Instrucción Hace 2 años

Dónde y cómo se originan los yips

yipsDon Nygord fue uno de los mejores tiradores de pistola en la historia de los Estados Unidos. Estableció récords nacionales, compitió en los juegos olímpicos en 1984 y 1988, y ganó medallas de oro en los Juegos Panamericanos en 1979, 1987 y 1991.

Los tiradores altamente calificados pasan tantas horas dominando su técnica que apretar el gatillo deja de ser un acto consciente: Alzan la pistola y apuntan al objetivo, y en el momento óptimo el arma parecería dispararse sola. Sin embargo, hacia el final de la carrera de Nygord, algo empezó a ir mal. Su mano se congelaba, obligándolo a realizar intencionalmente un movimiento que antes había sido automático. Sus puntajes cayeron.

Nygord denominó a su aflicción “dedo de gallina,” pero la mayoría de los tiradores lo llaman “arredrarse.” (Algunos afectados, en vez de congelarse, sacuden involuntariamente el arma hacia abajo y hacia un lado.) Los arqueros enfrentan una discapacidad análoga a la que llaman “pánico al objetivo.” En pool, es “taquitis”; en dardos, “darditis”; en béisbol, “enfermedad de Knoblauch,” por Chuck Knoblauch, un segunda base de los Yankees de Nueva York quien, en 1999 perdió la habilidad para lanzar con precisión hacia primera base. En golf – y en cricket – son los “yips.”

Una de las autoridades en el tema de arredrarse es Michael J. Keyes, un psiquiatra retirado y colaborador de larga data de la revista Shotgun Sports. “Por lo general la gente piensa que arredrarse es lo mismo que dejarse vencer por el miedo, pero no es así,” me dijo recientemente. “Los yips y el arredrarse son causados por un mal funcionamiento del cerebro, y son involuntarios e inconscientes. La ansiedad puede dispararlos, pero no es la causa.”

Keyes es un tirador excelente. Descubrió su talento en la armada a principios de los 70 y en 1980 el equipo nacional estadounidense de tiro le pidió que fuera su médico. “Ellos necesitaban desesperadamente a alguien que supiera algo de entrenamiento mental,” dijo, “entonces leí toda la literatura de Alemania del Este y de Rusia que encontré en una pequeña librería comunista en Chicago.” Su interés en la sensación de arredrarse vino más tarde, en parte como resultado de su amistad con Nygord. “Antes de ingresar a la armada también me había entrenado como neurólogo,” dijo, “y cuando escuché por primera vez hablar de la sensación de arredrarse supe que debía haber algo neurológico al respecto.”

Eventualmente concluyó que al menos algunas formas de arredrarse pertenecen a una categoría de males misteriosos conocidos como distonias específicas de una tarea, las cuales fueron identificadas por primera vez por un médico inglés en los 1800. En aquella época quienes la padecían eran escribas, operadores de telégrafos, costureras y confeccionistas de cigarrillos – toda gente que había dominado movimientos repetitivos de motricidad fina con las manos.

“Cuando usted se entrena para desempeñar un acto específico, usted cambia al cerebro,” explica Keyes. “Mientras se enfoca cada vez más en dicha acción, su cerebro desarrolla senderos que no solo hacen que la acción sea más precisa, sino que inhibe a los músculos que se oponen. En algunas personas este mapeo del cerebro eventualmente parece desdibujarse un poco, y se empieza a sentir contracciones musculares anómalas o parálisis.” Los escritores desarrollan los dolores del escritor. Los tiradores se arredran. Los golfistas sufren los yips.

Una característica que suelen compartir las víctimas es una larga experiencia con los movimientos que los atormentan: son los maestros y no los novatos, quienes sufren más frecuentemente, un hecho que desmiente que la causa sean los “nervios.” (Tommy Armour, Ben Hogan, Mark O’Meara, Sam Snead y Harry Vardon sufrieron los yips al final de sus carreras, cuando las presiones de la competencia que ellos enfrentaban eran relativamente bajas.) Nadie sabe cómo curar la distonia, si bien algunas víctimas encuentran alivio alterando significativamente su técnica – como lo ha hecho en más de una ocasión Bernhard Langer. En tiro al plato los que se arredran algunas veces son ayudados por los llamados “gatillos de descarga” que se disparan no cuando los aprieta sino cuando los suelta. Chuck Knoblauch no tenía problemas lanzando desde el campo izquierdo.

Las entidades rectoras del Golf deberían contribuir a la investigación de los yips – como lo ha hecho varias veces la Clínica Mayo – porque el golf sufre cuando los jugadores veteranos abandonan por desesperación. Pero la USGA y la R&A han hecho lo contrario, han estigmatizado aún más a las víctimas al prohibirles lo que Keyes describió en un e-mail a mí como “uno de los pocos tratamientos probados (y levemente efectivos)”: el putter largo anclado al pecho. ¿De quién fue esa idea brillante?