, las montañas rusas son las mejores del mundo. Tres, tienes cajeros automáticos que se operan desde el auto, algo que no había visto hasta llegar aquí. Durante el PGA pasé con el auto y saqué $100 solo para ver como se sentía.
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Para usar esos cajeros más seguido, necesito jugar un poco mejor. Mi juego está bastante bien, de hecho. Le pego bastante largo y muy derecho – acerté 26 de 28 fairways en un evento del European Tour hace un tiempo atrás – y mi juego con los hierros es sólido, especialmente cuando me paro más erguido en el address como mi entrenador, Alan Thompson, dice que debo hacerlo. Mi juego corto es bueno. Pero mi putting es algo frágil. Estoy trabajando como loco en ello, y cuando lo haga bien, creo que realmente llegaré lejos.
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Después de clasificar al Open Championship en 2011, estaba tan obsesionado que empecé a soñar con él. Más bien pesadillas. Había jugado la cancha de Royal St. George’s muchas veces, y en un sueño estaba en el tee del hoyo 1 y no podía pegarle a la pelota. Una papa aérea tras otra, frente a una cantidad enorme de gente. En otra, estaba dentro de un bunker y no podía salir. La gente me miraba y yo me sentía avergonzado e incapacitado. Cuando llegó el Open y llegué a St. George’s lo primero que hice fue practicar mis golpes desde la arena. Mi juego desde el bunker terminó siendo bueno, pero el resto, no tanto. Fallé el corte por 10 golpes.
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Justo la otra noche, soñé que había encontrado el celular de otro jugador en el vestuario. Lo levanté, deslicé mi dedo por la pantalla y lo llevé a mi oído, justo a tiempo para escuchar a alguien gritar, “¡Andrew!” En ese momento me desperté porque Louise estaba gritando mi nombre, tratando de despertarme. ¿Cómo sucede eso, el clímax de un largo sueño que coincide perfectamente con alguien gritando mi nombre en la vida real? Raro.

inside
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Durban, Sudáfrica, 2014. Yo, mi amigo Jason Mitchell y otro tipo estamos pasando el rato en una hermosa playa. Me dirijo al océano para nadar y no llego a meterme cinco yardas en el agua cuando una contracorriente me empieza a tirar mar adentro. Por suerte agarro una ola y me impulso de vuelta hacia tierra firme, pero Jason deja que la corriente lo arrastre hacia mar abierto. Pasan diez minutos y le hago señas a Jason para asegurarme de que está bien. Me hace señas – todo está bien. Después de otros diez minutos volvemos a hacernos señas. Pero nuestro otro amigo se va nadando para asegurarse de que Jason esté a salvo. Ahora están los dos allí, y luego de 30 minutos es evidente que les está costando superar la contracorriente aún cuando estaban nadando de costado como se supone que debes hacer. Yo me siento un inútil porque no puedo hacer nada. Después de 45 minutos en el mar, pudieron volver. Jason está tan cansado que no puede mantenerse de pie y apenas puede hablar. Pero en el momento en que veo que sus piernas tocaron la arena y supe que estaba a salvo, algo de la situación – tal vez fue verlo tan humilde cuando momentos antes estaba tan confiado – me pareció divertidísimo. Empecé a reírme y no podía parar, algo que a Jason no le gustó mucho. Aún hoy cuando Jason y yo estamos en un pub juntos, me río muchísimo de la situación. Jason solo pone cara de enojado y clava la mirada en su jarro.

‘El tipo de golfistas con los que me gusta pasar el tiempo son aquellos que pasan la noche en un pub conversando casi todo el tiempo usando frases de
“Caddyshack.” ’

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Allí estaba entre los primeros lugares del Open Championship de este año la tarde del sábado en Troon – luchando por el tercer lugar, mejor dicho – cuando meto mi chip en el hoyo 13. La gente estaba apoyándome para ese entonces, y gritaban bastante fuerte. Yo festejaba con ellos, delirante de alegría, cuando miro al público. Ahí veo a mi mamá, ella estaba llorando, abrumada por la situación. Eran lágrimas de alegría y de orgullo, claramente. Por un breve momento pensé en todo lo que ella y mi papá hicieron para que yo llegara allí. Nosotros los Johnstons somos gente común – ella trabaja en la cafetería del colegio y mi papá, quien falleció hace unos años, era chofer de colectivo y trabajaba en un aserradero. Mis padres, mi hermano mayor y mi hermana siempre me apoyaron. En fin, cuando vi a mi mamá llorando tuve que mirar para otro lado, sino hubiese empezado a llorar también. Todavía tenía que seguir jugando golf.
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Y está mi sobrina, Summer. Tiene 5 años y, como mi hermana, es confiada y tiene una voz fuerte. Estaba entre los espectadores gritando, “¡Beef al rescate!” como si yo fuera un súper héroe, cosa que en ese momento tal vez lo era. Los niños son mágicos. Entre todos los buenos momentos que he tenido, nada supera sentarme con Summer, leer Ricitos de Oro y los tres Ositos, imitar todas las voces, ser un niño yo también.
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Mejores programas de TV: “Padre de familia,” “Los Simpsons” y “South Park.” Todos son dibujos animados y brillantes porque pueden sortear la diplomacia política. El mundo se ha vuelto loco en ese aspecto, ¿no? La manera en que las maestras tienen que cuidar lo que dicen para no sonar discriminatorio. Cuando veo que “Padre de familia” dice que los ingleses tienen dientes apilados y acentos pretenciosos, me río mucho porque hay algo de verdad en ello. Es algo triste que para reírnos de nosotros mismos, tengamos que ver caricaturas.
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Yo nací en 1989, y Tiger comenzó su domino en 1997, así que se pueden imaginar el impacto que tuvo sobre cada niño de nuestra generación. Pero yo tenía otro héroe: Chi Chi Rodriguez. Ver una película sobre él haciendo el baile de la espada, entreteniendo a la gente y sintiéndose tan cómodo con su forma de ser, yo pensé que era maravilloso. También lo era la manera en que pegaba golpes con un swing que era suyo propio. La gente siempre se sorprende cuando les digo que Chi Chi es una de las personas en golf que más me gustaría conocer.
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La gente también se sorprende cuando se enteran de que si bien yo estaba jugando en el grupo de adelante de Phil y Henrik en Troon, todavía no he jugado con ninguno de los dos. Tampoco he jugado con Jordan Spieth, Rickie Fowler, Rory
McIlroy, Dustin Johnson o muchos de los otros grandes jugadores. He jugado casi siempre en Europa y de hecho he jugado solo un par de veces en los Estados Unidos como pro. Todavía no integré ninguno de los grandes grupos de salida, pero espero que eso cambie.
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La casa que alquilamos durante el PGA tenía una cancha de básquet. El básquet no es un deporte popular en Inglaterra y no lo jugué mucho cuando niño, pero soy bastante bueno con cualquier cosa que tenga que ver con una pelota.
Estaba con la pelota cerca del centro de la cancha cuando un tipo que no conocía me dijo, “Un tiro por U$100, y te doy un 5 a 1 de probabilidades.” Yo acepté, elevé la pelota y entró rozando la red, sin tocar el aro. Me pagó y dijo, “¿Quieres la misma apuesta?” Tienes que darle a la persona la posibilidad de recuperar algo de su dinero, así que lancé de nuevo. Esta vez fallé, pero siempre podré decir que gané U$400 jugando al básquet.

‘El mundo se ha vuelto loco… es algo triste que para reírnos de nosotros mismos, tengamos que ver caricaturas.’

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Si fuera el Dr. Frankenstein y estuviera armando el golfista perfecto, le daría las manos de Seve Ballesteros. Las pegaría a los brazos de Ernie Els. Le implantaría la cintura y abdominales superiores de Tiger, y tal vez hasta su cerebro. Por último, le daría el ímpetu de Nicklaus. Mi creación ganaría todo.
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El tipo de golfistas con los que me gusta pasar el tiempo son aquellos que pueden pasar la noche en un pub conversando casi todo el tiempo usando frases de “Caddyshack.” O mejor aún, diálogos de la mejor película de todas, “Hermanastros.” Muchas veces le he dicho a algún amigo en mi mejor versión de la voz de Will Ferrell, “Recuerdo cuando bebí mi primer cerveza.”
Cuando era adolescente, un amigo mío y yo fuimos asaltados por gitanos. El más desagradable de los tres me dijo, “Danos tu billetera y el celular.” Se los di. El líder miró el teléfono, que tenía 10 años de antigüedad, y murmuró, “Esto es basura.” Y mi billetera estaba vacía. Luego hizo algo que los criminales muy pocas veces hacen: me los devolvió. Ni siquiera se preocuparon por molestar a mi amigo, que se veía igual de pobre que yo. Con una mirada que decía, ustedes muchachos son más patéticos que nosotros, se marcharon.
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Las etapas de la bebida son las siguientes. En primer lugar está la relajada y social – piensen en gente normal colmando un bar a las 6 de la tarde. La segunda es “bebamos una más.” Esto ocurre cuando la calidad de tus acompañantes se establece y quieres seguir extendiendo ese buen momento. La tercera es “¿A dónde vamos ahora? Ese punto es cuando los misterios de la noche empiezan a llamarnos. En cuarto lugar: borrachera. Es una fiesta en su mejor momento, aún cuando no estés festejando nada. Quinta: el tipo realmente borracho. Empiezas frases con “Te lo digo en serio.” Esto puede ser mala noticia. La sexta etapa, la última y la peor, es el viaje a casa. Aquí estás cansado, tienes sentimientos de culpa y solo quieres meterte en tu cama.
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Si sobreviviste al viaje a casa, todavía te queda enfrentar la mañana siguiente. Para curar una resaca, primero abre las ventanas y respira aire fresco. Bebe algo burbujeante y dulzón. Luego come. La pizza fría o un sándwich de panceta son ideales, pero si no están disponibles, busca comida en la alacena, cualquier comida. Luego, dos analgésicos y mucha agua.
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Si le preguntan a mi novia por mí, ella les dirá enseguida que yo dejo un rastro en el departamento. Puede que mencione que yo tiendo a dejar una taza de te sin terminar o un poco de comida justo antes de partir de la ciudad, o como está lleno de moho cuando volvemos. No la presionen, no me gustaría que les cuente las partes malas.
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Soy muy bueno para lograr descansar, y no importa cuánto duerma. Yo prefiero 10 horas por noche – puedo dormir 12 fácilmente – pero puedo arreglármelas con solo dos.
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¿Cuánto durará la bifemanía? Durante el PGA, le mandé un mensaje de texto a un buen amigo en Inglaterra. Le pregunté ¿cómo ocurrió toda esa locura? Me contestó con un emoticón sonrisa, risa, como diciendo ¿quién sabe? Todo lo que sé es que me gusta todo esto. Ámenme y les prometo que los amaré también.